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Los señores del narco

1 marzo 2011 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de marzo de 2011.
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La llamada “guerra contra el narcotráfico” que lanzó el actual gobierno federal mexicano -guiado por Felipe Calderón Hinojosa- es una falsa guerra, pues en realidad “se trata de una guerra entre cárteles del narcotráfico en la que el gobierno de Calderón tomó partido por uno de los contendientes, Joaquín Loera Guzmán, alias El Chapo, líder del Cártel de Sinaloa”.
Estas son algunas de las opiniones que sostiene Anabel Hernández, periodista mexicana y autora del libro revelación de estos últimos meses en las librerías de México, Los señores del narco (editado por Grijalbo Mondadori, 2010, p. 496).
El libro, publicado en diciembre de 2010 y que en dos meses ya vendió 50 mil copias, relata la historia reciente del narcotráfico en México, centrando su atención sobre algunos de los protagonistas de este fenómeno que “está infectando a todo México”. En particular, Anabel Hernández describe la trayectoria delincuencial de Joaquín El Chapo Guzmán, desde su temprana detención por parte de las autoridades de Guatemala (que lo entregaron luego a las autoridades mexicanas) en 1993 -cuando “era apenas un capo de ‘quinta’ en la jerarquía del entonces Cártel de Juárez”- hasta el día de hoy, cuando el líder del Cártel de Sinaloa es considerado el capo de capos, y que inclusive aparece en las exclusivas listas de la agencia Forbes en calidad de uno de los hombres más ricos del planeta.
El volumen que tanto interés está despertando (“sobre todo entre los jóvenes”) aporta nombres y apellidos de capos del narcotráfico en México, así como de funcionarios gubernamentales coludidos con la delincuencia, muchos de los cuales aún están en funciones. Describe con muchos detalles las redes de complicidad que encubren al negocio del tráfico de sustancias ilícitas y cómo, gracias a estas complicidades, se pudo llegar a la situación actual, en la que hay más de 40 mil muertos reconocidos oficialmente.
Como parte de esa red de complicidades y corrupción, Los señores del narco menciona la negociación fallida entre gobierno federal y cárteles del narco que se tuvo que interrumpir cuando “el narco mata al Secretario de Gobernación mexicano, Juan Camilo Mouriño”. Es una situación que Hernández no se limita a definir como dramática, sino que teme pueda empeorar mucho. ¿Una solución posible? “Una enérgica protesta ciudadana”, afirma la autora. En entrevista con Desinformémonos, Anabel Hernández abunda en estos temas, describiendo los errores del gobierno, el rol de Estados Unidos y narrando su propia vida en calidad de periodista “acosada por las autoridades”.
– ¿Por qué escribió Los señores del narco?
-Es un libro cuya idea nació a finales de 2005. Hice un viaje al llamado “Triángulo dorado” (zona comprendida entre los estados de Durango, Sinaloa y Chihuahua, en el norte de México, y considerada la “cuna” de muchos narcotraficantes mexicanos, N.d.R.) para investigar acerca de niños explotados y me encontré con una realidad muy distinta a la que creía. No es una explotación así como uno la puede imaginar, como una esclavitud, sino que es un rol que los niños han asumido durante décadas -y que asumen con mucho orgullo-. Asumen la tarea como ‘ya me va a tocar’. Luego me encontré con el ex director de la cárcel de Puente Grande, en Jalisco, Leonardo Beltrán Santana (quien fue encarcelado por la “fuga” de El Chapo en enero de 2001, y hoy ya está en libertad, N.d.R.), quien me contó acerca de El Chapo. Lo que terminó de convencerme fue el encuentro que tuve con agentes de la Agencia Federal Antidrogas de Estados Unidos (DEA) aquí en México en mayo de 2006. Ellos me hablaron de la investigación que realizaban en contra del entonces Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, acerca de un presunto soborno que habría recibido por parte de los cárteles del narco. En el hotel Nikko de la Ciudad de México, en donde ellos (los de la DEA) suelen trabajar, me contaron que tenían infiltrada a la organización de Ignacio Coronel Villareal (alias Nacho, socio de El Chapo) y que justamente el infiltrado que tenían había escuchado hablar a El Chapo sobre el tema. Todo eso me convenció de escribir sobre el tema.

[continúa en la siguiente página]

Según la autora, hasta mediados del los años 80 el narcotráfico en México era un asunto controlado por el gobierno federal. “Esa relación se basaba en la corrupción y la complicidad entre las partes”, afirma. Sin embargo, poco a poco la situación fue cambiando.
– ¿Cómo y por qué cambia esa relación?
-Se podría decir que el gobierno controlaba al narcotráfico. El punto de quiebre para este cambio fue el poder económico que el narco adquirió. Mientras los narcos se dedicaban exclusivamente a sembrar y traficar marihuana y a la extracción de la goma de la amapola para producir heroína, su poder económico era muy limitado. Pero en los 80, cuando gracias a la intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) -en el marco de la Operación Irán-Contra- los narcos colombianos se vinculan a los mexicanos, éstos comienzan a traficar sustancias más valiosas, como la cocaína. Ejemplo de ello es el caso de El Chapo Guzmán. Cuando lo detienen la primera vez, en 1993 en Guatemala, el Chapo era un capo de quinta, sin ningún poder efectivo; inclusive era un estorbo para Amado Carrillo Fuentes (el llamado Señor de los Cielos, máximo narcotraficante mexicano a principio de los años 90 y líder del Cártel de Juárez) y, sin embargo, veo los documentos y en ellos descubro que El Chapo ya en ese entonces tenía mucha riqueza. Eso significa que con el nuevo negocio – la cocaína – inclusive los capos menos poderosos tenían muchos recursos. Es el poder económico de la cocaína (el) que cambia las asimetrías de las relaciones: comienzan a sobornar a policías, comandantes, políticos locales, gobernadores, hasta llegar a hoy, en donde el narco tiene bajo su control a buena parte del gobierno federal.
Hoy en día, Joaquín Loera Guzmán, alias El Chapo, aparece como el capo más poderoso de México e inclusive de Latinoamérica. Tras transcurrir los años 90 en las cárceles federales de México, el 20 de enero de 2001, un mes y medio después que Vicente Fox Quesada asumiera la presidencia de México -en calidad de primer Presidente emanado del Partido de Acción Nacional (PAN)-, El Chapo logra escaparse de la cárcel de Puente Grande.
– En Los señores del narco, se dice que desde el 20 de enero de 2001 El Chapo escaló muy rápidamente el poder entre las filas de los narcotraficantes gracias al apoyo de los gobiernos de Fox y de Calderón. ¿Por qué y cómo lo hizo?
– En 2006 publiqué el libro Fin de fiestas en Los Pinos, y en él documenté que Vicente Fox ya tenía relaciones con El Chapo antes de asumir la presidencia. Guanajuato (estado del que es originario Vicente Fox y en donde fue gobernador) es un territorio histórico de influencia del Cártel de Sinaloa. Desde que Fox gana la presidencia -el 2 de julio de 2000-, El Chapo, gracias a la ayuda de Miguel Ángel Yunez y Jorge Enrique Tello Peón, hoy ilustres panistas, se vuelve muy cínico y comienza a presumir que ya se iba. El primero de diciembre de 2000, Fox toma posesión como Presidente de México, y sólo tres semanas después el Chapo organiza su fiesta navideña en la cárcel: trae a su familia, que se queda en la fiesta durante tres días; pone los árboles navideños y las decoraciones; hace pintar todas las celdas. Esa era su fiesta de despedida. Es evidente que ya había un tácito acuerdo con el gobierno federal. El Chapo no se escapó de la cárcel, ¡fue el gobierno federal quien lo sacó y lo puso en libertad!
En septiembre de 2001, ya desde su estado de “prófugo de la justicia”, El Chapo Guzmán logra lo que “nadie había siquiera imaginado antes”: sentar a todos los principales capos del narcotráfico en México y formar una federación de cárteles. Este encuentro tuvo lugar en septiembre de 2001.
– Con la ayuda del Ismael Mario Zambada García, alias El Mayo, Guzmán logra reunir un cónclave de narcotraficantes. Y en esa reunión, mientras sus socios – El Mayo, El Azul (Juan José Esparragoza Moreno), entre otros – ponían sobre la mesa los territorios, las rutas, los contactos, los sicarios, El Chapo ofreció sólo una cosa: la protección del gobierno federal. Esa fue su aportación. Ese fue su capital. Es escalofriante porque es ahí en donde se propuso, también por primera vez, que la nueva ‘federación’ le hiciera la guerra abierta a otro cártel de la droga, el Cártel de Tijuana (de los hermanos Arellano Félix). Y, efectivamente, en febrero de 2002 es ejecutado el líder del Cártel de Tijuana (Ramón Arellano Félix) y en muy poco tiempo los Arellano Félix quedan desmembrados. Esto demuestra que la supuesta “guerra contra el narcotráfico” no es tal, sino que es una guerra entre cárteles en donde el gobierno juega el papel de aliado de una de las partes. 
Los que hoy mandan en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal son los que durante el gobierno de Fox estaban en la Agencia Federal de Investigación (AFI, hoy desaparecida). Y la AFI, justamente durante el gobierno Fox, trabajó como brazo armado del Cártel de Sinaloa. ¿Por qué digo “brazo armado”? Porque los de la AFI recibían llamadas directamente de los narcotraficantes, quienes los mandaban a detener gente. La gente arrestada no era entregada a las autoridades judiciales sino a los narcos para que los torturaran y los mataran. Eso ocurrió decenas de veces. Esos funcionarios hoy realizan el mismo papel pero desde los mandos del gobierno federal. Por eso, todos los “golpes” (detenciones) en contra de miembros del Cártel de Sinaloa son fuegos artificiales, apantallan nada más. Toda la gente que agarraron en estos años son ‘corcholatas’, como le dirían ellos: toda gente que no es indispensable para el buen funcionamiento del negocio y de la organización.
– En este contexto, ¿cuál es la verdadera estrategia del gobierno federal de México?
– Felipe Calderón sabe que no está haciendo ninguna guerra al narco. Ya lo comentó a sus asesores, sus amigos y algunos empresarios. Lo que le conviene es que El Chapo tome el control del narcotráfico. Según él, sólo así puede haber paz en el país. Lo ha dicho y, si lo niega, pues que lo sometan al detector de mentiras para ver si miente. Y aún así sabe que es mentira, inclusive su hipótesis, porque el grado de violencia que se desató a partir de diciembre de 2006 se debe en gran medida a que Calderón se quedó con la misma gente corrupta y contaminada del gobierno de Fox: Genaro García Luna (secretario de la SSP), Facundo Rosas Rosas (comisionado de la Policía Federal) y Luis Cárdenas Palomino (actual titular de la División de Seguridad Regional de la SSP). No sólo los dejó en el poder, sino que los elevó de nivel. En particular, Calderón asignó a Genaro García Luna el diseño de esta mal llamada “guerra al narcotráfico”. De la fichas de objetivos que la oficina de García Luna preparó se desprende muy claramente que la prioridad número uno de esta operación fue precisamente eliminar a todos los cárteles adversarios del Chapo. Por eso se desata la violencia, porque el estado toma un papel muy claro atacando a todos los enemigos de El Chapo. Me parece que desde el gobierno de Fox ha habido una ignorancia que raya en la demencia, y ésta es (el) haber creído que, porque durante décadas el narcotráfico en México no fue violento y no mostró su capacidad de fuego, no la tenía.
– Con tanta fuerza y poder, y además con la ayuda del gobierno, ¿por qué El Chapo aún no ha ganado la “guerra”?
– El gobierno, en su estrategia, menospreció al adversario. Por ejemplo, el Cártel del Golfo (hoy aliado de El Chapo, pero su acérrimo enemigo durante el gobierno de Fox) es un cártel histórico; siempre tuvo un gran control del territorio, desde hace décadas. El gobierno pensó que ayudando Guzmán a invadir Tamaulipas (territorio del Cártel del Golfo) con sus fuerzas – Ejército y Policía Federal – iba a quitarle muy fácilmente el territorio a los del Golfo. Calcularon mal: esta acción de apoyar a una parte causó que los demás cárteles se armaran aún más. Los hoy temidos Zetas eran sólo la escolta del entonces jefe del Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén. A ese capo le gustaba presumir su escolta, compuesta por ex militares de élite de los cuerpos especiales mexicanos (del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, GAFE). Le gustaba presumir que el ejército mismo lo protegía. Eran treinta en origen y sólo los utilizaba con esa función, pues no eran ni brazo armado, ni paramilitares. Cuando comienza la guerra del gobierno y Osiel Cárdenas ve que El Chapo tiene a su propio ejército – las fuerzas federales – decide hacerse del suyo y refuerza las filas de los Zetas. De treinta pasan a ser cientos, y no sólo mexicanos sino también los temibles kaibiles guatemaltecos. La resistencia inicial que ofrece el Golfo, el hecho de que tenía a ex militares inclusive entrenados por Estados Unidos, provoca que -a su vez- el Cártel de Sinaloa de refuerce y comience a contratar a otros sicarios, e involucran a los Maras Salvatruchas. Es una escalada de violencia que se traduce en el paulatino enrolamiento de sicarios y matones en ambas partes en conflicto. Esta escalada de violencia se traduce también en nuevos métodos de tortura y de asesinato: descuartizamientos, decapitaciones, etcétera, cosas que antes ni se veían y que son provocadas por la intervención partidaria del gobierno. 
Tengo en mi posesión cartas que los Zetas envían al gobierno en el que se quejan de que esta guerra no está siendo “honorable”. Su visión delincuencial no perdona – y nunca lo harán – que el gobierno federal se haya metido en la guerra tomando partido. Ellos tienen claro el papel del Estado: un jugador imparcial que combate a todas las partes. Pero que haya querido ayudar a una parte, eso no lo perdonarán nunca. He hablado con gente cercana a Heriberto Lazcano Lazcano, alias El Lazca (líder del hoy Cártel de Los Zetas), que dice que este hombre está decidido a incendiar al país antes que perder la guerra. Me parece que el gobierno federal no entiende, primero, la mentalidad delincuencial de esta gente (los narcotraficantes), y luego no tiene una clara idea de la capacidad de fuego de los cárteles. Esta gente no ha tirado al avión presidencial o no ha matado un secretario de estado sólo porque no quiere.
La mención de Anabel Hernández hace pensar inmediatamente en el accidente aéreo del 4 de noviembre de 2008, en el que murió Juan Camilo Mouriño, entonces Secretario de Gobernación de Felipe Calderón. A pregunta expresa acerca de quién mató a Mouriño, la periodista mexicana no tiene la menor duda y responde: “Es claro que fue el narcotráfico. Fue El Mayo Zambada, como reclamo por un pacto no cumplido”.
– ¿Por qué lo afirma con tanta certeza?
– Eso lo tengo muy corroborado, tanto por gente cercana a la familia del ex Secretario como por testimonios de gente cercana a El Mayo Zambada. Calderón lo sabe muy bien. El rostro del Presidente cuando comunicó esa noche (el 4 de noviembre de 2008) la muerte de su amigo y Secretario, y el mismo rostro durante los homenajes oficiales a Mouriño, lo dice todo. Cuando menos
ésta es la interpretación de los familiares de Mouriño.
Recientemente una “amistad” de Mouriño se acercó a mí para confirmarme que esta versión responde a la verdad. Me contó que los familiares del ex Secretario tuvieron tres encuentros con el Presidente Calderón. En el primero, Calderón afirmó que fue accidente, respetando la versión oficial. En el segundo encuentro, frente al reclamo de los familiares -quienes preguntaban quién había matado a Mouriño-, Calderón habría dicho “no sé”. Ya en un tercer encuentro, Calderón habría contestado a las mismas preguntas con estas palabras: “¿De verdad quieren que investigue quien mató a Juan Camilo?” Los familiares, invadidos por el miedo, dijeron que no, que así estaba bien, que la gente creyera la versión del accidente. Estamos hablando de una gran simulación. Uno puede entender los errores del gobierno en buena fe, uno puede pensar que son incapaces, ingenuos o mal preparados. Inclusive, uno puede pensar que son engañados. Pero este gobierno ni está engañado, ni es ingenuo, ni está actuando de buena fe.
– En Los señores del narco usted habla de una presunta negociación entre el gobierno y los narcotraficantes, que habría encomendado justamente Mouriño a un ex general del Ejército -que en libro se señala como el “General X”-. ¿Cómo terminó esa negociación?
– Ese proceso (la negociación) se interrumpe porque, mientras en el General X lleva a cabo su tarea, su referente y mandante, Juan Camilo Mouriño, se muere. Y es así como sale pública esa historia, porque el General X estaba preocupado acerca de qué iba a pasar. Todos sabían de la misión -en el Ejército, Calderón mismo- pero cuando muere Mouriño nadie quiere tomarse la responsabilidad de la operación. Y el general se queda con toda esa información – y posiblemente algunos compromisos – sin saber qué hacer con ello; todo se quedó en el aire. La intención de esa negociación era “escondan a sus muertos”. Les dijeron (a los narcotraficantes) “no les vamos a decir cómo matar sus enemigos, pero no los expongan porque nos están espantando a la inversión extranjera, el mundo nos voltea a ver”.
La identidad del llamado “General X” es secreta. Sin embargo, el semanario mexicano Proceso reveló (el 5 de diciembre de 2010) que, según sus investigaciones, ese general no podía más que ser el mal afamado Arturo Acosta Chaparro, anteriormente encarcelado por nexos con el entonces Señor de los Cielos y también involucrado en la llamada guerra sucia en la que -durante los años 70- murieron decenas de activistas sociales mexicanos. A pregunta expresa, contesta tajante: “A eso no puedo contestar”.
– A pesar de los nexos con los narcotraficantes que usted menciona, Calderón no parece tener la situación bajo control; vienen también las elecciones presidenciales de 2012…
– Calderón habría dicho a sus amigos que ya quiere irse. No está ya entendiendo cuál es su papel como Presidente. Si Calderón -como todo parece indicar- está siendo chantajeado, pues que renuncie, porque no por ser víctima de chantaje va a poner en peligro a todo el país. Mis fuentes, inclusive algunas cercanas a los líderes del Cártel de Sinaloa, me comentaban que este año (2011) iba a ser sangriento desde el principio. Inclusive los capos, me dijeron, estarían comenzando a preocuparse por el descontrol que está habiendo en las células de los cárteles. Los nuevos integrantes de los cárteles, comenzando por los llamados ‘narcomenudistas’ (los vendedores de droga al menudeo), ya están comenzando a pensar solos. Ni conocen a El Chapo ni lo respetan. Tienen control territorial y se están enriqueciendo muy rápidamente. En consecuencia se están armando mucho. Un ejemplo fue el cerco que realizaron en Guadalajara (segunda ciudad más grande mexicana) hace un mes (el primero de febrero de 2011). No eran grandes cárteles, fueron unos veinte muchachos, casi todos menores; fue un grupo menor, desconocido. Lo mismo pasa en la periferia de la Ciudad de México. Esta llamada guerra se está convirtiendo en una guerra territorial, casi cuadra por cuadra, por el control del mercado. Y el gobierno federal no hace nada. Si es así, la ingobernabilidad podría aumentar, pues ni los cárteles ya tienen control sobre su gente: muchos Maras ya se independizaron, así como existen ya muchos desprendimientos en las filas de los Zetas. La violencia está escalando y nos acercamos a un punto en que nadie la va a poder controlar.
Una medida que caracterizó a la “guerra al narcotráfico” del actual gobierno de Felipe Calderón fue el uso intensivo de las Fuerzas Armadas. El Ejército Mexicano, así como la Armada de México, juegan hoy un rol protagonista en el conflicto entre los cárteles mexicanos.
– ¿Cuál es el rol del Ejército en toda esta situación?
– De acuerdo a mi investigación, el actual Secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, es una persona muy débil; no es apto para el rol que es llamado a cubrir. Lo que encontré fueron casos aislados de corrupción, casos de infiltración, pero -a diferencia de la SSP- no encontré una infiltración institucional. En la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) hay partes contaminadas por la corrupción, pero no toda la estructura. Lo que sucede es que Genaro García Luna es el estratega de toda la llamada “guerra”; la Sedena no tiene influencia en esa estrategia. Aún así, García Luna los pone en la primera línea de fuego. Esta situación está incomodando mucho a los militares, pues se sienten como “carne de cañón”. En las reuniones del Consejo de Seguridad Pública, Galván Galván es callado por el mismo Presidente cuando intenta discrepar con algo. Esta situación le está quitando mucha legitimidad al titular de la Sedena entre las filas de sus subordinados. A pesar de eso, el ejército es muy estructurado y tiene una mentalidad muy institucional, por eso será difícil una crisis interna de gran tamaño. Lo que sí está sucediendo es que muchos jefes militares de zona están comenzando a preguntar “¿y a nosotros qué?”. Lo que sucede entonces es que los militares están comenzando a cobrar “botines de guerra”: en muchos operativos realizados por la Sedena se dan excesos como abusos sexuales, robos, asaltos.
El Ejército Mexicano, es notorio, está muy ligado a los mandos militares de Estados Unidos (EU). Sus oficiales están siendo entrenados en el país vecino y, según fuentes periodísticas y académicas, el gobierno de EU estaría influenciando fuertemente al actuar de las fuerzas de seguridad mexicanas.
– Y entonces, ¿qué rol juegan los Estados Unidos en esta “guerra”?
– Los Estados Unidos saben muy bien que hay mucha discrepancia entre SSP y Sedena. Saben, por ejemplo, que el Ejército no quería que García Luna fuera nombrado Secretario de Seguridad Pública, pues conocía de su corrupción. Mis fuentes confirman claramente que EU no confía en el Secretario de Seguridad Pública. EU se lo dijo en más de una ocasión a Calderón, pero éste siempre se negó a removerlo. Me queda claro que EU tiene confianza en las Fuerzas Armadas, pero no en García Luna. Las declaraciones de Hillary Clinton en su reciente gira en México (a finales del mes de enero) son de fachada, es su rol. Mi impresión es que EU da la palmadita a Calderón pero prepara el garrote. Supe de mis fuentes que EU le dijo a México que la situación, especialmente en la frontera, ya es insostenible y, al parecer, propusieron que o México le pone un remedio radical o se tendría que aplicar las medidas adoptadas en Guatemala por el presidente Álvaro Colom: sellar la frontera y crear un estado de sitio en la zona. Como siempre el gobierno de EU no calcula las consecuencias de sus políticas, porque -en efecto- ahora el narcotráfico en México, para Barack Obama, ya no es sólo un problema de seguridad nacional, sino un problema político. En EU, sobre todo los Republicanos están haciendo una fuerte campaña en contra del Presidente por el problema del narco en México. Y, en efecto, es cierto: ya está habiendo incursiones violentas de los cárteles mexicanos en territorio estadounidense. La verdadera postura del gobierno de EU hacia México se refleja más en las declaraciones de los funcionarios del Pentágono que en las declaraciones de Hillary Clinton. El asesinato del agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) de EU, Jaime Zapata, los debe tener muy molestos. ¿Quién sabía a dónde iban esos dos funcionarios estadounidenses? Si fue un atentado, como parece ser, el atentado es el resultado o de una filtración directa del embajada (de EU) o de algún funcionario del gobierno federal mexicano. Alguien tuvo que decirlo.
Según Anabel Hernández, la actual situación está demostrando que nadie en este país está capacitado para combatir de manera violenta al narcotráfico. “No digo que no haya que combatir a los cárteles, pero me pregunto por qué no comenzar por los pilares, por los cimientos que soportan al narcotráfico: banqueros, empresarios, funcionarios corruptos, el Secretario de Seguridad Pública y su equipo”. Y añade: “No necesitarían disparar ni una bala, sólo sería suficiente hacer auditorías, detener a los responsables, incautar bienes y capitales. Con eso, el narcotráfico no desaparecería de inmediato, pero se minarían sus bases. En mi investigación me queda claro que ni El Chapo, ni los Beltrán Leyva (del cártel homónimo), ni El Mayo Zambada, ni El Lazca, ni nadie de estos delincuentes, serían nada sin ese apoyo económico y político. Esta gente no terminó la primaria, apenas saben leer y escribir…no valen nada sin ese apoyo. Si se quiere hacer una verdadera guerra, ¿por qué no atacar esos pilares primero?”.
– Hablando de esos “pilares”, ¿cuál es la relación entre narcotráfico y economía formal en México?
– No sé en qué proporción, pero creo que el narcotráfico contamina y sostiene muchas de las súbitas fortunas de los llamados “nuevos” empresarios mexicanos. Existe una economía sólida que no depende de ese dinero (del narcotráfico), pero muchas empresas sí dependen del dinero del tráfico de drogas. Los bancos, por ejemplo, dependen muchísimo de esa riqueza. Hay tres ejemplos claros de cómo la economía puede depender de ese dinero: Ciudad Juárez, Monterrey y Guadalajara. Esa violencia interna que de pronto brota en esas ciudades no creció ayer ni anteayer; esa violencia siempre estuvo allí. Hoy estalla y se manifiesta porque se quebró algún equilibrio interno, no porque no hayan existido antes. Sin duda hay una parte de la economía mexicana que depende del narcotráfico, y es allí justamente en donde la sociedad mexicana tiene una función que cumplir: resistir a ese dinero. 
Me contaron muchos casos de gente que vendió su casa al triple del precio; o de concesionarias de automóviles que vendieron lotes enteros de autos pagados en efectivo. ¿Y la gente no se pregunta de dónde viene ese dinero? ¿Es eso posible? Hay que decirlo: una parte de la sociedad mexicana vivió un tiempo extendiendo la mano, recibiendo ese dinero (y) cerrando los ojos. Una parte de la sociedad estuvo viviendo de ese dinero “sucio” y hoy se quejan de “qué pasa en México”. “Pasa que aceptaste pagos enormes, que aceptaste al edificio de enfrente, aceptaste al narcomenudista, aceptaste al prepotente”…y nadie dijo nada, pues había beneficios. Es la maldita costumbre de pensar que, si la corrupción salpica, pues “que nos salpique a todos”, con la diferencia que hoy salpica sangre.
Actualmente, no se sabe a ciencia cierta cuántos muertos ha causado el conflicto entre cárteles en México. Cifras periodísticas hablan de varios miles de muertos asesinados. En enero de 2011, el Gobierno Federal mexicano publicó por primera vez unos documentos en los que reconoce la muerte de poco más de 34 mil personas por hechos violentos vinculados al enfrentamiento entre cárteles. Inclusive, en los documentos oficiales, el Gobierno trata de ofrecer datos relativos a muertos por ejecución, civiles muertos (otrora definidos como “efecto colaterales”), etcétera. Sin embargo, Anabel Hernández tiene una opinión distinta.
– Diferenciar a los muertos por “tipología” sería hacerle un favor al gobierno. Creo que hay que decir que los 43 mil muertos (la periodista suma también las cerca de nueve mil muertes sucedidas durante el gobierno de Vicente Fox) son todos inocentes mientras no haya un juicio que demuestre las responsabilidades de cada uno. Convoco al gobierno a demostrar cuántos tenían averiguación previa, cuántos ya fueron condenados. El gobierno no habla claramente: no se trata de ejecuciones sumarias, no se trata de que ya te dieron ochos balazos y entonces ya eres delincuente. Hoy, cualquier persona que muere por más de tres balazos es “delincuencia organizada” y cae en el costal de la impunidad. Nadie investiga porque ya eres “delincuencia organizada”, ya existe la suspicacia de que andabas en malos pasos. Eso es infame. La sociedad se va acostumbrando y los medios de comunicación masiva promueven eso.
Anabel Hernández no esconde que el panorama de la actual situación es dramático. Sin embargo, también reconoce elementos de esperanza. Entre éstos, reconoce el rol que los jóvenes pueden hoy jugar.
– Lo que me conforta es ver a todos los jóvenes que llegan a la presentación del libro que estoy realizando en el país. En ellos veo la esperanza de que no todo está perdido. Ellos vienen y me preguntan qué hay que hacer. Yo no lo sé. Lo que sí sé es que esta situación es todavía un foco de infección muy definido, no aún un cáncer que afectó a todo el cuerpo social. Esa es mi aportación con el libro: ubicar a esos focos de infección. No los ilustro a todos, sólo a algunos. Ahí están, con nombres y apellidos: funcionarios, empresarios, etcétera. Lo que me preocupa es que el foco de infección se vaya esparciendo y contamine a toda la sociedad. Creo que estamos en un momento clave de definición, si acabamos con el problema o no. Lo que me queda claro es que “los señores del narco” no van a resolver el problema, no van a hacer nada. Todo está en manos de la sociedad; esperaría una protesta ciudadana muy enérgica. Si hay países como Guatemala, Perú, Chile, Argentina o Brasil, que han dado ejemplo llamando a sus funcionarios al banquillo de los acusados a rendir cuentas, ¿por qué en México no podemos hacerlo? Son esos jóvenes que veo quienes pueden hacerlo.
En un país como México, en el que el ejercicio periodístico es objeto de represión y violencia (tal y como lo demuestran las cifras de muertes y desapariciones, pero también la evidente autocensura que sufre la prensa en México, particularmente en las zonas de mayor conflicto), publicar un libro como Los señores del narco puede exponer a su autora a represalias. A este respecto, Anabel Hernández afirma tener miedo.
– Confieso que, desde diciembre a la fecha, cuando ando por la calle y veo una motocicleta con dos personas, pienso que (me) van a matar. Traigo escolta que me proporcionó la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) tras denunciar que se estaba preparando un atentado en mi contra por parte presuntamente de la SSP. Levanté una denuncia el 13 de diciembre de 2010 tras recibir la información por parte de una fuente, que me contó de una conversación entre funcionarios de la SSP acerca de indicaciones que García Luna habría girado a los nuevos reclutas para que me atentaran a la vida haciéndolo parecer un asalto o un accidente, a cambio de un aumento de sueldo y de puesto. En un principio no me lo tomé muy en serio, pues son al menos tres años que García Luna me persigue, pero luego sí me asusté. Es irónico, pero le tengo más miedo al gobierno que los cárteles de la droga. Puede que diga una obviedad, pero creo que para los colegas (periodistas) que viven en zonas como Ciudades Juárez es mucho más difícil el oficio. Para quien, como yo, vive en la Ciudad de México y publica en medios nacionales, es mucho más fácil criticar a quienes (periodistas) no firman las notas o quienes deciden no hablar de ciertos temas. Al mismo tiempo, sin embargo, creo que los periodistas no podemos rendirnos, inclusive quienes están en la línea del fuego. Creo que sería mejor inclusive renunciar al ejercicio periodístico si no estamos dispuestos a ejercerlo en su totalidad. No me refiero a morir por ello, pero sí tenemos que hacer valer nuestra voz incluso frente a los narcotraficantes y a los funcionarios corruptos. Finalmente, en la mayoría de los casos de homicidios de periodistas hay más sospechas sobre funcionarios públicos que sobre los propios delincuentes. Por lo tanto, me parece que los periodistas deberíamos hacer un frente común de verdad para defender nuestro oficio y dignidad. Si no confiamos en nosotros nos van a matar a uno a uno.
Un periodista muerto es primero un ser humano y luego un colega. Esto debería empujarnos a hablarnos (entre periodistas) y dejar a un lado el egoísmo que veces nos caracteriza. Creo que los periodistas de verdad – no los que aparentan serlo y conducen programas televisivos y radiofónicos -, los que nos dedicamos a reportear y a investigar las cosas, tenemos que rescatar a nuestras voces, también en las redacciones en donde trabajamos. Efectivamente no somos ricos, no somos los dueños de los medios, ni siquiera estamos en la dirección, pero sin nuestro trabajo esos medios no podrían existir. Los periodistas tenemos que hacer valer nuestra voz, aunque significa a veces renunciar al medio en donde trabajas. Ya basta de concesiones: si existe un trabajo bien hecho, sustentado y documentando, no tiene por qué no ser publicado.
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Los gobiernos progresistas de América Latina, en disputa con los pueblos indígenas

1 dicembre 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de diciembre de 2010.
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Hugo Blanco, exguerrillero peruano, sindicalista campesino y actual director de la revista Lucha indígena, presenta la renovada edición de su libro Nosotros los indios (Edición Herramienta-La Minga, 2010, 239 páginas). Editado en Buenos Aires por Ediciones Herramienta, Nosotros los indios cuenta con un prólogo de Raúl Zibechi y Norma Giarracca, y los comentarios del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien afirma que “estas páginas, escritas a borbotones, desordenadas, jubilosas y desesperadas, cuentan las aventuras y desventuras del hombre que encabezó la lucha campesina en el Perú, el organizador de los sindicatos rurales, el que impulsó una reforma agraria nacida desde abajo y desde abajo peleada”.

Galeano lo define también como “aquel loco lindo que decidió ser indio, aunque no era, y resultó ser el más indio de todos”, a lo que Blanco responde: “Me considero un indio como todos”. Y precisamente sobre la importancia del ser indígena inicia esta conversación telefónica concedida a Desinformémonos durante su paso por Buenos Aires: “El capitalismo que arremete contra la naturaleza en su búsqueda de materia prima, el calentamiento global que provoca, el asunto de las minas, la destrucción de los bosques, la construcción de las (plantas) hidroeléctricas, la agroindustria, el petróleo, todo eso afecta a quienes están más ligados a la tierra, es decir los indígenas, no sólo de América Latina sino del mundo. Los indígenas son los más atacados y son los que gozan menos de los beneficios del mundo desarrollado. Matar a la naturaleza es matar a los indígenas y por eso son los que más luchan en defensa de la naturaleza misma”.

En su discurso, usted hace especial énfasis en los indígenas no sólo como víctimas del capitalismo salvaje…

– Efectivamente, porque hay otro asunto que pocos ven. Los indígenas no sólo luchan en defensa de la naturaleza, sino también por la construcción de la nueva sociedad. Donde hay indígenas hay la comunidad indígena, que es una nueva forma de gobierno que por muy debilitado que esté, por la hegemonía del gobierno central, en convivencia y en disputa con el poder central, es un poder político, que subsiste desde hace más de 500 años. En algunas partes inclusive existen ya organismos de gobiernos supracomunales, es decir, por encima de la comunidad, como por ejemplos en la selva peruana, en Colombia o en Panamá. Por supuesto, el mejor ejemplo de ello es la organización zapatista en Chiapas. Son organizaciones democráticas, donde la comunidad es la que manda, y no el individuo. Esa es la construcción de lo que quisiéramos en todo el mundo. Si fuera así, no habría calentamiento global, pues sería la gente, la colectividad, quien decidiría si una mina debe abrirse o una hidroeléctrica debe hacerse. Sería la humanidad en defensa propia a decidir el rumbo del mundo.

Esta postura pone a los pueblos indígenas en la vanguardia, al menos en América Latina, tanto en la defensa de la naturaleza como en la construcción de una sociedad nueva. Es decir, en los dos rubros fundamentale para salvar a la humanidad.

No le llaman socialismo, está claro. ¿Cómo va un mapuche a llamar socialismo a su práctica cuando estuvo luchando en contra del gobierno socialista de Michelle Bachelet (en Chile) que usaba las leyes de Pinochet para aplastarlos? O ¿cómo va a llamarse socialista un indígena ecuatoriano que está confrontando al Socialismo del siglo XXI de Rafael Correa (en Ecuador)? El nombre no importa, es lo de menos, lo que interesa es que (los indígenas) están forjando el nuevo tipo de sociedad que quisiéramos.

¿Cuáles son las características de esa nueva sociedad?

– Los indígenas de todo el mundo compartimos los mismos principios éticos, ya estemos en Canadá, en la India o en África tenemos unos denominadores comunes. El primero es el gran amor a la naturaleza, sentirnos hijos de ella y convivir con los otros hijos de la naturaleza. Luego pensamos que los asuntos que atañen a la colectividad son resueltos por la misma y no por el individuo. Otro aspecto fundamental es el llamado ‘buen vivir’, o sea que la felicidad no consiste en tener cada vez más dinero o comprar las cosas que están a la moda, sino poder vivir satisfactoriamente. Finalmente, hay que señalar el amor a los ascendientes y a los descendientes característico de la ética indígena.

La cosmovisión indígena nos coloca en un ciclo mucho más amplio que la vida de un individuo…

– Sí, ese es un pensamiento común en los pueblos indígenas. Por eso, la agricultura que realizan los indígenas está pensada en no dañar la tierra. al contrario de la agricultura industrial que asesina la tierra con el monocultivo y el uso de fertilizantes. Este pensamiento es completamente contrario al gran mandamiento neoliberal que se centra en cómo ganar dinero en el menor tiempo posible. Si para ello tienen que destrozar a la humanidad, no les importa.

Muchos confunden la atención y el interés por el mundo indígena y sus principios con una tendencia nostálgica, un anhelo de una sociedad rural que se contrapone a los excesos de nuestras sociedades negando las “conquistas” del llamado “progreso”.

– En efecto. No es casual que los pueblos considerados más ‘salvajes’ sean los más avanzados en la lucha de resistencia. En Perú, por ejemplo, no son los quechuas los más avanzados, sino los que viven más alejados de la llamada civilización, los más primitivos. Yo creo que tenemos que volver a esa ética que señalé, que no quiere decir regresar a la vida primitiva, sino a esos principios éticos. Y con ellos, mantener la subsistencia de la humanidad.

¿Y la sociedad actual?

– De todas las ventajas del llamado ‘progreso’ hay que ver cuáles podemos seguir disfrutando sin poner en peligro a la humanidad y su subsistencia y de cuáles tenemos que prescindir. Esa ética indígena es la que la humanidad tiene que respetar.

Actualmente existen experiencias indígenas que rechazan el poder del Estado y otras que lo mantienen. ¿Es una contradicción?

– Cuando yo era joven luchábamos por una sociedad más justa. Hoy también luchamos por la supervivencia de la humanidad misma. Por eso, nosotros apoyamos de todo corazón a Evo Morales (en Bolivia), a Hugo Chávez (en Venezuela), a Rafael Correa (en Ecuador) en su confrontación con le imperio y en su lucha en contra la reacción interna. Pero no los apoyamos en su confrontación con los pueblos indígenas, por supuesto que estamos del lado de los indígenas. Por ejemplo, en Bolivia apoyamos a los indígenas que le exigen a Evo Morales que sea consecuente con el derecho a la consulta reconocido en el Convenio 169 de la OIT – que es ley en Bolivia – y también con la Declaración de los Derechos Indígenas de la ONU. A los gobiernos progresistas no los llamo así metiendo el adjetivo entre comillas. Son progresistas realmente frente al imperio y a la derecha reaccionaria, pero claro estamos en contra de ellos cuando la disputa es con los pueblos indígenas.

-Háblenos del libro Nosotros lo indios.

– La edición no tiene un orden específico. Es una recopilación de cosas escritas en estos años de lucha. Son escritos en diversas épocas, hay la correspondencia con José María Arguedas (escritor peruano), están las cartas que escribí desde la prisión cuando pedían la pena de muerte para mi, y hay últimas cosas que escribí en estos años-

El título de “indios” es para recuperar el nombre histórico con el que nos señalaron los conquistadores. Tomo el látigo con el que nos azotaron por mucho tiempo y contesto con ese mismo látigo, en lugar de usar un nombre que suavice o disimule la opresión como es ‘indígena’ o ‘pueblos originarios’.

¿Cuándo vendrá a México a presentar Nosotros los indios?

– Voy a presentar el libro a México cuando Usted me pague el pasaje por allá…

Septiembre de 2010

Migración hondureña: el sabor del reencuentro y el adiós

1 dicembre 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de diciembre de 2010.
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Del 8 al 9 de noviembre del presente año, se realizó el IV Foro Mundial de Migración y Desarrollo (FMMD), Jornadas de la Sociedad Civil, en Puerto Vallarta, Jalisco, México. El encuentro, al que acudieron más de 400 delegados de al menos 62 países, es un espacio creado junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que llegó este año a su cuarta edición, tras las reuniones de Bruselas en Bélgica (2007), Manila, Filipinas (2008) y Atenas, Grecia (2009). En la edición mexicana del Foro se abrió por primera vez un espacio llamado “espacio común”, en el que los delegados gubernamentales tuvieron la oportunidad de confrontarse con la sociedad civil mexicana e internacional.

No obstante, dicho espacio común ha sido juzgado insuficientemente desde su creación. Por lo anterior, la sociedad civil organizada alrededor del tema migratorio, organizó una amplia serie de eventos “alternativos” a la reunión oficial, mismos que se concretaron en la semana previa al encuentro de Puerto Vallarta. En particular, resultó muy provechoso el llamado “Foro mundial alternativo de los pueblos” quien no sólo hospedó al Tribunal Internacional de Conciencia de los Pueblos en Movimiento, sino que fue el espacio en el que fue recibida la Sexta Caravana de Madres Centroamericanas (CMC), organizada por la Red de Comités de Migrantes y Familiares de Honduras (Red COMIFA) y que viajó a México en búsqueda de sus migrantes “desaparecidos”: hijos, padres, hermanos y hermanas que dejaron de comunicarse una vez entrados a territorio mexicanos en su largo viaje a Estados Unidos.

La Caravana de Madres

La iniciativa de organizar una caravana de madres de Centroamérica que viajen rumbo a la frontera con Estados Unidos buscando a sus familiares migrantes “desaparecidos” no es nueva. A lo largo de los últimos años han sido organizadas más de diez iniciativas como ésta. Sin embargo, la caravana de este año tiene particular importancia y tuvo cierta visibilidad no sólo por el contexto del IV FMMD, sino, sobre todo, por las cada vez más insistentes noticias relativas al secuestro de ciudadanos migrantes existentes en México. En este aspecto, hay que recordarlo, el pasado 27 de agosto fueron hallados 72 migrantes asesinados supuestamente por el grupo delictivo Los Zetas en el estado de Tamaulipas, en el norte de México, tras ser secuestrados e “invitados” a trabajar para la organización.

“Es difícil convivir con la idea que quizás tu hijo, tu hermano o un familiar pueda correr la misma suerte”, confiesan las madres hondureñas de la CMC. Y sin embargo, insisten, es necesario averiguar dónde están “nuestros familiares”. Fueron 11 madres y dos padres los que viajaron en esta caravana. Fueron recibidos en la frontera de Chiapas con Guatemala a principios de noviembre por parte de la sociedad civil mexicana. En particular fue Elvira Arellano, la activista migrante de la organización estadounidense Somos Un Pueblo Sin Fronteras, de Chicago, Illinois, quien se encargó de ir por ellas hasta la ciudad fronteriza de Tapachula y acompañarlas en su recorrido hasta la Ciudad de México.

En su larga trayectoria pudieron visitar Casas del Migrante en los estados de Chiapas, Oaxaca y Veracruz. Su viaje consistió también en entrevistas con funcionarios de gobierno y del Instituto Nacional de Migración (INAMI) del gobierno mexicano. Pero fue sobre todo concentrado en la búsqueda de sus familiares y de los presentes en la larga lista de migrantes que llevaron consigo: más de 650 personas. Esta búsqueda se concretó en mítines en las plazas públicas, difusión de su presencia, entrevistas y averiguación de “pistas” que ya se tenían o que fueron encontrando en el camino. Un intenso trabajo, cansado, explican las madres, y frustrante en muchas ocasiones. Pero también con ciertas satisfacciones ya que, dicen, “si una de nosotras encuentra a su familiar, es la felicidad de todas”.

Rosa Nelly Santos, de Progreso, Honduras, es integrante de la CMC y mujer experta ya en el tema tanto migratorio como en la dinámicas de las caravanas de este tipo. Ella es una de las que comenzaron todo el proceso que hoy culminó en esta Sexta CMC. Entrevistada por Desinformémonos, recuerda que “el Comité de Familiares Migrantes de Progreso (Cofamipro), el primero, nace en 1998, después de lo que sucedió con el huracán Mitch. Todo comenzó por un programa de radio que tenemos en Radio Progreso, La Colondrina”. De esa experiencia nació un programa de radio que se llamaba Sin Fronteras, continúa, que se situó como enlace entre los migrantes en Estados Unidos y los familiares en Honduras que se había quedado incomunicados.

“Luego comenzaron a llegar muchas madres para pedirnos informaciones de sus hijos que habían viajado al norte, en Estados Unidos, pero también en México”. Estas madres se convirtieron pronto en las protagonistas de ese programa radiofónico. Hoy el programa se llama “Abriendo fronteras”. “Nos reuníamos en la calle, en las iglesias, en los espacios que encontrábamos. Hoy, por suerte, ya tenemos varias oficinas y la organización se extiende a nivel nacional en todo Honduras”.

Nelly Santos cuenta: “Entré al Comité en 2003 pues perdí comunicación con mi sobrino. Tenía miedo que le fuera a pasar lo que a muchos les tocó. Mi hijo, quien migró y logró quedarse en Miami trabajando, aunque sin papales, es quien me manda dinero y me apoya en este trabajo. En 2004, nos enteramos que había muchas organizaciones como la nuestra en todo el país, de tal manera que nos reunimos todas y creamos la Red COMIFA que reúne a todos los comités de migrantes y familiares del país”. Antes del año 2004, Cofamipro, organizó tres viajes: uno a Guatemala y dos a Tecún Umán (frontera con Tapachula). En el segundo viaje a la ciudad fronteriza de Guatemala, aprovechando una procesión religiosa, la caravana pudo pasar la frontera y entrara a Ciudad Hidalgo y “ahí encontramos a cuatro personas”.

La búsqueda

“Busco a mi hijo, se llama Lenin Mejía Navarro”, dice Olga Lidia Navarro, de Honduras, en entrevista con Desinformémonos. La mujer no parece desesperada, sino más bien confiada en que, “algún día lo encontraré”. Dice: “La pista que traigo es ésta” y enseña una dirección y un teléfono de Tijuana, en la frontera norte. Me habló una vez y luego me comunicó a una mujer quien fue la única con la que hablé en ocasiones posteriores. Mi hijo se vino hace 14 años y la comunicación que tuve fue cuando llegó a Tijuana. Él salió en 1996 cuando tenía 18 años, se fue con un amigo. Su amigo regresó y contó que lo había dejado antes de llegar a la ciudad de la frontera. Tras esas llamadas ya no ha vuelto a comunicarse”. La madre hondureña habla de la recepción que las autoridades mexicana les otorgaron y reconoce que fueron “todos muy amables” pero que aún falta mucho ya que “el gobierno (mexicano) tiene que entender que al salvar un migrante le está dando alegría a toda una familia en su país de origen, esto no se puede despreciar”.

Nelly Santos dice que “en nuestra experiencia pudimos ver de todo. Hay por ejemplo muchos mutilados (por los trenes) que regresan a nuestro país; sabemos que muchas mujeres de Honduras fueron secuestradas y vendidas en Guatemala, tenemos muchos muertos que regresaron enfermos a su país y ahí murieron (de VIH u otras infecciones mortales)”. Recuerda la primera caravana realizada entre 2005 y 2006 cuando, con la solidaridad de muchas organizaciones cercanas a las parroquias de Honduras, pudieron llegar hasta Veracruz (en la costa atlántica de México) aunque sin visitar a las Casas del Migrante. “En 2008 se organizó la quinta caravana, con el apoyo del Padre mexicano Luís Ángel Nieto de la organización Lazos de Sangre, quien fue a Honduras y llevó a las madres a México”.

Sin embargo, afirma, “nunca antes pudimos visitar las estaciones migratorias”. Este año, 2010, al contrario, el INAMI abrió las puertas de los centros de detención para migrantes de México: en Tapachula y en la Ciudad de México. “No sabemos por qué este año se nos abrieron las puertas, probablemente porque ahora sí contamos con una red muy vasta de organizaciones y personas que nos apoyan y esto nos permite ejercer mayor presión sobre las autoridades”. Tanto es así que este año, la CMC fue recibida en todos los espacios institucionales más importantes: Congreso de la Unión, INAMI, Centro Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

A pesar de lo anterior, Nelly Santos no se deja engañar: “Hubo mucha abertura por parte de las autoridades, pero sabemos muy bien que lo hicieron ‘bien’ porque todo está ‘mal’. Nos enseñaron lo bonito, pero nosotros sabemos que no es así. Nuestros migrantes nos cuentan otras cosas, nos describen una realidad mucho peor de la que nos dejaron ver: ¡no nos vamos a chupar atole con el dedo!”. Y de los centro de detención afirma: “Nos trataron muy bien, se vio todo muy bonito, pero la verdad es que aunque las jaulas sean de oro, no dejan de ser jaulas”.

Lo anterior se confirma en el testimonio que dejó a Desinformémonos Marta Sánchez quien es miembro del Movimiento Migrante Mesoamericano y organizó, junto a Padre Nieto, Elvira Arellano y otros, el recorrido de la Sexta CMC en México: “Después del recorrido por el centro de detención de la Ciudad de México, nos sentamos en una mesa de trabajo con el nuevo Comisionado del INAM (Salvador Beltrán del Río)”. Continúa la activista: “Nos relató reiteradamente lo que con el recorrido nos había demostrado: instalaciones perfectas, servicio medico inmediato y completo, comida de lujo, actividades manuales para las detenidas, jardín infantil con cantos y juegos para menores. Todo perfecto”.

Sin embargo, denuncia Marta Sánchez, “no vimos migrantes”. Vieron sólo a dos mujeres y no les permitieron ver a los hombres “porque tenían problemas”. Sin embargo, algunos hombres detenidos encontraron la manera de “colarse a través de un recodo en las rejas para llamarnos, entregarnos papelitos con sus nombres y dejarnos saber que las cosas no eran como nos las estaban pintando”. Según Sánchez, los migrantes denunciaron maltratos, amenazas, y que no les permiten comunicarse con el exterior.

Uno dijo que los guardias lo habían amenazado y que le habían dicho que “no saldría de allí nunca”. Por otro lado, cuando las mujeres de la CMC denunciaron que los migrantes que regresan a Honduras reportan malos tratos de las autoridades mexicanas, Beltrán del Río les habría contestado: “No les crean nada”. Al contrario, Nelly Santos prefiere creer a los migrantes que regresan. Éstos denuncian todo tipo de abuso, comenta la madre hondureña. “Es difícil distinguir a delincuentes y policías, pues a veces son lo mismo”, dice.

De la visita a la estación migratoria Siglo XXI de Tapachula, el más grande centro de detención para migrantes de América Latina, Elvira Arellano reportó: “Fue algo grande porque históricamente es muy difícil que te dejen entrar a esos lugares, las madres estaban muy emocionadas, fue toda una sorpresa para los migrantes detenidos saber que madres están buscando a sus familiares, empezaron a hablar los migrantes con tanta confianza […] (los migrantes) se quejan de la falta de sensibilidad por parte de sus consulados los tienten completamente abandonados”.

La CMC visitó plazas públicas en donde se instaló con todo y sus decenas de fotografías. Intercambiaron pláticas con la gente de los distintos pueblos visitados, recaudaron información y “pistas”. Visitaron panteones y las muchas fosas comunes que hospedan los cuerpos de cientos de migrantes muertos y sin nombre. Caminaron las vías del tren y encontraron decenas de migrantes que con ellas se quejaron.

Los desaparecidos

“Cuando mi gente migró en esos años (años 90), no existían las facilidades para comunicarse que hay hoy. En ese tiempo muchos ni teníamos electricidad. Para la gente pobre eso no existía. Los correos mismos que se enviaban no siempre llegaban, pues los carteros a veces se roban los sobres cuando éstos contenían algún dinerito. Para nosotros son ‘desaparecidos’ porque no se comunican con la familia. Y luego, muchas veces tras años, las cosas cambian: uno cambia de casa porque no tiene ya para pagar la renta (el alquiler) y no tiene manera de comunicar a su familiar el cambio de domicilio y de teléfono. Y no siempre lo hacen porque quieren, ¡la mayoría de las veces es porque no tienen dinero para comunicarse!”.

Habla Nelly Santos quein afirma también que el avance tecnológico las ha ayudado mucho y el número de “desaparecidos” ha disminuido, por eso, hace unos años, afirma, comenzaron a decir que ya no había “desaparecidos”. Sin embargo, “desde hace unos cuatro años más o menos que comenzaron los secuestros de migrantes en México, tenemos nuevamente desaparecidos y tenemos miedo que hayan sido secuestrados y masacrados, como sucedió en Tamaulipas”. Y añade: “Lo de los secuestros lo veníamos denunciando desde hace mucho tiempo, pero eran casos aislados y nuestro gobierno siempre se ha desentendido del problema y no nos daba dinero para repatriar a los cadáveres. Tuvimos que organizar eventos de solidaridad para recaudar fondos para regresar cuerpos de nuestros migrantes a sus familias”.

Los demás cuerpos, se sabe, están en las fosas comunes en México. “En Ciudad Hidalgo, por ejemplo, hay una muy grande, en donde hay cuerpos sin nombre: tienen X por nombre y por apellido. Lo único que escribieron es el sexo”. A este propósito, Nelly Santos explica que antes la mayoría de migrantes (y por consecuencia de desaparecidos) eran hombre. “Hoy la cosa cambió ya que que son cada vez más las mujeres e inclusive los niños que migran”. En las listas que manejan las madres de la CNC hay efectivamente dos adolescentes que migraron a la edad de 13 años (un niño) y de 17 años (una niña) “para buscar a sus padres”.

Este último caso es narrado por Nelly Santos: “Ella salió de Honduras y fue secuestrada y vendida en Guatemala en un burdel llamado ‘Eclipse del amor’. Había un amigo que estaba enamorado de ella y que viajaba regularmente a Guatemala a trabajar en la industria cañera (de caña de azúcar). La fue a buscar y nos mantenía informados de la situación de la muchacha. El caso fue que un policía llegó a conocer a la joven, se enamoró de ella y juntos se vinieron a México donde se casaron. Hoy la madre de la adolescente, que es parte de nuestra organización, viene a México a visitarla regularmente”.

El Tribunal de Conciencia de los Pueblos en Movimiento

En el marco del Foro Mundial Alternativo de los Pueblos, se organizó el Tribunal de Conciencia de los Pueblos en Movimiento (TCPM) que sesionó durante tres días, del 4 al 6 de noviembre, en la Ciudad de México. En el estuvieron involucrados los miembros de al menos 500 organizaciones sociales, de derechos humanos y activistas a vario título del movimiento de solidaridad con los migrantes, todos procedentes de 60 países del mundo. Tras la sesión preliminar llevada a cabo en Quito, Ecuador, en ocasión del Cuarto Foro Mundial de Migraciones del 8 al 12 de octubre de 2010, el TCPM presentó casos que involucró en demandas específicas a 20 gobiernos de respectivos países del mundo, entre los cuales Estados Unidos (EU), el mismo México, distintos países de Centroamérica, Libia, Israel, Sudáfrica, Filipinas y la Unión Europea, particularmente el Estado español, Francia e Italia.

Con una referencia explícita a la experiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) con sede en Roma, Italia, el TCPM reunió casos y demandas que impiden “el derecho a la libre movilidad humana (libre circulación y tránsito), misma que incluye tres dimensiones: el derecho a migrar y permanecer; el derecho a no migrar; y el derecho a no ser desplazados”. En este contexto, salieron a flote muchos casos que fueron expuestos, analizados y juzgados en los tres días de sesiones que se dividieron en analizar las violaciones en América del Norte (Canadá, Estados Unidos y México), América Latina y Europa.

Fueron denunciados los casos “mexicanos” del amenazado desplazamiento provocado por el proyecto de la presa La Parota en el estado de Guerrero, en el sur mexicano. Se denunció el caso de acoso que sufre el Municipio Autónomo de San Juan Copala así como las amenazas que aún penden encima del pueblo de San Salvador Atenco. Se denunciaron los casos de separación de familias: el caso de Elvira Arellano deportada de EU y separada de su hijo; el caso de Elizabeth León Medina, deportada y maltratada por las autoridades de Canadá; el caso de David Lawrence Green, deportado después de ser adoptado y llevado a Nueva Yor donde vivió 29 años desconociendo su origen mexicano; el caso de Doña Cirila, indígena chatina del estado de Mississipi, EU, a la cual le fue quitada su hija recién nacida (dada en adopción a una pareja estadounidense), por “falta de idioma inglés”.

A su vez, salieron los casos de los potenciales desplazados del Movimiento Justicia del Barrio de Nueva York, los casos de desplazamiento forzado de afro-descendientes e indígenas a causa del control paramilitar en Colombia, el caso del pueblo Mapuche y de los campesinos desplazados en Brasil. Se habló de política migratoria europea y del pueblo Saharaui, así como de la tragedia en la Franja de Gaza y de la problemática de los ex-braceros mexicanos que, tras trabajar de jornaleros en Estados Unidos en los años 60, aún no perciben los fondos de ahorro que por ley les corresponden. Finalmente, se realizó un informe especial acerca de la masacre de 72 migrantes ocurrida en el estado de Tamaulipas el verano pasado.

Problemas comunes

Un aspecto particularmente interesante del TCPM fue llegar a la conclusión que existen muchos factores comunes entre los casos, en ocasiones tan distintos, que se presentaron. Más allá del carácter de injusticia que existe tras cada caso, el TCPM identificó algunos aspectos más específicos. Los miembros del Tribunal relataron los que llaman las “principales problemáticas comunes que plantean que las violaciones a derechos humanos, laborales, sociales y culturales se presentan de manera múltiple lo cual nos lleva a establecer que dichos conflictos afectan a todas las personas migrantes con o sin papeles”.

En particular, el TCPM señaló la relación estrecha entre procesos de resistencia y desplazamiento forzado, sobre todo “en contextos de devastación ecológica y/o de luchas por la libre determinación”. Indicó además la existencia de un patrón común que se expresa a través de la imposición de políticas neoliberales y de criminalizaciones de luchas de resistencia y luchas sociales en general. En este aspecto, hay una práctica común a lo largo de todos los casos, y por ende de los territorios involucrados, de “escarmiento de comunidades en resistencia, expulsión sin debido proceso de activistas solidarios internacionalistas asesinatos y golpizas, tortura sexual y violaciones sexuales de mujeres detenidas como estrategia de guerra contrainsurgente de baja intensidad en contexto urbano”.

Otro aspecto señalado fue respecto a las muertes de migrantes en todo el mundo. En este caso, indica el TCPM, “es necesario exigir la exhumación para los familiares que así lo deseen para que puedan llevarlos a su tierra de origen y asimismo visualizar que es un problema generalizado”. De ser poco, se identificó la existencia de un patrón común en lo que tiene que ver con las detenciones de migrantes que reciben “tratos crueles e inhumanos, equiparables a tortura y crímenes de lesa humanidad”. Asimismo, se señaló la violación generalizada de los derechos laborales de los migrantes víctimas, a su vez, de una general política de “exportación de mano de obra forzada”.

Ni público ni privado, sino común

1 marzo 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de marzo de 2010
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El profesor de la Duke University de Estados Unidos y coautor, junto al italiano Antonio Negri, de la trilogía Imperio (2000), Multitud (2004) y Commonwealth (2009), habla de su visión filosófica y política: poner los bienes comunes en el centro de la construcción de autonomía, el autogobierno y la comunidad.

A continuación los conceptos vertidos por Michael Hardt durante la entrevista:

Ni público ni privado

Es necesario comenzar diciendo que tenemos la mala costumbre de ver al mundo dividido entre privado y público, ya que parecen ser las dos únicas posibilidades. La tierra, por ejemplo, o era propiedad pública o era propiedad privada. Lo mismo también si hablamos de otros bienes, por ejemplo bienes inmateriales como las ideas, la música, etcétera. Así que si queremos atacar la estrategia neoliberal de privatizar todo parece que la única arma que tenemos es la propiedad pública, el control estatal.

Está claro pero que hay mucho mundo, natural, y también muchas ideas y muchas prácticas, que no son ni públicas ni privadas, es decir, son parte de una autorganización de la comunidad o de diversas comunidades. Este enfoque se vuelve una crítica a la propiedad, tanto a la privada como a la pública. Una crítica de fondo al concepto mismo de propiedad. A esta crítica corresponde una práctica política de autonomía, es decir, una política contraria tanto al capital (las privatizaciones) como al control del estado (la gestión pública), que lleva a la construcción de la autonomía social, al autogobierno. Esta es la perspectiva que trato de desarrollar desde hace unos años, junto al filósofo italiano Antonio Negri.

En una primera aproximación podemos decir que hay dos ámbitos del común: el común ecológico, natural; y el común social, económico, artificial. Ambos retan y se deterioran frente al concepto de propiedad; al mismo tiempo, ambos rompen los esquemas y las medidas tradicionales de valor económico con los que el capital trata de medirlos, pues para el común hay sólo una escala de evaluación, es decir, la vida. Por otro lado, los dos comunes (el ecológico y el social) se descubren aparentemente antitéticos.

El común ecológico es gestionado bajo la intención de la conservación, mientras que el común artificial se rige por la expansión, la creación ilimitada. Además, el común ecológico tiene como horizonte a la biosfera en su totalidad cuando, por el otro lado, el común artificial tiene al centro principalmente a los intereses de la humanidad.

Poner al centro el común es según yo fundamental. La hipótesis es que estamos en el medio de un cambio de época de un capitalismo económico con base industrial a un capitalismo centrado en la producción inmaterial o biopolítica. Dicho de otra manera: la producción industrial ya no es central y no porque ya no haya fábricas, sino que la producción industrial ya no tiene correspondencia en tendencia en una sociedad industrializada, sino que es la producción inmaterial que está dando forma a la sociedad de hoy. No es una diferencia de cantidad sino de cualidad. Ahora, si así están las cosas, tenemos que pensar que mientras antes la propiedad se jugó sobre la cuestión de la movilidad – tierra inmóvil y mercancías móviles -, hoy la propiedad determina la exclusividad de un bien y la posibilidad de reproducirlo. Y aquí hay un problema: las ideas, la música, las relaciones, los saberes, funcionan sólo si son puestos en común, son compartidos. Es por eso que decimos que, si la producción inmaterial es la nueva fuente de riqueza para el capital, entonces el común se vuelve central. Y contradictorio, pues existe la necesidad de poner en común las ideas, los afectos, los saberes para que éstos crezcan y resultan productivos; al mismo tiempo, pero, esto choca con la necesidad de mantener privados estos bienes, misma que es estructural en el esquema de la acumulación capitalista.

Desde nuestro punto de vista, hay un primer ejercicio por realizar que es reconocer cuanto de nuestro mundo, cuanto de nuestra experiencia ya es común. Dicho de otra manera: no es cierto que nuestro mundo ya es todo propiedad. No digo eso para decir que no hay problema, lo afirmo para reconocer que hay una base de partida. Sobre esta base, el proyecto de autonomía busca expandir y conquistar o reconquistar, de reapropiarse del común.

La gestión del común sin la propiedad o fuera de la propiedad no es una cosa natural, espontánea. No es que eliminando la propiedad privada o el control estatal descubrimos nuestra facultad natural de gestionar al común. Al contrario, es algo que tenemos que construir.

De esta manera, la cosa más importante y también más bella de las comunidades zapatistas es el sentido de experimentación de su acción política. Es decir, tenemos que experimentar con la gestión del común, no hay una fórmula. La experimentación es la única manera de conquistar formas de autogobierno y por lo tanto formas de gestión del común.

Después de Copenhague, nueva etapa del movimiento

El gran éxito de Copenhague fue el primer encuentro serio entre dos vertientes de los movimientos sociales, es decir, los movimientos ecologistas enfocados al cambio climático y, por otro lado, los movimientos sociales no sólo antiglobalización neoliberal sino también en favor de la autonomía y su construcción comunitaria.

Ese fue un primer grande encuentro que ciertamente fue una gran comunidad de deseos y de prácticas y del pensamiento común; pero por otro lado mostró una cierta diferencia, si no divergencia, de la manera de confrontarse con el poder global. Así las cosas, un gran paso hacia adelante fue precisamente la confrontación entre estas dos posturas, aunque este suceso puso y pone algunas dificultades muy serias por el lado conceptual y por el lado del movimiento.

Existen las que podríamos definir “las antinomias del común”: por un lado nos confrontamos con un común que es limitado por el entorno ecológico; por otro lado tenemos un común que es ilimitado en el sentido de la producción de nuestros deseos, ideas, imágenes, de “cosas humanas”, es decir la producción de sociedad, de relaciones sociales. La diferencia entre una política orientada hacia los límites de la tierra, del común ecológico, y otra orientada hacia la falta de límites de nuestros deseos, es lo que hay que mirar. Esta es la diferencia que pone algunas dificultades conceptuales y políticas.

También con las consignas, por ejemplo: hay una consigna que me es muy querida en los últimos quince años, es decir que queremos “todo para todos”. Desde el punto de vista de los límites ecológicos esto no tiene algún sentido, pues hay un límite en la tierra, en el agua, en los recursos, que conceptualmente no permite cumplir con esa consigna; pero para nosotros ese horizonte está en el corazón de nuestra practica.

Por el otro lado, desde el punto de vista de nuestros deseos sin límites, esa consigna que se vio “no hay planeta B” es bonita pero suena mucho a la postura conservadora personificada, por ejemplo, por la gestión de Margaret Thatcher, de que no hay alternativa. El movimiento anticapitalista está siempre creando alternativas. Eso es parte de nuestra falta de límites: producir alternativas es parte de nuestro ADN.

Hay también otra diferencia muy importante entre estas dos posturas: la temporalidad. En la tradición autónoma – es decir el movimiento de Seattle, los zapatistas, las asambleas de barrio en Argentina, etc. – ciertamente hay una cierta urgencia, pues lo que exigimos lo pedimos para ahora; pero los tiempos son definidos por el ritmo de la construcción, es decir es un tiempo constituyente que a veces puede ser lento como lo es la construcción de comunidad. Por el otro lado, los tiempos del cambio climático son otros: el tiempo principal es el tiempo de la urgencia de ponerle remedio a la situación, un tiempo que quizás ya pasó. Es decir, en términos generales, para los ecologistas si no cambiamos ahora todo ya fracasó. Esta es otra diferencia importante, las dos temporalidades que dividen conceptualmente a los dos movimientos y tiene efectos también en la práctica.

Entonces, la diferencia se traslada a la práctica – y ésta es la última diferencia que veo: para el movimiento altermundista, autónomo, la idea principal no es pedir la acción de los estados-nación como marco principal de acción sino que la construcción de autonomía y de la comunidad son el actor principal; al contrario, en los movimientos ecologistas, se mantiene en el primer plano un pedido a los estados pues ellos serían los que pueden actuar y corregir el rumbo. Es evidente que esto tiene que ver con lo que se dice arriba, es decir con las diferentes temporalidades, con la urgencia, pues si esperamos que se construya la autonomía, que haya comunidades que decidan, ya podría ser demasiado tarde.

Para mi es muy interesante e importante confrontar estas diferencias, estas antinomias – quizás es demasiado académico decirlo así, pero así está en mi cabeza. Es importante confrontarlas no porque son obstáculos las unas para las otras, no son diferencias trágicas, se puede ir más allá; para eso, pero, hay que confrontar estas dos posiciones. Dicho en otras palabras: no es diferencia antitética, sino una diferencia que puede ser fructífera.

Yo creo que la solución pasa por la acción de los movimientos. Por ejemplo, hace diez años en Seattle, pero también en Génova, teníamos una antinomia entre la globalización y la antiglobalización, es decir nosotros estábamos en contra de la globalización neoliberal y por esto los medios nos llamaban “no global”. Esa era una dificultad conceptual: nuestro problema fue resolver esa dicotomía inexistente. Sin embargo se necesitaba mucho trabajo colectivo para crear no sólo un concepto sino también las prácticas de la alterglobalización, es decir la solución de esta antinomia que nos imponían. De la misma manera, hoy los movimientos pueden confrontar estas diferencias, pero tomando la experiencia de Copenhague no como un punto de llegada, sino como un punto de partida.

Poder estatal vs. Autonomía

Las luchas en contra de las privatizaciones y en contra del neoliberalismo de los movimientos sociales en América Latina han sido un éxito enorme en la última década. Éstos son constituyentes, pero hay caminos distintos y creo que un camino no excluye el otro. Es decir, la conquista electoral del poder estatal puede ser parte de este proyecto constituyente que, en mi manera de ver las cosas, es la producción de autonomía, de sujetos capaces de autogobierno, de autogestión. No excluyo que un poder estatal entre comillas progresista, puede ser parte de este proceso. Claro, la conquista de ese poder no es la finalidad, pero puede ser un medio.

Sin embargo, de ser así, todo se vuelve muy complejo, porque ese puede ser un medio para construir la autonomía pero también puede ser un obstáculo para este proceso. En Bolivia, uno de los casos más bellos de este pasar a través del Estado, es muy difícil decir cuanto la presidencia de Evo Morales ayuda y cuanto obstaculiza la conquista de la autonomía de las comunidades indígenas y de otras comunidades en el país. A mi manera de ver las cosas, son ambas cosas. Y a menudo la lucha de los movimientos sociales en contra del Estado se realiza en este terreno para ir más allá de estos obstáculos; claro, hay también la dimensión del posible entorno de facilitación que un Estado de este tipo puede aportar.

La grande dificultad en este sentido es como no tener una perspectiva de pureza en este proceso; me parece que hay la tendencia a dos posiciones antitéticas: o defendemos a la conquista del poder estatal; o criticamos estos poderes porque no serían el punto de llegada de los movimientos. Creo que es necesario tener una visión transversal, pues hay que aprovechar el entorno quizás favorable, pero siendo duros, críticos, con estos gobiernos.

En este sentido, los movimientos en América Latina son muchos más avanzados que en Estados Unidos, pues aquí también hay un gobierno que se ha conquistado gracias a los movimientos sociales. Hoy pero hay dos posiciones tanto en la izquierda como en los movimientos: por un lado quienes dicen que hay que apoyar a Obama, es uno de nosotros, nos representa; por el otro, hay quienes dicen que es otro Bush. Yo creo que no es ni una ni la otra. Creo que hay que aprovechar las posibilidades que se abren con este gobierno pero sin tenerle mucho respeto. Esto es lo que los movimientos no han logrado hacer en este año en Estados Unidos. Así las cosas, la victoria de Obama ha sido la de destruir a los movimientos, hacerlos desaparecer. Actualmente hay una especie de desorientación conceptual. Durante la época de Bush conceptualmente era más sencillo: él era el enemigo y todos sabíamos porque. Hoy, pero, eso es más difícil. Tenemos que encontrar una manera de ser antagonistas con este gobierno (Obama), cosa que aún no hemos resuelto. En Latinoamérica los movimientos están más desarrollados en este sentido y en Estados Unidos,como suele suceder, estamos muchos más atrás.

Hay que dialogar con los narcotraficantes

20 marzo 2009 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 20 de marzo de 2008.
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La solución del conflicto entre el gobierno mexicano y los cárteles del narcotráfico pasa por el dialogo entre las partes, afirma el investigador Johan Galtung, quien ha participado en los diálogos de paz y en procesos de mediación en más de 40 conflictos internacionales.
“Esta actitud del gobierno mexicano de no tomar contacto, de que ellos (los narcotraficantes) no merecen ser aceptados como parte de un proceso, no ayuda para nada; es lo mismo que EU está haciendo con Hamas en Palestina, pero hay que tomar contacto, hay que dialogar”.
La idea, dice, “es encontrar compatibilidad de objetivos entre las partes”. Y pone un ejemplo: “El narcotráfico no quiere que la gente muera. La gente en México quiere lo mismo y quizás esa es una base de partida para un dialogo: evitar la muerte”.
En entrevista, Galtung menciona que en México “hay un tipo de triángulo (en el conflicto): los narcos, la gente en la miseria y los militares”.
En el triángulo, el gobierno mexicano “se sitúa ahí abajo a la derecha, atrás de los militares”.
Según el investigador, la hipótesis “es que comenzamos con la miseria y esta implica al narcotráfico, porque la gente para salir de la pobreza acepta el trabajo que se le ofrece en las actividades ilícitas del narco, y todo esto tiene como efecto la reacción del gobierno, que utiliza a los militares”.
Y remata:
“Hay que entender que también los militares son pobres y entonces ellos también aceptan trabajar con el narco, porque pagan mucho mejor que el gobierno”, situación que termina con “el clásico círculo vicioso”.
El también fundador de International Peace Research Institut y de la red Transcend sostiene que para la solución del conflicto hay que instaurar un diálogo entre las partes.
Primero, explica, “hay que dialogar, para entender mejor las razones que permiten al narcotráfico existir”.
Su visión es que una de las causas principales del importante éxito del narcotráfico reside en la existencia “de una enorme miseria en México”.
Si la gente tuviera medios sólidos para sobrevivir, agrega, “muchos saldrían del narco”.
E insiste: “Si pensamos que una de las razones porque la gente acepta trabajar para los cárteles es la de salir de la miseria, se deben ofrecer válidas alternativas económicas a la población”.
En este caso, “el diálogo con la base del narcotráfico podría tener el resultado de demostrarles que hay alternativas para salir de la pobreza”, y esto significaría un paso adelante hacia la solución del problema, “porque los líderes (del narcotráfico) no pueden ganar sin el apoyo de la gente de abajo”.
Pero no todo el peso recae en México, dice, Galtung ya que “parte de la solución (al problema del narcotráfico) pasa por Estados Unidos”, en el sentido de abatir la elevada demanda de drogas que hay en ese país.
Al hacer un análisis de la sociedad norteamericana, el exprofesor de la Columbia University de New York señala es tajante que “los norteamericanos deben entender que si hay una demanda tan elevada en su país, debe de existir una enfermedad social, que puede ser enajenación, competencia excesiva, falta de solidaridad, soledad”.
Y lanza una comparación: “La cadena del narcotráfico es como un alfabeto: las A están en México, pero las Z están en Estados Unidos y son ciudadanos norteamericanos. El hueco está a la mitad, en las M y N, en donde hay familias mexicanas pobres dispuestas a llenar ese hueco. Sobre todo con ellas hay que dialogar”.
Pero advierte: “En esta crisis económica, la cantidad de desempleados en México y en Estados Unidos va a producir no solamente una alza en la demanda de drogas, sino también potencialmente una alza en el número de empleados por el narco”.

Militarización del país

En lo que respecta al rol que la clase política mexicana podría jugar en la llamada “guerra al narcotráfico”, el mediador noruego dice que “por lo pronto ésta juega el papel del espectador”.
El problema de los políticos, continúa, es que “no quieren abolir a la miseria en México y esto sucede por al menos dos razones: por un lado tienen miedo de que la gente al salir de la miseria les cobre factura de los malos tratos recibidos en años de pobreza, y por el otro lado creen que debe de existir gente pobre y mal pagada para poder echar a andar la máquina económica”.
Sobre este punto concluye: “Para ellos el problema principal no es la miseria, sino el narcotráfico, porque ofrece una alternativa a la miseria, de manera que la verdadera tragedia es la falta de iniciativa política para eliminar la miseria más profunda en el país”.
Al referirse al actual nivel de militarización, señala que también responde a otras exigencias del gobierno y de la clase política mexicana.
Abunda: “Tienen miedo de 2010. El efecto simbólico que juegan el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución puede ser muy elevado”.
En este aspecto, Galtung sostiene que “la simbología es importante porque define un intervalo en el tiempo”.
Además, dice, el gobierno mexicano “sí tiene miedo de una revolución, pero también de una secesión en el sur del país, de los estados de origen maya, como Chiapas y Yucatán”.
Entonces, “la presencia del narcotráfico también puede ser un pretexto para mantener militarizado al país, como en Colombia, donde con el pretexto del narcotráfico, se conduce la guerra en contra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”.
La presencia de militares en la sociedad, sugiere el noruego, responde a las necesidades de “acostumbrar a la gente a esa presencia, de comunicar a posibles revolucionarios: ‘estamos preparados’, y finalmente de acostumbrar a los mismos militares a estar en las calles, en la sociedad”.

50 años: 100 conflictos

Johan Galtung, quien estuvo presente en calidad de mediador en más de 40 conflictos a lo largo de los últimos 50 años, recuerda que hubo éxitos en su obra de mediación, pero también algunos fracasos, aunque “prefiero llamarles no éxitos, en lugar de fracasos, porque en este ámbito hay que pensar en el largo plazo, no en el corto”.
Sobre las recientes declaraciones de exponentes de la administración de Barack Obama, en el sentido de que en Afganistán es necesario encontrar un diálogo con la parte moderada de los rebeldes talibanes, Galtung dice que no cree que Estados Unidos quiera realmente dialogar, “más bien creo que quieren hacer lo que hicieron en Iraq, es decir, corromper a grupos (de poder) para que no maten a estadounidenses”.
Es un plan que quiere aparentar que Estados Unidos gana, “pues para ellos es muy importante ganar”. Y cuenta que en 2001, inmediatamente después de la invasión ordenada por George W. Bush a Afganistán, “había políticos afganos que decían que sin talibanes no se puede gobernar en el país”.
Los mismos políticos afganos decían que “sin talibanes iban a tener heroína y corrupción”. Y lo hicieron sin ellos, y ahí está: heroína y corrupción”. Entonces, “la solución es un gobierno de coalición, porque los talibanes son los únicos que tienen cierta fibra moral en el país”.
Respecto del conflicto en la exYugoslavia, el también exdirector de la Universidad Internacional de Dubrovnik (en el sur de Croacia) afirma haber participado muy activamente en los diálogos de paz: “La única situación realmente resuelta es la de Eslovenia”, donde la independencia fue inmediatamente reconocida por el entorno internacional y su economía apoyada de inmediato por la comunidad internacional, además de que se impidieron las llamadas limpiezas étnicas”.
En los demás países, afirma, no hay soluciones. “Se podía solucionar creando una federación. Esa era la única solución, pues son territorios multinacionales y no se puede insistir en lo contrario”.
Luego habla de Kosovo, donde hace pocas semanas se festejó el primer año de independencia:
“Lo de Kosovo es una locura. Fui partidario de una solución de independencia, pero no se puede utilizar a un estado unitario para la represión hacia los serbios. Entonces, la solución sería un Kosovo con una constitución parecida a la suiza, en la que se reconocen la distintas minorías, a las que se les otorga cierta autonomía”.
Sobre el caso palestino, Galtung afirma haber tenido “mucha experiencia en ese conflicto”, pues “mi primera intervención de mediador fue en 1964”.
Explica: “Creo que es necesario crear a una comunidad multinacional regional que incluya a Israel, y esto se debe realizar gracias a la mediación de la Unión Europea”.
Israel, afirma, “tiene que dejar la idea del sionismo y con un Israel más modesto algo se podrá hacer”.
Y apunta que en su calidad de mediador ha hablado con todos los protagonistas del conflicto, inclusive Hamas. “Les pregunté si hay algún tipo de Israel que ellos podrían reconocer. Me dijeron que sí y señalaron a un Israel parecido al de antes del 4 de junio de 1967 (la guerra de los seis días), pero con algunos elementos distintos, como es una dinámica más constante de ofrecimientos mutuos.
“Hamas tiene una visión de futuro mucho más amplia que los gobernantes de Tel Aviv”.
Y sobre la reciente crisis en la Franja de Gaza, afirma que “lanzar esos cohetes fue una tontería absoluta, una expresión emocional que se puede comprender, pero fue un error político grave. El derecho a defenderse entonces era legítimo por parte de Israel, y Hamas tuvo su derecho a defenderse de la ocupación a su vez”.
Ahí “la solución es política y pasa por el reconocimiento a Hamas en cuanto uno de los actores del diálogo”, dice, y pregunta: “¿Estados Unidos quiere un gobierno único para toda Palestina? Si siguen empujando por esa vía, va a salir un gobierno único, pero en manos de Hamas. Los palestinos están en favor de Hamas, sin duda, más ahora después de la masacre de Gaza”.

Paz positiva

Johan Galtung, reconocido internacionalmente por sus pensamientos teóricos acerca de los temas de la paz y la violencia, dice que existen dos tipos de paz a nivel internacional: la paz negativa (ausencia de conflicto armado) y la paz positiva (colaboración y buenas relaciones internacionales).
“Hay muchas paz positiva en el mundo. El problema es que los medios retoman solamente los hechos de violencia y los conflictos”.
Puntualiza: “El núcleo de los conflictos son las metas incompatibles, no las personas incompatibles. Por eso la solución de los conflictos pasa por hacer compatibles a los objetivos”.
Para alcanzar la paz positiva en el mundo, continúa el investigador, “hay que hacer nada más pequeños cambios en la estructura y equilibrios mundiales”.
Sobre el papel de la Organización de las Naciones Unidas, afirma que “desgraciadamente el embajador que Barack Obama designó a la ONU, Susan Rice, tiene la misma visión negativa de ese organismo de las administraciones anteriores: Estados Unidos quiere seguir utilizando a la ONU para sus fines”.
Y explica: “En realidad, creo que lo que pasa es la caída del imperio estadounidense, y frente a esta caída, lo que crece no son la Naciones Unidas, sino los poderes regionales fuertes”.
En este sentido, Galtung explica que una región importante es América Latina, “esa es la nueva realidad para el gobierno de Obama, quien es bastante inteligente para entender que ya no puede pelear con los países de la región latinoamericana”.
E insiste que, como la conocemos, “la ONU parece cada vez más una reliquia del pasado”, por eso tenemos que liberarnos de ese tipo de estructura y crear nuevas instancias internacionales.
Y concluye así la entrevista: “Hubiera sido fantástico que México tuviese un papel de mediador entre Cuba y Estados Unidos”, pero “no lo veo posible con el actual presidente (Felipe Calderón)”.

"Tenemos que liberar a la libertad"

21 febbraio 2009 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 21 de febrero de 2009
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La historia del padre Luigi Ciotti es larguísima. Su rostro apenas muestra sus 62 años. Sonríe por instinto al encontrar a una persona que no conoce. Se dirige con el a quienes sean los que encuentra y alarga la mano, como por respeto al original signo de paz. En 1966 fundó el Grupo Abele, que se ocupa hasta la fecha de asistir a menores reclusos y a víctimas de las drogas. En 1972 se ordenó en el sacerdocio. En 1986 fue el primer presidente de la LILA, Liga Italiana de Lucha contra el Sida. En 1993 publicó el primer número de la revista mensual Narcomafie, que hoy es punto de referencia ineludible acerca del tema de las drogas y su tráfico. En 1998 recibió la licenciatura honoris causa en ciencias de la educación por la Universidad de Bolonia. Definitivamente la vida de este hombre llenaría páginas de libros enteros por las ideas que se generan de tanta experiencia de lucha social en las calles.
Invitado por la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) a ofrecer su punto de vista en el contexto de las Jornadas de Reflexión sobre Violencia y Seguridad que se llevaron a cabo en la sede de los obispos en Cuautitlán Izcalli, los pasados días 2, 3 y 4 de febrero, el padre Ciotti acpta la entrevista con este reportero.
Explica el interés de la CEM por la asociación Libera, la otra gran empresa de Luigi Ciotti, creada alrededor de la lucha en contra de la mafia.

–¿Qué es Libera?

–La asociación Libera es una realidad transversal que reúne a mil 500 asociaciones en toda Italia. Todo esto porque el contraste a la criminalidad, a la ilegalidad y a las mafias no puede ser nada más judicial; es decir, el gran trabajo generoso de las fuerzas del orden. Es necesario también que se involucre la llamada sociedad civil… Digo así porque todo mundo, hablando, se define civil. Yo prefiero decirle sociedad responsable; es decir, que asume su cuota de responsabilidad. La sociedad civil hoy es como el agua mojada, una bandera que todos pueden utilizar, inclusive aquellos que están en la ventana mirando nada más, muchos que juzgan y hablan, un mundo de opiniones, inteligencias iluminadas, todos saben lo que tienen que hacer los demás… Quizás es el caso de meternos a hacer cosas nosotros. Recuerdo las palabras de (Rocco) Chinnici, el juez asesinado por la mafia en 1983: sin una nueva conciencia, nosotros solos nunca podremos ganar.

Ciotti recuerda a Norberto Bobbio al tratar de explicar la visión de Libera. El filósofo liberal italiano decía que la democracia vive de buenas leyes y de buenas costumbres. La ley, añade el sacerdote italiano, debe responder a las necesidades de los seres humanos, de todos, no solamente de una parte. Pero, afirma, se necesitan también buenas costumbres. Tomar conciencia que el cambio somos nosotros, que el cambio nos necesita. De tal manera que, explica Ciotti, exigimos al Estado y a las instituciones con claridad, sin descuentos, sin compromisos, que hagan su parte. Nosotros vigilamos, tenemos que ser una espina en el flanco (del poder) con propuestas.

La asociación Libera nació el 25 de marzo de 1995. Ciotti subraya que esta historia viene de lejos, porque en 150 años de mafia en nuestro país siempre ha habido también una antimafia; es decir, sociedad, personas y organizaciones que se han opuesto a ella. Pero, afirma, esta voluntad antimafia en muchas ocasiones ha sufrido la falta de continuidad, la emotividad del momento seguida por la desilusión.

Es por esto, explica, que surge Libera, para tratar de dar continuidad al esfuerzo de la sociedad responsable.

–¿Cuáles son las propuestas concretas de la asociación?

–Libera tiene tres propuestas fundamentales. La primera es la de confiscar los bienes de los mafiosos, quitarles su patrimonio y regresarlo a la sociedad. Entonces, confiscación y uso social de estos bienes. Con la actual ley se han incautado alrededor de 9 mil propiedades; algunas ya se entregaron a la sociedad, que ya las utiliza.

–¿Por ejemplo?

–En algunos casos, sobre todo en las tierras embargadas en el sur del país, se han creado cooperativas productivas que ofrecen trabajo verdadero. El proyecto se llama Libera Tierra. Funciona, aunque a veces llegan las amenazas.

El padre Ciotti vive con escolta policiaca desde hace algunos años y habla con mucha confianza del tema. “Justamente en estos días han llegado amenazas a una de nuestras cooperativas.

“Para la mafia, la bofetada es doble: por un lado le quitas su patrimonio, por el otro ven cooperativas con jóvenes de su territorio… le quitamos consenso social.

Regresamos la dignidad; es decir, la libertad a estas tierras y a su gente, afirma Ciotti. Aquí la primera violencia es la pobreza, la falta de oportunidades, la dependencia.

–La segunda propuesta…

–Un gran elemento es el conocimiento, tenemos que ofrecer y ofrecernos informaciones. Debes conocer para actuar, para intervenir, para volverte responsable. Entonces hay un gran trabajo en las escuelas. Hoy, 60 por ciento de las universidades italianas tienen firmado un convenio con Libera para realizar encuentros, pero también de cursos para licenciaturas y para maestrías.

–¿Qué importancia tiene la memoria?

–Esa es nuestra tercera propuesta. El 21 de marzo es el Día del Compromiso y de la Memoria. Tenemos el deber de multiplicar nuestra acción mediante el recuerdo de los que se fueron antes. Nos acordamos siempre de los asesinados famosos, casi nunca de los demás. Hemos logrado conformar una red de familiares y amigos de las víctimas de la mafia.

Libera reúne asociaciones y grupos de toda Italia. Entonces le preguntamos si es cierto que la mafia existe solamente en Sicilia, en el sur de Italia.

“Quizás aquí (en México) sea impropio hablar de mafia… escuché hablar de cárteles. Creemos que no podemos pensar que la mafia es un problema solamente de algunas áreas geográficas. Nosotros siempre les recordamos a los que en el norte (de Italia) dicen que ahí la mafia no existe, que sólo es problema del sur, que las mafias invierten donde hay dinero.”

Explica que el tercer lugar de bienes confiscados en Italia es la ciudad de Milán, el centro financiero del país, en el norte.

En este sentido, esta crisis económica, que antes que todo es una crisis política y ética, tendrá otras consecuencias. La mafia se aprovechará del sufrimiento de tantas familias y de tantas pequeñas empresas: prestarán dinero, harán favores, penetrarán en la sociedad aún más.

–En México, el año pasado se registró un alto índice de asesinatos por la llamada guerra contra la criminalidad. En Italia el fenómeno ha disminuido sensiblemente en años recientes…

–En Italia efectivamente la mafia asesina mucho menos que en otros periodos. Pero no hay que ilusionarse. Los jueces italianos advierten que hay que estar atentos: estos son datos que pueden distraer, porque la disminución de homicidios cometidos por la mafia corresponde en realidad a mayor capacidad de penetrar a la sociedad y de control sobre la misma.

–¿Cuál es el sustrato en el que se apoya la criminalidad?

–Hay una ilegalidad difusa detrás de la incidencia del crimen. Con eso quiero decir que podemos hablar de la gran criminalidad organizada, de mafia, pero tenemos que estar atentos de no llenarnos la boca con grandes palabras, repetir los datos que existen y que tienen que preocuparnos. Que todo eso no se vuelva coartada, un pretexto detrás del cual esconder nuestra responsabilidad y que nos impida reflexionar acerca de las otras formas de ilegalidad que no producen ruido, que no molestan a nadie.

–¿Por ejemplo?

–Acabo de ver los datos mexicanos, pero en Italia estamos en el lugar 55 de los índices mundiales de corrupción. Entonces digo que hay desatención y hasta complicidad de la política en todo esto. Hay gran incidencia de crímenes de los llamados de cuello blanco; es decir, de los políticos y de los hombres de negocios.

–¿Qué es la seguridad?

–Hoy hay un gran debate acerca del tema. Un debate que simplifica la cuestión y que sólo busca consenso electoral. El derecho a la seguridad es fundamental, pero los primeros que tienen esos derechos son los últimos de la fila: los más pobres. Entonces, la seguridad es antes que nada la salud, la educación, la casa, el trabajo; ésta es la primera seguridad que nos merecemos, y la primera defensa frente a la inseguridad es la verdad.

–¿Cuál es su relación con la Iglesia?

–He elegido trabajar con mundos distintos. Siempre he creído que cada quien debe dar su propia contribución en la construcción de la justicia y de caminos de libertad. Evidentemente también dentro de la Iglesia alguien se puede molestar porque dice que esto es tarea de la política, es un compromiso social, no es tarea de nosotros. El cristiano no puede ser espectador de la historia, al contrario, debe asumir sus responsabilidades frente a lo que sucede. Es bueno que la Iglesia se interese en estos temas. Es bueno también que se produzcan documentos, pero los compromisos no pueden quedarse sólo en el papel, deben convertirse en carne, deben traducirse en la realidad. San Mateo decía que buscáramos el reino de Dios y su justicia, esto significa que tenemos que salvar el cielo, pero también la tierra. Necesitamos de una Iglesia que sepa leer los problemas en la tierra y juntarlos con los elementos más espirituales.

–¿Quién es Luigi Ciotti?

–Soy una persona pequeña, pequeña, pequeña, pequeña. Hago todo lo que puedo y señalo a todos la necesidad de crear las condiciones de libertad para las personas.

Concluye diciendo que vivimos una paradoja: Tenemos que liberar a la libertad del mal uso que se hace de ella. Hay demasiadas personas en nuestras sociedades que no son libres.

"Somos blancos móviles…"

11 gennaio 2009 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 11 de enero de 2008.
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El activista italiano Vittorio Arrigoni, uno de los pocos extranjeros que aún permanecen en la Franja de Gaza auxiliando a los palestinos heridos en las ambulancias de la Media Luna Roja, sostiene que lo que sucede ahí no es una guerra. Según él, no hay dos ejércitos, sino uno sólo, el israelí, que ataca sin piedad a una población civil indefensa.
“Nos están masacrando. Somos blancos móviles”, afirma el italiano Vittorio Arrigoni, uno de los 10 voluntarios del Movimiento Internacional de Solidaridad (ISM, por sus siglas en inglés), una organización civil que aún se encuentra en la Franja de Gaza.
Añade: “Gaza pasó de ser una gran cárcel a cielo abierto a ser una enorme trampa”.
Arrigoni atiende la llamada telefónica de Proceso mientras camina hacia la base de ambulancias de la Media Luna Roja. “En estos momentos estoy haciendo lo más arriesgado que se pueda hacer: caminar sólo de noche por las calles desiertas”, comenta. En un par de ocasiones se escuchan en la línea los ecos de las explosiones de los misiles lanzados por el ejército israelí.
Define: “Esta no es una guerra. No hay dos ejércitos, sino un ejército; uno de los mejores del mundo en contra de una población civil”.
-¿Y la resistencia armada? -se le pregunta.
-Están los miembros de las Brigadas de Al Kassam, el brazo armado de Hamas, pero son unos cuantos, mal armados. El enfrentamiento es desigual. Los milicianos que oponen resistencia solamente están armados con la vocación por el martirio.
Los voluntarios internacionales del ISM apoyan las labores del personal de la Media Luna Roja que trabaja en las ambulancias. Arrigoni comenta que él y sus compañeros tomaron esa decisión cuando el ejército israelí realizó ataques contra ambulancias que recogían heridos. La dieron a conocer en conferencia de prensa con el propósito de que el gobierno de Tel Aviv supiera que estarían a bordo de los vehículos de la Media Luna Roja. “Con nuestra presencia quizás las ambulancias dejen de ser blanco de bombardeos”, sostiene.
Los 10 voluntarios del ISM se distribuyeron en tres ciudades de la Franja de Gaza: cuatro en Rafah, tres en Jabalia y tres en Gaza. Arrigoni asegura que su trabajo es más intenso por las noches, cuando los bombardeos se multiplican.
Explica: “La situación es dramática más allá de lo imaginable. No logramos siquiera ir por los heridos. El ejército israelí no nos permite recogerlos en las zonas bombardeadas. Nos dispara. Entonces nos paramos en las inmediaciones y esperamos a que los familiares nos los traigan.”
Recuerda: “Hace unos días estábamos esperando que nos trajeran heridos. Llegó una carreta jalada por burros. Dos personas traían a sus hijos: un par de muchachos, uno con la cabeza abierta, otro con el vientre destrozado. Ya no había nada por hacer”.
Luego cuenta otro episodio: “El domingo 4, una ambulancia salió a recoger heridos. En esta ocasión no iba a bordo ningún voluntario extranjero. Los paramédicos levantaron los cuerpos y cerraron las puertas del vehículo. Un tanque que estaba a pocas decenas de metros de distancia les disparó. Todos murieron.
Tras una pausa, continúa: “Entre ellos había un amigo nuestro. Era un voluntario palestino, maestro de una escuela primaria. Pudo quedarse en su casa a cuidar a su familia, pero decidió salir para ayudar (…)”.
Arrigoni dice que ha perdido a muchos amigos desde que el ejército israelí inició los ataques con misiles el pasado 27 de diciembre.
Cuenta: “Mi casa se encuentra frente al puerto. Todos los días bajaba a apoyar a los pescadores para que pudieran salir más allá del límite impuesto en los últimos años por la armada de Israel. En el camino me encontraba a los policías de barrio. Después de tantos meses de vivir aquí, los conoces a todos y todos te conocen. El primer día en que hubo bombardeos murieron en el puerto 40 de ellos. Todos eran mis amigos. Tel Aviv declaró que eran miembros de Hamas. En realidad eran muchachos de 18 a 20 años de edad que recién habían terminando la universidad y que ingresaron a la policía debido a que no tenían otras opciones de empleo”.
Huir, imposible
A Arrigoni se le pregunta si existe un éxodo de población que huye de la guerra. “No hay éxodo, aquí es una trampa”, contesta. Y explica que, a diferencia de Líbano, donde los ataques aéreos israelíes provocaron un éxodo de civiles del sur hacia el norte de ese país, en la Franja de Gaza no es posible huir: el territorio es demasiado pequeño (360 kilómetros cuadrados) y las fronteras están cercadas por el ejército israelí.
En todo caso, señala, el martes 6 “por primera vez mucha gente salió de los campos de refugiados. Iban a pie, en automóviles o en carretas jaladas por animales. Formaron columnas que se dirigían a las escuelas de la ONU, donde intentaban protegerse de los ataques. Ese fue el único éxodo que he visto hasta hoy”.
Describe: “Los vehículos y algunas personas llevaban improvisadas banderas blancas: lienzos y trapos dirigidos hacia el cielo. Se rendían sin haber hecho nada. Llegaron a las escuelas con la seguridad de que estarían a salvo, protegidos por los enormes símbolos de la ONU que cubren esas instalaciones.”
Según el activista italiano, el misil que el martes 6 impactó la escuela de la ONU en Jabalia con saldo de 40 muertos y un centenar de heridos. “Fue el ápice de 10 días de bombardeos contra objetivos civiles”, dice, y agrega: “He visto cómo las bombas han destruido mezquitas, edificios de viviendas, hospitales (…); he visto de todo: muertos, cuerpos mutilados, personas bajo los escombros…”.
Por ello, lamenta, “el silencio de la comunidad internacional nos deja desolados”; “la población palestina parece estar abandonada a su suerte”.
Arrigoni comenta que el gobierno de Tel Aviv tiene intervenidas las líneas telefónicas en la Franja de Gaza. Señala que de esa manera envía mensajes a la población palestina para que deje de apoyar a Hamas. Así mismo, dice que grabó uno de esos mensajes y lo hace escuchar al reportero: “A la gente inocente de Gaza: nuestra guerra no es una guerra en contra de ustedes, sino en contra de Hamas. Si no dejan de lanzar cohetes, ustedes se encontrarán en peligro”.
Arrigoni comenta: “Las autoridades israelíes creen que la gente aquí no tiene ni ojos ni oídos. Aquí todo mundo sabe que las bombas caen sobre la población civil”. Luego rechaza la versión oficial de Tel Aviv, según la cual la invasión militar fue provocada por Hamas, organización que controla la Franja de Gaza y la cual, después del fin de la tregua entre Palestina e Israel (19 de noviembre), lanzó misiles Al Kassam contra territorio israelí. “La tregua fue violada por el gobierno de Tel Aviv mucho antes del 19 de diciembre. Sólo durante noviembre pasado, el ejército de Israel asesinó a 17 palestinos de la Franja de Gaza”.
Arrigoni, quien ha visitado frecuentemente Gaza durante los últimos cinco años, dice que ha sido crítico de Hamas, “pero -aclara- reconozco que ahora (este movimiento) brinda ayuda a la población”. Afirma que “si esta guerra tiene por objetivo debilitar a Hamas, se está consiguiendo exactamente el resultado contrario”.
Y pone un ejemplo: “Desde el fin de la tregua, la población tenía la sensación de que habría un ataque de Israel. Los líderes de Hamas habrían podido escapar y refugiarse en Siria; no lo hicieron. Se quedaron a resistir los bombardeos junto con la población civil. No hacen lo mismo las autoridades palestinas en Ramalah. Al Fatah (la organización que tiene en sus manos el Poder Ejecutivo palestino y que controla Cisjordania) sólo espera llegar aquí para recuperar el poder”.
E insiste en que durante los primeros bombardeos “murieron decenas de policías. En los días siguientes hubo un serio problema de seguridad interna. Sin embargo, el gobierno de Hamas intervino para restablecer el orden. Ello le ganó el apoyo de la población”.
Pone un ejemplo: “Frente a las pocas panaderías aún abiertas hay filas de cientos de personas. Hasta hace unos días, conseguir pan terminaba en zafarranchos. Hamas impuso el orden y aseguró el reparto de lo poco que queda para comer”.
Arrigoni afirma que ser ciudadano europeo no le garantiza protección alguna de un ataque de soldados israelíes. “Quizás alguien ya decidió el destino de nosotros, los ‘voluntarios internacionales’, únicos testigos extranjeros en la franja”.
Comenta que la semana pasada el gobierno de Tel Aviv concedió la salida de Gaza de una monja italiana. Cuenta que el cónsul de Italia en Israel le habló por teléfono para invitarlo a seguir el ejemplo de la mujer. “Me negué”, afirma.
Confiesa: “Sabes, después de tantos años aquí, uno se siente palestino…”.
Y añade: “Si sólo más personas trataran por un minuto de ser palestinos, así como muchos fuimos hebreos cuando pensamos en el Holocausto, quizás esta masacre se hubiera evitado”.