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Europa: Involución laboral y democrática

21 settembre 2010 Lascia un commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 21 de septiembre de 2010.
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La recesión económica que vive el mundo desde hace dos años se transformó ya en una crisis del actual modelo de desarrollo. Sus consecuencias en Europa son “catastróficas”: pérdida de empleos, recorte de gastos gubernamentales en materia social, precariedad laboral y ataques a las libertades sindicales.

Así lo afirman dirigente sindicales europeos que visitaron México en ocasión de la Cuarta Conferencia Sindical Nacional que, convocada por el Centro de Investigación laboral y Asesoría Sindical (CILAS), se llevó a cabo del 3 al 5 de septiembre.

Entrevistados por Apro, Jacinto Ceacero, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) de España; Alessandra Mecozzi, representante de la Federación Italiana Obreros Metalúrgicos (FIOM), y Constantino Isychos, dirigente de la Federación de Empleados Públicos de Compañías de Aviación de Grecia, señalan que la recesión se convirtió rápidamente en una crisis social de magnas proporciones hasta tocar los aspectos fundamentales del orden democrático.

Expresan que existe una alternativa: que el movimiento sindical en Europa logre aglutinarse alrededor de la huelga general convocada para el próximo 29 de septiembre.

Un modelo común

Jacinto Ceacero dice que “los mensajes (del capitalismo) para salir de esta crisis son exactamente los mismos” a lo largo de todo el planeta. Explica que en España –donde la tasa de desempleo alcanzó 20%, la más alta de la Unión Europea (UE)–, el gobierno “está aplicando medidas antisociales muy severas”: el congelamiento de las jubilaciones hasta finales de 2011, nuevas normativas que cambian las reglas en la relación obrero-patronal, reducción del “ya bajo gasto social” y recortes salariales en el sector público.

Según Ceacero, dicho plan de austeridad –que debería permitir un ahorro de hasta 15 mil millones de euros– “recae completamente en la espalda de los trabajadores”, pues los recortes afectan muchos de los derechos laborales en España.

En este sentido, el dirigente de la CGT señala que la próxima huelga general, además de rechazar las medidas adoptadas por la UE en contra de la crisis, tiene algunos objetivos específicos, como es la oposición a la reforma laboral aprobada el pasado 9 de septiembre. En ella, acusa Ceacero, se flexibiliza aún más el despido y se permite “eludir” legalmente los contratos colectivos de trabajo.

Más importante aún, señala el secretario de la CGT, es la protesta en contra del desempleo en España. Actualmente hay cerca de 5 millones de desempleados en el país, equivalente a 20% de la población económicamente activa.

Sin embargo, dicho porcentaje se dispara hasta 40% entre los jóvenes. De esos 5 millones, afirma el sindicalista español, más de la mitad se quedó sin empleo en los últimos dos años y casi una quinta parte estaría completamente desamparada por no recibir ningún tipo de prestación social.

En ese contexto, el plan de austeridad del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero prevé la reducción salarial de 5% para los 2.6 millones de empleados del sector público, mientras continúa con las privatizaciones de importantes servicios del Estado: agua, electricidad, salud y educación.

Del mismo tenor son las condiciones en Grecia. Tras varios meses de protestas y cinco huelgas generales, el plan de austeridad acordado entre el gobierno del socialista Yorgos Papandreu, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) sigue su curso.

El sindicalista Constantino Isychos abunda sobre los recortes al sector público y hace especial énfasis en la supresión de 8% al sistema de jubilaciones que, en los planes gubernamentales, debería aportar un ahorro equivalente a 500 millones de euros anuales para los próximos dos años.

Explica: “Dicen que no tenemos propuestas alternativas, pero nosotros les hemos dicho: retiren los mil 200 soldados griegos que actualmente se encuentran en Afganistán”.

Según Isychos, esta presencia militar cuesta al Estado cerca de 500 millones de euros por año.

El dirigente sindical griego señala que de manera reciente en su país se aprobó una ley que permite a las empresas no firmar convenio colectivo en el caso en que los trabajadores estén de acuerdo. “Lo que ayer era un derecho y una obligación, hoy es una opción, es decir, los trabajadores hoy podemos renunciar a nuestros derechos”, apunta con ironía.

Comenta: “Antes de salir de Grecia, me preguntaron por qué venía a México. Les dije: ‘Los índices de desempleo en la juventud, de la crisis del trabajo, de las privatizaciones del sector público en Grecia, revelan índices que se asemejan más a los índices latinoamericanos y no a los europeos. Por eso quise conocer qué sucede aquí’”.

Por su parte, la sindicalista italiana Alessandra Mecozzi aborda los efectos de la crisis económica en su país. Indica que el gobierno de Silvio Berlusconi quiere reformar la ley laboral, limitar las libertades sindicales y recortar el gasto público.

Según la dirigente de la FIOM, “en el último año se perdieron cerca de un millón de empleos en el país”, lo que incrementó la tasa de desempleo a 8.4%.

Comenta que “la situación del trabajo en la UE es catastrófica”. Considera que la respuesta a la crisis es desigual, pues “cada gobierno trabaja por su cuenta”.

Lamenta que no exista un debate sobre el modelo productivo; es decir, acerca de “qué producir, cómo producir”, y señala que, por el contrario, hay “una especie de guerra comercial que orilla a los trabajadores europeos a pelear entre sí por los pocos nichos productivos que aún existen”.

En ese contexto, Mecozzi narra el actual conflicto que su central sindical sostiene con la mayor transnacional italiana, la automotriz FIAT, la cual, “bajo el chantaje de que si los trabajadores no aceptan las condiciones que ofrece, se va a otro país”, y ello está rompiendo el frente sindical italiano.

Mecozzi denuncia que “existe un contubernio entre gobierno italiano y la empresa (FIAT) para atacar al sindicalismo y a los derechos de los trabajadores”.

Recuerda las palabras del ministro de la Economía, Giulio Tremonti, quien en días pasados dijo que “los trabajadores no pueden esperar seguir viviendo con los privilegios del pasado”, e insiste en la estrategia adoptada por la FIAT. “Con el chantaje de la deslocalización productiva, la empresa está obligando a los trabajadores a aceptar condiciones humillantes de trabajo y contractuales”.

Según Mecozzi, FIAT, que pronto comenzará a producir su modelo 500 en las viejas instalaciones de Chrysler en la ciudad de Toluca, Estado de México, logró romper el frente sindical, ya que firmó un acuerdo por separado con las otras dos siglas sindicales, UIM y FIM que, junto a FIOM, detentan el contrato colectivo nacional de trabajo del sector.

Crisis sistémica y democrática

“Creo que Grecia es el eslabón débil de la UE y se está convirtiendo en un laboratorio político social del neoliberalismo”, afirma Constantino Isychos.

“Por primera vez, el FMI entró directamente en un país de la eurozona en calidad de regulador de la economía nacional”, lo cual, afirma, sienta un importante precedente.

La dirigente italiana lee el evento como un fuerte golpe simbólico: “El acuerdo UE-FMI fue un asunto también de visibilidad política para decirnos: ‘Aquí decidimos nosotros’”. Añade que, “en el plano del imaginario colectivo, ese fue un golpe muy fuerte”.

Según Mecozzi, la actual es “una crisis extraordinaria”.

Explica: “Hemos vivido muchas, pero esta es una crisis estructural, sistémica, del modelo social, del modelo de desarrollo que produjo la globalización”. Además, continua, “es también una crisis energética, ambiental y también del punto de vista político y democrático”.

En este aspecto, Isychos afirma que con la protesta de hace dos años por la muerte de Alexis Grigoropoulos surgió algo nuevo en el país: “Los jóvenes adolescentes, que nunca habían leído a Marx o Lenin, que ni siquiera sabían qué significaba ser de izquierda, sintieron que el Estado neoliberal les había declarado la guerra, les había robado sus sueños, su futuro, sus estudios, su trabajo. Esos jóvenes, dos años después (en 2010), son el alma de la movilización en Grecia”.

Sostiene que esta es “una crisis económica y financiera, pero también cultural. Hay una afectación directa a la democracia. Están prohibiendo la firma de convenios sindicales entre las partes. Las libertades cívicas están en peligro. Están convirtiendo a las constituciones políticas en papales sin valor. Esta crisis afecta no sólo a los sindicatos o a los trabajadores, sino a toda la sociedad”.

Y señala que los sujetos más afectados “son los migrantes, los desempleados, los jóvenes y las mujeres”.

Mecozzi indica que “el aspecto financiero fue sólo la superficie de algo más profundo que se asomó luego en lo económico, lo social, lo ambiental, en fin la crisis del modelo de desarrollo”.

Señala que es importante oponerse a los resultados sociales de esta crisis, pero también es necesario “construir una perspectiva distinta para el futuro”. La dirigente sindical italiana acepta que la crisis estructural no necesariamente generará un cambio de modelo, sino más bien “puede generar algo peor de lo que tenemos ahora”. Sin embargo, añade que “si logramos resistir los efectos más desastrosos de esta crisis, podemos razonar con perspectiva y, por ejemplo, pensar en “una conversión del modelo productivo”.

La dirigente de la FIOM denuncia que aunque los costos de esta crisis “se están descargando sobre los de siempre”, se generó también una fuerte crisis social que está produciendo a su vez “un fuerte sentimiento de miedo” en la sociedad. El crecimiento del racismo “institucional y social” en Italia sería un indicio de ello.

Lo anterior, concluye, “nos indica que estamos frente a un proceso de transformación y transición a un modelo muy autoritario. No es el fascismo clásico, pero sí es populista-autoritario”.

La rebelión en Grecia y los migrantes

15 gennaio 2009 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 15 de enero de 2009
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Entre tanta rabia desahogada en las ciudades griegas en las últimas semanas, todos nos hemos concentrado en mirar –y en ocasiones, admirar– a estos jóvenes que no se rinden y no aceptan la negación del futuro que el moribundo sistema neoliberal en Grecia y en otros lugares de este mundo trata de imponerles. Jóvenes estudiantes, pero también jóvenes precarios, trabajadores atípicos, subcontratados y muchas más definiciones para tratar de ubicar a estas rebeliones que pusieron en jaque mate al gobierno de Atenas y quitaron el sueño a los gobiernos italiano y francés –por no mencionar a los demás–, que tuvieron el miedo de un contagio continental.

Y sin embargo pocos observamos la presencia de una componente migrante en el interior de la protesta helénica. El Foro griego de las Migraciones, en un comunicado de prensa que emitió hace algunas semanas, trató de poner énfasis en la conexión entre la brutalidad policiaca y la migración. En efecto, si la revuelta griega se desata por el homicidio de un joven estudiante –afirma la organización helénica–, hay que recordar que los migrantes esa misma violencia la sufren a diario: sólo dos semanas antes del estallido griego, un ciudadano paquistaní que estaba esperando respuesta a su petición de refugio –obviamente efectuaba la espera como “huésped” de un centro de identificación y expulsión– fue asesinado por un policía a golpes. Es por eso que la red migrante que se encuentra reunida en el mencionado foro se ha dedicado a llevar a cabo manifestaciones antirracistas de manera coordinada con la protesta juvenil. Y poco importa si los medios de comunicación oficialistas hicieron de toda demostración la misma sopa: en las calles de Atenas, las demostraciones eran en contra de la brutalidad de la policía, mas también en contra de su naturaleza racista y discriminante.

Por el otro lado, sería una limitación pensar la participación migrante solamente a través de la vía institucionalizada del foro migrante griego, pues en las calles de Atenas numerosos colectivos atestiguan la presencia espontánea de grupos migrantes que de forma natural se juntaron a los jóvenes helénicos: son los hijos de migrantes, los llamados “migrantes de segunda generación”, que antes que muchos otros ciudadanos griegos sufren las razones de la protesta: precariedad laboral, cerrazón frente al sistema educativo nacional, represión y discriminación, ausencia de perspectivas futuras, “boletinaje” social. De tal manera que las rebeliones en Grecia están hoy representando la complejidad de las relaciones del nuevo y hasta hace poco invisible mestizaje social. A través de la mezcla espontánea de estos dos –y muchos más en realidad– rastros de la protesta, el juvenil y el migrante, los migrantes bajan a la calle en ocasiones compactos, mas en muchos más casos mezclados y dispersos en el interior de la revuelta generalizada. Una muestra más de que las diferencias puede que residan en los orígenes individuales, y quizás de grupo de pertenencia, pero desaparecen inmediatamente frente al común destino pensado por los de arriba: el racismo es parte integrante del contexto de disciplina de la educación y de la precariedad laboral, borrando cualquier distinción entre ciudadanos y extranjeros.

La muerte del joven Alexis Grigoropoulos, estudiante de clase media, de una escuela privada, que vivía en uno de los barrios más acomodados de la capital griega, deja de ser un episodio aislado. Al contrario, los nuevos rebeldes griegos la asimilan y le asignan el mismo valor que la muerte del migrante paquistaní que peleaba por que se le reconociera el estatus de refugiado, y de todos los migrantes que a diario mueren en las difíciles fronteras helénicas.

Este aspecto queda claro al leer el comunicado emitido por la organización de migrantes albaneses. En él se lee claramente la reivindicación de esa segunda generación de migrantes que, a diferencia de sus padres, que “llegaron con la cabeza agachada a pedir un espacio en la sociedad griega”, hoy se sienten parte de esa sociedad y en ella reivindican igualdad de derechos. Se asimilan a la sociedad griega y manejan el horizonte común de los migrantes de segunda generación que en años recientes se rebelaron en las calles de París. Pero al mismo tiempo, con gran agudeza, miran hacia atrás los que acaban de llegar desde “afuera” del país. No quieren ser integrados, sino que quieren existir ellos junto a los jóvenes griegos y junto a los que piden una oportunidad nueva que en su país de origen no tuvieron. Dicen: “Igualdad de derechos, en las calles, en los sueños, para todos”. Y terminan su comunicado: “Estos días son también nuestros”. Explican que estos días son también para todos aquellos asesinados en las fronteras griegas y europeas, en los centros de identificación y expulsión y en los centros de trabajo. Estos días, dicen, son también para Gramos Palusi, Luan Bertelina, Edison Yahai, Tony Onuoha, Abdurahim Edriz, Modaser Mohamed Ashtraf y muchos más que han sido olvidados. Son días que se deben dedicar a la violencia diaria de la policía, misma que no ha recibido castigo o respuesta alguna.

La reivindicación que la componente migrante hace de estas protestas no deja de sorprender y regresa la esperanza a quienes desde hace años auspician el protagonismo migrante como solución no única ni mejor, pero sí necesaria, para que esta sociedad en la que vivimos deje de ser multiétnica y se convierta definitivamente en una sociedad mestiza.