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Libia: La presencia de tropas "occidentales"

8 aprile 2011 Lascia un commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 8 de marzo de 2011.
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El 20 de marzo anterior, el periódico inglés Daily Mail reveló que “cientos de soldados” del Reino Unido y de Estados Unidos ya estaban operando en territorio libio semanas antes de que comenzaran los bombardeos avalados por la Resolución 1973/2011 del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

De confirmarse esta noticia –retomada por decenas de medios internacionales– podría configurarse una violación a esa resolución de ONU, que prohíbe explícitamente el uso de tropas de tierra “en cualquier forma o parte del territorio libio”. La nota del rotativo inglés, que citó fuentes reservadas, afirmó que “cientos de soldados de las fuerzas especiales inglesas están siendo utilizados en Libia para ubicar objetivos de las fuerzas del coronel Muamar El Gadafi”.
Sostuvo que “mientras el canciller (inglés) George Osborne repitió que las tropas de tierra del Reino Unido no se involucrarían en el conflicto, el Daily Mail puede revelar que hay cerca de 350 (soldados) empeñados en operaciones encubiertas” en territorio libio. El rotativo precisa que “cerca de 250 soldados de las fuerzas especiales británicas y sus apoyos han estado presentes en Libia desde antes que comenzaran los bombardeos”. Las tropas inglesas presentes en Libia serían parte de los escuadrones del Servicio Aéreo Especial (SAS, por sus siglas en inglés).
Un día antes, el 19 de marzo, Focus Online, un semanario alemán cercano a los círculos de seguridad del gobierno de Berlín, publicó una nota en el mismo sentido: que tropas inglesas y estadunidenses habrían llegado a Libia “semanas antes” del inicio de los bombardeos. Ello coincidió con la noticia difundida el 6 de marzo pasado, en el sentido de que rebeldes libios capturaron una unidad del SAS que funcionaba como escolta de diplomáticos ingleses enviados a la ciudad de Bengasi para reunirse con integrantes del Consejo Provisional, que se opone a Gadafi. Los militares del SAS fueron posteriormente liberados.
De hecho, la presencia de tropas extranjeras en Libia, prohibida explícitamente por la Resolución 1973/2011, fue objeto de rumores desde hace muchas semanas. El 26 de febrero pasado, el portal Pakistan Observer difundió que “Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia han enviado varios cientos de consejeros militares para entrenar y apoyar a las fuerzas contrarias a Gadafi en Cirenaica, la rica región petrolera de Libia”. La publicación paquistaní citó a una fuente interna del gobierno de Trípoli, la cual “prefirió mantenerse en el anonimato”.
La fuente del Pakistan Observer dijo que tres países occidentales enviaron sus tropas especiales en Cirenaica y “ahora están construyendo campos de entrenamiento para los rebeldes”. Precisó que “los estadunidenses y los ingleses enviaron a sus soldados de noche, entre el 23 y 24 de febrero, a través de pequeñas lanchas que zarparon desde los barcos militares de Estados Unidos y Francia anclados frente las costas de Libia y dirigidas a los puertos de Bengasi y de Tobruk”.
Otro periódico inglés, el Sunday Mirror, publicó el 20 de marzo que la misión de las supuestas tropas habría sido “ubicar las más poderosas y estratégicas armas del coronel Gadafi: los misiles de largo alcance y de construcción soviética SAM 5”. Según el Sunday Mirror, las “dos unidades” inglesas se denominan smash, debido a su capacidad destructiva. Afirma que “operaron en contra del tiempo” en la búsqueda de los armamentos capaces de “alcanzar los aviones o los vuelos comerciales”. Las dos unidades del SAS, sigue la nota, “compuesta por ‘señaladores’ (de objetivos), ingenieros y médicos”, habrían establecido “posiciones en el terreno” en el caso de que “aviones occidentales cayeran durante los ataques aéreos”.
“Nuestros muchachos en el terreno”
Aunque el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha negado la utilización de tropas de tierra en la ofensiva en contra de Libia, en su edición del 30 de marzo, el periódico The New York Times reveló el envío “autorizado” de un equipo, cuyo tamaño “se desconoce”, de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) al país norafricano. El diario neoyorquino –que utiliza como fuentes a “oficiales estadunidenses— destacó que mientras Obama “ha insistido que las tropas de tierra de Estados Unidos no participan en la campaña de Libia, pequeños grupos operativos de la CIA han estado trabajando en Libia durante varias semanas, como parte de una ‘fuerza-sombra’ de los países Occidentales con la esperanza de desangrar al Ejército de Gadafi”.
El rotativo añade que oficiales británicos no identificados admitieron la presencia de fuerzas especiales inglesas en territorio libio junto con “oficiales del MI6”, el servicio de espionaje del Reino Unido. Luego de la publicación de la noticia por parte del Daily Mail, el conocido conductor del noticiero de Fox News en Estados Unidos, Bill O’Reilly, tuvo en su estudio, el 24 de marzo, a dos expertos del sector: el coronel retirado David Hunt y el teniente coronel Tony Shaffer, exmiembro del espionaje del Ejército de Estados Unidos.
A pregunta expresa del periodista –quien cuestionó la veracidad de la información publicada en Inglaterra–, Hunt contestó: “Sí, es exactamente así”. Y abundó: “Al lado de las tropas de los SAS británicos y de los comandos GIGN franceses, desde hace 12 días (12 de marzo) también están nuestras fuerzas especiales y agentes de la inteligencia de Estados Unidos”, ya que “nunca lanzamos operaciones aéreas de este tipo sin nuestros muchachos en el terreno”.
Shaffer coincidió: “Es exactamente lo que me dijeron mis fuentes”. No es posible, señaló, realizar estas misiones “sin el apoyo de estas tropas de tierra, las cuales llevan a cabo operaciones de control aéreo avanzado para evitar el bombardeo de objetivos equivocados”. O’Reilly recordó entonces que la administración Obama dejó en claro que “no tenemos botas en el terreno y no las tendremos”. Y tras la confirmación de los dos oficiales, preguntó: “¿Fue una mentira?”. Hunt entonces contestó: “Pues sí, una poca de desinformación es necesaria para proteger a los muchachos en el terreno. Nunca se habla de las operaciones encubiertas”, remató.

Crisis norafricana y migración

6 marzo 2011 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 6 de marzo de 2011.
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Centros de detención para migrantes en LIbia

En la crisis que están atravesando los países norafricanos, un enfoque convocado por los países de la Unión Europea (UE) es el tema migratorio. Los silencios y la inacción europea en estas semanas de rebelión africana no sorprenden y, una vez más, atestiguan el fracaso de un experimento unitario que hasta la fecha no se pudo cumplir. Sin embargo, es justamente la más reciente rebelión la que está hoy poniendo en entredicho la estrategia de la UE. La protesta en Libia –más que otras– está hoy cuestionando de raíz tanto la política migratoria europea como la imagen que se ha construido del fenómeno mismo a lo largo de las dos décadas pasadas.

Mientras en Libia el coronel Kadafi reprime a la población haciendo uso indiscriminado de todas las armas a su disposición –inclusive de batallones de mercenarios extranjeros a los que paga, según testigos directos, cerca de 2 mil dólares al día para matar libios–, la UE tiembla en sus cimientos. No es sólo el temor muy justificado de que las protestas del año pasado –en Irlanda, Grecia, Francia, España e Italia– puedan renovarse esta primavera y cuestionar de manera aún más radical la salida a la crisis propuesta en las cumbres internacionales y luego declinadas con las llamadas medidas de austeridad; es también, y sobre todo, la crisis de la llamada Fortaleza Europa.
Si durante años, los racistas que gobiernan a muchos países europeos han denunciado la excesiva tolerancia hacia la migración indocumentada, hoy lo que sale a flote es la excesiva tolerancia que estos gobiernos y la UE en su totalidad han aplicado a los regímenes norafricanos. Durante al menos dos décadas, la UE ha hecho caso omiso a las violaciones a los derechos humanos, a la falta de todo rastro democrático en los países de la costa africana del mar Mediterráneo. La razón es sencilla y excedió la real politik como hoy se demuestra: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto eran muy buenos socios en las políticas de control migratorio.
Con el derrocamiento de los regímenes norafricanos entra en crisis la pretendida externalización de las fronteras europeas. Por años los gobiernos europeos se han dedicado a tomar acuerdos para que estos países frenaran a las corrientes migratorias que desde el sur del continente se dirigen a Europa. Dichos acuerdos prevén los patrullajes conjuntos en territorio africano; el suministro de armas e instrumentos de vigilancia; concesión de cuotas de ingreso (de migrantes) a los países cooperantes; concesión de inversiones económicas a cambio de la represión del fenómeno migratorio.
El caso del acuerdo Italia-Libia firmado en 2008 es emblemático en este sentido. El gobierno italiano invirtió miles de millones de euros en Libia a fin de proveer armas e instrumentos de control en la frontera sur de Libia; construyó al menos tres centros de detención para migrantes en suelo africano; pagó vuelos de repatriación de migrantes detenidos en Libia (inclusive hacia países en guerra); tomó acuerdos para la recepción de migrantes levantados (ilegalmente) en las aguas internacionales del mar Mediterráneo; favoreció la deportación de miles de potenciales refugiados que en Libia (país que nunca firmó las convenciones internacionales sobre el tema) fueron detenidos; calló y encubrió el homicidio de cientos de migrantes, abandonados en la frontera sur de Libia, en pleno desierto del Sahara.
Hoy el gobierno italiano levanta el espantajo de una invasión migratoria debida a la crisis en los países norafricanos. Afirman que podrían llegar a las costas europeas entre 300 mil y medio millón de refugiados. Sostienen que la crisis podría causar un verdadero éxodo bíblico hacia el viejo continente. Por lo anterior, el gobierno italiano pide el apoyo de la Unión Europea. Italia, que hizo siempre caso omiso a las condenas de la UE de los mencionados acuerdos con Libia, hoy exige su apoyo. La UE aún no responde.
Sólo la agencia Frontex, meramente militar y encargada de defender las fronteras europeas, hizo eco de las alarmantes declaraciones italianas: podrían llegar hasta millón y medio de personas.
Hasta ahora el temido éxodo no se ha visto. Lo que en cambio se ve es que los tunecinos, los argelinos, los marroquíes, los egipcios, los libios parecen estar ejerciendo el derecho a quedarse y a no migrar forzadamente. Un derecho antiguo siempre violado en la perspectiva de una mejor vida en el El Dorado europeo.
Hoy que la crisis global transforma paulatinamente también a la UE en tierra de sacrificios y precariedad difusa, los ciudadanos norafricanos parecen ejercer plenamente el derecho a decidir dónde estar y a dónde ir. Si durante el apogeo de la globalización hablábamos de libre circulación y de libertad de movimiento, hoy, en la crisis sin perspectivas que vivimos, quizás podemos comenzar a hablar de derecho de elección.
No es el fin de la movilidad humana lo que aquí se describe. Es simplemente su autodeterminación. Las corrientes migratorias hacia Europa no se pararán. Pero la situación actual bien puede permitirnos afirmar que junto a las solicitación de asilo, en los barcos que surcarán el Mediterráneo en los próximos meses se verán reflejadas la rabia y la esperanza de miles de jóvenes ya no dispuestos a la fuga como perspectiva futura y, en cambio, aptos para tomar el futuro en sus manos y ejercer el derecho a elegir.

El trabajo os hace libres

18 luglio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 18 de julio de 2010
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El 30 de junio pasado, el ejército del coronel Kadafi, en Libia, tomó por asalto el centro de detención para migrantes de Misratah, localidad cercana a la capital del país africano, Trípoli. La razón: castigar a los cerca de 250 migrantes, ciudadanos de Eritrea, culpables de haberse negado a ofrecer sus datos a las autoridades locales. El rechazo a proporcionar sus nombres y apellidos no es casual ni caprichoso. Temían –y siguen temiendo– que Libia trasmitiera la información al gobierno de Asmara y que éste no sólo los boletinara por haber abandonado el país, sino que, en su caso, tomara venganza con las familias que se habían quedado.

Tal postura se desprende del testimonio de un protagonista, quien pudo comunicarse vía telefónica con la prensa: El 29 de junio funcionarios libios nos pidieron nuestros datos generales para comunicarlos a la embajada de Eritrea. Nos rehusamos, pues el régimen de Asmara se habría vengado con nuestras familias. Y más adelante: El presidente Issyas Afeworki es implacable y no tolera la disidencia. Así, los libios nos acusaron de insubordinación y rebelión. Como castigo, los migrantes fueron deportados al campo de Al Brak, en la zona fronteriza sur de Libia, en medio del desierto del Sáhara.

Quien intentó escaparse o rebelarse a la decisión de que fueran deportados, mil kilómetros más al sur, fue golpeado y torturado, según el testimonio. Los migrantes se encontraron de un día a otro en medio del desierto, incomunicados, muchos de ellos heridos, sin asistencia médica, a merced de las autoridades de Kadafi, mismas que no prestan oídos a los reclamos del Alto Comicionados de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La oficina de Naciones Unidas en Trípoli fue cerrada a principios de junio sin explicación alguna. El pretexto fue sencillo: Libia no ha firmado nunca los tratados internacionales sobre refugio.

Los migrantes de Eritrea, que a la luz de la situación bien se suman a la larga lista de potenciales refugiados, vivieron varios días desprotegidos en el sur de Libia. Estamos desesperados, expresó otra voz antes de que las autoridades le encontraran el teléfono celular que llevaba escondido. Si no obedecemos nos llevan a Eritrea, lo que para nosotros significa la muerte. Si obedecemos serán nuestras familias, pues se vengarán con ellas porque nosotros escapamos.

Conocida la noticia, en Italia se desató el clamor mediático. ¿Por qué Italia? Porque, acusaron inmediatamente los movimientos de solidaridad con los migrantes, esos potenciales refugiados son los mismos que el gobierno italiano expulsó en hace meses. Es decir, esos seres humanos son parte de los migrantes que la armada italiana detiene ilegalmente en alta mar y regresa a Libia. Tal hipótesis, rechazada por el ministro de Interiores italiano, Roberto Maroni, encontró aval en la petición formal que el comisario para los Derecho Humanos del Consejo Europeo, Thomas Hammarberg, hizo al gobierno de Roma el 2 de julio: Intervengan.

El gobierno italiano, aun evadiendo cualquier implicación en el caso, echó a andar la maquinaria diplomática para que Kadafi desistiera de su política represiva. Y tras pocos días de intensas pláticas entre las dos orillas del Mediterráneo –cercanas por la muy buena amistad entre el coronel Kadafi y el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, más lejanas para los migrantes–, el 6 de julio se alcanzó el acuerdo de liberación y residencia en cambio de trabajo. En otras palabras, los refugiados de Eritrea podrán salir de su encierro y residir en Libia mientras acepten realizar “trabajo socialmente útil en distintas shabias (comunas) de Libia”. El convenio de liberación fue aceptado sólo por 140 refugiados del grupo.

El gobierno italiano nunca se echó para atrás (…) en la cuestión de los derechos humanos, se apresuró a declarar el Ministerio de Relaciones Exteriores italiano. Y tras responsabilizar a la Unión Europea, porque no toda la carga puede caer sobre los hombros italianos, añadió que no hay ninguna prueba de que los ciudadanos de Eritrea víctimas de esa persecución hayan sido deportados por la parte italiana. Una semana después, el periódico italiano Il Manifesto difundió un video, realizado el primero de julio de 2009 desde un barco de migrantes, en el cual se ve no sólo cómo la armada italiana rechaza a potenciales refugiados, sino sobre todo que 11 migrantes que aparecen en las imágenes son 11 personas incluidas en las listas de detenidos en Al Brak. Una casualidad.

Libertad en Libia, entonces. Pero, ¿cuál libertad? libertad de ser esclavos por tiempo indeterminado en un campo de trabajo libio sin que nadie, absolutamente nadie, se ocupe primero de investigar los abusos de estos días por las autoridades de Kadafi; segundo, que esos abusos no se repitan, y, tercero y más importante aún, que se otorgue el debido estatus de refugiado.

Ninguna libertad de circulación, ninguna garantía, ninguna protección, se encuentra en el acuerdo firmado por las autoridades de Libia tras la presión italiana. No hablemos de quienes no aceptaron el acuerdo, pues nunca conoceremos su destino. Al contrario, la suerte de quienes aceptaron el convenio quizás se pueda vislumbrar pensando al título mismo del acuerdo: libertad a cambio de trabajo, o sea, el trabajo os hace libres.

Los dictadores que sirven y los que no

14 gennaio 2008 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 14 de enero de 2008
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A principios de diciembre se llevó a cabo la esperada Cumbre de Lisboa, que reunió a los 27 países de la Unión Europea (UE) con los 52 de la Unión Africana. El histórico encuentro, que sigue al primero que se realizó en 2000, abarcó varios aspectos de la relación bilateral entre los dos continentes, incluyendo el tema migratorio. Bajo el esquema europeo de frenar la migración ilegal y promover los canales legales de entrada a la UE, las negociaciones han tenido un curso absolutamente contradictorio. Si por un lado se quería reconocer el papel de la Unión Africana cual sujeto de igual dignidad e importancia frente a la UE, por el otro, los europeos fueron tejiendo relaciones bilaterales con cada país, según criterios de urgencias y debilidad de la contraparte.

Caso ejemplar de esta situación es sin lugar a dudas la posición del coronel Muamar Khadafi, gobernante de Libia. Si en otros casos la UE ha podido jugar libremente el papel de quien tiene el cuchillo –económico– por la parte del mango, con Libia el trato ha sido distinto. La relación entre Khadafi y la UE tiene historia. Los atentados terroristas en Berlín e Inglaterra, los embargos económicos y militares, los diálogos secretos entre Italia y Libia a partir de 2002, la relación del Parlamento Europeo en 2005, la visita secreta del pasado mes de mayo a Libia de la agencia de migración Frontex, son las etapas de esta relación difícil y contradictoria. Con el aumento de los flujos migratorios de África hacia Europa, Libia ha asumido un papel fundamental por ser uno de los principales países de tránsito de los miles que cada día se asoman a las costas mediterráneas en el riesgoso intento de cruzar a costas europeas. Pero no sólo eso. Khadafi ha procurado en los años 90 hacerse de un liderazgo en la Unión Africana, logrando la legitimidad de esta institución. Con el argumento panafricano, lanzado al rescate de la dignidad del continente, ha conquistado el puesto de líder moral, pero sobre todo político de esa África que quiere contar en el panorama global.

A cambio, con tal de conseguir la cooperación en el tema migratorio –más ciertas prerrogativas sobre los recursos libios–, la UE le ha reconocido ese papel, rescatando la manchada reputación del líder norafricano. Perdonados los atentados terroristas que ensangrentaron Europa entre los 80 y los 90, levantados los embargos económicos que de ellos derivaron, olvidado el reporte que el Parlamento Europeo presentaba en 2005 y que denunciaba graves violaciones a los derechos humanos en Libia –en particular hacia los migrantes–, la UE en Lisboa terminó de legitimar a Khadafi, confirmándole, por si hacía falta, como el primero y más importante interlocutor para la UE en África, papel que le confiere no sin antes haber aceptado su peculiar posición.

No son viejas sus declaraciones en las que advertía a Europa que de no resolver los problemas de los países pobres había poco que esperar además de migración y terrorismo. ¿Amenaza? ¿Provocación? No, simplemente definición de posiciones. Porque si bien es cierto que parece que Khadafi dejó definitivamente en el pasado ciertas prácticas, lo cierto es que consiguió los objetivos económicos y políticos dejando partir a los migrantes de sus costas.

Terminada la Cumbre de Lisboa, el líder libio siguió con sus declaraciones. En París no tuvo empacho alguno en contradecir al presidente Nicolas Sarkozy al declarar que Francia no tiene legitimidad alguna para hablar de la falta de respeto a los derechos humanos en Libia, cuando los migrantes africanos son maltratados en territorio galo. No se preocupó de medir sus declaraciones acerca de Darfur cuando afirmó que no permitirá que nadie se entrometa en Sudán –de sus amigos en el gobierno–, desmintiendo al primer ministro italiano Romano Prodi, que tan sólo dos días antes había dicho lo contrario. Muamar Khadafi es definitivamente una figura fuerte –que no ha perdido el tono desafiante que tantos problemas le ha causado–, sin dejar de ser el líder autoritario y represivo que Libia ha conocido en los pasados 30 años y que bien sabe aprovechar lo que tiene: pobreza, la de su gente y la de los migrantes.

Por otro lado, no dejan de saltar las contradicciones de la UE. Inglaterra deserta de la cumbre, en medio de gran clamor mediático, por la presencia de Mugabe, presidente de Zimbabwe, conocido internacionalmente por los abusos de que es promotor en su país, pero rescata y legitima a Khadafi, igualmente responsable de no respetar los derechos humanos en su país. Contradicciones –no las únicas– que se convierten en hipocresía al considerar los miles de muertos en las fronteras europeas desde que cayó el Muro de Berlín: 11 mil 529, a los cuales hay que sumar 4 mil 134 desaparecidos. En 2007, hasta noviembre, mil 500. Números que quizá no se comparan con las muertes provocadas por los “dictadores” de las cuales los gobernantes europeos hoy se indignan. Pero son cifras que no permiten a los presidentes de los 27 países de la UE hablar de derechos humanos con tanta ligereza, puesto que el esfuerzo gubernamental para resolver la cuestión de los derechos humanos de los migrantes que se hace en el viejo continente se dirige solamente a aumentar los presupuestos militares y policiacos. Todo con tal de cultivar el sueño –para ellos– de una Europa blindada.

Libia: El trabajo sucio para la UE

9 dicembre 2007 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 9 de diciembre de 2007
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“La Unión Europea está firmando acuerdos de cooperación en el tema migratorio con Libia, país sobre el que hay fuertes dudas en cuanto al respeto a los derechos humanos”, denuncia Gabriele Del Grande, autor de Mamodou va a morir, libro que denuncia “la matanza de migrantes indocumentados ilegales en el Mediterráneo”.

“Desde hace años las organizaciones de la sociedad civil señalan graves irregularidades en el trato que el gobierno del coronel Kadafi reserva a los migrantes que cruzan su territorio para poder abordar los barcos que los llevarán a Europa”, explica el investigador italiano.

“La última fue la denuncia publicada por Amnistía Internacional en agosto pasado”, añade.

Sin embargo, según Del Grande, “nadie conocía la existencia de un diálogo ya tan avanzado y de esta naturaleza entre las dos partes”.

Entre el 27 de noviembre y el 6 de diciembre de 2004, la Comisión Europea encargó a una delegación del Parlamento Europeo el acercamiento al gobierno libio para una eventual cooperación en el tema migratorio. “Ha sido una experiencia horripilante”, decía Giusto Catania, integrante de dicha delegación.

Su opinión se reflejó en el informe final, publicado el 1 de mayo de 2005, que indica graves violaciones a los migrantes en el momento de la detención y en el proceso de deportación, además de denunciar la falta de cooperación entre el gobierno libio y la Agencia para los Refugiados de la ONU (ACNUR).

Con base en ese informe, el 8 de mayo de 2005, el Parlamento europeo advirtió que la cooperación con Libia tenía que establecerse pero “sin expulsiones colectivas, sin detenciones administrativas en lugares donde los derechos humanos son violados, y con el reconocimiento de los derechos de los que piden asilo político en Libia”.

A más de dos años de esa advertencia “nada ha cambiado; más bien ha empeorado todo”, indica Del Grande. “Hemos conseguido un documento reservado que reporta los resultados de la visita que la agencia europea Frontex realizó entre fines de mayo y principios de junio de este año”, revela Del Grande.

“Ese documento, además de confirmar algunos números acerca de la realidad migrante que cruza Libia, exhibe lo que nadie sabía: es decir, que la UE sigue cooperando con Libia, haciendo caso omiso a las denuncias de su propio Parlamento”, añade.

La agencia europea Frontex surgió, el 3 de octubre 2005, por iniciativa de la Comisión Europea, coordinar y gestionar los esfuerzos de la UE para frenar la inmigración ilegal a Europa. Desde entonces, la agencia, cuya sede está en Varsovia, realiza operativos policíaco-militares en las fronteras de la UE; en el Mediterráneo y en la costa africana del océano Atlántico, desplegando la flota mixta de navíos de los países adherentes; en la Europa del Este, enviando cientos de agentes especiales proporcionados por las policías de cada país.

Ante los crecientes esfuerzos para frenar la inmigración ilegal al continente, la UE ha incrementado el presupuesto de la agencia, al pasar de los 34 millones de euros este año, a 70 millones para 2008.

“Es más fácil enviar a una delegación de policías que a un grupo de diputados”, acusa el investigador. “Así, evitamos las denuncias de maltratos y nos concentramos en la cooperación”.

El documento reservado conseguido por Del Grande “omite cualquier consideración de orden político u ético y enfoca su atención en los aspectos operativos de la cooperación”.

Primero contiene copia de la carta que, el pasado 25 de mayo –antes que Frontex visitara al país norteafricano– Gil Arias, subdirector ejecutivo de la agencia, envió al gobierno libio, en la que se le invita a participar, desde 2008, en los patrullajes en el Mediterráneo.

Luego contiene lo que Libia pide a cambio de su cooperación: “12 aviones de vigilancia; 14 helicópteros; 240 jeeps; 86 camiones de carga; 80 camionetas tipo pick-up; 70 autobuses; 28 ambulancias; 12 sistemas de radar; 10 buques militares; 28 lanchas de medio alcance; 100 lanchas cortas; 400 visores nocturnos, sistemas de escaneo de huellas digitales, radios, y sistemas de navegación satelital”.

Abusos, violencia contra las mujeres, deportaciones…

Del Grande publicó, en octubre pasado, un informe titulado Reporte Libia. En él, a partir de la información oficial registrada en el documento de Frontex, figuran decenas de testimonios de migrantes acerca del trato recibido por las autoridades del coronel Kadafi y recopila los números de migrantes en tránsito por el país norteafricano.

Es un documento que fija su postura desde el subtitulo: “Todo lo que no se tiene que saber acerca del país al cual la UE confía el control de la frontera sur”.

Los testimonios relatan las condiciones a las que los migrantes son sometidos en el territorio de Libia: los largos viajes en el desierto; los abusos de los “coyotes”; los abusos y los homicidios de la policía; la violencia contra las mujeres; las deportaciones y los abandonos en la línea fronteriza sur, en medio de miles de kilómetros cuadrados de desierto.

Del documento de Frontex, “podemos ver que, en mayo de 2007, había 60 mil migrantes detenidos en Libia y, al menos, 14,500 habían sido deportados a la frontera sur entre 1998 y 2003”, señala Del Grande.

Y continúa: “Esos son números. Lo que hace falta es ver cómo se traducen en vidas reales”. Para esto, señala, una muestra está en los testimonios que publicó.

Habla Charles, del Ghana: “Crucé en Sahara desde Níger en junio de 2007. No muy lejos de la aduana de Toumou he visto 34 cuerpos, en medio de la arena, momificados”.

Continúa Fabrice, del Togo: “Desde Qatrun (Centro de Detención libio, NDR), la policía nos llevó hasta la frontera sur, cerca de Toumou. Tuvimos que caminar tres días en el desierto para llegar a Madama en Níger”.

Innumerables centros de detención están en el norte del país como, por ejemplo, Zuwarah, desde donde deportaron al etíope Yakob: “Eramos 50 en el camión. A mitad del camino, el chofer nos pidió dinero para que nos regresara. Sólo 30 de nosotros teníamos. Los otros 20 se quedaron a medio desierto. Quién sabe cuántos habrán muerto… Te quitan hasta el dinero que no tienes. Si, por ejemplo, tienes algún pariente en Europa, te prestan el teléfono satelital para que pidas una transferencia con Western Union”.

Las condiciones de los Centros de Detención son pésimas, según denuncian los entrevistados. “Cuartos sucios con demasiada gente; nada de comida, sin asistencia médica, sin que nadie nos ayude”, explica Elvis del Camerún.

Abraham de Eritrea confirma: “Estuve en Sirt dos semanas. Nos mantenían con pan y arroz. Afortunadamente tenía 400 dólares. Con ellos pagué al policía que me dejó salir”.

Además de la precariedad de las condiciones, está la violencia de la policía: “Conozco dos casos. El primero era un joven de Nigeria. Se llamaba Idewin. Fue detenido en Trípoli y murió pocos días después por las heridas de la macana durante la detención. El otro caso es el de un muchacho de Ghana: lo mataron a golpes en el cuartel de la policía, antes de que lo internaran al Centro de Detención. Era febrero de 2007”, dice Saleo del Chad.

La violencia ataca a las mujeres: “He visto a muchas mujeres violadas en el centro de Kufrah. Los policías entraban a la celda, agarraban una mujer y la violaban en grupo, frente a nosotros, sin distinguir entre mujeres casadas y solteras. Muchas quedaron embarazadas”, denuncia Fatawhit de Eritrea.

Por su parte, la etíope Hewat habla de una redada que la policía realizó en una de la casa donde, clandestinamente, se hospedaba: “Entraron y comenzaron a golpearnos a todos. Estaba embarazada y perdí a mi hijo por los golpes”.

El racismo es el otro grave problema. El gobierno libio, tras abrirse a la inmigración durante los años 90, ahora está cerrando sus fronteras y expulsando a extranjeros. “El gobierno libio buscó afirmarse en la Unión Africana cuando la UE le tenía el embargo económico-militar”, cuenta Del Grande. “Luego, cuando la UE levanto el embargo en 2004, Libia comenzó a cerrar sus fronteras”.

Añade: “La expulsión de extranjeros pasa por fomentar el racismo hacia los negros, hacia los de otra religión”.

Daniel de Eritrea cuenta lo que le sucedió: “Cuando caminaba con un amigo en Trípoli, unos jóvenes nos pararon y nos preguntaron nuestro nombre. Nos presentamos con nombres musulmanes para evitar cualquier problema. No convencidos, nos hicieron pronunciar la Fatiha del Corán. Yo lo sabía, mi amigo no. Probó defenderse, pero lo acuchillaron y le robaron todo. Me fui cuando estaba muerto, tirado en un charco de sangre a media calle”.

Y concluye: “Si quieres sobrevivir en Libia, tienes que prever cualquier cosa. Lo tienes que hacer todo con extrema atención. Nunca te puedes relajar y perder la concentración”.

Según Del Grande, el caso más grave “es él de los refugiados, porque Libia casi no concede asilo político o refugio, debido a que no reconoce la Convención de Ginebra y menos al ACNUR. De tal manera que todos los que escapan de las guerras en África, por ejemplo desde Sudán, no pueden esperar ser acogidos en Libia y menos de llegar a la UE a pedir asilo o refugio”.

Finalmente, Del Grande afirma: “No nos hagamos ilusiones: el problema no es sólo en Libia. Podemos mirar a todos los países que rodean la UE, desde el norte de África hasta la Europa oriental. La política es la de crear un área de amortiguamiento alrededor del territorio europeo, subcontratando, de hecho, el control de la inmigración, impidiendo que un sin papeles pueda tocar el suelo de la UE”.

Y advierte: “Si para eso hay que cerrar los ojos sobre lo que sucede en Libia, pero también en Argelia o en Ucrania u otros países involucrados, ese es el precio a pagar según el enfoque europeo: ‘Son crímenes cometidos por países no europeos, por lo tanto no nos atañen’, es el mensaje cínico y paradójico que transmite la UE”.

Libia e Italia, cooperación en el tema migratorio

9 dicembre 2006 Lascia un commento

Desde hace unos años, en Italia se ha venido gestionando, sobre todo en los medios de información, la llamada “emergencia inmigración”. Cada verano, en las pantallas de las televisiones italianas, aparecen las imágenes de los grandes y precarios barcos transportando decenas y centenares de personas; al mismo tiempo, las imágenes de los cuerpos de las decenas de personas que mueren ahogadas tras los frecuentes naufragios; en fin, las costas italianas invadidas por miles de personas que la policía fatiga a contener en los Centros de Permanencia Temporánea a propósito construidos. El mismo gobierno, en años recientes, ha hablado de “verdadera invasión” y se han permitido conectar el fenómeno con supuestos grupos terroristas de origen árabe. Sin embargo viendo las estadísticas proporcionadas por el Departamento de Policía italiano, el único en contener datos al respeto , se revela que el número de los migrantes ilegales desembarcados en las costas sur de Italia en los últimos años ha variados desde los 8,828 de 1998 a los 13,594 de 2004. Una cantidad relativamente baja, si confrontada con el único dato de referencia con respeto a la presencia de ilegales en el país, el número de personas que han aprovechado la regularización del año 2002 y que han sido poco más de 700mil personas. Un escaso 2% del total de entradas ilegales al país . Pero la emergencia cundía, en verano decenas de personas llegaban y llegan a las costas italianas y había que solucionar el problema.
Política migratoria italiana en el Mediterráneo
Siendo Italia un país que solo recientemente se ha convertido en un territorio de inmigración, la legislación italiana es relativamente joven. Ésta ha sido centrada en dos aspectos: el interno, con la reglamentación de la presencia extranjera en el territorio y la represión de las formas ilegales de estancia, y externa, a través de acuerdos bilaterales con los países norteafricanos. En este segundo aspecto, Italia ha tratado de delocalizar los controles migratorios en la costa sur del Mediterráneo. Esta política ha llevado a una larga serie de acuerdos: con Argelia (Algeri 1999 y Roma 2000), Marrueco (Rabat 1998, Roma 1999), Túnez (Roma 1998, Túnez 2003), Egipto (El Cairo 2000) y Libia (Roma 2000, Trípoli 2003). Estos acuerdos han buscado establecer la cooperación en términos de control y aceptación de las deportaciones italianas, además de la exigida adecuación legislativa de los países africanos a los estándares italiano y europeo. A cambio, los africanos reciben ayuda económica e inclusión en las llamadas Cuotas de Entrada, decreto de ley que cada año determina el numero y la procedencia de migrantes permitidos en Italia. Esto ha permitido mantener bajo estricto control las costas de Túnez y Egipto reduciendo de manera sustancial la salida de navíos desde esos países. Libia, al contrario, no ha resuelto el problema y se ha convertido en el mayor punto de salida en el Mediterráneo para los migrantes hacia las costas europeas e italianas en particular.La relación entre Italia y Libia es peculiar y resiente de al menos tres factores. Antes que todo, a diferencia de otros países africanos, Libia no es un país de emigración, sino más bien de transito e inmigración. El segundo dato es que Libia nunca ha pertenecido al área de influencia occidental en el norte africano, siendo parte histórica de los países no alineados. En fin, Libia ha sido colonia italiana desde 1911 hasta 1943. En otras palabras, siendo país de inmigración y no de emigración, Libia no sufre las presiones de las Cuotas de Entrada por un lado. Pero al mismo tiempo, Libia goza del fuerte liderazgo que Kadafi ejercita en el continente atreves de la política panafricana impulsada desde hace mucho tiempo. Misma política que ha sido reforzada durante la década de los 80, después de la fuerte fricción con Estados Unidos y Europa a raíz de actos terroristas que fueron adjudicados a grupos apoyados por Kadafi. En fin, el conflicto diplomático acerca de las reparaciones económicas que Libia exige a Italia por la ocupación de más de treinta años.El contexto es complejo y difícil para Italia que no ha podido presionar Libia y al contrario ha sufrido la presión de la ola migratoria que Kadafi deja salir en ciertos momentos. Sólo en los últimos años, Libia ha comenzado a suavizar su postura, a raíz sobre todo de los embargos determinados por EU, la ONU y la Unión Europea. El deseo de salir de esta situación de nula o casi nula relación comercial con Europa sobre todo, ha obligado Kadafi a firmar en diciembre de 2000 y luego en julio de 2003 dos acuerdos con el gobierno italiano, tras la promesa del levantamiento del embargo comercial europeo hacia Libia, que empeña los dos gobiernos a la cooperación en el tema migratorio. El primer acuerdo establecía formas de cooperación policíaca en términos de intercambio de información y entrenamiento compartido de las respectivas fuerzas del orden. Sin embargo, es el acuerdo firmado el 3 de julio de 2003 marca el verdadero cambio en la relación. El acuerdo es hasta la fecha secreto, sin embargo algunas informaciones se tienen. El 3 de julio de 2003, los respectivos jefes de policía firman un documento “acerca de las modalidades practicas de la cooperación en el tema migratorio”. Poco después Libia acepta los financiamientos para la construcción de almeno dos (fuentes periodísticas hablan de tres) Centros de Detención en tierra libia junto a un paquete de materiales para el patrullaje: 40 visores nocturnos, 150 binoculares, 6 vehículos todo terreno, 6,000 colchones, 12,000 cobijas de lana, 100 lanchas de primer auxilio y 1,000 bolsas para transporte de cadáveres. En el año a seguir, Italia ha pagado 50 vuelos de deportación desde Libia hacia diez países distintos por un total de 5,688 personas. Sin embargo sólo un año después, tras las denuncias de muertes, torturas y maltratos, una Comisión del Parlamento Europeo visita las estructuras de detención en Libia, revelando el elevado degrado de las mismas y recogiendo cientos de denuncias por violación a los derechos humanos por parte del régimen libio. Pero eso no fue suficiente, como tampoco las recomendaciones por parte de la ONU y de la misma Unión Europea hacia Italia, para que controlara la actuación de Libia: el 11 de octubre de 2003, la Union Europea (cuya presidencia estaba dirigida por el gobierno italiano) levanta el embargo comercial (que comprendia armas y tecnologia militar) en contra de Libia. En efecto, mientras la Comisión europea visitaba Libia, con gran discreción, el 26 de septiembre de 2004, Italia y Libia se ponen de acuerdo: Libia aceptará los expulsados por Italia. Esto el meollo del acuerdo bilateral: la posibilidad para Italia de expulsar migrantes ilegales a tan sólo poco cientos de kilómetros de sus costas, subcontratando de hecho a Libia la deportación y la detención de los ilegales. Cuestión esta que ha levantado más de una duda, pues no sólo el régimen libio no brilla en cuanto a respeto de los derechos humanos, sino que además Libia también ejerce el derecho de expulsión llevando y dejando cientos de migrantes a su frontera sur, en medio del desierto. Sólo entre septiembre 2004 y marzo de 2005 han muerto 106 personas, según versión oficial del gobierno de Kadafi. El actual gobierno italiano ha suspendido la expulsión hacia Libia, pero los viejos acuerdos son ejemplo a imitar para otros países, como por ejemplo Inglaterra y la isla de Malta.Las consecuencias son otras también. Laura Boldrini, el encargado para la ONU en Italia para la oficina de refugiados (UNHCR) habla de la situación que se ha generado: “Libia ha aprovechado el acuerdo, el dinero y los medios proporcionados por Italia, para empezar una caza indiscriminada hacia cualquier extranjero presente en su territorio. A nosotros no nos permiten trabajar para averiguar quienes tienen derecho a asilo y refugio. Agarran cualquier extranjero, ilegal o legal, y lo encierran en estas estructuras”. A confirmación de esta situación, habla la voz de alarma de los mismos migrantes que no han dejado de llegar a las costas italianas: “Se está volviendo terrible, especialmente para los de piel negra. Los libios se están haciendo justicia solos […]. El viernes pasado nos apedrearon”, grita un migrante de Sudan. Otro migrante de Etiopia, sin saberlo, revela lo más importante: “En la ciudad de Tripoli nos cazan. Quien puede trata de escaparse. El único lugar hacia donde ir es Italia”.

El uso de FRONTEX y la externalización de la frontera
En los últimos meses, Libia ha vuelto a presionar Italia. El instrumento que tiene es la migración. Sólo dejando zarpar los barcos de sus costas puede ser capaz de poner en crisis las precarias estructuras de control y contenimiento italianas. Por esta razón, el gobierno italiano, incapaz de enfrentar el problema, ha tenido que pedir ayuda a la Unión Europea. En una carta dirigida por el Ministro de Interiores italiano, Giuliano Amato, al subcomisionado europeo encargado migración, el también italiano Franco Frattini, Italia pide expresamente ayuda para “contener el flujo migratorio creciente proveniente de Libia y la costa africana general”.La respuesta no se hizo esperar. La Unidad especializada, creada en el 2005 en seno a la Unión Europea, FRONTEX interviene: patrullajes mixtos, satélites, disuasión. El Mar Mediterráneo hoy, en la franja entre Italia y Libia parece el escenario de una guerra, siendo más militarizado que hace veinte años, cuando ahí se confrontaban las dos flotas de los dos bloques, él de la OTAN y el soviético. En un principio Libia era contraria, pues aún reivindica aguas internacionales como fueran en su territorio. Pero en la Conferencia de Trípoli, llevada a cabo el 22 y 23 de noviembre pasados entre la Unión Europea y los países de la Unión Africana, según las indiscreciones, Kadafi habría aceptado la presencia de los patrullajes mixtos de FRONTEX en sus aguas territoriales. Cabría preguntar, ¿a cambio de qué? Preguntas sin respuestas, mientras miles son obligados a regresar en medio del Mar Mediterráneo hacia Libia en donde, se sabe, los espera el infierno.Todo lo dicho y lo hecho en estos años por la cooperación entre Italia (y UE en general) y Libia apunta hacia una sóla dirección. Alejar la frontera de la Unión Europea más allá de sus fronteras físicas. Los resultados concretos terminan siendo dos: el primero, la UE puede esperar de no volver a ver migrantes ilegales acudir a su territorio. El segundo es la cancelación del derecho de asilo y refugio. Este en particular es el aspecto más grave e inhumano, pues se impide el ejercicio de un derecho afirmado internacionalmente hace más de 50 años y ahora, en la época de guerra que vivimos, más que legítimo y justo.

Matteo Dean (2006), favor de mencionar al autor

Kadafi hace el trabajo sucio

19 giugno 2005 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el periódico mexicano, La Jornada el 19 de junio de 2005, en el suplemento Masiosare.
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La relación entre Italia y Libia ha sido desde hace casi un siglo peculiar y contradictoria. A pesar del fuerte hostigamiento estadunidense sobre el régimen libio, los gobiernos italianos siempre han logrado mantener una relación diplomática con el coronel Kadafi. A través de dos grandes empresas, la FIAT (la multinacional de los automóviles) y el ENI (Hidrocarburos), Italia pudo penetrar la economía de Libia y gestionar relaciones esxclusivas con el país norteafricano. Es hasta 1986, cuando la CEE (Comunidad Económica Europea) decreta el embargo militar contra Libia, que esta relación se ve afectada y entra en un impasse.
Ilustración: ww.analisidifesa.it
Con el nuevo siglo vino el cambio de postura: Silvio Berlusconi, actual primer ministro italiano habla de Kadafi como “líder de la libertad” y no pierde ocasión para elogiar “los grandes avances en el respeto de los derechos humanos” en Libia. De pronto, el consenso sobre Kadafi y su régimen llevó, en octubre de 2004, a que la Unión Europea levantara el embargo económico. Una relación provechosa y una confianza política recobrada tras un año de tratos en la Unión Europea, con Italia presionando para reabrir el comercio con Libia, y el resto de Europa aún turbada por el atentado en la discoteca de Berlín y la caída de un vuelo de PANAM en tierra inglesa en los ochenta1.
De lo incómodo a lo necesario
Tan repentino cambio de postura hacia Kadafi está muy lejos de despertar sorpresas. Las visitas del gobierno italiano a Libia siguieron durante el embargo. No obstante para entender bien la actual relación entre Libia e Italia, y entre el país árabe y el resto de Europa hay que mirar al acuerdo firmado por el Ministro del Interior italiano, Giuseppe Pisanu, y su homólogo libio, Al Misurati, el 3 de julio de 2003. “Han sido profundizadas ­se lee en el comunicado oficial tras el encuentro­ las temáticas relativas a la inmigración en las zonas de común interés y los graves reflejos sobre el plano humano, económico y social”.
En la práctica, el gobierno italiano pedía a Kadafi la colaboración para frenar la ola de inmigrantes que zarpan diariamente desde Libia hacia las costas italianas a bordo de precarias embarcaciones. A cambio, Libia pedía ayuda económica y el apoyo frente a Europa para que cesara el embargo.
Exito. En el verano de 2004 se firma el acuerdo operativo que permite a patrullas mixtas italianas y libias controlar la frontera sur del país norteafricano, el entrenamiento italiano de policías libios y, en fin, la cooperación económica en los vuelos para repatriar a los migrantes ilegales. Unos meses después cae el embargo económico e Italia puede empezar a proveer a la Gran Jamahiriya de la tecnología militar (camionetas, radares, visores nocturnos, lanchas, cámaras fotográficas submarinas, etcétera) necesaria para “controlar los flujos migratorios” y los negocios empiezan a florecer otra vez.
“Experiencia horripilante”
Hasta hace algunas semanas poco se sabía del alcance real de dicho acuerdo. El 1 de mayo del presente año se hizo público el contenido de un informe muy particular, redactado por un comité técnico de la Unión Europea que visitó el país africano a fines de 2004. Con la intención inicial de empezar a estrechar relaciones de cooperación entre UE y la Jamahiriya sobre el tema migratorio, la misión volvió a Bruselas con noticias inesperadas. El resultado son 70 páginas dignas de un cuento del horror2.
“Ha sido una experiencia horripilante”, comenta Giusto Catania, diputado de Rifondazione Comunista en el Parlamento Europeo e integrante de la delegación europea. En la relación de la comisión, además de revelarse el contenido de los acuerdos entre Italia y Libia, se describen situaciones que difícilmente podrían creerse.
Entre los alegados del informe se encuentra la información que el gobierno italiano siempre ha mantenido reservada: Italia financió el año pasado la construcción de un campo de detención “en línea con los criterios europeos” y tiene previsto financiar la construcción de otros dos. Ha pagado además 47 vuelos de expulsión de más de 5 mil inmigrantes entre el 16 de agosto de 2003 y diciembre de 2004. Todos fueron llevados a países de África. Del mismo documento sale a flote que Italia provee a Libia la tecnología necesaria para el control de los flujos migratorios. El dato que sobresale es la entrega de mil bolsas para cadáveres. El gobierno de Libia ha reportado al comité europeo la muerte, sólo en 2004, de 106 personas en su frontera sur, lugar en el cual son abandonados los migrantes ilegales expulsados por tierra.
Sin embargo los datos que dejan poco espacio a la imaginación resultan ser los testimonios de los abusos y vejaciones sufridas por los migrantes en tierra de Libia. “En los CPT (Centro de Permanencia Temporáneos) italianos, al menos en teoría, los migrantes tienen libertad de movimiento, pueden tener contacto con el exterior, pueden hablar por teléfono. En Libia esto no sucede. Están completamente aislados y, hecho aún más grave, hay menores de edad”, dice Giusto Catania. El reporte de la visita al campo de Fellah, en las afueras de la capital, describe una situación horripilante: gente encerrada como si estuviera en la cárcel, sin comida ni agua, menores de edad tratados como adultos, comunicación hacia el exterior completamente anulada. Y luego no escatima palabras en subrayar los abusos de las autoridades locales: detenciones sin previa identificación, expulsiones masivas sin reconocimiento, ningún acceso de la agencia de las Naciones Unidas a los campos de detención, ningún reconocimiento de las normas internacionales sobre derechos humanos y asilo político, ninguna garantía de defensa.
Un documento embarazoso que pone en la esquina al gobierno libio y en duda la confiabilidad del italiano en materia de derechos humanos. La realidad descrita por el informe dice todo lo contrario de cuanto hasta ahora han declarado los hombres de Berlusconi. La Unión Europea recientemente ratificó el acuerdo entre los gobiernos de la Unión para emprender acciones de mayor cooperación con el gobierno del país norafricano. Sólo una semana después el Parlamento frenó la decisión: la cooperación debe de desarrollarse, pero “sin expulsiones colectivas, sin detenciones administrativas en lugares en donde los derechos humanos son violados y con el reconocimiento de los derechos de los que piden asilo político en Libia”, según los criterios de la Convención de Ginebra.
Queda ahora sólo esperar que esta resolución sea respetada, pues ya está lista otra misión de la Unión Europea para viajar a Trípoli y firmar nuevos acuerdos.
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NOTAS
1. En 1986 explotó una bomba en una discoteca de Berlín llena de militares estadunidenses; en 1992 cayó un Boieng 747 de la PANAM en Lockerbie. Los dos eventos han sido atribuidos a terroristas financiados por Kadafi. Además de dicho embargo militar, en 1993 la Unión Europea decretó el embargo económico en contra de Libia por el atentado en Inglaterra. Sólo recientemente el líder libio, como gesto de buena voluntad, ha pagado las indemnizaciones por los dos atentados.
2. Véase el texto original en inglés, en el sitio: http://www.statewatch.org/news/ 2005/may/eu-report-libya-ill-imm.pdf