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"Estamos en una jaula sin ninguna razón"

1 febbraio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de febrero de 2010
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¿Por dónde se comienza cuando se quiere contar una historia? Desde el inicio, es la fácil respuesta. Pero, ¿de dónde comienza una historia que ya tienen inicio y hasta un final, con fechas y lugar designados? La respuesta entonces puede ser distinta. Quizás valga la pena comenzar desde abajo, desde aquel lugar demasiadas veces descuidado. Así queremos contar la reciente experiencia de las movilizaciones en ocasión de la muy esperada 15 Conferencia de las Partes (COP15) convocada en el contexto de la Convención Marco sobre cambio Climático de la ONU (UNFCCC), esa misma convención que dio origen, en 1997, al mal afamado (y fallido) Protocolo de Kioto.

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Copenhague, algunas consideraciones

29 dicembre 2009 Lascia un commento

Con todo y a pesar de los ríos de palabras de estas últimas horas, es necesario subrayar el substancial fracaso de la conferencia COP15 que se realizó tras meses de debate, discusión e intercambio de ideas acerca del tema climático que, después de tantos años, lograba cobrar la centralidad que merece. Tanta publicidad, tanta expectativa, para que en el escenario los actores fueran siempre los mismos y actuando los papeles de siempre.
El primer fracaso es acerca del mero asunto a discutir: el cambio climático. Observamos la actitud conservadora, envidiosa y de chantaje de los gobiernos de siempre por encima de los intereses de todos. El control del nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) no se volverá más estricto sino seguirá siendo un elemento de intercambio para intereses políticos y económicos. Cualquier acuerdo se haya alcanzado en las últimas horas nunca será suficiente para respetar en lo mínimo cuanto indicado por distintas partes del mundo científico internacional: los gobernantes del planeta prefirieron condenar al planeta en lugar de ceder aunque fuera un poquito de su poder. En efecto, la sensación cada vez más firme es que no se trató de ver cuanto y cuando los países – tanto los ‘desarrollados’ como los ‘en vía de desarrollo’ – estuvieran dispuestos en conceder, en limitar, en controlar, en reducir, etc. Sino más bien de ver cuál podía según ellos – gobiernos y representantes del actual modelo económico y productivo – una propuesta alternativa al posible colapso climático y al fin de la era de los recursos fósiles. Las dos cosas no están separadas. Al contrario, como se dijo en las calles de Copenhague durante las protestas de la sociedad civil internacional, cambiar al sistema es condición ineludible para evitar al cambio climático. El problema, para ellos ‘los poderosos’, es que cambiar de sistema económico implica cambiar al sistema de producción energética. Y lo anterior no se puede hacer sin compartir conocimientos, tecnologías y, finalmente, poder con los demás. La verdad es que ‘ellos’ se encuentran sin claridad ni soluciones estratégicas frente al problema y lo único que pueden hacer ahora es tomar tiempo, quizás para convencernos de las bondades de la green economy.
Prueba de lo anterior – claro, no la única – es el fracaso político de la conferencia. El meollo del fiasco político tiene que ver con el revés que sufrió la propuesta de algunos acerca de un nuevo modelo multilateral de gobierno de la actual crisis global. Habíamos anteriormente lamentado la decisión unilateral de los gobiernos de China y de EU de adelantar conclusiones a la COP15. Luego observamos una marcha atrás por parte de los dos mencionados, casi a pedir disculpa y ofrecer espacios de maniobra a otros actores. Hoy, se ve con claridad que la multilateralidad es una quimera, un sueño para algunos, pero cada vez menos una realidad concreta. La hipótesis de un gobierno mundial, multilateral, global de la actual crisis ecológica y sus facetas económicas, financieras, sociales, no se realizó.
Síntomas de lo anterior son los distintos niveles de participación que tuvo ‘la humanidad’ a la COP15. En la conferencia oficial había tres niveles de acreditación. El primer nivel era el de la participación de visitadores, substancialmente activistas de ONGs y periodistas; el segundo nivel era el de los negociadores de las grandes ONGs, por lo regular afines a los gobiernos; el último nivel, fue el de los negociadores gubernamentales. Esta conferencia, comenzada incluyendo a los tres niveles, se cerró excluyendo a los primeros dos niveles e inclusive a parte del último nivel, es decir transformando la conferencia (global) en una cumbre (entre pocos). Además, es preciso subrayar que en este último nivel, se encontraban los países del G77, con China, India, Brasil al frente, que se presentaron en calidad de ‘países en vía de desarrollo’ pero jugaron y siguen jugando roles dignos de los países capitalistas más avanzados. Es un engaño, por desgracia, creer que el gobierno de Lula o la economía de China puedan jugar el papel de contrapeso al rol supuestamente hegemónico de EU y Unión Europea. Los niveles de crecimiento económico aclaran cuanto dicho. Y las intenciones de los gobernantes de dichos países no son tan distantes de las de Washington: un ejemplo, la devastación ambiental en la Amazona brasileña en favor de los agrocombustibles.
Por último, vale la pena subrayar la evidencia más clara de este fracaso político que sufrió la COP15. Dijimos anteriormente que dicha conferencia se presentó mucho más legitimada que otras cumbres en el pasado, como fueron las reuniones de la OMC, FMI, BM, G8, etc. En pocos días de protesta callejera, también la COP15 perdió toda su legitimidad. No hubo violencia y ni ataques directos por parte de la protesta organizada afuera de la conferencia oficial, tanto en la movilización callejera como en el Foro alternativo – el KlimaForum09. Sin embargo, por parte de los gobiernos – y en específico por parte de las fuerzas del orden – hubo una respuesta violenta y agresiva. Lo anterior demuestra, una vez más, que la ausencia de una respuesta incluyente por parte de los ‘poderosos’ se llena con las dinámicas y formas de vida desde abajo, mismas que se salen del orden constituido y por eso, en efecto, son atacadas con maldad, brutalidad y arrogancia, pero también con miedo por parte de los ya ex-poderosos del planeta.

Protestas en contra de la COP15

17 dicembre 2009 Lascia un commento

Fui a Copenhague para dar seguimiento a las protestas organizadas por el movimiento social global en contra de la Conferencia de las Parte sobre Cambio Climático de la ONU.
Abajo las notas publicadas en el periódico mexicano La Jornada:
> 17/12/09: “Se confirma la crisis de la cumbre en Copenhague; dimite ministra danesa
> 16/12/09: “La represión policiaca, tónica en Copenhague
> 14/12/09: “Represión policíaca roba cámara durante la cumbre climática en Copenhague
> 13/12/09: “Multitidinaria marcha de ONG en Copenhague; hay 400 detenidos
> 12/12/09: “Aplican en Copenhague detención preventiva contra 61 activistas
> 11/12/09: “Proponen en cumbre del pueblo reparar la llamd deuda ecológica

El movimiento de cara a Copenhague

7 dicembre 2009 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 7 de diciembre de 2009
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La conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, la llamada COP15, además de representar un horizonte inevitable si la humanidad quiere rescatar lo que aún se puede salvar de la devastación ambiental producida en los últimos 200 años, se perfila como una óptima oportunidad para medir y recomponer el movimiento social global. Ya lo hemos dicho anteriormente: mucho se centra en la calidad de los razonamientos y en la capacidad tanto de desarrollarlos como de imponerlos a los (ex) poderosos del planeta.

Antes de adentrarnos en el ámbito de las ideas, conviene describir algunas novedades importantes con respecto de la movilización que se está organizando alrededor de COP15.

Ante todo es importante subrayar la enorme diferencia entre las protestas organizadas alrededor de cumbres generalmente señaladas como ilegítimas –G-8, FMI, BM, OMC, etcétera– y la movilización alrededor de una conferencia que tiene mucha más legitimidad de existir o, por lo menos, es mucho más legitimada por distintos sectores del movimiento. Esto es un hecho fundamental, pues éste es el enfoque que el movimiento manifestará en Copenhague: será la combinación de protesta/contestación y diálogo con las partes reunidas. El objetivo general no será bloquear a los delegados, asediar la cumbre, cancelar el encuentro entre los poderosos, sino, al contrario: determinar la conferencia e imponer puntos de vista y decisiones. Claro, habrá algo de protesta, sobre todo a la luz de la ley, aprobada en tan sólo 72 horas, que asigna un mínimo de 40 días de cárcel para los llamados troublemakers. Las organizaciones ya están preguntando: ¿quiénes son los crea problemas? ¿Nosotros o ustedes, gobiernos que destruyen el planeta?

Con todo, y a pesar de lo anterior, esta conferencia representa para el movimiento la posibilidad concreta de una recomposición alrededor del tema ecológico. Una recomposición que se viene buscando desde hace unos años y que, por única vez, tiene la posibilidad de desarrollarse no tanto alrededor de las oposiciones, sino de las propuestas.

Hasta ahora, el asunto climático y ecológico ha sido enfrentado con dos actitudes. Por un lado, con la visión, casi catastrófica, de que el mundo estaría al borde de una destrucción de magnas proporciones y entonces se lanza la apelación a la salvaguarda de la naturaleza; por el otro, sobre todo en el ámbito de la reflexión crítica, el asunto ecológico siempre ha jugado un papel secundario, pues antes venía lo económico y lo social: la única dialéctica posible o importante era entre trabajo y capital.

La coyuntura actual, pero sobre todo la crisis ecológica actual, quizás nos permita salir de esta dicotomía y meternos de lleno en otros ámbitos de reflexión, es decir, la dialéctica entre el capital y la vida: no hay justicia social sin justicia ecológica. Y viceversa.

El movimiento tendrá que tener mucho cuidado en no caer en la trampa de la propuesta green economy, promovida por el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Sin duda, producir bienes y generar energía de manera limpia ayudará; nos hará bien en cuanto seres humanos. Pero la cuestión central es otra: el control y el manejo de esa producción y esa generación. Es el monopolio de los conocimientos y de las tecnologías lo que hay que vencer primero. Así las cosas, el capitalismo verde no es otra cosa que la propuesta de salida de la crisis por parte del capital, el enésimo revire que el capital realiza cuando descubre sus propios límites estructurales.

Y entonces, si son las ideas y las nuevas reflexiones el potencial valor adjunto de este movimiento, será importante plantear alternativas, viables y eficaces, que sólo podrán serlo si prefiguran la liberación de la humanidad. Del sueño a la realidad, según muchos activistas que ya caminan rumbo a Copenhague, el tema central de esta época es la independencia. Si el problema real no es la producción limpia y ecocompatible, sino la manera capitalista de implementarla, entonces lo que hay que reclamar es la independencia del crecimiento permanente y explotador del capital.

Por ejemplo, soberanía alimentaria, que se traduce en independencia de la esclavitud de las siembras transgénicas, que además de lo dicho provoca dependencia de los productores agrícolas; independencia en la producción de saberes y circulación de los mismos, y, sobre todo, independencia energética. Este último aspecto conlleva una crítica importante al modelo productivo de los agrocombustibles, lo cual a su vez abre el terreno para comenzar a fincar las responsabilidades de las crisis actuales también en otras latitudes del planeta.

Es fácil hablar hoy de decrecimiento como oportunidad de salvación frente al desastre inminente. Y no es posible criticar a quienes justamente creemos en esta posibilidad como salida. Pero tampoco hay que ilusionarse: el decrecimiento individual, personal, aunque fuera comunitario, solamente alarga la vida del actual modelo capitalista, pues hace durar más sus fuentes energéticas. En realidad, decrecimiento es hacer independientes nuestras necesidades del crecimiento devastador del capital. Dicho a la manera de los que están a punto de manifestarse en Copenhague: ¡Haz crecer tu independencia, acorta tu dependencia!

Nos vemos en Copenhague

21 novembre 2009 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 21 de noviembre de 2009
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Con este lema, una amplia coalición de organizaciones sociales y políticas están convocando a la movilización en el contexto de la Cumbre sobre el Cambio Climático organizada por la ONU, la COP15, en la capital de Dinamarca. Según muchos, la protesta de Copenhague será la prueba de fuego para medir la fuerza y la madurez del movimiento otrora antiglobalización.

Dicha madurez se medirá en la capacidad de imponer en el debate público el nuevo enfoque que está permeando en el movimiento: no una pura e inocente ética ecologista, sino la conciencia de que el tema ambiental es hoy día central, ineluctable y que de él, quizás, se derivan todos los demás (guerra, hambre, pobreza, trabajo, migración, etcétera). Es un salto conceptual notable, antideológico y que encuentra sus razones en algunas consideraciones. La primera tiene que ver con la constatación de que el actual modelo productivo capitalista sigue promoviendo el crecimiento constante y sin límite; al mismo tiempo, el crecimiento se funda sobre la disminución –ésta sí con límite– de los recursos para dicha producción.

Dicho en otra palabras, el capitalismo en su fase contemporánea trata de fundir dos paradigmas irreconciliables: el de la abundancia y el de la escasez. Por un lado, la abundancia de lo inmaterial, ideas, sensaciones, de lo digital, la abundancia potencial de la cooperación social, puesta a valor por el capital, la abundancia de la vida, última frontera de explotación capitalista; por el otro lado, la escasez de los recursos primarios, las fuentes originarias y naturales sobre las cuales el capitalismo ha fundamentado su propia existencia. El crecimiento económico constante pretende generación sin freno de energía, lo cual, al ritmo presente y con el sistema actual, es prácticamente imposible. De seguir así, es cada día más concreta la posibilidad de que el capitalismo acabe con la vida en el planeta. Entonces, no es un asunto secundario, pues la precariedad climática se convierte en precariedad de la vida misma, en precariedad de la biosfera.

Sin embargo, el capital sigue actuando con su típica arrogancia: insiste en defender el modelo, inclusive cuando pretende hablar de cambio climático. El mercado de los bonos de carbono es el botón de muestra más evidente en este sentido. Pero no es lo único. Si la vida, frente a su propia destrucción está dando muestras claras de rebelión (como son por ejemplo los múltiples desastres naturales), el capital ya está ahí para aplicar lo que Naomi Klein nos explicó que se llama shock therapy, que no es otra cosa que nuevas formas productivas y nuevos dispositivos de comando capitalista encima de la vida. La muestra más reciente de esta tendencia son las declaraciones conjuntas realizadas desde Singapur por los presidentes de Estados Unidos y China, Barack Obama y Hu Jintao, respectivamente: en la próxima cumbre de Copenhague no habrá acuerdos vinculantes; es decir, definitivos acerca del cambio climático.

Quien creía que las cosas habían cambiado y que de la arrogancia de Bush se estaba transitando al multilateralismo de Obama tiene hoy que volver a pensar sus posiciones. La declaración conjunta de este inédito G-2 –en referencia al hasta ahora poco productivo G-20– suena más bien como un golpe de Estado en el teatro multilateral internacional. Si por un lado hay que ser honestos en reconocer que Oba-Mao –afortunada fórmula de la mercadotecnia china– fue tempestivo en su declaración, pues se adelantó a otros poderosos actores en el equilibrio global, hay que aclarar que dicho oportunismo –digno de otras épocas de golpes dados con las guerras preventivas– responde en realidad a una implícita admisión capitalista: no tenemos de otra, pues reducir las emisiones de CO2 –tema central de la cumbre de la ONU– significa renunciar al monopolio energético y distributivo. Significa distribuir conocimientos, tecnologías, posibilidades. Significa ceder el control de la producción energética, así como abrir espacios en la libre circulación de saberes y conocimientos. Algo evidentemente inconcebible para el capital. Y así el capricho, el golpe conjunto de los reductos del viejo capitalismo con los nuevos protagonistas del capitalismo; es decir, el gobierno chino, comunista de nombre, pero en realidad hoy día la más grande corporación existente en el planeta.

A estas alturas de las cosas, ir a Copenhague adquiere nuevos significados. Es por un lado reafirmar que no estamos de acuerdo con este modelo, que es necesario encontrar otros espacios colectivos de decisión para el futuro del planeta y de la vida –curioso que el fracaso preventivo de COP15 suceda cuando ocurre el fracaso concreto de la cumbre de la FAO– que no pueden depender de la decisión, ahora, de dos gobiernos. Por otro lado, significa ir a señalar que la crisis ambiental no es un aspecto secundario, sino que muy probablemente es la Crisis, con mayúscula; es decir, el marco que determina a todas las demás crisis. Finalmente, implicará promover alternativas reales, concretas y eficaces. Esto equivale ya hoy, aquí, comenzar a desobedecer las reglas del capital, terminando de organizar y realizar ese éxodo hacia un mundo justo y libre para todos, que tenga en el centro de sus relaciones los bienes comunes, ni públicos ni privados: ambiente, cultura, territorio, conocimiento compartido, vida.