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Justicia y dignidad para los migrantes

28 maggio 2011 3 commenti

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 28 de mayo de 2011.
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Las recientes movilizaciones por una paz con justicia y dignidad abarcaron un abanico realmente vasto de la sociedad civil mexicana e internacional. No es tan sencillo, en efecto, tanto en México como en el resto del mundo, ver una diversidad y una pluralidad tan extendida y tan comprometida con una iniciativa social como la realizada el 8 de mayo pasado en la ciudad de México y en muchas otras urbes del país y el extranjero. Entre los cientos de miles que se movilizaron cabe destacar y prestar particular atención al “componente migrante” de la marcha que concluyó ese domingo. Un contingente aguerrido, numeroso y digno. Su presencia, sin embargo, no fue casual ni descontada. Fueron las organizaciones de la sociedad civil mexicana –en particular los integrantes del Movimiento Migrante Mesoamericano– quienes, sumándose a la consigna “estamos hasta la madre” lanzada desde las “víctimas colaterales” de la violencia persistente en el país, convocaron a una caravana paralela, mas no alternativa, a la procedente de Cuernavaca: la de los migrantes indocumentados que cruzan al país en los trenes cargueros.

Bajo el lema “los migrantes también estamos hasta la madre”, los organizadores de la peculiar caravana salieron de Ciudad Ixtepec, Oaxaca, cruzaron por Tierra Blanca y Orizaba en Veracruz, llegaron hasta Puebla y luego se sumaron a la caravana que participó el 8 de mayo en la movilización de la ciudad de México. Fueron decenas los migrantes, sin papeles, que salieron junto a otras decenas de activistas y periodistas rumbo a la capital del país.

Los organizadores de la caravana, quienes ya tuvieron experiencias similares en Chiapas y Oaxaca, no sólo proclaman el hartazgo que sienten acerca de los múltiples abusos de que son objeto los migrantes en México; no sólo declaran estar “hasta la madre de los secuestros, las extorsiones, las violaciones, la trata de personas, la complicidad, las excusas y la simulación oficial, de los cientos de cadáveres encontrados en el cementerio mexicano”, sino que también reivindican el papel que asumieron: una especie de “escudos humanos” para los migrantes al momento de cruzar las zonas más “sensibles” del país, los otrora llamados “focos rojos”, como los señaló la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Más allá de análisis y denuncias, los migrantes junto a los activistas que los acompañaron tomaron en sus manos su propio destino. Partieron en decena, llegaron en 65 a la ciudad de México. No contentos con haber “librado” una de las zonas más riesgosas del país para los migrantes en tránsito, se sumaron a la marcha del 8 de mayo. Todo lo anterior nos habla claramente de tres aspectos que vale la pena tomar en cuenta de aquí en adelante.

El primer aspecto es justamente el digno protagonismo de los migrantes. En este espacio hemos tratado de señalar los casos en los que ellos toman las riendas de su destino y siempre (o casi) nos hemos referido a Estados Unidos y Unión Europea. Es confortante observar que también en México los migrantes tomen la decisión de no aceptar la invisibilidad y la precariedad a la cual parecerían estar condenados los que no tienen papeles. Salir de la fosa común del olvido y la indiferencia para no tener que acabar en las fosas comunes de la delincuencia organizada. El muro del miedo parece haberse derrumbado o, cuanto menos, los migrantes que llegaron con la caravana abrieron en él una grieta importante.

Un segundo aspecto tiene que ver con la muestra de solidaridad activa que los migrantes han mostrado. No se trató sólo de sumarse a una caravana que los llevó hasta la ciudad de México y les permitió sortear los riesgos del trayecto recorrido; se trató también de declararse hartos y demostrarlo con la participación activa en la marcha del domingo 8 de mayo y de tal manera gritar “no están solos” a los miles de migrantes que vienen tras ellos. Lo anterior no es poca cosa y contribuye de manera importante en la reconstrucción del tejido social –invocada por la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad– también en las fragmentadas corrientes migratorias que cruzan nuestro país.

Finalmente, un tercer aspecto que es necesario señalar tiene que ver con el papel de la sociedad civil mexicana. Los organizadores de la caravana han comentado acerca de las solidarias recepciones que han tenido en las distintas etapas recorridas (denunciaron también una tentativa de levantón en Orizaba por parte de gente armada no mejor identificada). Sin embargo, fue justamente la acción de “acompañar” a los migrantes en su recorrido (en el tren) lo que significó para decenas de éstos un acto concreto y esperanzador.

¿Ese es el camino a seguir? No lo sabemos. Habrá que sumar esfuerzos y mejorar la ya aprobada ley de migración recientemente expedida por el Poder Legislativo mexicano. Habrá que insistir en varios puntos –no últimos, la “visa de tránsito” y los operativos de las fuerzas del orden– para que ésta mejore. Habrá también que insistir para que se produzca un viraje radical e integral en la política pública respecto del tema migratorio en México. Por lo pronto, y mientras se ejercen las legítimas y democráticas presiones sobre quien está encargado de legislar y de garantizar la seguridad de las y los migrantes en México, la solidaridad activa luce por su justa y digna búsqueda de paz.

Migrantes en Wikileaks

30 aprile 2011 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 30 de abril de 2011.
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Lo dijimos en múltiples ocasiones: los rechazos en altamar, que el gobierno italiano realiza a costa de cientos de personas migrantes que cruzan en precarias embarcaciones el Mediterráneo con la esperanza –muchas veces frustrada– de alcanzar una vida más digna en Europa, son ilegales. Lo anterior es notorio para cualquier abogado del sector, pues se violan numerosas normativas internacionales, tanto en el ámbito marítimo como en el ámbito del derecho al asilo y al refugio. Sin embargo, el gobierno italiano sigue realizando estas acciones, gracias sobre todo a los acuerdos alcanzados con el régimen de Libia guiado por el coronel Kadafi.

De una u otra manera, el conservador y racista gobierno italiano –con el aval silencioso de sus socios europeos– ha siempre hecho caso omiso a las múltiples recomendaciones u observaciones procedentes de los órganos internacionales de los derechos humanos. Los casos italianos están siendo juzgados actualmente por la Corte Europea de los Derechos Humanos, tras la demanda que 24 ciudadanos de Eritrea y de Somalia presentaron en contra del gobierno de Italia, cuando éste los deportó a Libia en mayo de 2009.

La causa, cuyas sentencia final se espera para diciembre de este año, fue recientemente transferida a la llamada Gran Cámara de la Corte, un órgano compuesto por 17 jueces –en lugar de los siete del primer nivel–, ya que la Corte misma considera que el caso es muy delicado, pues en entredicho estaría toda la política europea de los rechazos, de la cual el caso italiano sería sólo una vertiente. Dicha política, estaría considerando la Corte, contradice frontalmente la Carta Europea de los Derechos de los Hombres, que prohíbe las expulsiones y deportaciones colectivas, reconoce el derecho al asilo y al refugio, y garantiza el derecho de apelación efectiva en caso de violación de garantías.

Desde el 4 de febrero de este año, las partes acusatorias tienen en sus manos un elemento más para justificar su condena a este aspecto de la política migratoria europea e italiana en particular. Este elemento es un cable diplomático revelado por el ya muy conocido sitio web Wikileaks. El cable, fechado el 5 de agosto de 2009 y firmado por el embajador de Estados Unidos en Libia, Gene Cretz, refiere el encuentro entre éste y el alto comisario para los Refugiados en Libia, el iraquí Mohamed Alwash. El representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en el país africano habló con el embajador de un episodio que en su momento levantó muchas protestas en Italia y entre las comunidades migrantes.

Era el primero de julio de 2009 cuando, a unas 120 millas al norte de Libia, en pleno Mediterráneo, la Armada italiana interceptó una embarcación con 89 pasajeros, de los cuales 75 procedían de Eritrea. Cuenta Alwash: Cuando el barco fue interceptado, tres representantes de los migrantes pidieron hablar con el comandante del barco italiano para informarle acerca de su estatus de refugiados, pues muchos tenían la constancia que nosotros les otorgamos en Libia. Pero el comandante fue intransigente, pues afirmó tener la orden estricta del gobierno italiano de regresar a los migrantes a Libia.

El comandante, entonces, ordena a todos los migrantes subir al navío italiano para llevarlos de vuelta. A este punto, cuenta Alwash, los migrantes –sobre todo los eritreos– se rehúsan a acatar la orden y los marinos utilizan la fuerza. Hubo enfrentamiento físicos entre migrantes e italianos que se concluyen con algunos africanos golpeados con palos de plástico y de metal. El saldo, dice el representante de la ONU, es de seis heridos. Algunos pasajeros filmaron con sus celulares lo que estaba sucediendo, por eso la tripulación italiana recogió todos los haberes personales de los migrantes: teléfonos, documentos y otros objetos que aún no fueron regresados, dice el cable.

Calmada la situación, el comandante italiano pide a Libia el envío de un barco para recoger a los migrantes. Las autoridades de Trípoli se niegan y es cuando los marinos italianos deciden dejar a los migrantes a bordo de una plataforma petrolífera italiana (de la empresa paraestatal ENI) posicionada frente a las costas libias. Sólo desde ahí los migrantes pudieron ser devueltos a Libia. Alwash cuenta que dos días después pudo visitar a los migrantes en el campo de Zawiyah y constatar que había una mujer embarazada necesitada de atención urgente. En otro campo, encontró a otros supérstites del episodio, de los cuales seis tenían puntos de sutura en la cabeza.

En otra parte del cable, el embajador refiere que Alwash intentó en más de una ocasión contactar con las autoridades italianas en Roma; sin embargo, éstas nunca le contestaron. El representante de la ONU confía al embajador que cree que el gobierno italiano hace intencionalmente obstruccionismo frente a la ONU. Todo lo anterior lleva a Alwash a pensar que el acuerdo de cooperación entre Italia y Libia para rechazar a los migrantes en el Mediterráneo está violando los derechos humanos de los migrantes y poniendo en peligro a los solicitantes de refugio.

Estas informaciones ya eran conocidas. Lo novedoso de este cable, sin embargo, reside justamente en que será ahora posible llevar como testigo en favor de la demanda que se discute en la Corte europea al propio embajador. Si no él personalmente, al menos sus confidencias al Departamento de Estado de Estados Unidos.

Philip K. Dick, el filósofo escritor

13 marzo 2011 1 commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 13 de marzo de 2011.
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La reflexión acerca de la sutil frontera que separa lo humano y lo sobrenatural, entre seres vivientes, de carne y hueso, y las máquinas que actúan como si fueran entidades reales y pensantes, atraviesa la mente de la humanidad desde hace mucho tiempo. Dicha reflexión ha encontrado distintos espacios de desarrollo. Las más populares han sido la literatura y la cinematografía. En este sentido, una referencia ineludible es el escritor estadunidense Philip Kindred Dick, quien murió el 2 de marzo de 1982, en Santa Ana, California, a la joven edad de cincuenta y tres años.
Sin embargo Philip K. Dick (PKD), quien escribió y vivió relativamente desapercibido por la gran crítica literaria (con algunas excepciones), trasciende la esfera literaria. Su obra, muy prolífica y contradictoria a lo largo de casi treinta años de actividad, no sólo renueva el género literario en el que se le ha colocado, la ciencia ficción, sino que propone temas, enfoques, puntos de vista (visiones, diría él), que nada tienen que ver con la ciencia ficción clásica, sino con temas que son tocados por otras disciplinas sociales, como la filosofía, y más en específico la epistemología.
Se dice que Dick escribió ciencia ficción. Sus mundos extraterrestres o sus visiones del futuro lo adscribirían a este género tan variado y tan influyente sobre enteras generaciones de jóvenes estadunidenses del siglo pasado. Pero PKD escribe una ciencia ficción peculiar que rompe, antes que todo, con la llamada “época de oro” del género, cuyo maestro principal fue el culto y reconocido Isaac Asimov. Contrariamente a otros autores, PKD rompe con los clichés del género, ya que no presenta héroes resolutorios de invasiones de extraños seres procedentes de otros mundos. Nunca ofrece visiones de un futuro lejano tecnológicamente avanzado en el que el bienestar generalizado es la norma. Es también por esta razón que muchos identifican en PKD a un precursor del género cyberpunk.
PKD nos ofrece un mundo en el que el futuro no es el mañana. El futuro –o más bien el tiempo– es una variable más en la vida humana y se transforma y muta según quien lo mira y lo vive. Sus personajes son personas “comunes”, humildes, dotadas en algunos casos de facultades peculiares, pero que no los hacen mejores que otros, sino simplemente personajes más complejos. La psicología de los personajes se enriquece con la visión psiquiátrica del autor y las contradicciones de los personajes –y sus vivencias– son tales que difícilmente el lector termina en paz con ellos o con los sucesos descritos. PKD es otra ciencia ficción. Es la ciencia ficción del presente sin sentido. Del presente que no espera, sino que tiene frente a sí una utopía pesimista.
La obra
PKD escribió treinta y seis novelas en treinta años y al menos 121 cuentos cortos. A pesar de haber ganado el Premio Victor Hugo en 1963 por la novela El hombre en el castillo, Dick fue por mucho tiempo –hasta después de su muerte– descuidado por la crítica literaria “oficial”. Fue justamente en 1982, pocos meses antes de ese 2 de marzo, cuando un colapso cardíaco truncó su vida, que PKD surgió a la fama internacional gracias a la película Blade Runner, del director estadunidense Ridley Scott. La película, protagonizada por Harrison Ford y piedra miliar del cine de ciencia ficción, toma como inspiración la novela dickiana de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Aun desvirtuando el contenido real de la novela, la película logra meter en la pantalla grande parte de la obsesión de PKD: la ruptura de la frontera entre ser humano y ser artificial, la sutil línea que debería separar la naturaleza humana de la naturaleza artificial (oxímoron típico de la literatura de Dick), que lleva a mezclar las dos partes confundiendo el sentido último del ser vivo.
El hombre en el castillo (1963) es quizás una de las obras más emblemáticas del autor estadunidense. Típico ejemplo de ucronía, en ella PKD imagina un mundo en el que los alemanes y los japoneses han ganado la segunda guerra mundial y dominan al mundo. Los personajes viven en un Estados Unidos dividido entre las dos potencias ganadoras, atreviendo un paralelo entre la dictadura nazis –similar al imperio soviético– y la dictadura japonesa –más sueva, pero también más sutil y entonces parecida, según el autor, al imperio estadunidense. En este mundo al revés, además, existiría un libro “prohibido” en el que se cuenta la historia de un mundo en el que los aliados han ganado la guerra. El carácter emblemático es enriquecido por el vasto uso por parte de los personajes del antiguo texto chino de las previsiones I Ching.
PKD, con sus obras ha anticipado –como los hacen sus celebérrimos personajes pre-cog – ciertos temas que hoy atraviesan nuestras sociedades. Ejemplo de ello es la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (1974) que trata el tema de la importancia central de los medios de comunicación en la sociedad. O, por otro lado, Dick tiene el privilegio de haber descrito con mucha anticipación una sociedad –la nuestra– en la que la tecnología nos invade no siempre con sentido positivo. De esta manera, se podría decir que si Julio Verne predijo la invención de muchos objetos y tecnologías, PKD predijo sociedades enteras. No sólo anticipó la creación de robots o de pastillas “de la felicidad” –el Prozac, por ejemplo– sino imaginó a lo largo de sus obras el futuro alienado y enajenado en el que parecemos condenados a vivir.
La cinematografía contemporánea nunca se atrevió a retomar las grandes obras de PKDUbik –enredada historia de espionaje y contraespionaje industrial suspendida entre vida y semi vida en la que aparecen personajes con poderes “especiales”– o Los tres estigmas de Palmer Eldritch –historia de la guerra comercial entre dos empresarios dedicados a la creación de mundos ficticios a través de sustancias psicotrópicas– o, inclusive, Lotería solar –su primera, alucinada, novela. Al contrario, el gran cine se ha dedicado a rescatar los cuentos de Dick, poniendo en la pantalla grande historias como Total Recall (Vengador del futuro, 1990), filmada parcialmente en Ciudad de México; Infiltrado (2002); Minority Report (2002); A Scanner Darkly (2006), entre otras. como fueron
Un escritor complejo, difícil de interpretar, contradictorio y con un mensaje tan claramente pesimista e introvertido como real e imaginario al mismo tiempo. Un autor que, según las palabras del autor del celebérrimo cómic Maus, relato de un superviviente (1980-1991) Art Spiegelman, fue fundamental en el siglo pasado. Spiegelman decía: “Lo que Franz Kafka fue la primera mitad del siglo XX, Philp K. Dick lo fue la segunda mitad.” 
pkd, el filósofo
Philip K. Dick no estudió filosofía en la universidad. Tampoco escribió ensayos y libros de corte filosófico. Sus únicos ensayos los escribió en ocasión de algún fortuito encuentro de escritores de ciencia ficción, o para alguna revista especializada. PKD escribió treinta y seis novelas y al menos 121 cuentos cortos. De su obra, sin embargo, no es difícil extrapolar una idea compleja de la realidad que hace del autor estadunidense un pensador moderno que es posible adscribir al vasto abanico de autores –no sólo literarios– que en el siglo pasado se han interrogado acerca de la realidad, la naturaleza del ser humano y las razones de la presencia del mismo en este universo.
Sus ensayos no contienen tesis que demostrar. Son más bien una colección de ideas muy diversas y desordenadas de un hombre culto que se dedicó a lecturas igualmente desordenadas, condimentándolas con una gran imaginación, sin duda alimentada por su peculiar vivencia –problemas psicológicos constantes, dificultad en las relaciones sociales, abuso de sustancias psicotrópicas, etcétera. Su búsqueda no fue la de examinar conceptos abstractos, de revelar contradicciones, de justificar y defender sus conclusiones críticas. Parece más bien que la única preocupación de PKD fue la de dar forma a su propia “visión” del mundo.
PKD lo dijo tal cual: “Las dos cuestiones que me interesan son: ¿qué es la realidad? y ¿qué caracteriza al auténtico ser humano?” Y, en su diario personal, añadía: “Son ya veintisiete años que publico novelas y cuentos y nunca dejé de investigar estas cuestiones íntimamente ligadas entre sí. Las considero extremadamente importantes.” Hace dos siglo, Immanuel Kant decía, acerca de la filosofía, algo parecido, ya que la definía como “la ciencia de los fines últimos de la razón”. El filósofo alemán preguntaba: “¿Qué puedo conocer, qué tengo que hacer, qué se me permite esperar, qué es el hombre?”
Así las cosas, se podría decir que PKD cumple con los preceptos de esa filosofía occidental ratificada por el filósofo alemán un siglo antes. Sin embargo, el autor estadunidense es un servidor indisciplinado de esa tarea. Sus armas preferidas no fueron la demostración lógica, la especulación erudita y sutil, sino la anécdota obscura y fulminante, la visión que rompe con la imagen más acostumbrada del mundo. De sí mismo PKD decía: “Soy un filósofo-escritor, no un novelista: utilizo mi habilidad de escritor de novelas y cuentos como un medio para formular mi sentir.” Y añadía: “En el centro de mis escritos no hay arte, sino verdad.”
Lo anterior PKD se lo reconoce en general al género literario de la ciencia ficción, cuando éste va más allá de la mera evasión de la realidad. En este aspecto reside quizás la mayor aportación del autor al género literario. La ciencia ficción requiere de “la creación de un universo ficticio, de una sociedad que no existe realmente, un mundo transformado en algo que no es, o aún no es.” Una “transposición fundamentada de la realidad” que es una representación de una realidad posible. PKD insistía en decir que la ciencia ficción debe constituir un estimulo al despertar, en la mente del lector, de pensamientos e hipótesis que hasta ese momento –el momento de leer– no había tomado en cuenta.
Sólo de esta manera la actividad literaria alcanza el fin deseado por PKD, es decir, dar forma a su propio sentir a través de la narración de historias, personajes y situaciones que, aún no perteneciendo a la que con tanta obstinada certeza es llamada “realidad”, pueden tarde o temprano empatar con la verdad. Sin duda una visión peculiar que permite a Lawrence Sutin, profesor y autor estadunidense de una amplia biografía de PKD, comparar al autor de ciencia ficción con los filósofos presocráticos, mismos que exponían sus doctrinas en amplios poemas con ricas metáforas y elementos mitológicos. Con el uso del mito (mythos = “narración”), la búsqueda filosófica se volcaba a la percepción de un origen.
Verdad y locura
Philip K. Dick es reconocido como un autor muy prolífico. No sólo por la importante producción literaria, sino por la que muchos definen como su “funambulesca imaginación”. En sus obras el lector es llamado a vivir las historias –y aventuras también– de los protagonistas “normales”, en ocasiones similares a antihéroes inmersos en universos alternativos, con personajes suspendidos en estado de “semi vida”, rodeados –en ocasiones sin saberlo, siendo ellos mismos– por androides (simulacros, como los define el mismo PKD) con “rostro humano” y por hombres crueles aunque paradójicamente justos.
Al tomar en las manos una novela de PKD, el lector es literalmente “tragado” por las invenciones fruto de una imaginación compleja, siempre lista para ofrecer sorpresa, desencanto y “golpe escénico”. Las historias que PKD cuenta conservan siempre una duda de fondo, una contradicción aparente que confunde en un primer momento, pero que, terminando la lectura, obliga a la reflexión frente una ineludible verdad dickiana: verdad y locura se mezclan siempre. En cierto sentido, se podría afirmar que la obra de PKD ofrece los estímulos hoy en día –en 2011– absolutamente a la altura de esa “crisis de sentido” típica de nuestra época. Las historias de PKD son como caminos trazados en la oscuridad, caminos aún por explorar. Quizás no lleven a ningún lado. Quizás, siendo caminos, llevan en sí la idea de que la verdad es ella misma camino, búsqueda, extravío y estupor sin fin.

Crisis norafricana y migración

6 marzo 2011 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 6 de marzo de 2011.
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Centros de detención para migrantes en LIbia

En la crisis que están atravesando los países norafricanos, un enfoque convocado por los países de la Unión Europea (UE) es el tema migratorio. Los silencios y la inacción europea en estas semanas de rebelión africana no sorprenden y, una vez más, atestiguan el fracaso de un experimento unitario que hasta la fecha no se pudo cumplir. Sin embargo, es justamente la más reciente rebelión la que está hoy poniendo en entredicho la estrategia de la UE. La protesta en Libia –más que otras– está hoy cuestionando de raíz tanto la política migratoria europea como la imagen que se ha construido del fenómeno mismo a lo largo de las dos décadas pasadas.

Mientras en Libia el coronel Kadafi reprime a la población haciendo uso indiscriminado de todas las armas a su disposición –inclusive de batallones de mercenarios extranjeros a los que paga, según testigos directos, cerca de 2 mil dólares al día para matar libios–, la UE tiembla en sus cimientos. No es sólo el temor muy justificado de que las protestas del año pasado –en Irlanda, Grecia, Francia, España e Italia– puedan renovarse esta primavera y cuestionar de manera aún más radical la salida a la crisis propuesta en las cumbres internacionales y luego declinadas con las llamadas medidas de austeridad; es también, y sobre todo, la crisis de la llamada Fortaleza Europa.
Si durante años, los racistas que gobiernan a muchos países europeos han denunciado la excesiva tolerancia hacia la migración indocumentada, hoy lo que sale a flote es la excesiva tolerancia que estos gobiernos y la UE en su totalidad han aplicado a los regímenes norafricanos. Durante al menos dos décadas, la UE ha hecho caso omiso a las violaciones a los derechos humanos, a la falta de todo rastro democrático en los países de la costa africana del mar Mediterráneo. La razón es sencilla y excedió la real politik como hoy se demuestra: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto eran muy buenos socios en las políticas de control migratorio.
Con el derrocamiento de los regímenes norafricanos entra en crisis la pretendida externalización de las fronteras europeas. Por años los gobiernos europeos se han dedicado a tomar acuerdos para que estos países frenaran a las corrientes migratorias que desde el sur del continente se dirigen a Europa. Dichos acuerdos prevén los patrullajes conjuntos en territorio africano; el suministro de armas e instrumentos de vigilancia; concesión de cuotas de ingreso (de migrantes) a los países cooperantes; concesión de inversiones económicas a cambio de la represión del fenómeno migratorio.
El caso del acuerdo Italia-Libia firmado en 2008 es emblemático en este sentido. El gobierno italiano invirtió miles de millones de euros en Libia a fin de proveer armas e instrumentos de control en la frontera sur de Libia; construyó al menos tres centros de detención para migrantes en suelo africano; pagó vuelos de repatriación de migrantes detenidos en Libia (inclusive hacia países en guerra); tomó acuerdos para la recepción de migrantes levantados (ilegalmente) en las aguas internacionales del mar Mediterráneo; favoreció la deportación de miles de potenciales refugiados que en Libia (país que nunca firmó las convenciones internacionales sobre el tema) fueron detenidos; calló y encubrió el homicidio de cientos de migrantes, abandonados en la frontera sur de Libia, en pleno desierto del Sahara.
Hoy el gobierno italiano levanta el espantajo de una invasión migratoria debida a la crisis en los países norafricanos. Afirman que podrían llegar a las costas europeas entre 300 mil y medio millón de refugiados. Sostienen que la crisis podría causar un verdadero éxodo bíblico hacia el viejo continente. Por lo anterior, el gobierno italiano pide el apoyo de la Unión Europea. Italia, que hizo siempre caso omiso a las condenas de la UE de los mencionados acuerdos con Libia, hoy exige su apoyo. La UE aún no responde.
Sólo la agencia Frontex, meramente militar y encargada de defender las fronteras europeas, hizo eco de las alarmantes declaraciones italianas: podrían llegar hasta millón y medio de personas.
Hasta ahora el temido éxodo no se ha visto. Lo que en cambio se ve es que los tunecinos, los argelinos, los marroquíes, los egipcios, los libios parecen estar ejerciendo el derecho a quedarse y a no migrar forzadamente. Un derecho antiguo siempre violado en la perspectiva de una mejor vida en el El Dorado europeo.
Hoy que la crisis global transforma paulatinamente también a la UE en tierra de sacrificios y precariedad difusa, los ciudadanos norafricanos parecen ejercer plenamente el derecho a decidir dónde estar y a dónde ir. Si durante el apogeo de la globalización hablábamos de libre circulación y de libertad de movimiento, hoy, en la crisis sin perspectivas que vivimos, quizás podemos comenzar a hablar de derecho de elección.
No es el fin de la movilidad humana lo que aquí se describe. Es simplemente su autodeterminación. Las corrientes migratorias hacia Europa no se pararán. Pero la situación actual bien puede permitirnos afirmar que junto a las solicitación de asilo, en los barcos que surcarán el Mediterráneo en los próximos meses se verán reflejadas la rabia y la esperanza de miles de jóvenes ya no dispuestos a la fuga como perspectiva futura y, en cambio, aptos para tomar el futuro en sus manos y ejercer el derecho a elegir.

Ley migratoria en México

29 gennaio 2011 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 29 de enero de 2011.
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El 9 de diciembre de 2010, los seis legisladores (dos del PAN, dos del PRI y dos del PRD) que integran la llamada Mesa de Trabajo en Materia Migratoria del Senado de la República, conformada en octubre pasado y en la cual participa también la Secretaría de Gobernación por conducto del Instituto Nacional de Migración (INM), presentaron una propuesta de ley que abre la puerta no sólo a unas reformas y derogaciones de distintas leyes nacionales que tocan el tema migratorio, sino que plantea la formulación ex novo de una norma en la materia en México.
La cuestión no es poca cosa. Hasta la fecha, el tema migratorio es tocado de manera transversal en distintas normas nacionales mexicanas; sin embargo, falta un texto único en la materia. Desde este punto de vista es sumamente apreciable que de manera unitaria, los tres mayores partidos políticos mexicanos se pongan de acuerdo y soliciten a los poderes legislativos la aprobación de un marco legal ad hoc.
Por otro lado es preciso señalar que era ya imposible para los legisladores postergar una reglamentación a un fenómeno que hasta hace pocos meses sólo se miraba desde el enfoque de la migración de salida. La tragedia (los 72 indocumentados ejecutados en agosto pasado y las cifras horripilantes acerca del secuestro de migrantes, presentadas por organizaciones sociales) orilló a los legisladores a reflexionar sobre las medidas necesarias para atender también otro aspectos del fenómeno: el tránsito, el destino y el retorno.
Ya revisando la propuesta mencionada –compuesta por 164 artículos– es urgente abrir un debate serio, amplio y responsable entre las partes involucradas. Tenemos aquí una primera seria falla, pues la llamada Mesa de Trabajo Migratoria excluyó desde un principio a la sociedad civil mexicana más atenta al tema. Es urgente, por el contrario, incluir a quienes hoy trabajan el tema no desde la posición legislativa ni regulatorio/represiva, sino desde la posición de la comprensión y análisis del fenómeno y, sobre todo, desde el punto de vista de la solidaridad. Si la nueva ley pretende frenar, acotar e impedir los abusos de todo tipo que desde el crimen organizado y hasta las autoridades se pueden cometer en contra de los migrantes, es indispensable recurrir a la acumulación de experiencias y saberes de la sociedad civil organizada.
En este sentido, queremos aquí recoger algunas inquietudes de orden general –el espacio no da mucho más– que comienzan a expresarse en el mundo de la sociedad civil. Antes que todo, la sensación general es que si bien en la exposición de principios y los primeros cinco títulos de la propuesta de ley, todo parece dirigirse hacia un modelo garantista –aun con sus excepciones– de los derechos humanos (por cierto, una terminología que casi nunca se utiliza en el proyecto de ley), el resto de la propuesta no sólo contradice cuanto dice anteriormente, sino parece ratificar las prácticas más comunes y abusivas ejercidas en México.
En general, la propuesta de ley asienta algunos principios muy válidos que reconocen los derechos –también llamados garantías– de los ciudadanos migrantes en México. Aunque se cometan errores garrafales y peligrosos, como es, por ejemplo, no distinguir entre trata, tráfico y secuestro de migrantes, o en otro casos, no hacer suficiente énfasis en que los solicitantes de asilo y refugio son definitivamente una categoría que requiere especial protección, en general los primeros títulos de la propuesta son extremadamente garantistas y parecerían, de por sí, abrir las puertas a un respeto integral a los derechos humanos de los migrantes.
No obstante, la propuesta también pretende introducir algunos de los mecanismos más nefastos de las legislaciones que se tomaron de referencia (sobre todo la europea y la estadunidense). Por ejemplo: la visión principalmente económica del fenómeno; la introducción del sistema de cuotas de entrada, en el que el gobierno fija topes al número de posibles ingresos legales al país tras consulta con las autoridades laborales; la introducción del sistema de puntos para la adquisición de la naturalización antes de los tiempos naturales establecidos (cuatro años); la introducción de medidas que tienden hacia la externalización del control migratorio (controles impuestos a las empresas de transporte); la posibilidad de expulsión para los migrantes sujetos a proceso penal, y en general la delegación que se le otorga al INM con respecto a una amplia serie de decisiones acerca de la suerte de la persona migrante, excluyendo la posibilidad de un control judicial sobre el proceso de deportación, expulsión, detención (aseguramiento, le dicen), verificación y control migratorio, etcétera.
Si bien los señalados sólo son algunos puntos críticos de la propuesta de ley, creemos indispensable que la aprobación de esta novedosa normativa deba de ser objeto de un debate amplio e informado en el que participen necesariamente las organizaciones de la sociedad involucradas en el tema migratorio. No es posible avanzar en la materia sin los aportes de quienes, todos los días, se vuelcan en la defensa y el reconocimiento de los derechos de quienes –obligados o no– deciden migrar.

Ser migrante secuestrado

8 gennaio 2011 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 8 de enero de 2011.
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“Las redes de tráfico de personas tienen sus abogados. Hay testimonios de migrantes que afirman que hay una vasta red, muy bien organizada, para atender todo tipo de problema y situación. Las redes de tráfico de personas son muy grandes, muy poderosas y lamentablemente la mayoría de los centros de derechos humanos que tocan el tema migratorio no se meten con ellas, no porque no las ven, sino porque las temen, pues puede haber represalias, inclusive muy pesadas. Un abogado mexicano en materia migratoria me dijo lo anterior sólo unas semanas después de que se descubriera la matanza de 72 migrantes en Tamaulipas el pasado 24 de agosto. El abogado, quien pidió mantener el anonimato, insistió mucho en los peligros que conlleva hablar del tema. La trata de personas es el tercer rubro por dividendos económicos del negocio para la delincuencia organizada. Después de la droga y el tráfico de migrantes viene la trata de personas. Añadió que las redes que manejan este negocio vienen de las altas esferas que tienen corrompidas a todas las cadenas del poder público.
Lo mismo en el secuestro. Es casi imposible cruzar México sin encontrarse con alguien procedente de estas redes: desde los asaltos a los trenes hasta el secuestro. No hay migrante que no conozca esta realidad, ya sea por experiencia directa o por haberla escuchado de algún compañero suyo. Muchas veces, las organizaciones infiltran los grupos de migrantes para conocerlos, para hacerse de clientes o para ubicar a posibles secuestrados. Y admitió: “Los migrantes a veces entran en roles de complicidad con su pollero o, inclusive, su secuestrador. En algunos casos para preservar literalmente la vida, en otros casos simplemente para salvaguardar la esperanza de llegar a su destino final. En otros casos, para proteger la vida de las familias de origen que son conocidas por los polleros”.
El abogado tocó algunos aspectos sobre los que conviene profundizar. Antes que todo la diferencia sustancial entre el tráfico de migrantes y la trata de personas. Mientras el primero goza, por así decirlo, del consentimiento del migrante quien busca, negocia y contrata los servicios de los polleros; la segunda, la trata, es una práctica que engaña al migrante y termina explotándolo, ya sea reduciéndolo en un esclavo al servicio de alguna producción lícita o ilícita, ya sea secuestrándolo y convirtiéndolo en ficha de cambio para una buena ganancia.
Los datos recientemente presentados por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) hablan de cerca de 20 mil migrantes secuestrados en 2010. Dichos datos, recopilados sobre todo gracias a la ayuda del trabajo de base realizado por decenas de integrantes de la sociedad civil organizada en favor de los derechos de las y los migrantes en todo el territorio mexicano, hablan de una realidad cruel y que, al parecer, no está teniendo freno alguno. A los números anteriores hay que añadir un aumento neto de 30 por ciento (respecto de 2009) del número de denuncias relativas a violaciones a los derechos de las y los migrantes en el último año. La situación es grave: lo demuestra inclusive la última denuncia en orden de tiempo (16 de diciembre pasado) acerca de los 40 secuestrados en el estado de Oaxaca.
Otro aspecto que el abogado mexicano me reveló es la complicidad que existiría entre secuestradores y autoridades de todos los niveles. La notoria corrupción y complicidad de las autoridades deja de ser un dato folclórico e ineludible del quehacer político y colectivo en nuestro país, y se convierte en una tremenda realidad difícil de enfrentar. Las madres hondureñas de la sexta Caravana de Madres Centroamericanas, organizada por la Red de Comités de Migrantes y Familiares de Honduras (Red Comifa), que visitó México a principios de noviembre, señalaron un problema muy sencillo: No sabemos en quién confiar, pues aunque las autoridades mexicana
s nos han recibido muy bien y nieguen su participación en los secuestros, nuestros hijos, hermanos, padres y amigos que migran y logran llegar o regresar a nuestro país dicen que es imposible saber quién es el secuestrador y quién el policía, pues la mayoría de las veces éstos coinciden.
Por último, el abogado en materia migratoria denunció el grande temor que genera el tema entre los que, a diferente título, se ocupan, desde abajo, de apoyar a los migrantes. Es evidente, pues, que estas redes de trata (y secuestro) de migrantes logran su cometido, gracias no sólo a las complicidades con las que cuentan, sino también gracias al grande miedo que logran infundir en la sociedad civil. A la luz de esto, resulta totalmente inútil hacer rodar cabezas de funcionarios tras el escándalo, así como de poco serviría reformar leyes para ofrecer mayor protección a los luchadores por los derechos humanos.
Lo que sí resulta apremiante es realizar una reflexión estratégica e integral que rompa definitivamente el vínculo migración indocumentada-ilegalidad-explotación. Es evidente, como en el caso de las substancia ilícitas (llamadas drogas), que sólo un camino de paulatina y estudiada legalización (y despenalización) puede substraer materia de trabajo a traficantes de cualquier tamaño, origen o puesto. Abrir caminos de migración segura y legal es la única, radical e integral manera de permitir a los seres humanos gozar de su derecho a desplazarse en plena seguridad y respeto a sus derechos.

Ser migrante climático

5 dicembre 2010 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 5 de diciembre de 2010
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A la fecha no existe una definición de qué significa hoy ser migrante climático. La normativa internacional y las leyes nacionales no contemplan bajo ningún rubro este nueva categoría, cada vez más presente en el panorama migratorio mundial. Los recientes eventos relacionados con el tema –la Conferencia Mundial de los Pueblos en Bolivia, el IV Foro Social Mundial de Migraciones en Ecuador, el Foro Mundial Alternativo de los Pueblos en Movimiento en México– abordaron el tema tratando, justamente, una definición que permita acotar la problemática.

No se trata de separar a los migrantes climáticos del resto de los pueblos en movimiento, sino justamente encontrar una definición coherente y apegada a una realidad en crecimiento que permita, algún día, plasmar en las leyes nacionales e internacionales este tipo de problema. El reciente Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2010 (Organización Mundial de las Migraciones, OIM) aborda el tema justamente partiendo de su falta de definición. Y reconoce, además, la falta absoluta de indicadores útiles y eficaces para describir a este fenómeno en crecimiento.

Al mismo tiempo que el fenómeno no se contempla en la norma, asimismo no hay números capaces de describir cuantitativamente a la migración climática. Fuentes académicas aseguran la existencia de al menos 50 millones de personas en este estado. La misma OIM reconoce la falta de datos al respecto, pero afirma también que es un fenómeno destinado a crecer mucho, en especial modo la migración causada por los cambios graduales del medio ambiente.

Según datos ofrecidos por distintas oficinas gubernamentales en Estados Unidos y en la Unión Europea, los llamados desastres naturales (sequías, terremotos/temblores, inundaciones y tormentas) han tenido un aumento asombroso en la década 2000-2010 en comparación con la década anterior: hubo un aumento de cerca de 50 por ciento en el número bruto de desastres (3 mil 151 contra 2 mil 117). La mayoría de los desastres habrían ocurrido en el continente asiático (China, India, Indonesia, Filipinas y Vietnam) y, además, entre los 10 países más afectados se encuentran siete de esa región a los cuales hay que añadir Irán, Estados Unidos y México. Aunado a esto, Oxfam Internacional denuncia que, por los mismos desastres, habrían muerto sólo en los primeros nueves meses del año al menos 21 mil personas en el planeta.

Se trata en un primer momento de diferenciar a los desastres naturales: una cosa son los desastres naturales súbitos y de grandes proporciones; otra cosa es el cambio paulatino del medio ambiente. Ambos tienen la tendencia a desplazar seres humanos, mas sin embargo es opinión compartida que el primer fenómeno tiene como resultado un tipo de desplazamiento con carácter más temporal, mientras el segundo fomentaría una migración más estructural.

Otros observadores, quizás más atentos, reconocen el fenómeno del migrante climático pero insisten en ubicar las causas de la crisis climática en el modelo de desarrollo capitalista. Megaproyectos nacionales e internacionales, sobrexplotación de recursos naturales, degradación ambiental debida a contaminación industrial y otras aberraciones de este estilo serían las responsables de la crisis ecológica que provoca sequías e inundaciones, tormentas y temblores, escasez de recursos y, por ende, desplazamiento de enteras poblaciones.

Durante la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (CMPCC), realizada en Cochabamba, Bolivia, se trató de definir al fenómeno. En la resolución final del grupo de trabajo dedicado al tema, los participantes en la CMPCC esbozan una interesante definición. Explican primero el concepto de refugiado climático, categoría que, aunque no exista en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 de Ginebra, es descrita como aquellas personas que se ven obligadas a huir por el cambio climático y que por consiguiente necesitan y tienen derecho a una protección temporal especial para defenderlos de la amenaza representada por el hambre y la hambruna. En las mismas conclusiones se habla también de desplazados climáticos y los define así: aquellas personas que son forzadas a desplazarse por razones del cambio climático, tanto dentro como fuera del país.

Evidentemente las soluciones, así como las causas, son mutidimensionales. En origen es urgente que la comunidad internacional reconozca el fenómeno en sus normativas. Se impone, por ejemplo y por enésima vez, una revisión a fondo de la definición del Estatuto de los Refugiados. Por otro lado, y no sólo en este aspecto, es indispensable respetar el derecho a no ser desplazados y a no migrar, que se puede implementar simplemente dando curso al derecho a la consulta previa y al libre consentimiento de las comunidades afectadas por los proyectos que, como primera consecuencia, pueden tener el desalojo de territorios. Finalmente, es necesaria una revisión a fondo del actual modelo económico vigente, el que está destruyendo al planeta Tierra y la vida en él.

La 16 Conferencia de las Partes (COP) que se está llevando a cabo en Cancún, México, sería el espacio adecuado para este tipo de reflexiones, aunque sabemos que otra es la agenda. Ojalá al menos las organizaciones sociales tomen en cuenta esta problemática tan urgente como es la de salvar al planeta Tierra del capitalismo salvaje

La dignidad migrante

19 novembre 2010 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 19 de noviembre de 2010
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Es la historia de siempre. En la vieja Europa periódicamente los gobiernos en turno se encuentran obligados a aplicar decretos legislativos de regularización de los miles de migrantes sin papeles. Además de ser el indicio más concreto de la inutilidad de las políticas represivas de las corrientes migrantes que surcan el planeta Tierra, ya que éstas, con o sin papeles, nunca paran, las regularizaciones son también el instrumento –uno más– para el control del inmenso contingente de migrantes indocumentados que vive en los países de destino.

Por un lado demuestran que la real politik es más fuerte que cualquier retórica de tinte más o menos racista. Cuando el número de los sin papeles rebasa el límite –arbitrariamente fijado por las necesidades económicas de grandes y pequeñas empresas–, las leyes de regularización intervienen para poner orden, ya sea otorgando los documentos para regular la estancia, ya sea expulsando a los que sobran. Por otro lado, las regularizaciones se convierten en instrumento en mano del Estado para seleccionar, discriminar y controlar. Y en esta faceta, las regularizaciones se convierten en una lotería, en la cual se rompen los lazos solidarios entre las comunidades migrantes, ya que cada quien juega por su propio destino, con la esperanza de estar entre los elegidos.

El año pasado, embestido por la necesidad concreta de disponer de mano de obra barata en el rubro de la asistencia a ancianos y enfermos, el gobierno italiano promovió como parte del racista y feroz paquete de leyes de reforma a la normativa migratoria, una sanatoria, es decir, abrió un acceso para que se pudieran regularizar las 300 mil colaboradoras familiares, asépticamente llamadas colf. Ahí estaba, pues, la puerta para que un migrante sin papeles pudiera conseguirlos y, finalmente, salir de la clandestinidad.

Como siempre sucede, acudieron cientos de miles al concurso para ganar un permiso de regular estancia. Tras pagar hasta 500 euros, llenar papeles, conseguir asesorías, los migrantes indocumentados entregaron las peticiones. Y esperaron. Pocos meses después, salieron las listas de los aprobados. Los demás, ya que la regularización no es otra cosa que una autodenuncia, pasaron de ser sin papeles a potenciales expulsados. La ya imposible vida del sin documentos se convirtió en la vida del perseguido.

Y sin embargo, la máquina gubernamental comenzó súbitamente a rechinar y luego se rompió. Y para que la máquina se rompiera fue necesaria la dignidad de los ciudadanos migrantes. Resulta que poco después de anunciada la lista de los ganadores de la regularización, cientos de migrantes en la ciudad de Brescia, en el norte de Italia, cerca de Milán, ocuparon la plaza frente al palacio municipal y construyeron un presidio permanente para exigir una mesa de diálogo que permitiera alcanzar un acuerdo de regularización para los excluidos del proceso de sanatoria.

Pasaron 37 días en ese plantón. Y luego intervino la policía y los desalojó. La provincia de Brescia, empero, es la que cuenta con el mayor número de extranjeros en Italia. Los migrantes, en esta parte del país –y no sólo allí– son parte integrada a la sociedad. A pesar de la retórica racista de quien gobierna, los migrantes aquí son ciudadanos de facto, que trabajan, producen, enriquecen las cajas públicas pagando sus impuestos, rescatan de la crisis permanente al Instituto Nacional de Previsión Social, hacen hijos que llenan los vacíos poblacionales dejados por las poco fecundas familias italianas, envían remesas.

Los migrantes en Italia hoy son una realidad. Son casi 5 millones (7 por ciento de la población de la península), tienen al menos 600 mil hijos nacidos en territorio italiano (los mal llamados migrantes de segunda generación), producen poco más de 10 por ciento del producto interno bruto. Son rumanos, albaneses o marroquíes en su mayoría. Existen, pues. La realidad habla de integración que, frente a las injusticias, se declina en dignidad.

Así las cosas, tras el desalojo del plantón de Brescia, el 31 de octubre pasado, seis migrantes subieron a una grúa instalada en el centro de la ciudad y de ahí gritaron: No nos vamos a bajar, pase lo que pase, sin que el gobierno acceda a establecer una mesa de diálogo. Sus demandas: regularización para todos los que la demandaron y retiro del delito de clandestinidad, mismo que condena a miles de seres humanos al destino indocumentado.

Son Arun, de 24 años, paquistaní, con estudios de secundaria, gana en promedio 500 euros mensuales; Jimi, egipcio de 25 años, terminó el bachillerato y es obrero metalúrgico con un sueldo de 650 euros mensuales; Rachid, de 35 años, procedente de Marruecos, es repartidor de volantes y gana 450 euros por mes; Sajad, 27 años, de Paquistán, tiene título universitario y maestría en lenguas y no tiene trabajo; Singh, de 26 años, procede de India y tiene varios trabajos precarios; Pape viene de Senegal, tiene 24 años y llegó a Italia a bordo de un pequeño barco que cruzó el Mediterráneo.

Son hoy el icono de la dignidad migrante. No bajarán hasta tener respuestas definitivas por parte del gobierno. Y lanzan una apelación al presidente de la república italiana, Giorgio Napolitano: Hoy vivimos aquí y tú eres también nuestro presidente. Eres una persona buena y el único, en el espectro político italiano, que no está sometido a las lógicas electorales. ¡Ayúdanos!

Morir de migración

23 settembre 2010 2 commenti
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 23 de septiembre de 2010
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Mueren migrantes en el mundo. Sólo en las fronteras europeas, las que son definidas por la llamada “área Schengen” (por el tratado homónimo que une a varios países del viejo continente), se documentó que de 1988 a la fecha (hasta el pasado 2 de septiembre) murieron al menos 15 mil 566 seres humanos, de los cuales 6 mil 513 nunca fueron encontrados. La estimación es aproximativa y está fundamentada en la atenta revisión de las noticias periodísticas y la recolección de testimonios directos por parte de un amplio abanico de organizaciones de la sociedad civil europea.

Lo anterior se debe en parte a la ausencia de datos certeros proporcionados por las autoridades europeas dedicadas al tema migratorio o, más bien, a su control y represión. Es lo mismo de siempre. Mientras cada país europeo en su navegación a ojo para salir de la tempestad de la actual crisis socioeconómica decide independientemente de los demás, en una cosa pueden ponerse de acuerdo: la represión de las corrientes migratorias.

Ejemplo de ello es la renombrada agencia Frontex, que reúne policías, inteligencias (?) y esfuerzos político-militares para el control de las fronteras externas de la Unión Europea (UE) y, más en general, del área Schengen. Dicha agencia es uno de los pocos ejemplos de coordinación efectiva en el viejo continente. A principio de este año, Frontex publicó un mapa de su área de intervención en el que, como si fuera un juego de mesa, dibujó flechas de distintos colores y espesores con la intención de mostrar los que serían los flujos de migrantes hacia Europa.

Un dato resalta sobre todos: el decrecimiento de las entradas de migrantes a la UE. Aparentemente entre 2008 y 2009, sustancialmente en todas las fronteras europeas hubo una disminución importante del ingreso de migrantes indocumentados. En la ruta del océano Atlántico, al igual que desde las costas occidentales de África hacia el Estado español (ya sea a sus costas o a las islas Canarias), habría una disminución de hasta 76 por ciento en el lapso señalado. En la ruta del Mediterráneo, la que desde Túnez, Argelia, Libia y Egipto llega hasta Italia y Grecia, un decrecimiento de 83 por ciento. En la frontera oriental (tan vasta y desigual), según datos de Frontex, hubo una disminución de hasta 50 por ciento del número de indocumentados.

El mismo mapa dibuja las rutas internas al continente e ilustra, por ejemplo, que los ciudadanos africanos procedentes de la parte occidental de su continente de origen intentarían, por lo regular, poner rumbo a Francia, pasando por Portugal y el Estado español. Los migrantes procedentes del norte de África (y aun de más al sur) tendrían la tendencia a establecerse en Italia o en los países apenas al norte de la bota. Desde el este europeo, la tendencia sería llegar hasta Alemania y de ahí, en algunos casos, desplazarse rumbo al norte europeo o hacia Inglaterra.

El mapa de Frontex es ilustrativo. Sin embargo también muy revelador: la agencia europea –y quien la nutre de cuantiosos fondos– no registra el elevado número de muertos en esas mismas fronteras. Los datos de la sociedad civil, al contrario, contemplan este aspecto. En la ruta del océano Atlántico, en los últimos 20 años habrían muerto 10 mil 989 seres humanos en su intento de llegar a Europa. Más de la mitad de los cuerpos de esas víctimas nunca fueron encontrados.

En el llamado canal de Sicilia, es decir el espacio de mar que separa el norte de África de Italia, en el mismo lapso habrían perdido su vida 4 mil 205 migrantes. Los cuerpos de 3 mil 76 de ellos nunca fueron encontrados. En el mar al sur de Grecia murieron al menos mil 369 migrantes, y en el mar frente a Albania fueron 603 las víctimas.

Otras 624 vidas, en cambio, se perdieron en el océano Índico rumbo a la isla francesa de Mayotte. Los datos se completan con otra información: 153 muertos ahogados mientras se escondían en los grandes barcos mercantes que cruzan rumbo a los puertos europeos. Y en Europa también los migrantes mueren en su tránsito a través del territorio. Trescientos sesenta seres humanos perdieron la vida viajando en camiones tras algún accidente de carretera, por ahogamiento o aplastados por las mercancías transportadas. Otras 244 vidas se perdieron en los ríos que separan Polonia y Alemania, Turquía y Grecia, Bosnia y Croacia, Serbia y Hungría.

Ciento doce migrantes murieron por hipotermia, sobre todo en la frontera entre Turquía y Grecia. En la misma frontera, pero más al norte, 92 personas perdieron la vida en los campos minados que aún existen en la provincia de Evros. Se calcula además que al menos 256 migrantes perdieron la vida por las balas de la policía, de los cuales 37 fueron ultimados en la frontera de Ceuta y Melilla, y los demás en las fronteras extendidas de la UE en el interior del continente africano. Finalmente, 41 migrantes murieron congelados por viajar junto a las llantas de aviones con dirección a Europa; otros 33 en el túnel que comunica Francia con Inglaterra y tres ahogados en el canal de la Mancha.

¿Sólo números? No, está claro. Son vidas, historias, vivencias, aventuras en algunos casos, sueños frustrados en la mayoría. Al igual que otros migrantes muertos ya sea por causas “naturales” o, en el otro extremo, por mano de secuestradores y redes de trata de personas, finalmente hay sólo un culpable: la violación promovida por el capitalismo del derecho a no migrar.

Ser migrante gitano

29 agosto 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 29 de agosto de 2010
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Se reanuda en estas semanas la ola de racismo y violencia institucional en contra de las poblaciones gitanas del viejo continente. Las poblaciones rom y sinti –las dos mayores etnias gitanas–, que contarían al menos a 12 millones de personas en Europa, según estimaciones de la Comisión Europea, son hoy víctimas de la campaña xenófoba del gobierno francés de Nicolas Sarkozy. Hace un par de años fue el gobierno italiano, hoy es el país de igualdad, fraternidad y libertad el que niega sus orígenes formales e imprime toda la violencia derivada de la crisis que lo atraviesa sobre la población gitana, desde siempre objeto de persecución por su naturaleza incomprendida.

El pretexto formal para las deportaciones de estas semanas es siempre el mismo: seguridad. Y aunque las críticas no hayan faltado –tanto por parte de las instituciones de la Unión Europea (UE) como por la Iglesia católica, la ONU y el amplio abanico de organizaciones pro migrantes–, Sarkozy insiste en expulsar y deportar cientos de ciudadanos de Bulgaria y Rumania –y por ende ciudadanos europeos– bajo la excusa del supuesto carácter ‘criminal’ de estos ciudadanos: las expulsiones son legales, pues se puede restringir el derecho a la libre circulación (de los ciudadanos europeos) por razones de orden público, seguridad y salud, se responde desde París a las críticas. Y desde Bruselas se declara que el caso se está estudiando con atención. Claro, mientras los burócratas europeos encuentren la razón legal de tanta infamia institucional, el daño ya estará cumplido: al menos 700 ciudadanos gitanos –según el programa francés– serán alejados de sus vidas en tierras gálicas y regresados a un futuro anterior en sus tierras de origen.

Al contrario de la mayoría de los gobierno de la UE, el gobierno italiano hoy festeja pues finalmente encuentra un socio digno de sus violencias. El ministro de Interiores italiano, el racista Roberto Maroni, criticado acremente hace dos años por las expulsiones de gitanos desde Italia, hoy festeja y reivindica la patria potestad de la medida francesa. Tiene razón Sarkozy, advierte, pues no está haciendo nada más que copiar a Italia. Es más, Maroni insiste con su vieja idea: Hay que hacer más, es decir llegar a las expulsiones de los ciudadanos comunitarios (de la UE) que no respeten las reglas de legal estancia.

Exagerado. Aún así el italiano corre el riesgo que su tesis pegue y tenga el éxito necesario, sino en sede legislativa, al menos ahí en donde la crisis hoy está llevando sus mayores consecuencias: en el estomago de la vieja Europa, hambrienta hoy como lo fue hace menos de un siglo de un enemigo a quien golpear. Se desbarata y finalmente se desvanece así la validez del criterio jurídico y social de acceso a los derechos contemplado en la idea originaria que separaba a los ciudadanos de la unión de los ciudadanos de países terceros. Ya era discutible esa postura, hoy la creación de ciudadanos de segunda (los gitanos y los criminales) rompe inclusive ese postulado de la ciudadanía europea. Así las cosas, la Europa de la integración y la cohesión social, la misma que invirtió 17 mil 500 millones de euros para el periodo 2007-2013 justamente en la integración de los gitanos en 12 países de la UE, es continuamente rebasada y vencida por la Europa policiaca de la seguridad a cualquier precio.

Si el precio se cobra a las poblaciones gitanas parece ser inclusive una ventaja. Esta población ha sufrido las peores persecuciones de la historia y son tales justamente porque, proporcionalmente, nadie las recuerda y, al contrario, casi las justifica. Justificación por prejuicios contra una población sumamente incomprendida por su supuesta diversidad. Suposición a su vez fundamentadas sobre enormes equivocaciones como la que pretende que estas personas tienen la vocación cultural de no quedarse en ningún lugar. La verdad es que los gitanos viven en un mundo en el que no existe proyecto alguno de integración –y comprensión– justamente porque su vida se escapa aún demasiado de todas las categorías previstas. Una población frágil que muchos prejuicios que la rodean obligaron a tener un estilo de vida peculiar. Por lo anterior, los gitanos se convierten en el sujeto más fácil y cómodo para la construcción de chivos expiatorios por sacrificar en el momento más adecuado: campañas electorales, escándalos de palacio, frustración social acumulada, etcétera. Es difícil de creer que en 2010, tras el terrible pasado de Europa en el terreno del racismo y la intolerancia, es todavía posible criminalizar a una etnia entera a través de su señalamiento en cuanto problema social.

Y sin embargo, asusta aún más la ausencia más o menos absoluta de algún tipo de reacción por parte de los otros ciudadanos europeos. La indiferencia o inclusive el beneplácito frente a las acciones de la policía francesa hoy, italiana ayer, mas europea en general, deja sin palabras al más optimista de los analistas. Este parece ser el presente europeo: no sentirse nunca responsables de alguna manera del destino ajeno porque demasiados ocupados en defender el propio sin siquiera entender que existe una interdependencia que no se puede borrar. Hasta que no llegaran a nuestras casas, podría uno decir, y entonces descubriremos que ya no habrá nadie que se preocupe y proteste por nuestro destino.

Génova 2001: la marcha de los desobedientes

15 agosto 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 15 de agosto de 2010
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El tren que nos lleva de regreso es largo y corre rápido en la vía. Afuera está la oscuridad de la noche que nos acompaña. El pensamiento va rápido a los que aún faltan por ser liberados. Sin embargo, también corre hacia atrás, a recordar los sucedido en las últimas setenta y dos horas. Un recuerdo duro y difícil que desde ese momento no parará de renovarse; en memoria, dicen varios, de la muerte que nos tocó de cerca; en honor, dicen otros, de la justicia que se necesitará para enmendar (si es posible) la muerte por mano de la violencia de un día de protesta. O, simplemente, para evitar olvidar, pues el olvido, dicen algunos, es el enemigo de la humanidad. Y olvidar la muerte a manos de la policía italiana del joven Carlo Giuliani significaría dejar de ser lo que queremos ser: libres.

Es la noche entre 21 y 22 de julio de 2001. La hora no se sabe y, la verdad, poco importa. Estamos hacinados en el poco espacio de un tren que nos asignaron para que el grupo de manifestantes procedente del noreste italiano saliera de la ciudad de Génova tras tres días de magnas protestas por la reunión del Grupo de los 8 (G8). Somos las “Tute Bianche” convertidos en los desobedientes por esta protesta y, ahora, abrumados por tanta violencia vista en las calles del antiguo puerto sede de la reunión de los “poderosos del planeta”.

Pocos meses antes, la prensa mexicana nos había bautizado “los Monos Blancos” con un tono un tanto despectivo, pues nos habíamos atrevido a expresar nuestra solidaridad con la Marcha del Color de la Tierra y sus integrantes, protagonizada por los comandantes (y un sub) del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Y fue con esa experiencia y el sueño que se gestó en ella que más de diez mil manifestantes, en la mañana del 20 de julio, bajaban las calles de Génova rumbo a la alta barda que los organizadores del G8 habían levantado para “proteger” la reunión institucional.

No éramos los únicos, “ni los mejores” decíamos. En el resto de la ciudad, decenas de manifestaciones similares se repartían el territorio para poder protestar cada quien con su forma y consignas, pero todos en contra de una reunión que se consideraba (y se considera) sumamente ilegítima y antidemocrática. Y no era casual. Desde semanas antes del evento, las organizaciones sociales italianas (y muchas europeas) venían organizando la protesta.

Reunidos en Génova Social Forum, los distintos sectores de la sociedad civil italiana habían organizado tres días de protesta: el primer día, la protesta colorida y “tranquila” en favor de los derechos de ciudadanía; el segundo día, se iba a dar “el asalto” a la llamada zona roja, es decir la zona centro de la ciudad, cerrada a la ciudadanía por la presencia de los ocho jefes de Estado; y finalmente, el último día, la megamarcha conclusiva. Y aunque el primer día transcurrió como debía, el segundo día comenzó a concretarse el plan gubernamental: reprimir con fuerza y determinación para, quizás, dar una señal clara y tajante de la postura del nuevo gobierno de Silvio Berlusconi frente a la protesta.

La marcha de los desobedientes, que avanzaba lentamente desde el periférico Estadio Carlini (un estadio de futbol que hospedó a los manifestantes), fue alcanzada por la sorpresiva represión de los carabineros italianos unas cuantas cuadras antes de que terminara el recorrido ya autorizado por las autoridades. Con gases lacrimógenos y macanazos, los uniformados enfrentaron la primera línea de la marcha que iba protegida tras unos enormes escudos de plástico transparentes.

Recuerdo el primer embate de la policía contra los escudos que sosteníamos varios manifestantes. Primero fue el silencio, o quizás es sólo el recuerdo deformado. Luego unos golpes, secos, repetidos, todos iguales. ¿Qué es?, nos preguntábamos. A los pocos segundo, el gas comenzó a subir por abajo del plástico que nos protegía. Las máscaras que llevábamos perdieron rápidamente su función. El calor y la respiración acelerada no ayudaron: la sensación de sofocación llegó tan rápida como los golpes y patadas de los primeros policías en la débil defensa que les oponíamos. El resultado fue inevitable: los escudos volaron en pedazos o cayeron al suelo; hubo que quitarse las máscaras para dar paso al aire, aunque llegara el gas en su lugar; los cuerpos fueron presa inmediata tanto del pánico como de la violencia de la policía. Fueron momentos de miedo y de sorpresa.

La batalla duró muchas horas y se caracterizó no sólo por la determinación de los manifestantes, sino sobre todo por la desorganizada actuación de las fuerzas uniformadas llamadas a mantener el orden durante los días de la cumbre. Dicha desorganización se debió a la falta de preparación de muchos de los agentes de policía que llegaron a Génova pocos días antes de las protestas y no conocían la ciudad, pero también a la falta de coordinación entre los distintos cuerpos policíacos presentes, policía de Estado y carabineros; además, y sobre todo, por las ordenes dictadas en esos dramáticos días.

Mientras en el cuartel general de los carabineros, organizado en las instalaciones del puerto de Génova, el hoy presidente de la Cámara de Diputados y entonces viceprimer ministro, Gianfranco Fini, daba órdenes brincándose toda cadena de mando establecida, el entonces ministro del Interior, Claudio Scajola, según sus declaraciones posteriores, ordenaba a las fuerzas del orden “utilizar las armas” en caso de que los manifestantes penetraran la zona roja; mientras estos personajes operaban detrás del escenario, digo, en las calles de Génova la batalla se encendía aún más. Son decenas los episodios y las anécdotas que valdría la pena contar, relatar, recordar y explicar. Porque la violencia tomada como hecho aislado genera repudio a las gran mayoría; pero la violencia sistemática y orquestada por los gobiernos aparentemente democráticos sólo debe producir indignación y anhelo de justicia.

Es en uno de estos episodios que sucede lo irreparable, es decir, se asoma la muerte entre los manifestantes.

Cerca de unos setenta carabineros, escoltados por dos camionetas, ocuparon la Plaza Alimonda, a unos cien metros de vía Tolemaide, donde fue atacada la marcha de los desobedientes y en donde seguían los enfrentamientos. Una vez dueños de la plaza, el mando local de los carabineros decidió atacar a los manifestantes por uno de sus flancos. Acorralados, los cientos de manifestantes que vieron repentinamente cerrada su única vía de fuga contraatacaron a las fuerzas del orden. A los pocos minutos del choque inicial, los carabineros se vieron superados en número y decidieron retirarse.

Los mismos carabineros admitirán más tarde, en entrevistas frente a los jueces que investigaron los llamados “hechos de Génova”, que ese ataque fue totalmente inútil y mal organizado; que el retiro fue también realizado de manera desordenada y que, sobre todo, las dos camionetas que los acompañaban no tenían por qué estar ahí. Pero así sucedieron las cosas, y en su retirada sin rumbo una camioneta blindada se paró durante unos segundos. Poco tiempo, pero suficiente para que decenas de manifestantes la alcanzaran, la rodearan y comenzaran a golpearla con los instrumentos disponibles: palos, algunas piedras, las manos, en medio de insultos y gritos.

En las imágenes tanto fotográfica como de video se observa claramente la ventanilla posterior de la camioneta: una ventanilla rota, los pies de un carabinero (quizás echado al piso), muchas sombras y una mano tendida hacia atrás. En ella una pistola. En particular en el video se ve cómo un joven, de pantalón negro y camiseta blanca sin mangas y un pasamontañas que le cubre el rostro, rodea la camioneta. Desaparece un momento de la vista y luego se escuchan claramente dos disparos. Un grito: “Noooo… puta madre!” Es el camarógrafo que logra mantener la cámara apuntada pero no puede contener la desesperación por lo que acaba de suceder. El joven de playera blanca yace en el suelo, un extinguidor rojo a su lado (que él había tratado de lanzar en contra de la camioneta), los manifestantes inmóviles por unos segundos.

El horror en pocos segundos. Con diecinueve años de vida, ese joven era Carlo Giuliani, asesinado por un disparo que le perforó el pómulo izquierdo y lo mató en pocos minutos. O quizás se podía salvar, no se sabe, pues la camioneta aprovechó ese instante de sorpresa para echar marcha hacia atrás, pasar por encima del cuerpo de Carlo dos veces (de reversa y ya en su huida) y alejarse definitivamente. Pocos minutos después, la policía, ubicada a pocas decenas de metros de ahí, intervino (ahora sí) y rodeó al cuerpo tendido. Testigos (los paramédicos que arribaron varios minutos después de los uniformados) afirman que Carlo aún respiraba cuando llegaron.

Esa tarde el muerto era un manifestante español, se dijo. Sólo en la noche se supo que era Carlo, joven de Génova, activista que ese día se unió a la marcha de protesta porque sentía –él también– que Génova había sido ocupada por el ejército de un gobierno de facto e ilegítimo del mundo, el G8. Durante pocas horas inclusive circuló la versión según la cual los poderosos suspendían la cumbre por la gravedad de los hechos. Nada de eso en realidad. La cumbre continuó y la represión también.

Al día siguiente, 300 mil personas se manifestaron. Y también fueron atacadas sin razón alguna por las fuerzas del orden. En la noche, una pesquisa en la sede del centro de medios del Génova Social Forum –hospedado en la Escuela a. Díaz– devino en otro acto represivo: más de ochenta heridos de gravedad fue el resultado de lo que algunos funcionarios de policía definieron como “la carnicería mexicana”. En los días siguientes, cientos de detenidos durante las manifestaciones denunciaron la tortura y las vejaciones de las que fueron objeto en la cárcel de Bolzaneto.

Por todo lo anterior hubo varios procesos. El 19 de mayo pasado, los tribunales italianos condenaron –en segundo grado, falta la última apelación posible– a cuatro años de detención a algunos funcionarios de la policía por exceso de violencia, por tortura, por “siembra” de pruebas en contra de los imputados, por falsas declaraciones. Entre ellos el actual jefe de la Policía Nacional Anticrimen, Francesco Gratteri; el jefe del Centro de Estudios de los Servicios Secretos, Giovanni Luperi; el jefe de la Central Operativa de la Policía Nacional, Gilberto Caldarozzi. Y quien admite haber disparado en contra de Carlo Giuliani, el carabinero Mario Placanica, fue absuelto por haber actuado en legítima defensa. Pero que nadie tiemble en su asiento. El 20 de mayo, el actual ministro del Interior, Roberto Maroni, se apresuraba a declarar: “Tenemos plena confianza en los funcionarios [condenados] y no pediremos sus dimisiones.” Dicha confianza fue renovada inclusive cuando el ex jefe nacional de la policía italiana, Gianni de Gennaro, fuera condenado el 17 de junio pasado a un año de cárcel por haber instigado el falso testimonio de un subordinado. No hay justicia, parece. Los ejecutores son condenados pero siguen en sus puestos, amparados por los autores políticos de la tragedia.

La otra frontera europea

15 agosto 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 15 de agosto de 2010
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Poco se habla de ella, pero ahí está. Cuando hablamos de frontera sur europea y relacionamos el tema con las corrientes migratorias, enfocamos constantemente la atención hacia tres países de la región: Italia, España y Grecia. Para estos tres ilustres miembros de la Unión Europea gastamos ríos de palabras para contar, describir y denunciar las políticas de rechazo y expulsión que, con pocas variaciones el uno del otro, los tres países aplican. Sin embargo, es urgente señalar a otro importante protagonista en la guerra europea en contra de los migrantes. Éste es la isla de Malta.

Situada unos 350 kilómetros al norte de Tripoli, la capital de Libia, y sólo a 90 kilómetros de las costas de Sicilia, en Italia, la isla de Malta se ha convertido en uno de los pasos obligados para los migrantes. Y sin embargo poco se habla de esta isla que, aun siendo independiente, se encuentra más cerca de Italia que la misma Lampedusa, la isla italiana más al sur y que es el blanco principal de las rutas migrantes.

Perteneciente a la Unión Europea desde 2004, Malta ha adoptado la posición europea acerca del tema migratorio implementando todas medida represiva posible y contemplada por Bruselas: Centros de Identificación y Expulsión (CIE), patrullajes marítimos, colaboración con la agencia europea Frontex y acuerdos con Libia. A este propósito es preciso señalar la reunión que hubo a principio de julio de este año entre los ministros de Exteriores de Italia y Malta.

En dicho encuentro, titulado Una Estrategia para el Mediterráneo, en lugar de buscar mecanismos eficaces para el rescate de las decenas de migrantes que todos los días tratan de cruzar dicho mar (y mueren en ello), los representantes gubernamentales discutieron y acordaron medidas bilaterales para aumentar el control del tramo marítimo de competencia para evitar, antes que todo, acciones contradictorias como las que en años recientes expusieron a ambos gobierno a las críticas de la sociedad civil.

Malta, por ejemplo, en más de una ocasión se rehusó a socorrer navíos de migrantes porque éstos se encontraban más cercas de las aguas territoriales italianas. O, en otro caso, Malta en más de una ocasión ha declarado la inutilidad de las misiones de Frontex, las que al contrario amparan las maniobras de la armada italiana en las aguas internacionales, tanto bajo el aspecto operativo que económico. Entrar a Malta de manera irregular (sin documentos) no es, como en muchos otros países, un delito pero sí una falta administrativa. Bajo este argumento, los migrantes son detenidos. La peculiaridad de dicha detención es que, desde 2005, puede durar hasta los 18 meses. Según el gobierno maltés, dicha medida temporal inhibiría la llegada de otros migrantes irregulares.

El gobierno maltés está en la actualidad haciendo todo lo posible para conquistar un espacio tanto en el debate europeo (al menos, en el sur europeo) acerca del tema migratorio tanto en los lugares de toma de decisiones al respecto. Malta había logrado mantenerse al margen de las corrientes migratoria. Hoy, ya no es así. Urge una solución, afirman en La Valeta. Una solución que sea fruto de decisiones compartidas, sobre todo por lo que tiene que ver con la responsabilidad que las mismas implican.

Responsabilidad, esa es la palabra clave. Porque es necesario repartirla sobre todo cuando se trata de las responsabilidades que señalan las organizaciones de derechos humanos en contra de la actuación de los gobiernos frente al fenómeno migratorio. En un reporte del año pasado (2009), la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), que tiene un centro de operación en el sur de la isla de Malta, denunciaba las condiciones inaceptables de los tres CIE presentes en la isla. MSF definía el trato que los migrantes reciben como algo injustificado e inhumano.

El mayor problema, señalan los integrantes de MSF, es que en los primeros seis meses del año pasado, al menos 60 por ciento de los migrantes que llegaron a Malta eran potenciales solicitantes de refugio (en su mayoría procedentes de Somalia). Aún así, el gobierno maltés no habría facilitado las condiciones para que este derecho fundamental se pudiera ejercer. Al contrario, denuncian, Malta deporta a sus migrantes a Libia, cuyas políticas –lo sabemos– cancelan de facto dicho derecho.

Con una población de cerca de 400 mil habitantes, Malta recibe todos los años un promedio de 3 mil migrantes. En sus Centros de Identificación y Expulsión, indica MSF, las condiciones higiénicas son pésimas y no hay la mínima atención médica. Las personas enfermas viven junto a quien se encuentra sano, en estado de hacinamiento y en condiciones muy precarias. La detención por hasta 18 meses, según MSF, lejos de detener las nuevas llegadas, está en realidad dañando a la salud de los migrantes detenidos, y potencialmente dichas afectaciones podrían tener consecuencias a largo plazo sobre la salud sicológica y física de los detenidos.

Afirma el estudio de la organización no gubernamental internacional que los factores que orillan a una persona a dejar su casa para irse a otro país son serias. Entre éstas se encuentran guerras civiles, violaciones a los derechos humanos y persecuciones; además de problemas económicos y ambientales. Estos factores, concluye MSF, son más fuertes de cualquier efecto disuasivo de los CIE. Algo que los gobiernos de la Unión Europea no quieren ni logran entender.

El trabajo os hace libres

18 luglio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 18 de julio de 2010
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El 30 de junio pasado, el ejército del coronel Kadafi, en Libia, tomó por asalto el centro de detención para migrantes de Misratah, localidad cercana a la capital del país africano, Trípoli. La razón: castigar a los cerca de 250 migrantes, ciudadanos de Eritrea, culpables de haberse negado a ofrecer sus datos a las autoridades locales. El rechazo a proporcionar sus nombres y apellidos no es casual ni caprichoso. Temían –y siguen temiendo– que Libia trasmitiera la información al gobierno de Asmara y que éste no sólo los boletinara por haber abandonado el país, sino que, en su caso, tomara venganza con las familias que se habían quedado.

Tal postura se desprende del testimonio de un protagonista, quien pudo comunicarse vía telefónica con la prensa: El 29 de junio funcionarios libios nos pidieron nuestros datos generales para comunicarlos a la embajada de Eritrea. Nos rehusamos, pues el régimen de Asmara se habría vengado con nuestras familias. Y más adelante: El presidente Issyas Afeworki es implacable y no tolera la disidencia. Así, los libios nos acusaron de insubordinación y rebelión. Como castigo, los migrantes fueron deportados al campo de Al Brak, en la zona fronteriza sur de Libia, en medio del desierto del Sáhara.

Quien intentó escaparse o rebelarse a la decisión de que fueran deportados, mil kilómetros más al sur, fue golpeado y torturado, según el testimonio. Los migrantes se encontraron de un día a otro en medio del desierto, incomunicados, muchos de ellos heridos, sin asistencia médica, a merced de las autoridades de Kadafi, mismas que no prestan oídos a los reclamos del Alto Comicionados de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La oficina de Naciones Unidas en Trípoli fue cerrada a principios de junio sin explicación alguna. El pretexto fue sencillo: Libia no ha firmado nunca los tratados internacionales sobre refugio.

Los migrantes de Eritrea, que a la luz de la situación bien se suman a la larga lista de potenciales refugiados, vivieron varios días desprotegidos en el sur de Libia. Estamos desesperados, expresó otra voz antes de que las autoridades le encontraran el teléfono celular que llevaba escondido. Si no obedecemos nos llevan a Eritrea, lo que para nosotros significa la muerte. Si obedecemos serán nuestras familias, pues se vengarán con ellas porque nosotros escapamos.

Conocida la noticia, en Italia se desató el clamor mediático. ¿Por qué Italia? Porque, acusaron inmediatamente los movimientos de solidaridad con los migrantes, esos potenciales refugiados son los mismos que el gobierno italiano expulsó en hace meses. Es decir, esos seres humanos son parte de los migrantes que la armada italiana detiene ilegalmente en alta mar y regresa a Libia. Tal hipótesis, rechazada por el ministro de Interiores italiano, Roberto Maroni, encontró aval en la petición formal que el comisario para los Derecho Humanos del Consejo Europeo, Thomas Hammarberg, hizo al gobierno de Roma el 2 de julio: Intervengan.

El gobierno italiano, aun evadiendo cualquier implicación en el caso, echó a andar la maquinaria diplomática para que Kadafi desistiera de su política represiva. Y tras pocos días de intensas pláticas entre las dos orillas del Mediterráneo –cercanas por la muy buena amistad entre el coronel Kadafi y el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, más lejanas para los migrantes–, el 6 de julio se alcanzó el acuerdo de liberación y residencia en cambio de trabajo. En otras palabras, los refugiados de Eritrea podrán salir de su encierro y residir en Libia mientras acepten realizar “trabajo socialmente útil en distintas shabias (comunas) de Libia”. El convenio de liberación fue aceptado sólo por 140 refugiados del grupo.

El gobierno italiano nunca se echó para atrás (…) en la cuestión de los derechos humanos, se apresuró a declarar el Ministerio de Relaciones Exteriores italiano. Y tras responsabilizar a la Unión Europea, porque no toda la carga puede caer sobre los hombros italianos, añadió que no hay ninguna prueba de que los ciudadanos de Eritrea víctimas de esa persecución hayan sido deportados por la parte italiana. Una semana después, el periódico italiano Il Manifesto difundió un video, realizado el primero de julio de 2009 desde un barco de migrantes, en el cual se ve no sólo cómo la armada italiana rechaza a potenciales refugiados, sino sobre todo que 11 migrantes que aparecen en las imágenes son 11 personas incluidas en las listas de detenidos en Al Brak. Una casualidad.

Libertad en Libia, entonces. Pero, ¿cuál libertad? libertad de ser esclavos por tiempo indeterminado en un campo de trabajo libio sin que nadie, absolutamente nadie, se ocupe primero de investigar los abusos de estos días por las autoridades de Kadafi; segundo, que esos abusos no se repitan, y, tercero y más importante aún, que se otorgue el debido estatus de refugiado.

Ninguna libertad de circulación, ninguna garantía, ninguna protección, se encuentra en el acuerdo firmado por las autoridades de Libia tras la presión italiana. No hablemos de quienes no aceptaron el acuerdo, pues nunca conoceremos su destino. Al contrario, la suerte de quienes aceptaron el convenio quizás se pueda vislumbrar pensando al título mismo del acuerdo: libertad a cambio de trabajo, o sea, el trabajo os hace libres.

De Arizona y crisis

29 maggio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 29 de mayo de 2010
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La ya mal afamada SB (Senate Bill) 1070 aprobada en el estado de Arizona y que entrará muy probablemente en vigor el próximo 29 de julio, despertó, justamente, hartas protestas tanto en Estados Unidos como en México y otros países directa o indirectamente afectados por la medida normativa. Los contenidos de dicha ley y las facultades que otorga a las fuerzas de seguridad del vecino país del norte hablan por sí solos de la inteligencia de las personas que la aprobaron. No es de inteligencia pero que es necesario hablar. Ella faltó a los legisladores de Arizona. Hay que hablar más bien de la tendencia que esta legislación marca y de las reacciones a ella, las que también señalan una peligrosa pauta.

Por un lado, en efecto, dicha ley no es ninguna novedad. Sería interesante enumerar la larga lista de normativas restrictivas para la vida digna de los ciudadanos migrantes, tanto en Estados Unidos como en Europa y otros países. Una larga serie de medidas restrictivas, punitivas, discriminantes que matan tanto en esta frontera norte como en la europea, que discriminan y estigmatizan tanto en el desierto estadunidense como en la capitales de Europa. Miles de muertos cada año, cientos de expulsados y deportados todos los días son las consecuencias de dichas normativas que desde hace años pueblan el imaginario reprimido del ciudadano migrante.

Sin embargo dicha ley despertó particular malhumor y enojo en la comunidad nacional e internacional. ¿Será porque es absurdo que sea sólo la apariencia la causa de un alto policiaco? ¿Será porque la ley establece –negro sobre blanco– una vez más en la historia el perfil racial como elemento discriminatorio entre culpable y no culpable? ¿O será sólo porque se le faculta a todo policía interpretar el papel del policía migratorio?

Todo lo anterior y mucho más. Y sin embargo sorprende el vasto abanico de reacciones y sectores que se hicieron protagonistas de las mismas. Tras poco más de un mes de la aprobación de la SB1070, comienza finalmente a despegarse el panorama, pues no dejaba de rechinar la maquinaria propagandista realizada por ciertos sectores institucionales, quienes logran ver la paja en el ojo ajeno pero bien ciegos están cuando se les señala el tronco que existe en su propio ojo.

El 22 de marzo pasado, 11 organizaciones mexicanas reportaban frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el holocausto de migrantes que se da cotidianamente de este lado de la frontera. En los distintos informes se señalaban abusos sexuales, tortura física y sicológica, homicidios, extorsión, corrupción, privación ilegal de la libertad, explotación laboral y sexual, esclavitud, tráfico de órganos, impunidad como las características de la política migratoria al sur del río Bravo. Entre todas, emergía una denuncia tremenda: miles de migrantes secuestrados. Los funcionarios de gobierno llamados a responder negaban todo, obviamente.

La verdad entonces es otra y se está demostrando justamente en estos días. El llamado al boicot sirvió para ilusionar y concentrar la atención de muchos. Pero no para quienes piensan que, pase lo que pase, el libre mercado es asunto que no se discute. Cueste lo que cueste, evidentemente: ya sea la vida o la dignidad del ser humano. Las visitas electorales de quienes tienen la visa y están amparados por la investidura popular y van allá a decir que sí haremos algo, dudamos se adaptarían a las incomodidades del río Suchiate. Así como son risibles las tímidas declaraciones de Obama, quien entre un chiste y otro poco supo hacer hasta ahora en cuanto a la aclamada reforma migratoria.

La verdad es también, y sobre todo, que esta ley no hace otra cosa que responder al sentir común de la gente de Arizona y de muchos otros lados, como bien lo sabe la gobernadora Jan Brewer quien, tras firmar la ley, vio subir 14 puntos el consenso del electorado del estado (para las elecciones del 4 de noviembre). En suma: la legislación es pésima porque pésima es la opinión pública. Difícil decir o contrario a menos que tengamos algún otro cínico interés electoral o seamos racistas.

Es necesario preguntar, más bien, por qué la aclamada reforma migratoria no llega. El yes we can de Obama chocó con la realidad de un Congreso federal dominado por el sentimiento racista de sus integrantes. Claro, una reforma migratoria como las propuestas hasta ahora (ya lo dijimos: La Jornada del 8 de abril de 2010) pagaría límites estructurales que no pueden satisfacer al movimiento migrante de forma cabal. Pero, al menos, permitiría cierto nivel de debate en las sociedades involucradas. Y sin embargo no es así y sigue ganando (fácilmente) la salida reaccionaria y derechista a la crisis económica.

Si la apuesta de Obama era la de probar a superar la crisis apostando a los sujetos biopolíticos de la misma, es decir los precarios, los trabajadores autónomos y flexibles, migrantes y entonces móviles, esta idea recoge aún pocos consensos. Por el contrario, se aprueba socialmente la política de atacar a los más expuestos. El enojo, la frustración, el rencor social encuentran de tal manera un fácil desahogo en el conflicto horizontal que se viene creando entre los pocos con algún privilegio –por ejemplo, el derecho a votar una gobernadora de derecha– y los muchos sin derecho alguno. Quienes están arriba, en las sillas del poder, continúan allí. Por el momento.

Guido Picelli, comandante antifascista

18 aprile 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 18 de abril de 2010
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¿Cómo se define un héroe? ¿Por sus gestas? ¿Por su actitud frente a la vida? ¿Por la dinámica de su muerte? ¿O simplemente por algún aislado episodio en su existencia? Cualesquiera sean las respuestas, hay personajes en la historia de la humanidad que, logrando reunir esos y otros requisitos, obligan – incluso a quienes no somos partidarios de las definiciones grandilocuentes – a buscar adjetivos y descripciones capaces de distinguir una vida de la otra. Diferenciar las vidas dedicadas a la normalidad del cauce planteado por el poder establecido, de las vidas guiadas por ideales y principios tan firmes y claros que no permiten la corrupción ética por parte de las épocas históricas o de los miedos en los tiempos difíciles.

El italiano Guido Picelli era así: un valiente de firmes convicciones. Una persona congruente, se podría decir. O más bien una persona que nunca se rindió. Nunca, ni frente a sus enemigos, tan poderosos como lo fue el gobierno fascista de Benito Mussolini, ni frente a los supuestos “compañeros” que lo orillaron, por así decirlo, el 5 de enero de 1937, a morir de un balazo que le perforó el corazón de atrás hacia delante – así es: por la espalda – mientras demostraba sus capacidades y su generosidad frente a su batallón en la Guerra civil en España.

EL HÉROE DE LOS “CINCO DÍAS”

El 9 de octubre pasado, en la ciudad italiana de Parma, en el norte de la península, un grupo de ciudadanos clamaba al gobierno municipal un monumento por el paisano Guido Picelli, olvidado por la historiografía oficial, y, sin embargo, desde hace noventa y un años vivo en el corazón de la memoria colectiva de aquella ciudad. El 9 de octubre se recordaba, en una modesta ceremonia, el nacimiento de Picelli en Parma, sucedido en 1889. Y se clamaba por un monumento digno de ese hombre, hijo de esas tierras que defendió heroicamente en agosto de 1922. En efecto, en aquel mes, al frente de unos cuatrocientos antifascistas, reunidos en un frente único – concepto estratégico-político muy querido por el italiano -, Picelli logró resistir durante cinco días a miles de fascistas armados que, al mando del jerarca Italo Balbo, intentaban tomar la ciudad de Parma. El héroe de los “cinco días de Parma” fue diputado del Partido Socialista Italiano, independiente en las listas del Partido Comunista Italiano (PCI), siempre convencido militante antifascista, fundador de la histórica organización Arditi del Popolo (literalmente: Intrépidos del Pueblo), que se planteaba la resistencia armada frente a las oleadas violentas del incipiente régimen fascista. Mientras los más se quedaban a la espera de los eventos, cuando muchos no creían en la amenaza fascista, durante esos años Picelli combatió al fascismo, poniendo en riesgo antes que todo su propia vida.

La historia de Guido Picelli es poco conocida, inclusive en Italia. Las razones son de diferente índole. No fue solamente la necesidad de aislar la memoria de quien en la última etapa de su vida se había convertido en un obstáculo al diseño “comunista” pensado en Moscú por Stalin y avalado en Italia por Palmiro Togliatti, el histórico secretario del PCI; fue también la necesidad de acotar y poner a la sombra la capacidad de un antifascista que había entendido desde un principio el peligro fascista en Italia y había comprendido que la resistencia unitaria y firme era cosa necesaria y útil. Sus llamados a la unidad entre antifascistas, comunistas, socialistas, anarquistas y luchadores sociales de otra índole, así como sus tácticas desarrolladas en el frente de batalla (y no en las oficinas de los partidos), no fueron escuchadas ni en ese entonces, cuando el fascismo se iba imponiendo con el garrote; ni más tarde, cuando Picelli se asomó durante unos meses en el frente republicano durante la Guerra civil en España.

No obstante lo anterior, en años recientes, la tenaz voluntad del colega (y muy estimado amigo de quien escribe) Giancarlo Bocchi – director de cine, periodista y fiero conciudadano de Guido Picelli – permitieron la publicación de documentos inéditos que arrojan nueva luz acerca de la vida del antifascista italiano. Dichos documentos se suman a otra obra literaria, La grande cruzada, publicada en 1940 y escrita por Gustav Regler, escritor amigo de Hemingway e importante comandante de las Brigadas Internacionalistas, en las que Picelli es descrito no sólo por la gran fama que le rodeaba desde los años veinte en toda Europa, sino por el papel que desempeñó en calidad de oficial de los Internacionalistas.

ACOSO Y AMENAZA

Tras la victoriosa batalla de Parma y ya diputado en el claudicante Parlamento italiano, Guido Picelli se convierte en objetivo prioritario de la represión fascista. En 1923, un disparo a pocos metros de distancia le deja nada más una cicatriz en la frente, gracias a los prontos reflejos del militante. Un año después, el 31 de diciembre de 1924, una nota periodística clandestina denunciaba que “también el compañero Picelli debía de ser suprimido” por la policía fascista. La noticia reportaba las confesiones de un sicario fascista, Vincenzo Tonti, quien, bajo encargo de la policía de Roma y de Parma, tenía la encomienda de “golpear hasta la sangre o desaparecer al diputado Picelli”. El atentado, que de haberse realizado habría seguido al trágico asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti del 10 de junio de 1924, no se llevó a cabo sólo porque el sicario desistió en virtud de que pudo “apreciar sus (de Picelli) óptimas calidades de ánimo y sus acciones dignas de un verdadero caballero”. El sicario se arrepiente y Picelli tiene salva la vida.

Ya bajo estas condiciones de acoso y amenaza, fomentadas también por las audaces acciones de Picelli, quien, por ejemplo, el primero de mayo de 1924, burlando los controles fascistas, puso la bandera roja con la hoz y el martillo en el Parlamento italiano, tras ser detenido, logra escapar primero a Bélgica y luego hasta la Unión Soviética. Es durante su permanencia en Moscú que Picelli entra en conflicto con el comunismo promovido por Stalin. Él, definido como el “comandante militar” o el “mayor hombre de acción” del Partido Comunista Italiano, se encuentra inmiscuido en las luchas intestinas al comunismo soviético, terminando por ser puesto bajo sospecha primero, y abiertamente acosado después, por el régimen de Stalin. Entre los documentos hallados por Bocchi en los archivos de Moscú, se encuentra la carta que Picelli, desilusionado y al borde de la depresión, envía el 9 de marzo de 1935 a Palmiro Togliatti, líder incontestado del PCI. En ella, el antifascista de Parma escribe: “Después de ser despedido por la Escuela leninista y por el Comintern, me orillan a pensar que alguien me considera incapaz y que la experiencia de la guerra [la primera guerra mundial] y de la guerra civil [en contra del fascismo en Italia] no ha servido de nada”. El líder italiano, uno de los mejores amigos de Stalin, interviene aislando aún más a Picelli. Consciente de estar a un paso de los campos de trabajo de Stalin, decide escapar. No sin dificultad, llega primero a París y de ahí a España, en donde ya había estallado la Guerra civil entre la República y los reaccionarios de Francisco Franco.

COMANDANTE INTERNACIONALISTA

Comienza así la última etapa de la vida de Guido Picelli. En París, el italiano antifascista entra en contacto con los dirigentes de Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), la escisión contraria a Stalin del Partido Comunista Español. El dirigente, Andrés Nin, propone a Picelli ser comandante de un batallón del Partido en la guerra que ya se está peleando en la península ibérica. Sin embargo, en España, la noticia de la próxima llegada del comandante Picelli llega antes de que él mismo tome una decisión. Los voluntarios italianos exigen ser dirigidos por él. Los dirigentes del PCI en España ya no saben qué hacer: ¿rechazar al que Togliatti había definido “el compañero italiano sin partido” o aceptarlo por aclamación popular? Finalmente, el PCI, que no puede permitir que uno de los suyos se pase a la oposición del POUM, envía un embajador, quien convence a Picelli de convertirse en comandante del Noveno Batallón de las Brigadas Internacionales. El riesgo es enorme y el antifascista italiano lo sabe: está a punto de entrar en las filas de los estalinistas, justo después de la ruptura en Moscú. Sin embargo, acepta, quizás ilusionado con poder construir ahí, en esas brigadas internacionales, la unidad antifascista que anduvo buscando y creando durante toda su vida.

Tras un escaso mes de entrenamiento, durante el cual – cuenta la leyenda – los internacionalistas bajo el mando de Picelli tenían tantas ganas de pelear bajo su mando que inclusive protestaron frente al comandante demandando que ya se lanzaran a la batalla, los mandos comunistas le quitan el puesto al comandante italiano y le encargan “solamente” una compañía. Picelli comprende que, quizá, tras esa decisión se encuentra la mano de los estalinistas. Pero los demás que lo acompañan parecen no entender a plenitud la situación. En La grande cruzada, Regler escribe: “¡Picelli merecería el mando de una brigada!” En el mismo libro, el autor cita al comandante supremo de la XII Brigada: “¿Cómo puedo decirle que lo admiro? Quisiera que supiera que todos pensamos que es un gran hombre”. Luego al mismo comandante de la Brigada Garibaldi, aquel Randolfo Pacciardi afín a la línea estalinista del PCI: “Quisiera entregarle el mando, según yo él es uno de los grandes italianos”.

En una entrevista recogida por Bocchi hace un año, Antonio Eletto, uno de los últimos sobrevivientes de la Brigada Garibaldi, hoy de noventa y cinco años de edad, quien dice haber conocido “muy bien a Picelli” por haber peleado bajo su mando, cuenta: “Picelli era un gran hombre. Aunque yo fuera un soldado raso me trataba como a un hermano”. Y confirma los múltiples testimonios que describen al comandante antifascista italiano como a una persona valiente, inteligente, con la mirada y la actitud segura, pero también por sus cualidades físicas, es decir alto, fuerte, e inclusive “de buen parecer”. Dice Eletto: “Se parecía mucho al actor Vittorio De Sica [actor y director del neorrealismo italiano]. Parecían gemelos: misma sonrisa irónica, mismo bigote, misma compostura”.

Con todo y los obstáculos internos, Picelli se distinguió en batalla como ya lo había hecho en Parma y en otros muchos episodios en la Italia fascista.

MUERTO EN BATALLA

Pocas semanas después, tras conquistar el monte El Matoral, posición estratégica a un centenar de kilómetros de Madrid, una bala perdida cruzó de parte a parte el corazón de Picelli. Entrando por la espalda, la bala le rompió el corazón y lo dejó en el terreno recién liberado por el sueño libertario de los Internacionalistas. La muerte de Picelli tuvo lugar la tarde de ese lejano 5 de enero de 1937. Muerto en batalla.

En Parma – y en muchos otros lugares – falta un monumento digno que reconozca las gestas heroicas, el valor y la audacia, la generosidad, la perspicacia y la claridad de visión del comandante antifascista Guido Picelli. En toda Italia, sin embargo, existen calles y algunas plazas dedicadas al antifascista italiano. En su ciudad natal, una placa adorna una esquina de la calle Borgo Cocconi y dice de Picelli:

Brillante expresión del heroísmo popular. Caudillo, animador incansable, firme defensor de nuestra ciudad en contra de las oleadas fascistas en 1922 encabezando los intrépidos del pueblo, diputado comunista en el Parlamento, en las cárceles fascistas ejemplo para los compañeros, se inmoló en tierra de España en 1937 combatiendo por la Libertad en la pauta marcada por la tradición de Garibaldi. Vivirá eternamente en la memoria de los pueblos.

Trabajar para morir

18 aprile 2010 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 18 de abril de 2010
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Siempre hay algún colega de oficina que, al quejarse de su trabajo, reivindica que no estaría viviendo para trabajar sino, al contrario, trabajaría para vivir. Nada más y nada menos.

Un buen consuelo para muchos, pero no para los 24 dependientes de France Telecom, que desde febrero de 2008 han preferido terminar con su vida debido, aparentemente, a sobrecargas de trabajo y management del terror. Éstas, según las palabras en la carta dejada a su familia por el último de los suicidas de la empresa paraestatal francesa. Otro trabajador, inscrito y con un cargo en el sindicato, afirma que desde hace tiempo no existen promociones, nos mueven de un lugar a otro sin formación y sin tener en cuenta nuestras trayectorias profesionales y, finalmente, se imponen ritmos imposibles.

Sólo estas afirmaciones, declaradas bajo el auspicio del anonimato por un cuadro medio del debilitado sindicato de France Telecom, darían para escribir libros enteros. Es preciso subrayar que dicha empresa, desde hace meses, ha promovido un agresivo plan de restructuración interna, que ha conllevado no sólo cuantiosos despidos de trabajadores, sino precisamente una reorganización que ha orillado a miles de cuadros medios y altos de la compañía –entonces, dirigentes y no simples obreros– a desplazarse de un puesto a otro en breve tiempo y con elevada frecuencia. Ejemplar el caso de varias decenas de dirigentes, que de sus oficinas fueron enviados a cubrir puestos de ventas en las subsidiarias de France Telecom. Frente a la cadena de suicidios la empresa decidió en días pasados suspender hasta final de año el plan de restructuración interno y remover al número dos de la dirección, el llamado cost killer, Louis Pierre Wenes. Didier Lombard, actual dirigente de France Telecom, quien se tuvo que disculpar por haberse burlado de la moda de los suicidios, queda en su lugar. A ver hasta cuando.

Los problemas, sin embargo, serán difíciles de resolver con los cambios en la dirección empresarial o simplemente endulzando la píldora de la nueva política empresarial. Estamos aquí frente a otras cuestiones más apremiantes, aunque más complejas y de fondo. Más allá del caso específico, situaciones como las que están sucediendo en Francia nos hablan claramente de algunos efectos de la crisis económica, del fracaso del mal copiado modelo de producción japonés, de la pérdida de seguridad debida a la precariedad, la creciente competitividad y la privatización del servicio público, y, más en general, del fracaso rotundo del actual modelo laboral neoliberal.

La actual crisis económica se está midiendo sobre la piel de la llamada clase media, es decir, ese sector dedicado, en el mejor de los casos, a gestionar desde los puestos medianos del mando global la economía capitalista. Para quienes están abajo, más abajo, la crisis es y ha sido siempre una constante. Ninguna novedad. De la misma manera, para quienes están arriba, al mando real, ésta es cosa ajena y nunca les tocará. Para la clase media, al contrario, representa una relativa novedad, de fuerte impacto, tanto económico como anímico, al cual no siempre hay manera de responder. Por otro lado, si una de las victorias del capital frente al trabajo ha sido justamente anular el natural conflicto entre patrón y trabajador introduciendo conceptual y materialmente la equivalencia toyotista-empresa igual familia en el modelo europeo, al menos las empresas no han podido y sabido introducir también otras medidas de protección de sus hijos. Así las cosas, los trabajadores-hijos, llamados no sólo a realizar el trabajo material sino sobre todo a medirse con las ideas, la capacidad de innovación y de propuesta (trabajo inmaterial), frente a las restructuraciones que los atropellan se encuentran absolutamente desamparados. Al mismo tiempo, las reformas neoliberales de los modelos productivos y, por ende, laborales, fruto de la derrota momentánea del trabajo frente al capital, han provocado inseguridad y precariedad (léase: flexibilidad, temporalidad contractual, anulación/privatización del estado social, etcétera). Todo lo anterior en un contexto de creciente competitividad económica que los empresarios no han pensado dos veces en cargar a los trabajadores (ya sea mediante bonos, premios o, simplemente, en los esquemas contractuales previstos por las subcontrataciones). A lo anterior, como marco general, es urgente añadir que todo ha sucedido y sigue ocurriendo en un esquema de privatización de los servicios públicos, que no es otra cosa que depositar y entregar la gestión de los mismos a la lógica empresarial privada, es decir, la ganancia y sólo ésta.

Finalmente, hablar de fracaso integral del modelo neoliberal es cosa compleja. Baste decir aquí que este fracaso se mide en la incapacidad de generar bienestar generalizado y, al contrario, producir muerte, ya sea a través de la guerra, el hambre, pero también mediante la desesperación y el miedo. Sin duda, pero el neoliberalismo –o su versión actual, en crisis, pero con amplias posibilidades de supervivencia– tiene la posibilidad de ganar definitivamente la batalla final: el control biopolítico de la sociedad. Sólo una renovada capacidad, intención, deseo y esperanza de rebelión, aunque sea simplemente frente al jefe de la oficina, podrá desmentir esa temible posibilidad.

Reforma migratoria, ¿y luego?

8 aprile 2010 2 commenti
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 8 de marzo de 2010
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Es placentero cada vez que se escucha de migrantes y sus respectivas organizaciones en la movilización. Sus derechos y libertades son cuestión que atañe a la sociedad en su conjunto y por esto es preciso apoyar desde otros espacios de la sociedad sus reivindicaciones y felicitar el esfuerzo constante y nunca rendido de su camino de liberación.

Es así que en estas semanas, el debate y la movilización acerca de la anhelada y apremiante reforma migratoria en Estados Unidos captura nuestra atención. Dejando a un lado el debate meramente legal y legislativo que cruza los pantanos parlamentarios y las nieblas de los intereses cruzados, creemos importante dirigirnos al movimiento social que apoya dichas movilizaciones tanto en Méxioc como en el país vecino.

Por su composición y amplitud es difícil hoy discernir quién es quién en el movimiento de solidaridad con la lucha migrante. Y ahora no es importante esa diferenciación, pues hoy el movimiento está unido en la persecución de un objetivo tan importante como esencial, esto es, la reforma migratoria que permita a al menos 12 millones de ciudadanos salir de la invisibilidad, la precariedad del derecho, el chantaje, la amenaza y la incertidumbre. También es importante subrayar olvidos, omisiones y riesgos que conlleva dicha reforma migratoria.

Ante todo es preciso advertir los riesgos de apoyar una reforma que si bien contempla una salida de regularización –por más difícil y perversa que resulte–, viene con una serie de medidas represoras de primer nivel. Es, por un lado, la cédula biométrica –última frontera tecnológica del control social–; por otro, la militarización ulterior de la frontera. Si no fuera suficiente, la propuesta de reforma migratoria no considera ninguna medida que ataque el grave y urgente problema del racismo creciente en la sociedad estadunidense. Una reforma seria debería poner el tema de la discriminación en el centro del debate, ya que es el meollo del asunto, pues no hay derecho que sea válido ni practicable en una sociedad racista.

Y, sin embargo, éstos siguen siendo problemas aún menores. Porque cualquier propuesta de reforma migratoria que se pueda plantear en Estados Unidos seguirá siendo limitada, parcial y hasta inútil si no ataca el problema con perspectiva distinta. Por lo anterior, propuestas como las recientemente presentadas u otras discutidas en el pasado seguirán siendo reformas y leyes migratorias compatibles con el actual sistema productivo y económico, mismo que es la principal causa de las corrientes migratorias que tanto asustan a los países ricos.

Un aspecto fundamental, por ejemplo, resulta la división arbitraria entre migrantes residentes –aunque ilegalmente– y migrantes que se desplazan. Es absurdo observar el silencio alrededor de esta diferenciación que los gobiernos se preocupan por mantener y que, por el contrario, deberían presentar como un asunto medular en cualquier movimiento migrante o en solidaridad con ellos que quiera ser digno de tal nombre. No es posible insistir en separar a los pocos afortunados que lograron cruzar desiertos, mares, montañas, ciudades y fronteras; de los muchos que lo anhelan, pero que aún no lo tienen.

Una verdadera reforma migratoria no puede contemplar la regularización sólo de quienes ya vivan en el territorio de llegada; sino que tiene que considerar nuevas, modernas (ahora sí), eficientes, justas y equitativas formas de ingreso legal al país de llegada. Salvar a unos para condenar a la mayoría es lo que siempre se hace. ¡Que al menos esta vez no se haga con el beneplácito de las organizaciones migrantes!

Otro punto importante, más en el contexto específico de Estados Unidos, es la cuestión de los refugiados. Que el fenómeno resulte más importante del otro lado del mundo no significa que Washington no deba asumir las consecuencias de las guerras, contaminaciones, desastres, etcétera, que se ha preocupado de exportar por el globo. El tema de los refugiados, por la cantidad de personas en ese estado y por las causas de dicha situación, debería ser también incluido en la reforma migratoria, mediante la construcción de mecanismos de acogida, ayuda, apoyo, de los millones de ciudadanos que padecen no sólo la pobreza, sino la necesidad de abandonar un territorio por la ausencia de condiciones para la salvaguarda de la misma vida.

Por último, es importante mencionar que una verdadera reforma migratoria debería hacerse cargo de romper de una vez por todas esa extraña, aunque muy de moda relación arbitraria entre permanencia legal en un territorio y relación de trabajo. El supuesto según el cual un migrante tiene derecho a quedarse sólo en virtud de una relación laboral es tan antiguo que ya nadie se atreve a cuestionarlo. Y, al contrario, en el panorama de la crisis económica y laboral, en el horizonte del cambio de paradigma productivo, de flexibilidad laboral, de precariedad del puesto de trabajo; con todo lo anterior es preciso que una reforma migratoria verdadera cuestione este falso axioma de la ciudadanía para extranjeros y conceda plenos derechos al migrante por el sencillo hecho de ser ciudadano de este mundo.

Represión d ela migración y género

13 marzo 2010 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 13 de marzo de 2010
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El pasado 12 de febrero sucedió lo temido. Joy y Hellen, dos nigerianas migrantes en Italia, fueron internadas en el Centro de Identificación y Expulsión (CIE) de Milán. La permanencia en este triste y mal afamado lugar no les es nueva. Las dos ya lo conocían. Estuvieron allí cuando el responsable de la policía italiana de ese centro de detención intentó violar a Joy. Esa noche, tras la resistencia de la migrante, el agente italiano la golpeó en pleno rostro. De ahí a pocas horas la rebelión explotó en el CIE de Milán.

Era el 13 de agosto de 2009. Por esa rebelión, las dos mujeres, otras tres migrantes y nueve hombres de distintos orígenes fueron condenados a la cárcel. Seis meses después de esa noche, Joy y Hellen fueron liberadas. Pero el destino las esperaba una vez más en el CIE de Milán, pues aun purgada la condena –por cierto, conminada por una juez–, las dos seguían sin tener documentos. Y para los sin papeles en Italia sólo hay un lugar: los CIE. Y en el de Milán los funcionarios que acosaron a Joy siguen en sus puestos: Vittorio Addesso, inspector de la policía italiana en el CIE, y Massimo Chiodini, responsable de la Cruz Roja en el mismo centro.

El temor que algo más pueda suceder es fundado. No es sólo la violencia que los funcionarios mencionados podrían repetir al total amparo de la autoridad que representan y que, al parecer, hasta ahora los ha salvado de cualquier condena. Es también el serio riesgo de suicidio que contamina el ambiente dentro de los CIE. Son numerosos los casos de suicidio o tentativas de hacerlo entre los migrantes encerrados. Para el caso de Joy resulta muy significativo un hecho en particular: el 16 de enero de este año, uno de los condenados junto a Joy y Hellen, Mohammed El Abouby, se quitó la vida. ¿La razón? El día anterior, su abogado le comunicó que iba a ser transferido otra vez a un CIE. Mohammed había participado en la rebelión y durante el proceso había acusado al inspector de violencia en contra de la migrante nigeriana. Tras ese suicidio, un comunicado de una organización en favor de los migrantes divulgó: Mohammed demostró todo el valor concreto de la solidaridad activa por la cual pagó el precio hasta con su propia vida.

Si eso no sucediera, queda vigente el peligro de otros abusos. La tentativa del 13 de agosto pasado no es un caso aislado, denuncian diversas organizaciones de la sociedad civil italiana. Es más, según las mismas, Vittorio Addesso sería un violador en serie, pues el caso de Joy no ha sido el único. Si esto fuera poco, las mismas organizaciones denuncian que en realidad éste sería sólo el último eslabón de la cadena. Según múltiples testimonios recogidos entre las mujeres migrantes que acuden a las organizaciones en busca de un poco de solidaridad y ayuda, nosotras somos objeto de la violación perfecta, pues en la gran mayoría de los casos no acudimos al hospital a que nos curen; tenemos miedo de que nos expulsen. Este es el precio –entre otros– de no tener papeles para regular su estancia.

La actual situación es sin duda consecuencia del creciente entorno represivo que los migrantes viven hoy en Italia. El más reciente episodio legislativo en este sentido fue el llamado paquete de seguridad, un conjunto de leyes y dispositivos legales que acotan aún más las libertades y los derechos de los migrantes. En el caso específico, es preciso subrayar que parte de dicho paquete legislativo se concentra precisamente en las medidas pensadas para frenar la violencia en contra de la mujeres. Casos reales convertidos en paradigmas de la supuesta violencia migrante en contra de las mujeres que deben de ser frenados, impedidos y castigados. Así las cosas, tras una imponente campaña mediática, el resultado tenía que ser uno: las mujeres (italianas) deben tener miedo y la sociedad en su conjunto exigir el castigo ejemplar de los bárbaros foráneos.

Y si el resultado inmediato era la aprobación parlamentaria del paquete, la finalidad última es abusar con nuevas y otras formas de esos cuerpos femeninos. Primero, transformando los cuerpos de las mujeres en instrumento y pretexto para el endurecimiento de las medidas de control y represión para toda la sociedad. Segundo, se construye la diferencia y la separación entre italianos y migrantes, pues la seguridad que se ofrece a las mujeres es sólo para las blancas, italianas, autóctonas, la mujer nostra, naturalmente. Porque por el otro lado, las migrantes pagan y siguen pagando el precio de tanta represión. Lo pagan tan directamente que es su cuerpo el objeto de ese cobro indebido que la sociedad italiana, indecisa frente a su propio miedo, exige a los migrantes, la parte más indefensa y sujeta a chantaje de la sociedad italiana.

Ese es el cuerpo femenino: objeto de campañas mediáticas para que el Estado italiano corra en su defensa cuando los potenciales abusadores son los migrantes; objeto de indiferencia cuando el abuso se consuma en las cuatro paredes domésticas (tres cuartas partes de la violencia hacia las mujeres en Italia sucede en los hogares familiares, según datos estadísticos); objeto de todo tipo de abuso cuando ese cuerpo es migrante –y extranjero, por lo tanto indefenso, anónimo, invisible–, y cuando se encuentra en manos de las autoridades que de él disponen a pleno gusto de los carceleros en turno.

Un día sin nosotros

6 febbraio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 6 de febrero de 2010
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El título no es un error. No llegué tarde a la cita histórica de ese primer día de mayo de 2006, en el que millones de migrantes en Estados Unidos protestaban y dejaban de trabajar. Fue aquel un hecho histórico. Y aunque esa movilización no haya conseguido precisamente lo que se proponía, en Europa ya se está gestando un día sin migrantes. La fecha marcada por el calendario de la protesta mestiza es el próximo primero de marzo.

La iniciativa, libremente inspirada en la manifestación estadunidense de hace cuatro años, toma impulso por la voluntad de una periodista de origen marroquí, Nadia Lamarkbi, quien tras abrir una página de Internet titulada 24 horas sin nosotros ha recibido miles de adhesiones y ha comenzado a coordinar las iniciativas en todo el país. Los ahora organizadores, mujeres y hombres de toda creencia, de todo corte político y de todo color de la piel, inmigrados, descendientes de inmigrados, ciudadanos conscientes de la esencial aportación de la inmigración, se declaran indignados por la criminalización de los migrantes. Explican que el primero de marzo de 2005 entró en vigor la nueva ley de inmigración, CESEDA por su acrónimo francés, o comúnmente llamado el código de los extranjeros. Y entonces, ¡cuál mejor fecha para convocar a un día sin migrantes! La invitación es explícita: Durante 24 horas dejemos de participar en la actividad económica de las empresas, en la administración pública, en las escuelas […].

Nacida en el entorno político y social francés, especialmente agobiado por las medidas represivas del gobierno de Nicolas Sarkozy (por ejemplo: Desalojo en La Jungla, La Jornada, 26 de septiembre de 2009), la propuesta ya rebasó las fronteras de aquel país y se está expandiendo en la Unión Europea (UE). En el Estado español y en Grecia en estas semanas se están constituyendo comités locales para promover la protesta. Sin embargo, particular relevancia tiene el lanzamiento de la iniciativa en Italia, de manera particular a raíz de los despreciables hechos de Rosarno, en el sur del país (La Jornada, 30 de enero de 2010). Tras ese ejemplar episodio de racismo tolerado por las autoridades, cuatro mujeres –tres de ellas extranjeras– han decidido lanzar la misma protesta en Italia.

Las demandas y las perspectivas son las mismas. Condenamos y rechazamos los estereotipos y los lenguajes discriminatorios; el racismo de cualquier tipo, de especial forma el institucional, que utiliza de manera instrumental el llamado a las raíces culturales y religiosas para justificar el rechazo y la exclusión, clama el manifiesto internacional suscrito ya por miles de personas y organizaciones en todo el viejo continente. El mismo escrito señala que ver en los migrantes una masa sin forma de parásitos o una cuenca sin fin de fuerza de trabajo barata representa posiciones inmorales, irracionales y contraproducentes. Añade: “La contraposición entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, ‘autóctonos’ y ‘extranjeros’ está destinada a caer, dejando el lugar a la conciencia de que hoy estamos ‘juntos’, viejos y nuevos ciudadanos, encargados igualmente de construir el futuro”.

Y aunque el llamado a la protesta, a la huelga de los migrantes, está incomodando a más de un sindicato en Europa, el próximo primero de marzo se perfila como una gran ocasión para recomponer el movimiento migrante alrededor no sólo de los ejes temáticos del racismo, la discriminación, la exclusión, la explotación laboral; sino también –y sobre todo– alrededor del eje de la actual crisis económica. En este sentido, es importante entonces reconocer ciertas diferencias que desde ahora se están marcando con respecto al encuentro del primero de mayo de 2006 en Estados Unidos. Antes que nada, es necesario marcar la diferencia en la composición del trabajo migrante hoy, en Europa definitivamente muy diversificado. Es también evidente la falta, en la UE, de sujetos clásicos de representación social –ya sean partidos o sindicatos– capaces no sólo de llevar la voz de ese nuevo y complejo trabajo migrante, sino también de interceptarlo, entenderlo y mezclarlo, como debería ser, con el trabajo precario cual categoría incluyente de la anterior. Al propio tiempo, ese mismo trabajo resulta hoy el centro de la mayor crisis económica de décadas recientes, siendo los migrantes las primeras víctimas de eventuales despidos, recortes de personal y/o reajuste salarial. En este aspecto, el gobierno de la migración ya no se dedica a la tarea de controlar y absorber –de manera legal e ilegal, poco importa ahora– lo que era considerado algo útil, es decir la fuerza de trabajo migrante. Al contrario, hoy esa multitud de migrantes que viven en la UE son sujetos de sobra, sujetos que deben irse y quitar la molestia.

Así las cosas, el gobierno de la migración se convierte en una de las tantas maneras de controlar esta sociedad al borde de la desesperación, trazando límites, separando gente, marcando diferencias artificiales. Es por eso que hoy muchos son los europeos que bien pueden asimilarse, en condición y perspectiva, con el ciudadano migrantes. Hoy más que nunca está vigente la consigna: todos somos migrantes. Y si así fuera, la protesta del próximo primero de marzo bien puede convertirse en algo más que una movilización de ciudadanos migrantes: una protesta de éstos junto a los trabajadores precarios de toda Europa, es decir un día sin nosotros.

Esclavitud y mafia en Italia

30 gennaio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 30 de enero de 2010
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El pasado 7 de enero, en la localidad de Rosarno, en la extremidad sur de la península italiana, cerca de Reggio Calabria, la punta de la bota itálica, miles de trabajadores migrantes, recolectores temporales de fruta –de aquí los preciados cítricos italianos–, salían a las calles del pueblo de poco más de 15 mil habitantes para manifestarse en contra del racismo del que son víctimas. El pretexto: pocas horas antes alguien disparó, desde su automóvil, en contra de un grupo de ciudadanos migrantes que se reunía en las afueras de la estructura –una ex fábrica– que lo hospedaba. El episodio, de por sí reprobable, en realidad fue a completar una larga lista de ataques más o menos directos hacia la comunidad migrante de la zona.

La protesta tomó rápidamente las características de una rebelión generalizada en el seno de la multiétnica comunidad de migrantes que ahí, como en muchos otros territorios del sur italiano, vive y trabaja. El hartazgo y la rabia los alcanzó, pues no sólo ya no están dispuestos a aguantar intolerancia y racismo, sino también las condiciones materiales que dichas actitudes producen: precariedad de la vivienda, sueldos escasos, abusos laborales y, en su caso, invisibilidad y chantajes causados por la falta de papeles para regular su estancia. Al día siguiente llegó la venganza. La población local, organizada en improvisados comités vecinales, invadió las calles de Rosarno y desató la caza del migrante. Con palos, cadenas y, en algunos casos, armas de fuego, los ciudadanos italianos se lanzaron en contra de todo extranjero que encontraban en su camino. El resultado: golpizas, persecuciones y agresiones de todo tipo, en especial modo en contra de los migrantes de tez oscura, es decir los negros. A las pocas horas, la intervención de la policía italiana regresó la calma aparente: 37 heridos en total (16 de ellos migrantes, el resto policías), los buenos italianos calmados y los migrantes –la mayoría de ellos– alejados del pueblo; es decir, literalmente cargados en camiones y llevados a los mal afamados Centros de Identificación y Expulsión.

La noche del 8 de enero, el ministro del Interior, el reconocido racista Roberto Maroni, declaraba frente a las cámaras de la televisión que los hechos eran el resultado de años de excesiva tolerancia hacia la migración ilegal, misma que, según la letanía de siempre, estaría en la base de la criminalidad y de las situaciones de degrado social. Así las cosas, el gobierno italiano no sólo hacía (y hace) caso omiso de las degradantes e indignas condiciones bajo las cuales los migrantes son obligados a trabajar por italianísimos patrones; no sólo justifica a posteriori las agresiones de la población civil, premiando indirectamente a quienes finalmente se volvieron intolerantes, sino que además condena a los mismos migrantes, culpables de no querer vivir como animales y de no tener los papeles que la misma ley italiana no les permite conseguir.

Pero además hay otra historia dentro de esta historia. Y es que el gobierno italiano –y la sociedad que lo apoya desde el otro lado de las pantallas televisivas– está en realidad legitimando el histórico y muy actual sistema de gobierno del territorio y de la producción agrícola en el sur del país. El poblado de Rosarno, así como toda la región de la Calabria y demás áreas colindantes, son zonas de la mafia. Varían los nombres y las familias al mando, pero el modelo es ese: control estricto del territorio por vía de la amenaza, la imposición, la violencia, la corrupción, los favores y los chantajes. Buena parte de los gobiernos municipales de la zona están actualmente suspendidos por infiltración del hampa. La mafia –que en Rosarno se llama ‘Ndrangheta; es decir, la misma que tiene buenas relaciones con el cártel del Golfo en México– controla todo allá: es la gestión de todas las actividades ilícitas, pero también de todas las productivas. Es así que la mafia llega a controlar el mercado de los trabajadores de bajo costo, migrantes y desprotegidos. En este enfoque, los migrantes son los únicos hoy que se rebelan clara y abiertamente en contra de dicho poder.

Por otro lado, no puede sorprender que este tipo de episodios suceda justamente en la época del llamado paquete seguridad, instrumento legislativo aprobado en medio de polémicas en el verano del año pasado y que restringió, aún más, derechos y oportunidades para los ciudadanos migrantes. Más allá de la inexistente relación entre clandestinidad y tasa de criminalidad, que sin embargo sigue siendo el pretexto de cualquier declaración y acción del gobierno italiano, es evidente que la aumentada precarización de la vida migrante en Italia debido al nuevo marco legal ha conllevado a la creación de un ejército de seres humanos expuesto a todo tipo de chantaje y condición laboral y de vida. La vía moderna a la esclavitud.

En este contexto, a pesar de las consecuencias materiales de lo sucedido, la rebelión migrante de Rosarno debe ser leída también como una señal de positivo hartazgo y deseo de vivir. La digna rabia migrante surgida en el sur de Italia habla el lenguaje claro y esperanzador de quienes no se quieren rendir frente a la creciente, difundida y pegajosa voluntad de resignarse que está poco a poco contagiando a la sociedad italiana.