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Túnez: a la espera de “un cambio profundo”

12 maggio 2011 Lascia un commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 12 de mayo de 2011.
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La “situación en Túnez es muy delicada”, ya que “el proceso democrático está aún lejos de afincarse”. Tal es la conclusión de integrantes de la caravana Unidos por la Libertad, que del 7 al 11 de abril pasado visitó la capital de esa nación, donde se encontró con muchas “organizaciones sociales protagonistas de la revolución”, y luego se desplazó a los campos de refugiados que en el curso de los últimos meses surgieron en la frontera sur del país con Libia. La caravana –integrada por miembros de la sociedad civil italiana– surgió con “la idea de materializar un puente político y social entre las dos orillas del Mediterráneo”. De acuerdo con varios de sus miembros, la sociedad civil tunecina advierte la necesidad de constituir “un frente común de las fuerzas democráticas y laicas alternativas a la ala islamista más extremista y a las fuerzas aún fieles a Ben Ali”, rumbo a las elecciones para la Asamblea Constituyente del próximo 24 de julio.

En particular, señalan, “en la ciudad origen de la revuelta, Sidi Bouzid, siguen las protestas con mítines y encarcelamientos de personas, sobre todo jóvenes”, ya que, según los activistas, “la revolución de enero cambió la cara del país, pero aún existen profundas contradicciones sociales ligadas a la miseria general, a la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes”. Según los activistas italianos, los refugiados en la frontera sur de Túnez muestran una “actitud de solidaridad  que avergüenza a los gobiernos europeos”, los cuales “tomaron una actitud de cerrazón y rechazo frente a los miles de tunecinos que en estas semanas emigran” hacia el viejo continente. Cuentan que había cerca de 10 mil personas viviendo en los campos de refugiados, de los cuales 2 mil solicitaban asilo político. Sin embargo, señalan, éstos no habían sido canalizados hacia “los circuitos internacionales de refugio”.

Rumbo a Túnez

En entrevista telefónica con Apro, Tommaso Cacciari, uno de los integrantes de la caravana, explica que la iniciativa “nació del contacto directo con la comunidad tunecina presente en Italia”. En particular, detalla, “nos llamó mucho la atención lo que nos narraron acerca de los eventos que tuvieron lugar a partir del 24 de febrero pasado”, es decir la llegada de las primeras oleadas de migrantes que escapaban de Libia tras las primeras protestas que acosaban al líder libio Gadafi. De ese encuentro entre migrantes tunecinos en Italia y activistas de la sociedad civil, se generó la idea de organizar un “viaje que llevara ayuda a los tunecinos y a la gente que se escapa de la guerra”.

Además, subraya Cacciari, surgió la idea de contrastar la manera en que los gobiernos europeos enfrentan las revueltas en los países árabes: “Como un espacio cerrado y no transitable para los ciudadanos que proceden de esas regiones”. En este contexto la caravana también creó un espacio de relación política entre los movimientos del Magreb y Máshreq (las dos áreas geográficas del mundo árabe). Dichas relaciones “apuntan a romper la imponente campaña mediática en Europa, y en Italia en particular, que promueve la alarma social acerca de la idea de una invasión de millones de migrantes de la región norafricana”. En resumen, abunda Cacciari, “la caravana respondió a la necesidad de conocer la realidad de la situación en Túnez y las razones por las que muchos tunecinos llegan a las costas europeas, y a la necesidad de ofrecer una señal fuerte del razonamiento que habla de un diálogo franco y abierto de Europa con el área euromediterránea”.

Antes de desplazarse a la frontera sur y conocer “de primera mano” los campos de refugiados, la caravana se detuvo un día en la capital del país. Aquí, cuenta Cacciari, los activistas italianos pudieron entrevistarse con distintas organizaciones tunecinas que protagonizaron las revueltas de enero. “Nos encontramos con una representación muy vasta y plural de jóvenes tunecinos”. Entre ellos, relata el activista, “había grupos de desempleados, de personas ligadas a la cultura y el arte, y comunicadores”. El italiano constata que “la mayoría de estas organizaciones no tienen una historia previa a la revolución, sino que justamente en esta experiencia se organizan y ahora tratan de afianzarse en el proceso posrevolucionario”. Luego hubo el encuentro con la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), la central sindical única del país, que, según “admiten los mismos sindicalistas”, comprende a distintos sectores sociales, algunos de los cuales son incluso muy cercanos al entorno del expresidente Ben Ali.

La caravana también pudo reunirse con las mujeres de la Asociación Mujeres Democrática de Túnez, quienes “remarcaron el rol jugado durante la revuelta” y “el deseo de seguir siendo protagonistas del proceso”. En particular, las mujeres tunecinas habrían señalado el riesgo de que tome mayor fuerza “el partido islámico extremista Al-Nadha, que aunque se presenta como un partido moderado trata de excluir a las mujeres de la vida pública”. Según Cacciari, a pesar de haber sido “reuniones caóticas”, los encuentros revelaron la que fue la “primera conquista de la revuelta: la escena pública, el deseo singular y colectivo de tomar la palabra, de romper el silencio ensordecedor que durante décadas se impuso a los tunecinos”.

En este contexto, continúa el italiano, los tunecinos “coinciden en la delicada situación actual rumbo al 24 de julio”, fecha establecida para la elección de la Asamblea Constituyente. Comenta que había mucha preocupación por el hecho de que “la revolución de enero, como todos la llaman, cambió la cara del país, pero aún siguen existiendo profundas contradicciones sociales ligadas a la miseria generalizada, a la falta de trabajo y oportunidades para los jóvenes”. A pesar de lo anterior, Cacciari señala que fue “unánime la solicitud de encontrar nuevas relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo que se fundamenten en la cooperación y la libertad”. El activista describe a una sociedad que tiene aún “mucha rabia, ya que todos esperan un cambio más profundo”. Y sin embargo, continúa, “la gente aún no tiene la fuerza para imponerse y convertirse en una organización integral”. Dice que ello genera miedo en vista de las elecciones del 24 de julio.

“Nacieron más de 50 partidos desde enero a la fecha, lo cual demuestra también la elevada fragmentación de la sociedad tunecina”, comenta. Por eso, “todos aquellos con los que hablamos subrayan la necesidad de formar gradualmente un frente común de las fuerzas democráticas y laicas alternativas a la ala islamista más extremista y a las fuerzas aún fieles a Ben Ali”. El activista italiano revela su sensación: “Un mundo (el árabe) se puso en movimiento. ¿A dónde irá? ¿Qué sucederá? ¿Qué situaciones complejas tendrán que enfrentar? Nadie lo puede saber, pues en los tiempos de la crisis global vivimos un presente acelerado en el que nada es como antes”.

Los refugiados

El 3 de mayo pasado, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dijo en un comunicado que “el éxodo desde las regiones montañosas del oeste de Libia hacia Túnez se ha reanudado tras una breve interrupción causada la semana pasada por las refriegas entre el gobierno libio y las fuerzas opositoras”. En un comunicado anterior del 29 de abril, ACNUR denunció que “el gran número de llegadas recientes está agotando los limitados recursos en la región fronteriza de Dehiba, en el sureste de Túnez: los campamentos instalados para acoger a los refugiados ya se han llenado”. Y afirmó que “afortunadamente la mayoría de estas personas (más de 30 mil) están siendo acogidas por la comunidad local”. Cacciari cuenta que los primeros campos de refugiados fueron organizados gracias al esfuerzo de las mismas comunidades locales que no sólo “fueron capaces de demostrar solidaridad a los refugiados procedentes de Libia”, sino que también supieron “despertar la solidaridad de todos los tunecinos” que hicieron llegar insumos a los campos.

Según el activista italiano, los otros campos de la ACNUR, como los de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), “llegaron después, gracias sobre todo a ese primer esfuerzo local que hizo posible que la situación fuera visible”. Además, cuenta que desde el 24 de febrero, fecha de inicio de las llegadas masivas de migrantes, y hasta el pasado 9 de abril –fcuando llegó la caravana– “pasaron por esa fronteras cerca de 200 mil personas de más de 60 nacionalidades distintas”. Detalla que “muchos migrantes piden ser repatriados a sus países de origen, otros deciden esperar y ver cómo evoluciona la situación en Libia, y muchos más no tienen la posibilidad de ir a ningún lado, pues son refugiados de países como Ghana, Somalia y Eritrea que piden asilo político y no pueden volver debido a que podrían ser sancionados con la pena capital”.

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Categorie:AFRICA, Proceso

Libia: La presencia de tropas "occidentales"

8 aprile 2011 Lascia un commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 8 de marzo de 2011.
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El 20 de marzo anterior, el periódico inglés Daily Mail reveló que “cientos de soldados” del Reino Unido y de Estados Unidos ya estaban operando en territorio libio semanas antes de que comenzaran los bombardeos avalados por la Resolución 1973/2011 del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

De confirmarse esta noticia –retomada por decenas de medios internacionales– podría configurarse una violación a esa resolución de ONU, que prohíbe explícitamente el uso de tropas de tierra “en cualquier forma o parte del territorio libio”. La nota del rotativo inglés, que citó fuentes reservadas, afirmó que “cientos de soldados de las fuerzas especiales inglesas están siendo utilizados en Libia para ubicar objetivos de las fuerzas del coronel Muamar El Gadafi”.
Sostuvo que “mientras el canciller (inglés) George Osborne repitió que las tropas de tierra del Reino Unido no se involucrarían en el conflicto, el Daily Mail puede revelar que hay cerca de 350 (soldados) empeñados en operaciones encubiertas” en territorio libio. El rotativo precisa que “cerca de 250 soldados de las fuerzas especiales británicas y sus apoyos han estado presentes en Libia desde antes que comenzaran los bombardeos”. Las tropas inglesas presentes en Libia serían parte de los escuadrones del Servicio Aéreo Especial (SAS, por sus siglas en inglés).
Un día antes, el 19 de marzo, Focus Online, un semanario alemán cercano a los círculos de seguridad del gobierno de Berlín, publicó una nota en el mismo sentido: que tropas inglesas y estadunidenses habrían llegado a Libia “semanas antes” del inicio de los bombardeos. Ello coincidió con la noticia difundida el 6 de marzo pasado, en el sentido de que rebeldes libios capturaron una unidad del SAS que funcionaba como escolta de diplomáticos ingleses enviados a la ciudad de Bengasi para reunirse con integrantes del Consejo Provisional, que se opone a Gadafi. Los militares del SAS fueron posteriormente liberados.
De hecho, la presencia de tropas extranjeras en Libia, prohibida explícitamente por la Resolución 1973/2011, fue objeto de rumores desde hace muchas semanas. El 26 de febrero pasado, el portal Pakistan Observer difundió que “Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia han enviado varios cientos de consejeros militares para entrenar y apoyar a las fuerzas contrarias a Gadafi en Cirenaica, la rica región petrolera de Libia”. La publicación paquistaní citó a una fuente interna del gobierno de Trípoli, la cual “prefirió mantenerse en el anonimato”.
La fuente del Pakistan Observer dijo que tres países occidentales enviaron sus tropas especiales en Cirenaica y “ahora están construyendo campos de entrenamiento para los rebeldes”. Precisó que “los estadunidenses y los ingleses enviaron a sus soldados de noche, entre el 23 y 24 de febrero, a través de pequeñas lanchas que zarparon desde los barcos militares de Estados Unidos y Francia anclados frente las costas de Libia y dirigidas a los puertos de Bengasi y de Tobruk”.
Otro periódico inglés, el Sunday Mirror, publicó el 20 de marzo que la misión de las supuestas tropas habría sido “ubicar las más poderosas y estratégicas armas del coronel Gadafi: los misiles de largo alcance y de construcción soviética SAM 5”. Según el Sunday Mirror, las “dos unidades” inglesas se denominan smash, debido a su capacidad destructiva. Afirma que “operaron en contra del tiempo” en la búsqueda de los armamentos capaces de “alcanzar los aviones o los vuelos comerciales”. Las dos unidades del SAS, sigue la nota, “compuesta por ‘señaladores’ (de objetivos), ingenieros y médicos”, habrían establecido “posiciones en el terreno” en el caso de que “aviones occidentales cayeran durante los ataques aéreos”.
“Nuestros muchachos en el terreno”
Aunque el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha negado la utilización de tropas de tierra en la ofensiva en contra de Libia, en su edición del 30 de marzo, el periódico The New York Times reveló el envío “autorizado” de un equipo, cuyo tamaño “se desconoce”, de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) al país norafricano. El diario neoyorquino –que utiliza como fuentes a “oficiales estadunidenses— destacó que mientras Obama “ha insistido que las tropas de tierra de Estados Unidos no participan en la campaña de Libia, pequeños grupos operativos de la CIA han estado trabajando en Libia durante varias semanas, como parte de una ‘fuerza-sombra’ de los países Occidentales con la esperanza de desangrar al Ejército de Gadafi”.
El rotativo añade que oficiales británicos no identificados admitieron la presencia de fuerzas especiales inglesas en territorio libio junto con “oficiales del MI6”, el servicio de espionaje del Reino Unido. Luego de la publicación de la noticia por parte del Daily Mail, el conocido conductor del noticiero de Fox News en Estados Unidos, Bill O’Reilly, tuvo en su estudio, el 24 de marzo, a dos expertos del sector: el coronel retirado David Hunt y el teniente coronel Tony Shaffer, exmiembro del espionaje del Ejército de Estados Unidos.
A pregunta expresa del periodista –quien cuestionó la veracidad de la información publicada en Inglaterra–, Hunt contestó: “Sí, es exactamente así”. Y abundó: “Al lado de las tropas de los SAS británicos y de los comandos GIGN franceses, desde hace 12 días (12 de marzo) también están nuestras fuerzas especiales y agentes de la inteligencia de Estados Unidos”, ya que “nunca lanzamos operaciones aéreas de este tipo sin nuestros muchachos en el terreno”.
Shaffer coincidió: “Es exactamente lo que me dijeron mis fuentes”. No es posible, señaló, realizar estas misiones “sin el apoyo de estas tropas de tierra, las cuales llevan a cabo operaciones de control aéreo avanzado para evitar el bombardeo de objetivos equivocados”. O’Reilly recordó entonces que la administración Obama dejó en claro que “no tenemos botas en el terreno y no las tendremos”. Y tras la confirmación de los dos oficiales, preguntó: “¿Fue una mentira?”. Hunt entonces contestó: “Pues sí, una poca de desinformación es necesaria para proteger a los muchachos en el terreno. Nunca se habla de las operaciones encubiertas”, remató.

África en la mira

19 settembre 2009 1 commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 19 de septiembre de 2009
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En el entorno de las protestas que se están desatando a raíz del anuncio de la construcción de siete bases militares estadunidenses en Colombia vale la pena mencionar el ya añejo caso de la ampliación de la base militar de Estados Unidos en Vicenza, ciudad del norte italiano. Aunque el caso ya ha sido expuesto en estas páginas (La Jornada, 17 de febrero de 2007), merece ser mencionado nuevamente por las evoluciones que ha sufrido en el último año.

Estamos hablando de los planes de ampliación de la base militar que Estados Unidos mantiene en tierras italianas desde hace unas décadas. El plan –aprobado por la entonces gestión de derecha, ratificado por la de centro-izquierda y promovido por el actual gobierno italiano– prevé la ampliación de las infraestructuras del viejo aeropuerto Dal Molin para que en él se pueda hospedar a las fuerzas militares de la 173 brigada aerotransportada del ejército estadunidense. Si en un primer momento la decisión respondía a las necesidades impuestas por el renovado escenario estratégico en el área del Mediterráneo –es decir: una reducida amenaza desde el este y un renovado interés hacia el Medio Oriente–, hoy la estrategia asume formas más definitivas.

En diciembre de 2008, lo que era el Comando Setaf (Southern European Task Force, Fuerza de Tarea del Sur de Europa), con sede en Vicenza, se ha transformado en el US Army Africa (ejército de EU en África). Esta mutación estratégica en las funciones de la presencia militar de Estados Unidos en Italia responde a la decisión tomada apenas dos meses antes de crear el Africom; es decir, el comando estratégico de todas las operaciones estadunidenses en el continente africano. Y si bien el Africom conservará su sede principal en la ciudad alemana de Stuttgart, su componente terrestre estará dislocado en Vicenza. De ser poco lo anterior, cabe destacar que las funciones del US Army en Vicenza, además de participar –como ya lo hace desde hace más de un año– en misiones de entrenamiento y asesoría militar en el continente africano, será sede del principal centro de formación estratégica de los ejércitos africanos. Lo que parece ser una reproducción de la temida Escuela de las Américas se llama Center of Excellence for Stability Police Units (CESPU, Centro de Excelencia para Unidades de Policía de Estabilidad) y se dedicará a la formación de 75 mil peacekeepers (custodios de la paz) internacionales dentro de 2010, 7 mil 500 de los cuales formarán parte de operaciones especiales de gestión de la transición de situaciones de crisis a situaciones de estabilidad, tomando como modelo las Unidades Multinacionales Especializadas utilizadas por la OTAN en Bosnia, Kosovo, Afganistán e Irak. Hasta ahora, declaró recientemente el comandante del Africom, William Ward, los miembros del US Army Africa han colaborado e intervenido en Ruanda, Liberia, Uganda, además de participar en las mayores operaciones tanto en las costas occidentales como en las orientales del continente.

Estas informaciones modifican el escenario para las reales funciones del proyecto Dal Molin. La población local, que desde hace más de tres años se organiza y protesta en contra de las nuevas infraestructuras militares, hoy cae en cuenta de la importancia estratégica de la base que quieren construir. Aun logrando hasta ahora impedir el avance de los trabajos de las nuevas instalaciones, la gente de Vicenza sabe que la batalla es aún muy larga y tendrá, tarde o temprano, que confrontar intereses militares y económicos de enorme magnitud.

Siquiera la esperanza provocada por la llegada de un presidente demócrata y afroestadunidense a la Casa Blanca pudo durar por mucho tiempo. En este sentido, las palabras de Loretta Sanchez, diputada demócrata y hoy exponente de la Comisión del Congreso para las Estrategias Militares, son esclarecedoras: Queremos consolidar nuestra presencia militar en el mundo, para estar listos para intervenir en África, Medio Oriente y las repúblicas ex soviéticas. Creemos que para estar más cerca de los lugares de conflictos es indispensable consolidar nuestras tropas en Italia, por esto la decisión con respecto de Vicenza. Y, por si las dudas, añade: No habrá vuelta atrás. Todas las decisiones están ya tomadas por ambos gobiernos (EU e Italia). Por eso el presidente Obama ha confirmado al anterior secretario de Defensa, Robert Gates…, la estrategia es la misma.

O casi, podríamos decir nosotros, puesto que la administración de George W. Bush había en más de una ocasión menospreciado al continente africano: No es para nosotros de importancia estratégica. El cambio es evidente y apunta hacia una nueva política que mira a África como el nuevo continente de conquista para los recursos del mañana. Y como suele suceder, los planes se llevan a cabo primero implementando y organizando la máquina militar y luego recurriendo a la diplomacia. Así las cosas, y con extremo retraso respecto del otro competidor/conquistador en África, es decir China –ya el segundo socio comercial del continente entero–, el pasado mes de agosto Hillary Clinton, la plenipotenciaria secretaria de Estado estadunidense, viajó a África en visita oficial. A esta altura de las cosas, poco importan los compromisos conseguidos por la diplomacia, puesto que, según las palabras de la ex subsecretaria para las relaciones con África, Theresa Whalen, la base de Vicenza será el instrumento más visible para promover nuestras relaciones con ese continente. Más claro, sólo el agua.

Los dictadores que sirven y los que no

14 gennaio 2008 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 14 de enero de 2008
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A principios de diciembre se llevó a cabo la esperada Cumbre de Lisboa, que reunió a los 27 países de la Unión Europea (UE) con los 52 de la Unión Africana. El histórico encuentro, que sigue al primero que se realizó en 2000, abarcó varios aspectos de la relación bilateral entre los dos continentes, incluyendo el tema migratorio. Bajo el esquema europeo de frenar la migración ilegal y promover los canales legales de entrada a la UE, las negociaciones han tenido un curso absolutamente contradictorio. Si por un lado se quería reconocer el papel de la Unión Africana cual sujeto de igual dignidad e importancia frente a la UE, por el otro, los europeos fueron tejiendo relaciones bilaterales con cada país, según criterios de urgencias y debilidad de la contraparte.

Caso ejemplar de esta situación es sin lugar a dudas la posición del coronel Muamar Khadafi, gobernante de Libia. Si en otros casos la UE ha podido jugar libremente el papel de quien tiene el cuchillo –económico– por la parte del mango, con Libia el trato ha sido distinto. La relación entre Khadafi y la UE tiene historia. Los atentados terroristas en Berlín e Inglaterra, los embargos económicos y militares, los diálogos secretos entre Italia y Libia a partir de 2002, la relación del Parlamento Europeo en 2005, la visita secreta del pasado mes de mayo a Libia de la agencia de migración Frontex, son las etapas de esta relación difícil y contradictoria. Con el aumento de los flujos migratorios de África hacia Europa, Libia ha asumido un papel fundamental por ser uno de los principales países de tránsito de los miles que cada día se asoman a las costas mediterráneas en el riesgoso intento de cruzar a costas europeas. Pero no sólo eso. Khadafi ha procurado en los años 90 hacerse de un liderazgo en la Unión Africana, logrando la legitimidad de esta institución. Con el argumento panafricano, lanzado al rescate de la dignidad del continente, ha conquistado el puesto de líder moral, pero sobre todo político de esa África que quiere contar en el panorama global.

A cambio, con tal de conseguir la cooperación en el tema migratorio –más ciertas prerrogativas sobre los recursos libios–, la UE le ha reconocido ese papel, rescatando la manchada reputación del líder norafricano. Perdonados los atentados terroristas que ensangrentaron Europa entre los 80 y los 90, levantados los embargos económicos que de ellos derivaron, olvidado el reporte que el Parlamento Europeo presentaba en 2005 y que denunciaba graves violaciones a los derechos humanos en Libia –en particular hacia los migrantes–, la UE en Lisboa terminó de legitimar a Khadafi, confirmándole, por si hacía falta, como el primero y más importante interlocutor para la UE en África, papel que le confiere no sin antes haber aceptado su peculiar posición.

No son viejas sus declaraciones en las que advertía a Europa que de no resolver los problemas de los países pobres había poco que esperar además de migración y terrorismo. ¿Amenaza? ¿Provocación? No, simplemente definición de posiciones. Porque si bien es cierto que parece que Khadafi dejó definitivamente en el pasado ciertas prácticas, lo cierto es que consiguió los objetivos económicos y políticos dejando partir a los migrantes de sus costas.

Terminada la Cumbre de Lisboa, el líder libio siguió con sus declaraciones. En París no tuvo empacho alguno en contradecir al presidente Nicolas Sarkozy al declarar que Francia no tiene legitimidad alguna para hablar de la falta de respeto a los derechos humanos en Libia, cuando los migrantes africanos son maltratados en territorio galo. No se preocupó de medir sus declaraciones acerca de Darfur cuando afirmó que no permitirá que nadie se entrometa en Sudán –de sus amigos en el gobierno–, desmintiendo al primer ministro italiano Romano Prodi, que tan sólo dos días antes había dicho lo contrario. Muamar Khadafi es definitivamente una figura fuerte –que no ha perdido el tono desafiante que tantos problemas le ha causado–, sin dejar de ser el líder autoritario y represivo que Libia ha conocido en los pasados 30 años y que bien sabe aprovechar lo que tiene: pobreza, la de su gente y la de los migrantes.

Por otro lado, no dejan de saltar las contradicciones de la UE. Inglaterra deserta de la cumbre, en medio de gran clamor mediático, por la presencia de Mugabe, presidente de Zimbabwe, conocido internacionalmente por los abusos de que es promotor en su país, pero rescata y legitima a Khadafi, igualmente responsable de no respetar los derechos humanos en su país. Contradicciones –no las únicas– que se convierten en hipocresía al considerar los miles de muertos en las fronteras europeas desde que cayó el Muro de Berlín: 11 mil 529, a los cuales hay que sumar 4 mil 134 desaparecidos. En 2007, hasta noviembre, mil 500. Números que quizá no se comparan con las muertes provocadas por los “dictadores” de las cuales los gobernantes europeos hoy se indignan. Pero son cifras que no permiten a los presidentes de los 27 países de la UE hablar de derechos humanos con tanta ligereza, puesto que el esfuerzo gubernamental para resolver la cuestión de los derechos humanos de los migrantes que se hace en el viejo continente se dirige solamente a aumentar los presupuestos militares y policiacos. Todo con tal de cultivar el sueño –para ellos– de una Europa blindada.

África, los millones perdidos

19 novembre 2007 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 19 de noviembre de 2007
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“África derrocha alrededor de 18 mil millones de dólares anuales en conflictos, guerras civiles e insurgencias”, denuncia un informe de las organizaciones Oxfam International, International Action Network on Small Arms (IANSA) y Safer World.

Más: 23 países de ese continente “han perdido alrededor de 284 mil millones de dólares desde 1990”. Una cifra que –señala el informe– “equivale a la ayuda internacional aportada (a esas naciones) por los principales donantes durante ese mismo período”.

El informe –titulado Los millones perdidos en África. El flujo internacional de armas y el costo de los conflictos— fue publicado en octubre pasado en el marco de la Campaña Armas Bajo Control, lanzada a escala internacional por Oxfam, Amnistía Internacional y IANSA, la cual fue incluida por la ONU en su agenda durante su Asamblea General en septiembre pasado.

El documento refiere que “el conflicto armado reduce la economía de los países africanos en 15%”, aunque “el costo real de la violencia armada para las personas africanas puede ser muchísimo mayor”.

Y denuncia que “95% de las armas más utilizadas en los conflictos africanos no proceden de este continente”. Por esta razón, señala, “lo que África necesita con urgencia es poner fin a este flujo de armas dirigido a quienes cometen abusos de los derechos humanos”.

Para ello propone “un Tratado sobre Comercio de Armas (TCA) riguroso y eficaz que debe prohibir las transferencias de armas” donde exista la clara posibilidad de violaciones a los derechos humanos. De lo contrario, advierte, “el costo para el desarrollo africano, medido no sólo en dólares despilfarrados sino en vidas destrozadas y oportunidades perdidas, seguirá siendo incalculable”.

Los costos de la violencia

Consuelo López-Zuriaga, experta en Conflictos y Acción Humanitaria de la organización Oxfam, explica en entrevista telefónica la importancia del informe:

“Por primera vez hemos podido poner sobre papel, con la rigurosidad de las cifras y el análisis estadístico, cuánto dinero está perdiendo África debido a la violencia”.

Al mismo tiempo, dice, “hemos podido establecer la paradoja de un sistema que está dando ayuda para el desarrollo pero que no pone los medios necesarios para frenar este comercio de armas que está alimentando los conflictos en África y que a fin de cuenta está condenando a los países africanos a la pobreza crónica”.

López-Zuriaga, también portavoz del Departamento de Estudios y Campañas de Oxfam España, denuncia el silencio mediático que rodea los conflictos armados en África a los que considera “altamente devastadores”.

De los 31 conflictos que existían en 2002 –parte de los cuáles continúan y que han causado la muerte de al menos 7 millones y medio de personas– 17 ocurrieron en África, estima la organización Oxfam.

La investigadora española explica que el informe divide a éstos en dos categorías: los conflictos y la violencia armada. “Sin embargo –aclara– eso puede ser un límite (para entenderlos), pues los conflictos africanos son difíciles de definir”.

Precisa: “Son nuevos tipos de conflictos en donde hay grupos irregulares y se ataca a la población civil. La violencia armada entonces rebasa el viejo concepto de guerra y se transforma en cotidiana. Y es un problema aún mayor pues, aunque no sean conflictos políticamente reconocidos, existe una violencia extremadamente alta que se ejerce en contra de la población”.

Según López-Zuriaga, el informe “detecta que hay una atomización de ese monopolio del uso de la fuerza, antigua prerrogativa del Estado, y se vuelve todo sumamente complicado”.

Afirma que un aspecto complejo en el panorama que el informe aborda “fue precisamente tratar de describir los costos de los conflictos armados”.

Costos “indirectos”

De hecho el informe estudia el fenómeno identificando dos facetas: los costos directos y los indirectos. Tras enumerar y analizar cada uno de estos gastos, el documento concluye que los costos indirectos son los más elevados.

Así, el aumento de la inflación, la baja en la confianza de los inversionistas extranjeros, el bloqueo de la producción, el desperdicio de los recursos naturales y, en general, el descenso de la actividad económica (que incluye la fuga de capitales y la baja actividad turística) cuestan más que los gastos médicos, el cuidado de los desplazados, los recursos militares y la destrucción de infraestructura.

A ello, señala el informe, hay que añadir los llamados “gastos intangibles”: las pérdidas de capital social y de calidad de vida social, tal como el acceso al mercado laboral o a los servicios públicos.

El informe, sin embargo, aclara que “la cifra calculada en 284 millones de dólares, a pesar de ser elevada, es casi con toda seguridad un cálculo a la baja”. La razón: toma en cuenta únicamente el costo del conflicto armado durante el periodo en que éste ocurre, pero no incluye la delincuencia armada ni otros fenómenos que perduran después de termina un conflicto, como, por ejemplo, el deterioro de la economía.

López-Zuriaga completa: “Cabe mencionar que el cálculo no toma en cuenta las cifras que se han gastado desde el ámbito internacional para limitar las consecuencias de los conflictos: ayuda humanitaria, misiones de paz, ayuda al desarrollo, etcétera”.

Son “cifras enormes –afirma López-Zuriaga–, las cuales, paradójicamente, corresponden a la ayuda oficial al desarrollo, tal y como la define la OCDE”.

La introducción del informe –redactada por la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf– señala: “Los costos que África está pagando (por los conflictos armados) podría sufragar los gastos para poner fin a su crisis del VIH y el sida, o proporcionar educación, agua, y prevención y tratamiento para la tuberculosis y la malaria. Se podrían haber construido miles de hospitales, escuelas y carreteras, mejorando así las vidas de millones de personas. Las mujeres y hombres africanos no sólo sufren los horrores físicos de la violencia, sino que el conflicto armado también menoscaba sus esfuerzos por salir de la pobreza”.

Respecto del tráfico de armas, López-Zuriaga subraya un dato: “La mayoría de las armas que se encuentran en África no se producen ahí. La producción africana de armamento es muy limitada. Actualmente se concentra principalmente en dos países: Sudáfrica y Egipto…y aún así es una producción muy limitada”.

Estados Unidos es el mayor exportador de armas a África, aunque, dice la experta, “existe un gran flujo de armas también de Rusia y China”. Señala que “90% de los fusiles Kalashnikov, los más utilizados en este tipo de conflictos, no se produce en el continente”.

Con respecto a balas y municiones que llegan a África, la mayoría procede de España, afirma la experta.

La investigadora reitera que “una forma –no la única– para controlar el trafico de armas sería el establecer un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas”.

El 26 de octubre de 2006, en la Asamblea General de la ONU, 153 países votaron a favor de este tratado. En esa ocasión se abstuvieron 24 países y sólo Estados Unidos votó en contra.

Conciente de que el comercio de armas hoy es un negocio globalizado y liderado por los países más ricos del planeta, la portavoz de Oxfam señala que “es un comercio sin ningún tipo de control en el ámbito internacional”.

Afirma: “Hay que regular la transferencia irresponsable que se está haciendo de los armamentos, sobre todo de los países productores, puesto que ninguno de ellos es africano”. Y es que, señala, “las armas que se producen y trafican hacia África son utilizadas para violar el derecho internacional humanitario”.

López-Zuriaga juzga de manera positiva el impacto que tuvo el informe, pues fue lanzado “justo en el momento en que se estableció un Grupo de Expertos Gubernamentales (GGE), con sede en la ONU, que analizará la viabilidad de un tratado internacional sobre el comercio de armas”. Además, agrega, “ha sido positivo que muchos países se adhirieron a la propuesta”.

Sin embargo, no todos los países acordaron participar en el estudio de ese tratado: “Obviamente ni Estados Unidos ni Rusia ni China firmaron el acuerdo que lanza al grupo de análisis para el futuro tratado”, apunta López-Zuriaga.

Señala que “en el ámbito latinoamericano hubo casos muy positivos, como los de México y Argentina, este último comprometido en liderar este grupo de expertos”.

“Sería bueno que México –quien integrará este grupo de expertos– ejerciera cierta presión para lograr el tratado internacional”, sugiere López-Zuriaga.