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Afganistán, dinero para los talibanes

19 novembre 2010 Lascia un commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 19 de noviembre de 2010.
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“Los contratistas privados de seguridad (en Afganistán) pasaron dinero de los contribuyentes estadounidenses a los señores de la guerra afganos y a hombres fuertes directamente conectados con asesinatos, secuestros, actos de corrupción, así como con actividades de los Talibanes y otras en contra de la coalición” de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF).

De las más de 26 mil personas que operan en Afganistán en calidad de “personal privado contratado para la seguridad”, “muchos están asociados con grupos armados fuera del control gubernamental”. Por lo anterior, “la proliferación de personal privado de seguridad en Afganistán es incompatible con la estrategia de contrainsurgencia” promovida por el Comando Central de Estados Unidos en el país asiático.

Éstas son las conclusiones de la Comisión de Fuerzas Armadas (CAS) del Senado de Estados Unidos (EU), publicadas el pasado 28 de septiembre en un documento titulado “Investigación acerca del rol y la negligencia de los contratistas privados de seguridad en Afganistán”.

Los juicios de los senadores norteamericanos representan el último de una larga serie de reveses para la administración Obama, empeñada en retomar el control de la cada vez más complicada misión en el país asiático. Los miembros de la CAS, entre los cuales figura el excandidato presidencial republicano John McCain, señalan también que las empresas contratadas por el gobierno de EU “no están respetando los protocolos, ya que no controlan de manera adecuada los perfiles del personal local contratado“.

Aunado a lo anterior, las mismas empresas “están minando la posibilidad para el gobierno afgano de retener el personal” de las fuerzas de seguridad nacionales, ya que “reclutan su personal ofreciéndoles mejores salarios”.

Los señores de la guerra

La investigación de la CAS se realizó durante el año 2009, a través de la lectura de “cientos de miles de archivos” proporcionados por el Departamento de Defensa (DoD), por la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y por empresas privadas de seguridad contratadas por el gobierno de Washington.

En particular, los analistas de la CAS se concentraron en los más de 26 mil agentes de seguridad privados presentes hoy en Afganistán, cifra incluida en los 112 mil contratistas del gobierno de Estados Unidos empeñados también en otras actividades. Una cantidad importante, indica el documento, pues “cuando la 101ª División Aerotransportada del Ejercito (de EU) ocupó al país en 2001, se desplegaron 20 mil soldados”.

Uno de los casos denunciados comenzó en marzo de 2007, cuando la Fuerza Aérea de EU encargó a la empresa Environmental Chemical Corporation (ECC) la construcción de una base aérea en la localidad de Shinand, en la provincia de Herat, en el noroeste del país. A su vez, ECC contrató los servicios de seguridad de la empresa inglesa ArmorGroup International (AGI).

La empresa de seguridad privada, ya presente en la lista de más de 70 empresas contratadas por el DoD para sus operaciones en Afganistán, en su búsqueda de personal para dicha misión de “protección” reclutó a “dos señores de la guerra” que la misma empresa identificó con el nombre de Mr. White y Mr. Pink.

Los dos no mejor identificados ciudadanos afganos fueron, según indica el reporte, “recomendados por personal militar de EU”, ya que en estos dos hombres encontraban “el punto de contacto local para evitar las largas filas de gente buscando trabajo”. El primer grupo proporcionado por AGI a la empresa ECC e integrado por personal de los dos “señores fuertes” de la región comenzó a operar en junio de ese mismo año.

Sólo un mes después, en julio, el llamado Mr. White fue objeto de un atentado, justo en las inmediaciones de la base en construcción. El episodio nunca fue aclarado. Sin embargo, el 12 de diciembre siguiente, el Mr. White fue otra vez atacado.

El documento del Senado de EU describe la batalla que se generó en el mercado local a raíz del atentado. Dos grupos oponentes: el de Mr. White y sus “fieles” y otro grupo guiado por Mr. Pink, quien finalmente logró matar a su par. El enfrentamiento, que es descrito por los testigos como “un reglamento de cuentas de estilo mafioso”, dejó sin “personal” a la empresa AGI, ya que el asesino (y subcontratista de AGI) “se fue a un pueblo cercano y se reunió con combatientes talibanes”.

Para suplir dicha falta, la empresa buscó al hermano de la víctima –identificado con el nombre de Mr. White II-– para encargarle el trabajo. Además, denuncian los autores del reporte, AGI siguió trabajando con los hombres del desaparecido Mr. Pink durante al menos otro mes.

En efecto, señala el reporte, “este personal fue despedido sólo cuando se descubrió que pasaban información a Mr. Pink acerca de nuestros movimientos de y hacia Herat y las rutinas de seguridad de la base”.

La trayectoria del nuevo “punto de contacto” está también llena de episodios poco claros. Según la investigación, no sólo hubo reportes internos a la empresa que señalaban que “el sujeto apoyaba las operaciones de los talibanes”, ofreciendo a los comandantes insurgentes “mucho del dinero de sus contratos”, sino que además Mr. White II fue el protagonista de actos de corrupción de las autoridades locales, en particular del responsable del Ministerio de la Defensa afgano en Herat.

La investigación del Senado de EU descubrió, finalmente, que el nuevo encargado por AGI de proveer de personal de seguridad para sus operaciones, el llamado Mr. White II, murió el 21 de agosto de 2008, en una operación en búsqueda del mullah Sadeq, considerado a su vez “un valioso comandante talibán”.

Las fuerzas del ISAF orquestaron un operativo que condujo a un bombardeado del pueblo de Azizabad. Durante dicho operativo murieron Mr. White II y otros siete hombres de su “equipo” mientras estaban reunidos con el jefe talibán. Junto a ellos perdieron la vida más de 90 civiles, en la que fue una de las operaciones mayormente criticada por la opinión pública internacional.

El clamor generado por dicho bombardeo obligó al entonces presidente estadounidense George W. Bush a realizar una llamada telefónica al presidente afgano Hamid Karzai “para expresarle su pesar por las muertes civiles”. A pesar de las “advertencias”, AGI y sus filiales no dejaron de tener relaciones con los hombres del extinto Mr. White II.

Miembros de la empresa contactaron con el hermano del “señor de la guerra local” y le encargaron la búsqueda de “mano de obra”. De esta manera, AGI firmaba otro contrato con el nuevo referente, indicado con el nombre de Mr. White III.

Acusaciones

El reporte del Senado de Estados Unidos señala otros casos “sensibles”, como el de la empresa Eod Technology que contrató “señores de la guerra” de la localidad de Adraskan, entre los cuales figuró el llamado “General” Said Abdul Wahab Qattili, quien fue señalado por los servicios secretos militares de EU como “el comandante del grupo de Herat encargado de conducir la Jihad (“guerra santa”)” en 2003.

El mismo “general” estaría además involucrado en operaciones de transmisión de información “acerca de las operaciones de Estados Unidos en Afganistán” a gobiernos extranjeros, entre los cuales, afirma el documento, se encontraría Irán.

Más adelante, la investigación de la CAS indica que “en el afán de evitar problemas como los ilustrados”, actualmente las empresas de seguridad privadas “contratadas por el gobierno de Estados Unidos” están “substrayendo personal a las fuerzas locales (afganas) de seguridad”, entre éstas la Policía Nacional Afgana (ANP) y el mismo Ejercito Nacional Afgano (ANA).

Según los senadores estadounidenses, las empresas privadas de seguridad, como ArmorGroup, pagarían a su personal un promedio de 275 dólares mensuales contra los 70 que “un miembro de segunda clase” de la ANP recibiría.

Finalmente, la investigación finca una larga serie de responsabilidades al Departamento de Defensa (DoD) de Estados Unidos, primer responsable de las contrataciones de empresas privadas de seguridad en Afganistán.

No sólo “el DoD aparentemente contrata a empresas que no tienen la suficiente experiencia”, sino que demostró “negligencia en el control de la actuación de dichas empresas”. En el “raro caso” de identificar fallas en las operaciones de estas empresas, el DoD se ha demostrado “incapaz de corregir las serias deficiencias encontradas”.

La CAS revisó todos los contratos establecidos entre 2007 y 2009, y detectó en las auditorias realizadas por el DoD a las empresas “con deficiencias”, pero tomó “medidas correctivas” en sólo cinco casos.

Aunado a lo anterior, el Pentágono no sería capaz de controlar la cadena de subcontratistas que se derivan de los primeros contratos firmados entre el DoD y las empresas de seguridad. El resultado, denuncia el documento, es que “ningún oficial gubernamental controló las identidades y los perfiles de los guardias de seguridad subcontratados”.

Dichas guardias “utilizaron drogas, atentaron en más de una ocasión contra personas del Ministerio de Defensa de Afganistán, dejaron su lugar de guardia para buscar venganzas por pleitos locales y proporcionaron, conscientemente, información a los señores de la guerra afiliados a los talibanes”.

Afganistán: El papel de China

20 agosto 2010 1 commento
El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 21 de agosto de 2010.
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Mientras la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF) sigue librando la batalla en contra de los Talibanes, China realizó la mayor inversión directa extranjera en la historia del país asiático por 3 mil 500 mil millones de dólares.

La compañía estatal China Metallurgical Group ganó en meses recientes la licitación para la explotación de un importante yacimiento de cobre en la localidad de Aynak, en la provincia de Logar, ubicada en el sur de Afganistán.

Lo anterior, según analistas estadounidenses, no sólo revela que el gobierno chino “considera que la situación (de la guerra) está en favor de la Coalición internacional”, sino que Estados Unidos “no debería asustarse”, pues dicha intervención china “bien podría representar una confluencia de buenas intenciones por parte de los afganos, la fuerzas de la coalición, la República Popular y otros actores regionales”.

En un documento titulado “El rol de China en la estabilización de Afganistán”, publicado el 8 de julio pasado por el Instituto de Estudios Estratégicos (SSI) del Colegio de Guerra de Estados Unidos, se analizan causas y potenciales consecuencias de la reciente decisión del gobierno de Pekín.

Firmado por el coronel Greg Kleponis, de las Fuerzas Aéreas de EU (USAF), el análisis explica que la relación “ambivalente” de China con Afganistán ha sufrido recientemente un cambio. Y añade: “Para entender el diagnóstico (de China) acerca del futuro de Afganistán, es suficiente mirar en donde (los chinos) apuestan el dinero”, pues, asegura el autor, “China siempre invierte en el éxito”.

El gobierno de Pekín, afirma el documento, “con un solo movimiento extendió sus manos sobre un recurso vital, realizando la mayor inversión en la historia de Afganistán”.

Aunque China ya es el segundo exportador en Afganistán después de Pakistán, la nueva inversión representa el proyecto hasta ahora más relevante de Pekín en el vecino país en conflicto. En particular, el yacimiento de Aynak representaría el mayor depósito no explotado de cobre en el mundo, calculado en un valor cercano a los 88 mil millones de dólares.

El acuerdo firmado entre el gobierno chino y el afgano se concretó en una inversión de 3 mil 500 millones de dólares por los próximos 30 años.

Según e documento del SSI, dicho gasto corresponde al 20% de toda la ayuda extranjera otorgada al país desde 2001, y las ganancias estimadas por la explotación del yacimiento alcanzarían el 45% del presupuesto anual del gobierno de Kabul.

El proyecto chino, promovido a través de la empresa paraestatal China Metallurgical Group (MCC), prevé la construcción de una planta de generación de energía eléctrica de 400 megawatts, que surtiría tanto la mina como la capital del país.

Además, junto a la infraestructura para servir a la explotación del mineral, el contrato entre los dos gobiernos prevé la construcción de escuelas, carreteras e “incluso mezquitas”.

De acuerdo con el análisis, los costos que implica construir “tantas infraestructuras en un ambiente con una nivel de seguridad tan volátil” son prohibitivos para muchas empresas privadas. Sin embargo, para China “el precio es tolerable, pues contribuye a los planes de Pekín, que busca desarrollar sus puentes hacia el occidente”.

La inversión china produciría cerca de cinco mil puestos de trabajo directos, “90% de los cuales serán afganos”, y cerca de 20 mil trabajos indirectos.

El autor del análisis, el coronel Kleponis, quien también entrena tropas de las Fuerzas de Seguridad Pública de Afganistán (APPF), afirma que “fundamentado en la estructura patriarcal afgana, estos puestos de trabajo se pueden multiplicar por 10”, es decir que “por cada trabajador va a haber unos diez familiares beneficiados”.

Más adelante, el documento señala que tras los nuevos estudios geológicos en Afganistán, mismos que “revelaron importantes yacimientos minerales”, el acuerdo de Aynak es visto por los demás inversores extranjeros “como un papel de tornasol que ofrecerá pistas sobre cómo Afganistán toma acuerdos con empresas extranjeras y también sobre sus niveles de corrupción”.

Críticas

El documento dedica un apartado para analizar las críticas que se generaron acerca de dicho proyecto en el seno de las fuerzas militares de Estados Unidos. Dicha inversión, explica el análisis, pone en ventaja a China, aunque la operación se realice bajo la “seguridad (relativa) garantizada por el ejército de Estados Unidos”.

Lo anterior, advierte Kleponis, despertó críticas en el sentido de que China estaría “aprovechando” los esfuerzos de la Coalición internacional. “Dicho en otras palabras: la Coalición está esparciendo sangre y los chinos se hacen del dinero”.

Aunque en parte lo anterior es cierto, admite el analista, “también es cierto que la seguridad (en Afganistán) está lejos aún de ser garantizada y China está tomando un gran riesgo”.

Afirma: “La conclusión es inevitable: las tropas estadounidenses están ayudando en asegurar la inversión china”. Y añade: “De haber ganado (la licitación) una empresa de Estados Unidos, las críticas habrían caído sobre las reales intenciones de Washington en Afganistán”.

El documento pregunta: “Si eso puede ser cierto ahora, ¿la estabilidad en el largo plazo, la creación de puestos de trabajo […] no son nuestros objetivos en Afganistán?”.

La verdadera duda que hay que resolver, según el análisis, es “cuánto de esa inversión estimulará realmente la economía de Afganistán”. Esta es la cuestión fundamental, afirma Kleponis.

Y añade que “Estados Unidos no debería preocuparse porque China quiere establecer una buena relación política y económica con el gobierno de Kabul”. Lo anterior, porque “debemos recordar que China también es afectada por la inestabilidad” en el país asiático.

En un contexto de este tipo, finaliza el análisis, el proyecto chino bien podría representar una confluencia de buenas intenciones por parte de los afganos, las fuerzas de la coalición, la República Popular y otros actores regionales”.

El modelo chino

El Coronel Greg Kleponis analiza el proyecto chino en Afganistán a la luz de la política de inversiones que Pekín realiza en el continente africano. Según el analista estadounidense, la presencia económica y política china en África es el modelo que se estaría aplicando en Afganistán.

La extracción petrolera en Angola y en Sudán, la explotación minera en Zambia, la reforestación en Mozambique y la construcción de infraestructuras en la República Democrática del Congo, son ejemplos de “la capacidad de China de perseguir agresivamente oportunidades” alrededor del planeta.

| Según el analista, además de “las evidentes ventajas comparativas tanto en lo económico como en lo financiero”, serían dos los ejes de dicha política de inversión directa en el mundo. “China tiene un discurso político y social en África” que le permite presentarse como a una “potencia no colonial”, pues en el pasado fue también víctima del colonialismo.

En este contexto, el primer eje de influencia sería el de “jugar el papel de presentarse como un país en vía de desarrollo con éxito”. Por otro lado, añade el documento, “China propone un modelo de desarrollo alternativo que pone la estabilidad por encima de la democracia”.

En efecto, abunda el analista, “los chinos tienen una política oficial de no intervención en los asuntos internos” de cada país.

Si bien el primer aspecto es cierto, afirma Kleponis, “el segundo elemento es fuente de críticas en el Occidente, pues acusamos a China de estar haciendo caso omiso a los casos de violación de derechos humanos en los países en donde invierte”.

Esta postura, admite el analista, “resulta atractiva para los países en vía de desarrollo que, al contrario, no aceptan los sermones de los países occidentales que condicionan todo tipo de ayuda a las reformas políticas y sociales”.

“Es más –abunda–, el gobierno chino está abiertamente promoviendo el estilo económico chino”, mismo que consistiría en “un sistema de mercado estrictamente controlado por la prioridad de mantener un partido único, un gobierno totalitario”.

Los mensajes de la CIA

12 aprile 2010 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, nº 1724, el día 12 de abril de 2010.
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Si un “baño de sangre” en Afganistán ocurriera durante el verano, la población europea podría mostrar una “activa y políticamente poderosa hostilidad” hacia la misión militar que la Organización del Tratado del Atlántico Norte lleva a cabo en ese país, advierte un documento “secreto” de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).

Ante tal escenario –señala el texto–, es necesario desarrollar estrategias de comunicación para “prevenir o al menos contener una reacción de oposición” a la guerra en Afganistán y preparar a la opinión pública de la Unión Europea (UE) a “tolerar un elevado número de bajas militares y civiles” en la nación asiática.

El documento de la CIA está fechado el pasado 11 de marzo, tres semanas después de que el gobierno de Holanda retiró su apoyo a dicha misión militar y después de que la ciudadanía de dos países cruciales de la UE –Francia y Alemania– han expresado su rechazo a mantener la presencia de tropas en Afganistán.

El documento tiene un título explícito: Afganistán: sosteniendo el apoyo de Europa Occidental a la misión de la OTAN; porque contar con la apatía podría no ser suficiente. Está marcado con las palabras “confidencial” y “Noforn” (No Foreing National) que, de acuerdo con la clasificación del gobierno de Estados Unidos, significa que no puede ser visto por representantes de naciones extranjeras.

Pese a ello, el colectivo WikiLeaks lo publicó el pasado 26 de marzo en su portal de internet, justo unos días antes de difundir el video que dio la vuelta al mundo en el que se aprecia cómo los pilotos de un helicóptero estadunidense disparan contra un grupo de civiles desarmados en Irak.

Según se desprende del documento, el director de la CIA, León Panetta, encargó a CIA Red Cell –una instancia interna de investigación creada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001– realizar un análisis sobre el apoyo que recibe la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) de la OTAN en Afganistán.

Más aún, pidió que, derivado de ese análisis, la CIA Red Cell propusiera una “una postura ‘no

convencional’ que provoque intercambio de ideas y ofrezca un punto de vista alternativo…”.

La crisis holandesa

Casi de entrada, el documento señala que “la caída del gobierno holandés (…) demuestra la debilidad del

apoyo europeo a la misión ISAF en Afganistán”.

En efecto, la coalición de centroizquierda que gobernaba a Holanda desde 2006 se fracturó debido a los desacuerdos sobre la duración de su misión militar en Afganistán. Los demócratacristianos, encabezados por el primer ministro Jan Peter Balkenende pedían extender la presencia de los mil 600 soldados holandeses desplegados en la provincia afgana de Uruzgán. Los socialdemócratas se opusieron. Después de 16 horas de infructuosas negociaciones, éstos retiraron su apoyo a Balkenende, quien no tuvo más remedio que anunciar el pasado 20 de febrero la disolución de su gobierno.

El calendario original de la misión militar holandesa prevé su retiro durante el presente año, pero –según publicó la prensa europea–, la OTAN presionó al gobierno de Holanda para que mantuviera sus tropas hasta agosto de 2011.

El citado documento de la CIA refiere que encuestas de la Oficina de Inteligencia e Investigación (UNR, por sus siglas en inglés), dependiente del Departamento de Estado, muestran que 80% de la población de Alemania y de Francia se opone a un eventual aumento de tropas de sus países en Afganistán.

Sin embargo, subraya que dicha oposición es pasiva y que la “apatía” de la población de esas dos naciones europeas ha permitido a sus gobernantes incrementar la presencia de soldados en la misión de la ISAF. Advierte que tal “indiferencia puede convertirse en abierta hostilidad si los combates en verano registran bajas entre militares de la OTAN y civiles afganos”.

Hace notar que los gobernantes franceses y alemanes están preocupados por los efectos que esta oposición pueda tener en sus respectivos procesos electorales. Además, señala, se corre el riesgo de que “el debate estilo holandés se esparza en los otros países que contribuyen con tropas” en Afganistán.

Ante tal escenario, el documento propone estrategias de comunicación que puedan “prevenir o al menos

contener una reacción de oposición” a la presencia de las tropas de la OTAN en el país asiático.

Considera que la población europea “podría estar mejor preparada para tolerar un elevado número de bajas militares y civiles si perciben una conexión clara entre sus propias prioridades y la presencia de tropas de sus respectivos países en Afganistán”.

Estrategia de comunicación

El documento de nueva cuenta se enfoca en la población de Francia y Alemania. En el primer caso, sugiere elaborar mensajes que atiendan la preocupación de los franceses por los civiles y refugiados afganos. Es decir, posicionar en la opinión pública gala que la presencia de la ISAF “beneficia a los civiles” del país asiático. De igual manera, “enviar mensajes que dramaticen las consecuencias adversas para la población civil afgana en caso de la derrota de la misión de la ISAF”. Añade que ello “podría elevar el sentimiento de culpa por un eventual abandono” del país asiático.

Respecto de los alemanes, el documento dice que “están preocupados por el despilfarro de recursos. Dicen

que (la guerra) no es un problema alemán y objetan las razones de la misión” de la ISAF.

Sugiere: “Cierta oposición se puede revertir gracias a los avances en el terreno, señalando las consecuencias en Alemania de una eventual derrota y asegurando que el país es un socio importante en la guía de la misión”.

También recomienda “subrayar la contradicción entre el pesimismo alemán y el optimismo de la población afgana (por la presencia de la ISAF) con el propósito de cambiar la percepción de que existe un desperdicio de recursos”.

Al mismo tiempo aconseja “dramatizar las consecuencias de una derrota (de la ISAF) para los intereses directos de Alemania. Por ejemplo, la exposición al terrorismo, la entrada de opio (a territorio alemán) y el aumento de refugiados”.

Finalmente, sugiere “enfatizar los aspectos humanitarios de la misión”, pues, “a pesar de su alergia a los conflictos armados, los alemanes ya demostraron que son responsables con sus aliados de la OTAN”, tal como ocurrió en los noventa durante la guerra en los Balcanes.

El documento señala además que la población de Francia y Alemania confía en la capacidad del presidente Obama para manejar las cuestiones internacionales en general y la situación afgana en particular. Sugiere que en ambas naciones la opinión pública “podría ser perceptiva a una afirmación directa (de Obama) sobre la importancia de los dos países en la misión (…) Así como podrían ser sensibles a una declaración que señalara la decepción hacia los países que no ayudan”.

Por último, el análisis indica que las mujeres afganas pueden ser utilizadas para enviar “un mensaje ideal” que tenga el objetivo de “humanizar el papel de la ISAF en el combate en contra de los talibanes”. Según el documento, las mujeres afganas tienen la “habilidad para hablar de cosas personales, de sus aspiraciones, de sus experiencias bajo el régimen de los talibanes y de sus temores si éstos llegan a ganar” la guerra.

Afganistán: el avance talibán

13 marzo 2009 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 13 de marzo de 2008.
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“Los talibanes tienen hoy una presencia permanente en el 72% del país (Afganistán). Esta cifra es superior al 54% calculado en noviembre de 2007”.
Este es el resultado concreto del estudio presentado en diciembre de 2008, titulado “El esfuerzo para Kabul: el avance talibán”, realizado por ICOS (Consejo Internacional para la Seguridad y el Desarrollo), centro de estudios e investigaciones independiente europeo, con sede en Londres.
El estudio explica que, a pesar de que estuvieron acorralados y prácticamente vencidos a finales de 2001, “los talibanes han experimentado un resurgimiento que ha venido creciendo a partir de 2005”.
Es decir, dice, “el incremento de la extensión geográfica” de su presencia, “ilustra que las estrategias políticas, militares y económicas de los talibanes son actualmente más exitosas que las promovidas por la alianza occidental (OTAN e ISAF)”.
El estudio apunta, así mismo, que, “con base en las zonas rurales del sur del país, los talibanes hoy están a las puertas de la capital, Kabul, y ya la están infiltrando con sus actividades”.
Con base en dicha realidad, consigna el documento, de querer tener éxito en Afganistán, “la OTAN tiene que cambiar radicalmente de estrategia”.

Al borde del precipicio

Presentado por ICOS, el documento es parte de una serie de investigaciones que abordan los temas de seguridad global, seguridad y salud pública, y abarcan a tres países específicos: Afganistán, Irak y Somalia.
ICOS explica que “en los últimos tres años, nuestras investigaciones y análisis han detectado una serie de errores cometidos por la comunidad internacional en su intención de pacificar a los insurgentes afganos”.
Admite que hubo algunos avances en la estrategia occidental, como “abrir el debate a nivel internacional acerca del envío de más tropas”. Sin embargo, sostiene que “un error grave ha sido el de que las acciones militares siguen causando la muerte de civiles”.
Otro error, dice, es que “hubo graves lagunas en los programas de ayuda y desarrollo, así como en los programa de erradicación de amapola”.
Más adelante, el documento menciona que “la incapacidad local e internacional para contrastar la habilidad de radicarse de los talibanes, así como el fracaso por parte de la OTAN de garantizar la seguridad en el país, han llevado al país y al gobierno de Karzai al borde del precipicio”.
Finalmente, los analistas de ICOS sentencian: “Será necesario hacer mucho más que vencer militarmente a los talibanes para que se recobre la confianza, especialmente en el sur del país”.
A este estudio, le precede otro, presentado en diciembre de 2007, con el título de “Enfrentando al caos: Afganistán al borde”. El documento presentaba desde entonces una situación de extrema precariedad. “El 54% del territorio afgano tiene presencia estable de los talibanes”.
Además, indicaba que el panorama que se dibuja hoy “es peor y denuncia las faltas estratégicas aliadas”.
Los integrantes de ICOS ya eran tajantes en su apreciación: “Los talibanes están actualmente dictando los términos políticos y militares en Afganistán”.
El informe confirmaba también las noticias presentadas por medios alternativos europeos acerca de presuntos encuentros entre el gobierno afgano, presidido por Hamid Karzai, y los rebeldes: “A nivel nacional, son comunes las pláticas de reconciliación entre oficiales electos del gobierno afgano y elementos no mejor definidos del ala moderada de los talibanes”.
Y añadía: “A nivel local, los talibanes están maniobrando hábilmente para cubrir los vacíos de poder y frecuentemente ofrecen una generosa versión de control territorial en las pautas marcadas por su antigua presencia en el gobierno”.
El documento elaborado por el ICOS presentaba algunos mapas de Afganistán, en los que aparecen las supuestas zonas de mayor influencia de los talibanes. El cálculo para tales aseveraciones, señalaban los analistas de la organización europea, “se basa en el recuento de los ataques insurgentes conocidos públicamente, aunque no se descarta que haya más ataques que ignoramos”.
Según este criterio, el estudio ICOS afirma que todo 2008 “en el 72% del territorio afgano hubo un ataque insurgente por semana (mínimo)”, lo que lleva a afirmar “que en el 72% de Afganistán, los talibanes tienen una presencia permanente”.
Sobre las mismas bases y gracias a sondeos locales que apuntan a medir la percepción de la población local, el estudio añade que “en otro 21% del territorio la presencia de talibanes es substancial”.
Finalmente, el estudio afirma que en el restante 7%, sobre todo en los territorios al norte de la capital, Kabul, “la presencia insurgente es ligera”.
Los mismos mapas señalan las zonas del país con el mayor número de fallecimientos, divididos en tres categorías: civiles, militares e insurgentes. Las muertes civiles se ubican claramente en los territorios al sureste del país, en las cercanías de la capital.

El secreto del éxito

El estudio de ICOS abunda también en un análisis de las estrategias de los talibanes. “El éxito talibán se puede atribuir sobre todo al uso que hacen de un amplio abanico de medidas asimétricas que logran contener a la superioridad militar de la OTAN”.
Explican los analistas europeos que, “gracias al diseño de un sofisticado abanico de tácticas de terror y a una compleja red de inteligencia, los talibanes han logrado esparcir instabilidad a lo largo de todo el país”.
“A través de secuestros y atentados, inclusive en Kabul, la guerra ya no se pelea en las periferias del país, sino en su propio corazón”, explica el documento. Añade: “Hubo una serie de ataques como, por ejemplo, el audaz ataque a la cárcel de Kandahar de junio de 2008, que arrojó prestigio a la organización e indicó la capacidad que tiene de evadir la detección por parte de las redes de inteligencia afganos y aliados”.
Señala el análisis que los talibanes estarían ganando también “en otro frente crucial: la batalla por los corazones y las mentes”.
“A través del golpeteo acerca de las muchas quejas locales en contra de la OTAN-ISAF y en contra del gobierno de Kabul, desde la erradicación de amapola hasta las muertes de civiles en los bombardeos, el elevado nivel de desempleo y subdesarrollo que denuncia el desperdicio de millones de dólares”, indican los investigadores, “los insurgentes han tenido éxito en atraer la simpatía más allá de sus bases tradicionales y en ganar en cierta medida la legitimidad política entre muchos afganos”.
Ya en 2007, recuerda ICOS, “se había detectado que más de un cuarto de la población expresaba su apoyo a los talibanes”.
Por eso, afirma el estudio, “esta expansión talibán se debe fundamentalmente a las faltas por parte de la comunidad internacional”. Es decir, que “la comunidad internacional no ha sido capaz de mantener las promesas de una mejor vida para la población afgana después de la invasión”.
Continúa la investigación: “Siete años después, la mayoría del país aún lamenta la falta de las comodidades básicas y la mayoría de la población sigue luchando para satisfacer las necesidades esenciales, como la vivienda y la comida y, en general, los recursos mínimos para ganarse la vida”.
Señala que “el fracaso de la comunidad internacional en atender los focos de necesidades y deseos de los afganos, es una de las claves del resurgimiento de la popularidad de los talibanes”. Por ello “hasta que la comunidad internacional no alargue la concentración que mantiene sobre la tradicional dimensión militar, poniendo entre sus objetivos las necesidades en las raíces sociales para así restablecer los anteriores niveles de apoyo, existe el peligro que los talibanes simplemente invadan a Afganistán bajo las narices de la OTAN”.
Afirman los investigadores de ICOS que “los insurgentes siguen convirtiendo la debilidad de la OTAN en su propia fuerza”. Y añaden: “Hasta que los actores externos no quiten el dedo del renglón militar y se dediquen también a atender las necesidades de la población civil, existe el peligro de que Afganistán se quede perdido por al menos otra generación”.

Consejos

Por ello, los analistas de ICOS dan algunas sugerencias a las tropas OTAN presentes en Afganistán. Por un lado, el estudio sugiere que hay que “crear una nueva atmósfera que incluya a la población musulmana en la construcción del país”. Por el otro lado, “habría que implementar nuevos instrumentos de seguridad no violentos que completen los instrumentos militares y de inteligencia: creación de puestos de trabajo, la promoción de una mayor eficacia de la lucha en contra de los narcóticos, así como el impulso a la construcción de un amplio abanico de medios de comunicación libres y de organizaciones de la sociedad civil”.
Además, el documento señala la importancia “de invertir la pirámide: el imperativo impuesto por EU de su propio modelo de democracia ha fracasado (…) Ha llegado la hora de que se lleve la democracia a nivel local y de la base de la población, estableciendo iniciativas comunitarias que promuevan los beneficios democráticos a nivel local”.
Finalmente, el estudio dice que es necesario incrementar el número de tropas en el país. Según los analistas de ICOS, “el número de tropas debe de ser doblado para llegar a un mínimo de 80 mil soldados en el territorio”. Sin embargo, “el incremento de las tropas no es suficiente para garantizar el éxito. La seguridad y el desarrollo son los dos lados del mismo esfuerzo de reconstrucción”. Y advierte: “Desarrollo sin seguridad y el rol de la ley llevaría ciertamente a la desintegración de Afganistán”.