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La gestión comunitaria del agua en Cochabamba

1 giugno 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de junio de 2010
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Cochabamba, Bolivia. A diez años de la llamada “guerra del agua”, que en la primavera del año 2000 sacudió la ciudad de Cochabamba y acabó marcando el inicio del proceso que llevó a Evo Morales a la presidencia de Bolivia, el derecho al agua para la población de Cochabamba sigue siendo un objetivo por alcanzar.

En el sur de la capital de la provincia de Cercado y del departamento homónimo, existe hoy una experiencia autónoma que alrededor de la gestión del recurso hídrico construyó su propia organización y que hoy, tras seis años de existencia, abastece del precioso líquido aproximadamente a 250 mil personas, es decir, una cuarta parte de la población de Cochabamba.

Nacida en agosto de 2004, la Asociación de Sistemas Comunitarios de Agua del Sur (ASICA-SUR) es una organización que aglutina actualmente a más de cien sistemas de agua comunitarios. Según sus integrantes, es también una organización sin fines de lucro que no responde a ningún partido.

El ingeniero Carlos Oropeza Aguilar es desde hace cinco años parte del equipo técnico de la asociación y se ocupa de coordinar al proyecto macro de ASICA-SUR, es decir “planifica, evalúa y realiza el seguimiento a las diferentes áreas de acción” de la organización. Entrevistado por Desinformémonos, Oropeza Aguilar afirma: “Nosotros en cuanto consumidores mayores, tenemos el derecho de ser parte de la gestión, pero no cómo el modelo de ‘observatorios ciudadanos’, sino como parte de la misma gestión, tomar las decisiones”.

“La necesidad de organizarnos”

Carlos Oropeza cuenta que ASICA-SUR nació por “la ausencia del estado, de las autoridades, de las entidades públicas que tenían la obligación de atender a la población con servicios básicos”. Por ello, continúa, la población se organiza en pequeños sistemas locales de agua, los llamados “comités de agua”, que con sus propios esfuerzos logran constituir pozos, tanques, sistemas de extracción y de distribución. Lo más valioso, apunta Oropeza, es justamente que dichos comités administran y gestionan autónomamente los sistemas de agua construidos.

ASICA-SUR, entonces, nace cuando “estos comités, que se crean cada uno por su cuenta, comienzan a sentir la necesidad de ser atendidos por el Estado”. El encargado de proyectos de la organización afirma que la autoridad nunca quiso escuchar a los comités y, por ello, la gente comenzó a percibir la necesidad de constituir una entidad matriz que los aglutinara y que se hiciera portavoz de todos estos pequeños comités.

El miembro del equipo técnico de ASICA-SUR aclara que los comités existían mucho antes de la llamada ‘guerra del agua’ del año 2000 y reivindica que “justamente cuando se da la tentativa de privatización del sistema de agua, los comités toman un rol protagónico en la protesta”. Dicho rol protagónico no fue sólo de los comités, según el Carlos Oropeza, sino de “toda la zona sur de la ciudad”.

Carlos Oropeza explica que “al cumplir con el fortalecimiento de ASICA, cumplo con mis principios personales y profesionales”. Narra que ‘la guerra del agua’ les enseñó que hay que organizarse, pues “solamente organizados, unidos, y con espíritu de lucha es que vamos a poder construir la vida que queremos”. Y añade que se podría decir que ASICA-SUR es fruto de la guerra del agua.

“La constitución de la organización es fruto de un proceso. Una vez que termina la protesta del año 2000, todo mundo se fue a su barrio a realizar un trabajo de base. ASICA-SUR no surge inmediatamente después de la victoriosa protesta de aquella primavera boliviana. Primero fue ir a los barrios, concientizar a la gente acerca de la importancia del recurso. Luego, fueron a trabajar con los pequeños comités y socializar sobre la importancia de organizarnos y desde abajo se fue poco a poco construyendo todo. desde abajo se fueron escribiendo los estatutos, los reglamentos. Fue un trabajo largo”, relata el entrevistado.

La relación con el gobierno

Para Carlos Oropeza, la llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia desata la esperanza entre los comités, quienes fueron y se consideran “la base social de este proceso de cambio, que el gobierno dice estar encaminando, pues es esta gente (la de los comités) quien empujó este proceso, quien los llevó al gobierno”. Oropeza admite que al ver “sus representantes” al gobierno, sintieron la esperanza de tener finalmente atención por parte de las autoridades.

Sin embargo no ha sido precisamente así. “Hubo algunos avances, en el sentido de que hemos recibido un financiamiento directo por parte del gobierno, cosa que nunca había pasado, pues antes el dinero pasaba por alguna autoridad local y no llegaba a la base”.

Detalla que en estos meses están utilizando un financiamiento de cuatro millones de dólares para la construcción de infraestructuras para los comités de agua. Además, “al parecer hay intención por parte del gobierno de reconocer estos pequeños comités de agua, de darles su registro, para que funcionen en un marco legal”. Aunque admite que estos son pequeños cambios positivos, Carlos Oropeza afirma que “no obstante, no estamos conformes”.

Tajante, el ingeniero de ASICA-SUR demanda mucha más inversión, pues “para lo que se necesita es muy poco lo que hasta ahora se ha invertido”. La razón de esta situación, indica, es porque el gobierno aún no define sus políticas alrededor de las necesidades reales de la gente y, al contrario, opta por programas y planes que le van a favorecer políticamente, como puentes, carreteras, “en fin, cosas que uno puede ver”. Los acueductos y los pozos no se ven, por esto, denuncia “sabemos que para el gobierno nosotros no tenemos significado político”.

Sin embargo, ASICA-SUR y sus integrantes parecen estar muy conscientes de la fuerza con la que cuentan. Los poco más de cien comités atienden a cerca de 700 familias cada uno, haciendo un total de más de 200 mil personas, la cuarta parte de la población de Cochabamba. Carlos Oropeza aclara: “Ojo: estamos diciendo que son 250 mil personas que están organizadas en los sistemas de agua locales”. Y advierte: “El gobierno sabe que esta es una fuerza que podría ser su gloria o su tumba”. Y a pesar de que el gobierno siempre haya tratado de “hacernos suyo, de someternos, ASICA-SUR se ha mantenido independiente, nunca aceptó incorporarse a nada que ofreciera el gobierno.”

Por ahora, ASICA-SUR sobrevive gracias a la cooperación internacional. La asociación italiana Centro Volontariato Internazionale (CeVI) es parte de dicha cooperación “en el marco de Proyectos de Cooperación Internacional entre Italia y Bolivia”. Dice el representante de la organización italiana en Bolivia: “Lograr la sustentabilidad de la gestión del agua comunitaria e impulsar una gestión participativa y solidaria del recurso es importante porque el agua debe ser fuente de democracia y justicia y no de desigualdades y ganancias”.

La independencia

El miembro del equipo técnico de ASICA-SUR expone que siempre hubo la idea de mantenerse independientes, “fuera cual fuera el gobierno”. Acerca de los apoyos recibidos – los cuatro millones de dólares mencionados -, Carlos Oropeza aclara: “Si el gobierno quiere apoyar, adelante, pero eso no implica someterse a nadie”.

Esta actitud hacia las autoridades, abunda, también les costó en cierta medida, pues las presiones gubernamentales no faltan. “El gobierno sabe que somos independientes, pero, por ejemplo, ha intentado llevarse personas de la organización ofreciendo puestos de gobierno”.. En otras ocasiones, el gobierno invitó a los miembros de ASICA-SUR a participar en eventos y movilizaciones.

En algunas ocasiones, admite el ingeniero de la organización, hubo respuesta positiva por parte de ASICA-SUR. No obstante, afirma, “luego vimos que nos estaban utilizando, pues no respondían a nuestra necesidades como nosotros lo queríamos”. Y aunque nunca hubo represión directa, “asumimos que podría suceder”.

Durante la tercera Feria Internacional del Agua, organizada por ASICA-SUR junto a otras organizaciones en los días previos a la aclamada Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático (CMPCC), dice Carlos Oropeza, “se sintió la ausencia de algún representante del gobierno”. Este año, en efecto, el gobierno junto al Movimiento al Socialismo (MAS, el partido de Evo Morales) organizó un evento aparte para celebrar el décimo aniversario de la ‘guerra del agua’.

Durante el primer mandato de Evo Morales hubo funcionarios muy cercanos a la organización y los mismos siempre participaron en sus eventos. Como muestra del cambio de actitud y de relación entre la organización y el gobierno, Oropeza cuenta que el gobierno no los invitó a la CMPCC: “Nosotros sentimos que quisieron convocar sólo a las organizaciones que están sometidas a la voluntad del gobierno, donde se hace lo que la cúpula decide”.

Otro modelo de gestión del agua

La zona sur de Cochabamba, según Carlos Oropeza, es una zona que se pobló con la gente que migró desde otros lados. La gente vino sobre todo de los que son centros mineros en el país “por eso la gente trae arraigada la vocación a la organización”. La fuerte tradición sindical del sector minero en Bolivia tuvo gran influencia en la formación de los comités locales de agua.

Al mismo tiempo “mucha gente vino de las áreas rurales, del campo, donde lo fuerte es lo comunitario. La comunidad es un concepto central pues el trabajo se hace en común”. También muy arraigada es “la práctica de la ayuda mutua”. Estas dos realidades se han juntado, expone, “cada una puso de su parte”. “¡Organicémonos y trabajemos!”, fue la consigna. Y reivindica: “Esa es la parte rica de nuestra experiencia: campesinos, indígenas y cultura minera”.

Acerca del fuerte compromiso que la gente demuestra en las actividades coordinadas por ASICA-SUR, Carlos Oropeza señala la importancia de que todos los sistemas de agua fueron construidos por la propia gente, lo que permite que toda la comunidad los proteja y los cuide. La gente no siente la obligación de participar, explica, “pues se involucra alrededor de su necesidad y de lo que construyó con sus propias manos”.

La organización nació en un principio sólo como portavoz de la asamblea de todos los comités. Luego, a lo largo del tiempo, se dio la necesidad de organizar un equipo técnico para ofrecer asistencia a los comités y es ahí, dice Oropeza, “cuando ASICA-SUR se convierte en una organización que va también a reforzar el trabajo de cada sistema de agua”.

Además, explica, el equipo técnico surgió también porque los comités se dieron cuenta que las autoridades no gestionaban proyectos. Por ello, ASICA-SUR se volvió un gestor y un ejecutor de proyectos. “La organización es un poco sui generis, pues por un lado es como un sindicato por otro lado es como una empresa”, comenta el ingeniero boliviano.

Tan es así, que actualmente, ASICA-SUR tiene firmado un convenio con SEMAPA (Servicio Municipal de Agua Potable de Cochabamba, el servicio público de la ciudad) para que la organización independiente ofrezca servicio de agua potable con sus tres carros cisternas (pipas).

Todo lo anterior, precisa Carlos Oropeza, es el fruto de un trabajo comunitario y autogestionado que tiene su propia organización. Hay un directorio que es elegido por la asamblea de los representantes de los comités que cuenta con cinco miembros y un presidente y como función tiene la de ejecutar lo que ellos – la asamblea de representantes – determina.

Este espacio de “dirección” percibe una compensación económica por su labor permanente, a diferencia de la asamblea, cuyos miembros (los representantes de cada comité local) no tienen sueldo alguno. Carlos Oropeza precisa que el directorio es renovado cada dos años, “aunque la asamblea tiene la facultad de revocar el mandato en cualquier momento”.

Con este tipo de funcionamiento, ASICA-SUR se propone también como modelo alternativo y “democrático” de gestión del recurso hídrico. “Observamos que la empresa pública que fue rescatada durante la guerra del agua no está respondiendo, no sirve. La empresa, cuando tiene muchos usuarios, no logra funcionar con la participación social de la gente. Por esto, como sistemas de agua que somos decidimos no volvernos usuario, sino fortalecernos y convertirnos en un modelo de gestión, primero comunitario”.

No obstante, la interacción con el servicio público es necesaria ya que es la empresa pública la que tiene la propiedad de las mayor parte de los pozos de agua. La propuesta de ASICA-SUR es comprar agua en bloque a la empresa pública y gestionar su administración y distribución, tal y cual “hacemos ahora con el agua que extraemos nosotros”.

“Un modelo así es mejor porque es comunitario y eso significa mayor transparencia en el proceso. Nosotros en cuanto consumidores mayores, tenemos el derecho de ser parte de la gestión, pero no como el modelo de ‘observatorios ciudadanos’, sino como parte misma de la gestión, tomar las decisiones”, finaliza Oropeza.

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