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Los mensajes de la CIA

12 aprile 2010 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, nº 1724, el día 12 de abril de 2010.
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Si un “baño de sangre” en Afganistán ocurriera durante el verano, la población europea podría mostrar una “activa y políticamente poderosa hostilidad” hacia la misión militar que la Organización del Tratado del Atlántico Norte lleva a cabo en ese país, advierte un documento “secreto” de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).

Ante tal escenario –señala el texto–, es necesario desarrollar estrategias de comunicación para “prevenir o al menos contener una reacción de oposición” a la guerra en Afganistán y preparar a la opinión pública de la Unión Europea (UE) a “tolerar un elevado número de bajas militares y civiles” en la nación asiática.

El documento de la CIA está fechado el pasado 11 de marzo, tres semanas después de que el gobierno de Holanda retiró su apoyo a dicha misión militar y después de que la ciudadanía de dos países cruciales de la UE –Francia y Alemania– han expresado su rechazo a mantener la presencia de tropas en Afganistán.

El documento tiene un título explícito: Afganistán: sosteniendo el apoyo de Europa Occidental a la misión de la OTAN; porque contar con la apatía podría no ser suficiente. Está marcado con las palabras “confidencial” y “Noforn” (No Foreing National) que, de acuerdo con la clasificación del gobierno de Estados Unidos, significa que no puede ser visto por representantes de naciones extranjeras.

Pese a ello, el colectivo WikiLeaks lo publicó el pasado 26 de marzo en su portal de internet, justo unos días antes de difundir el video que dio la vuelta al mundo en el que se aprecia cómo los pilotos de un helicóptero estadunidense disparan contra un grupo de civiles desarmados en Irak.

Según se desprende del documento, el director de la CIA, León Panetta, encargó a CIA Red Cell –una instancia interna de investigación creada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001– realizar un análisis sobre el apoyo que recibe la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés) de la OTAN en Afganistán.

Más aún, pidió que, derivado de ese análisis, la CIA Red Cell propusiera una “una postura ‘no

convencional’ que provoque intercambio de ideas y ofrezca un punto de vista alternativo…”.

La crisis holandesa

Casi de entrada, el documento señala que “la caída del gobierno holandés (…) demuestra la debilidad del

apoyo europeo a la misión ISAF en Afganistán”.

En efecto, la coalición de centroizquierda que gobernaba a Holanda desde 2006 se fracturó debido a los desacuerdos sobre la duración de su misión militar en Afganistán. Los demócratacristianos, encabezados por el primer ministro Jan Peter Balkenende pedían extender la presencia de los mil 600 soldados holandeses desplegados en la provincia afgana de Uruzgán. Los socialdemócratas se opusieron. Después de 16 horas de infructuosas negociaciones, éstos retiraron su apoyo a Balkenende, quien no tuvo más remedio que anunciar el pasado 20 de febrero la disolución de su gobierno.

El calendario original de la misión militar holandesa prevé su retiro durante el presente año, pero –según publicó la prensa europea–, la OTAN presionó al gobierno de Holanda para que mantuviera sus tropas hasta agosto de 2011.

El citado documento de la CIA refiere que encuestas de la Oficina de Inteligencia e Investigación (UNR, por sus siglas en inglés), dependiente del Departamento de Estado, muestran que 80% de la población de Alemania y de Francia se opone a un eventual aumento de tropas de sus países en Afganistán.

Sin embargo, subraya que dicha oposición es pasiva y que la “apatía” de la población de esas dos naciones europeas ha permitido a sus gobernantes incrementar la presencia de soldados en la misión de la ISAF. Advierte que tal “indiferencia puede convertirse en abierta hostilidad si los combates en verano registran bajas entre militares de la OTAN y civiles afganos”.

Hace notar que los gobernantes franceses y alemanes están preocupados por los efectos que esta oposición pueda tener en sus respectivos procesos electorales. Además, señala, se corre el riesgo de que “el debate estilo holandés se esparza en los otros países que contribuyen con tropas” en Afganistán.

Ante tal escenario, el documento propone estrategias de comunicación que puedan “prevenir o al menos

contener una reacción de oposición” a la presencia de las tropas de la OTAN en el país asiático.

Considera que la población europea “podría estar mejor preparada para tolerar un elevado número de bajas militares y civiles si perciben una conexión clara entre sus propias prioridades y la presencia de tropas de sus respectivos países en Afganistán”.

Estrategia de comunicación

El documento de nueva cuenta se enfoca en la población de Francia y Alemania. En el primer caso, sugiere elaborar mensajes que atiendan la preocupación de los franceses por los civiles y refugiados afganos. Es decir, posicionar en la opinión pública gala que la presencia de la ISAF “beneficia a los civiles” del país asiático. De igual manera, “enviar mensajes que dramaticen las consecuencias adversas para la población civil afgana en caso de la derrota de la misión de la ISAF”. Añade que ello “podría elevar el sentimiento de culpa por un eventual abandono” del país asiático.

Respecto de los alemanes, el documento dice que “están preocupados por el despilfarro de recursos. Dicen

que (la guerra) no es un problema alemán y objetan las razones de la misión” de la ISAF.

Sugiere: “Cierta oposición se puede revertir gracias a los avances en el terreno, señalando las consecuencias en Alemania de una eventual derrota y asegurando que el país es un socio importante en la guía de la misión”.

También recomienda “subrayar la contradicción entre el pesimismo alemán y el optimismo de la población afgana (por la presencia de la ISAF) con el propósito de cambiar la percepción de que existe un desperdicio de recursos”.

Al mismo tiempo aconseja “dramatizar las consecuencias de una derrota (de la ISAF) para los intereses directos de Alemania. Por ejemplo, la exposición al terrorismo, la entrada de opio (a territorio alemán) y el aumento de refugiados”.

Finalmente, sugiere “enfatizar los aspectos humanitarios de la misión”, pues, “a pesar de su alergia a los conflictos armados, los alemanes ya demostraron que son responsables con sus aliados de la OTAN”, tal como ocurrió en los noventa durante la guerra en los Balcanes.

El documento señala además que la población de Francia y Alemania confía en la capacidad del presidente Obama para manejar las cuestiones internacionales en general y la situación afgana en particular. Sugiere que en ambas naciones la opinión pública “podría ser perceptiva a una afirmación directa (de Obama) sobre la importancia de los dos países en la misión (…) Así como podrían ser sensibles a una declaración que señalara la decepción hacia los países que no ayudan”.

Por último, el análisis indica que las mujeres afganas pueden ser utilizadas para enviar “un mensaje ideal” que tenga el objetivo de “humanizar el papel de la ISAF en el combate en contra de los talibanes”. Según el documento, las mujeres afganas tienen la “habilidad para hablar de cosas personales, de sus aspiraciones, de sus experiencias bajo el régimen de los talibanes y de sus temores si éstos llegan a ganar” la guerra.

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Un nuevo inicio del movimiento antirracista en Europa

1 aprile 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el portál mexicano Desinformémonos el día 1 de abril de 2010
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El pasado primero de marzo, las calles de España, Francia, Grecia e Italia fueron ocupadas por miles de ciudadanos migrantes convocados a manifestarse en el marco de la movilización bautizada como “Un día sin nosotros”. Desde Francia, en clara referencia a la movilización en la que millones de migrantes protestaron el primero de mayo de 2006 en Estados Unidos, se lanzó la propuesta que fue inmediatamente retomada por otros movimientos y organizaciones en todo el continente.

Un multitud de migrantes se manifestó en ese día en rechazo a las políticas discriminatorias de cada país y al marco legal europeo que las ampara, estigmatizando el racismo creciente que se vive en las ciudades del viejo continente y señalando, para quienes aún no lo quieren entender, lo importante que es la presencia migrante en el Continente, sobre todo hoy que la crisis económica tiene como sus primeras víctimas justamente a los trabajadores extranjeros.

Para tratar de comprender los significados de la movilización del primero de marzo, sus raíces y sus posibles consecuencias, hablamos con Sandro Mezzadra, sociólogo de la Universidad de Bolonia investigador del tema migratorio. Según el experto italiano, “el primero de marzo fue un nuevo inicio para el movimiento antirracista en Europa”.

– Un nuevo inicio, entonces…
– Sí, al menos con respecto a la que ha sido la historia del movimiento antirracista de los migrantes. En Italia, por ejemplo, este movimiento había sufrido un freno y había tenido grandes dificultades para responder a las nuevas situaciones creadas desde hace un par de años (desde el gobierno de Silvio Berlusconi). Hay situación nueva que tiene que ver con la política italiana y con el actual gobierno, y también por los efectos de la crisis global que como suele suceder ha golpeado primero a los migrantes.

– En el marco de la crisis global, al parecer la tendencia en Europa es el regreso al marco nacional, tanto económica como culturalmente. Recientemente hablaste de renacionalización. ¿Qué quieres decir con esto?
– En general creo que desde hace unos años la situación política europea está marcada por un proceso que podemos definir como renacionalización, al menos desde el veredicto negativo que la Carta Constitucional europea sufrió con el referéndum en Holanda y Francia; y sobre todo con las retóricas políticas que son profundamente caracterizadas por un regreso a la dimensión nacional. Lo que hace peculiar la situación es que hay por un lado la renacionalización de las retóricas y en parte de las políticas, y por el otro hay un proceso ya muy avanzado de integración de los migrantes que condiciona de manera muy profunda las mismas políticas de los países miembros.

– En esta fase constituyente de la Unión Europea (UE), hubo la intención de construir la ciudadanía europea, pero hoy se registra un regreso a un marco nacional de la ciudadanía. ¿Qué es hoy la ciudadanía europea?
– Estamos en una fase de enormes contradicciones y hasta de paradojas. No existe una política migratoria europea que sea constructiva, lo que existe es una serie de dispositivos que marcan de manera muy precisa el perímetro al interior del cual luego cada país aplica sus políticas. La cuestión de la ciudadanía europea es compleja. Tiene grandes potencialidades pero desde un inicio ha sido entendida y construida desde los tratados internacionales como una ciudadanía de segundo grado, o sea una ciudadanía que no se adquiere directamente sino a través de la adquisición de la ciudadanía de uno de los países miembros de la UE. La constitución de la ciudadanía europea entonces arriesga con duplicar los mecanismos de exclusión.

Por otro lado hay que decir que si la ciudadanía europea tiene elementos de potencialidad, éstos sólo se pueden desarrollar a partir de la toma de iniciativa, del desarrollo de una acción política por parte de los movimientos sociales. Por desgracia, en estos últimos años la capacidad de los movimientos de abarcar la dimensión europea e impulsar ese proceso ha faltado.

– Hasta hoy, entonces, faltó esa capacidad. Quizás se puede decir que el primero de marzo marca un cambio en este sentido, el dibujo de un nuevo horizonte…
– El primero de marzo tiene una dimensión europea pues nació en Francia, se difundió en Italia y tuvo algunos ecos en Gracia y en España. Sin embargo, siendo honestos, no se puede hablar de movilización europea. Hay ciertamente un carácter transnacional en la convocatoria a la movilización pero hay que reconocer que las manifestaciones más significativas, la francesa y la italiana, han tenido especificaciones muy nacionales.

– ¿Cuáles fueron las peculiaridades de las dos movilizaciones?
– En Francia se expresó un renovado protagonismo de los sans papier (Sin Papeles), que se viene dando desde hace un par de años. El primero de marzo la movilización es una continuación de lo sucedido en aquel país en los últimos tiempos. En Italia, en cambio, el primero de marzo ha marcado una ruptura positiva en el sentido que ha permitido al movimiento antirracista de los migrantes regresar a la calle en una perspectiva no solamente defensiva, no sólo una posición de resistencia frente al avance de las movilizaciones anti inmigrantes, de las legislaciones racistas y de las agresiones.

Lo que encuentro extraordinario de ese día es que vi un protagonismo migrante nuevo. En Italia, en los últimos veinte años, el protagonismo de los migrantes fue una constante, sin embargo lo que vi el primero de marzo es una presencia que tiene características nuevas. Un protagonismo que refleja la presencia madura y radicada en la sociedad italiana y que se expresó con una fuerte participación en todas las plazas italianas de los jóvenes, los llamados ‘migrantes de segunda generación’; hubo huelgas en algunas zonas industriales, en algunos sectores del comercio gestionado por los migrantes, algunas expresiones aún tímidas de trabajadores y trabajadoras del sector de la asistencia y una fuerte presencia de padres con niños. En fin, eran plazas caracterizadas por una presencia migrante definitivamente afirmada en nuestro país. Se podría decir que el primero de marzo fue un espejo en el que se reflejó la extraordinaria riqueza de experiencias, de nuevas formas de auto organización y de prácticas.

– ¿Esta nueva composición migrante que observas se traduce también en nuevas o renovadas demandas y reivindicaciones?
– Así es, pero hay que afirmar que todas maneras el derecho a quedarse, la lucha por los permisos de estancia, sigue vigente, son cuestiones que se quedan abiertas. Lo son en Francia, en donde hay mayor madurez de la historia migrante y lo son en Italia particularmente, pues existen leyes que producen continuamente la llamada ‘clandestinidad’, es decir, que determinan la pérdida del status de migrante legal aún para quienes lo hayan conseguido con muchos esfuerzos.

Al mismo tiempo se manifiestan también otras demandas que abarcan una dimensión social más general. Un ejemplo: en las escuelas la presencia migrante es ya una presencia estructural, pero en las universidades aún no. Hay seguramente un dato generacional, pues todavía son pocos los jóvenes hijos de migrantes que están en edad de asistir a estudios universitarios; se trata también de la existencia de algunos elementos que bloquean más en general la movilidad social de los migrantes.

– Esta situación configura también una transformación en la relación entre migrantes y mundo laboral. En ocasión del primero de marzo ¿cuál fue la posición de los sindicatos?
– En este aspecto tengo que ser sincero: la posición de los sindicatos frente a este día de movilización fue una gran desilusión. Lo anterior vale tanto para los grande sindicatos como para el sindicalismo de base. No hubo la comprensión de la novedad de esta movilización que tomó inspiración del primero de mayo de 2006 en los Estados Unidos. Se desató inmediatamente una polémica surrealista acerca del riesgo de una huelga étnica. Una tontería. No hay aún grandes aperturas del sindicalismo hacia el movimiento migrante. Unos días después del primero de marzo, el responsable del sector de migración del mayor sindicato italiano, la CGIL, admitió la enorme desproporción entre la base migrante inscrita al sindicato y la escasa presencia de migrantes entre los dirigentes sindicales: este es otro ejemplo de los obstáculos que existen para la movilidad migrante en la sociedad.

– La movilización del primero de marzo se lanzó desde los portales de las redes sociales en internet. ¿Fue un casualidad?
– No creo que haya sido casual, creo que ese fue un elemento fundamental para generar el éxito del primero de marzo. En Italia la movilización fue convocada a mitad del mes de diciembre por cuatro mujeres, dos migrantes y dos italianas a través de la constitución de un grupo de discusión en Facebook. Luego hubo un momento en que la movilización adquirió una cierta visibilidad mediática cuando se dio el episodio de rebelión migrante en Rosarno (en el sur de Italia) y la sucesiva represión. El hecho es que una movilización como ésta no puede tener el límite de la red: cuando se nombran las contradicciones violentas que son materialmente encarnadas en las condiciones de vida y de trabajo de hombres y mujeres, es necesario tomarlas en cuenta justamente en su dimensión concreta, real. Así que desde la red, la movilización se fue transfiriendo a la realidad con la constitución de comités locales de promoción del primero de marzo. De ahí las reuniones y las iniciativas que llevaron a la movilización.

– Los hechos de Rosarno, y no solo esos, despertaron el debate acerca del racismo en Italia y en Europa. ¿Qué es hoy el racismo?
– Como primer paso, es necesario distinguir entre racismo y xenofobia, es decir entre una genérica aversión hacia el otro en cuanto extranjero y un racismo que se desarrolla en prácticas antes que todo institucionales. Yo hablo de racismo cuando hay este elemento institucional, jurídico, legislativo fuerte. En Italia se ha avanzado mucho en este sentido. Ya entre las filas de la izquierda institucional, en los años pasados, se había afirmado la idea de lo que se ha convertido un derecho especial para los migrantes. Creo que esta sea la raíz fundamental del racismo que hoy enfrentamos.
Ciertamente, en los últimos dos años este racismo fue potenciado enormemente. Pongamos como ejemplo lo que sucedió en Rosarno: desde hace varios años pasaba lo que sucedió este año, terminada la temporada de recolección de fruta, había siempre alguien que iba a disparar en contra de los migrantes que habían trabajado en los campos. Nunca se habló de esto, pero este año los migrantes armaron la revuelta. Frente lo que sucedía, el gobierno italiano declaró inmediatamente que la causa de todo era la excesiva tolerancia frente al inmigración ilegal. Con esas declaraciones, los italianos de Rosarno se sintieron más que autorizados para hacer lo que hicieron: un verdadero pogrom en contra de los migrantes africanos. Creo que éste es un ejemplo muy claro de los que significa ‘racismo institucional’ y éste es el racismo que enfrentamos hoy en Italia y en Europa.

– Si éste es el racismo, ¿qué significa ser hoy ser antirracista en Italia y en Europa?
– Antes que todo significa luchar en contra de estos dispositivos que producen la inferiorización de los migrantes. Un ejemplo: la Comisión Europea (el órgano ejecutivo de la UE) financia Frontex (agencia europea de control fronterizo), contribuye de manera substancial en la construcción del régimen de control de las fronteras, mismo que es elemento fundamental de las políticas migratorias en la UE, y al mismo tiempo, paga los programas en contra de la xenofobia y el racismo. No creo que en esto haya hipocresía, sino un racismo que actúa en un nivel más profundo de ese que es posible alcanzar con las campañas de información y educación entre los jóvenes para el respeto del otro. Y este es el racismo institucional del que hablaba antes. Por lo tanto, antirracismo significa luchar en contra de estos dispositivos, construyendo otros dispositivos de ciudadanía, de cooperación, que construyan las condiciones para una vida en común libre del racismo. Estoy convencido que todo lo anterior no es posible sin el protagonismo y la contribución de aquellos que en primera persona viven el racismo, es decir las y los migrantes.

– ¿Cuál es el estado de salud de los movimientos antirracistas en Europa?
– Los movimientos en los últimos años han sufrido ciertas dificultades para practicar la dimensión europea. Esto no significa que no haya iniciativas que pongan continuamente ese problema, como por ejemplo los campamentos No Border.
Sin embargo, la mejor manera de responder es analizando lo que pasó el primero de marzo. Estamos ante una situación en la que existe una gran ofensiva anti migrante, sin embargo ese día se pudo observar otra dimensión de la ciudadanía que no existió sólo el primero de marzo sino que existe todos los días, con pequeña iniciativas, pero ahí está. El primero de marzo esa realidad encontró un momento importante de visibilidad y espero también de contagio, de intercambio, de influencias mutuas, y sobre todo de multiplicación. Lo anterior vale para la mayoría de los países europeos. Existe un tejido de experiencias y de luchas, porque se trata de experiencias y de prácticas de ciudadanía que a menudo se convierten en luchas inmediatas y que forman parte de otra ciudadanía europea, es decir, de una realidad que es mucho más rica de la que es la imagen de la ciudadanía europea que aparece en los periódicos, en el discurso público, en las retóricas políticas.

– ¿Qué sigue al primero de marzo?
– Sin duda seguirá la movilización de alguna manera. Por ejemplo, a través de las iniciativas que ya se están organizando para dar seguimiento a la movilización. Creo que será necesario entender cómo fue producida esa movilización, hacer un mapa, un análisis retrospectivo de cómo se llegó al primero de marzo, en cada ciudad, en cada pueblo, en cada territorio donde ese día se produjo algo significativo.
Son muchos los episodios que hay que registrar: asociaciones antirracistas y comités de migrantes, ventanilla de apoyo legal y clínicas autogestionadas, escuelas de idioma y asociaciones de mujeres, proyectos de investigación y de comunicación, etcétera. Parece algo banal, pero creo que es necesario ir y ver y conocer a los sujetos que se movilizaron, ir a ver las experiencias más o menos consolidadas que han confluido en las calles el primero de marzo y de ahí entender cómo transformar en un espacio estable ese lugar común que el primero de marzo representó.

Creo que las luchas de los migrantes en Europa y quizás también afuera se expresaron en una multiplicidad de temas. Por comodidad, yo identifico siempre cuatro: el trabajo, los derechos, la ciudadanía y el antirracismo. Tenemos que seguir caminando en esta multiplicidad y para poder hacer eso necesitamos de instrumentos, lenguajes, espacios que nos permitan contagiar y multiplicar las experiencias que ya existen.

Un día sin nosotros

6 febbraio 2010 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 6 de febrero de 2010
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El título no es un error. No llegué tarde a la cita histórica de ese primer día de mayo de 2006, en el que millones de migrantes en Estados Unidos protestaban y dejaban de trabajar. Fue aquel un hecho histórico. Y aunque esa movilización no haya conseguido precisamente lo que se proponía, en Europa ya se está gestando un día sin migrantes. La fecha marcada por el calendario de la protesta mestiza es el próximo primero de marzo.

La iniciativa, libremente inspirada en la manifestación estadunidense de hace cuatro años, toma impulso por la voluntad de una periodista de origen marroquí, Nadia Lamarkbi, quien tras abrir una página de Internet titulada 24 horas sin nosotros ha recibido miles de adhesiones y ha comenzado a coordinar las iniciativas en todo el país. Los ahora organizadores, mujeres y hombres de toda creencia, de todo corte político y de todo color de la piel, inmigrados, descendientes de inmigrados, ciudadanos conscientes de la esencial aportación de la inmigración, se declaran indignados por la criminalización de los migrantes. Explican que el primero de marzo de 2005 entró en vigor la nueva ley de inmigración, CESEDA por su acrónimo francés, o comúnmente llamado el código de los extranjeros. Y entonces, ¡cuál mejor fecha para convocar a un día sin migrantes! La invitación es explícita: Durante 24 horas dejemos de participar en la actividad económica de las empresas, en la administración pública, en las escuelas […].

Nacida en el entorno político y social francés, especialmente agobiado por las medidas represivas del gobierno de Nicolas Sarkozy (por ejemplo: Desalojo en La Jungla, La Jornada, 26 de septiembre de 2009), la propuesta ya rebasó las fronteras de aquel país y se está expandiendo en la Unión Europea (UE). En el Estado español y en Grecia en estas semanas se están constituyendo comités locales para promover la protesta. Sin embargo, particular relevancia tiene el lanzamiento de la iniciativa en Italia, de manera particular a raíz de los despreciables hechos de Rosarno, en el sur del país (La Jornada, 30 de enero de 2010). Tras ese ejemplar episodio de racismo tolerado por las autoridades, cuatro mujeres –tres de ellas extranjeras– han decidido lanzar la misma protesta en Italia.

Las demandas y las perspectivas son las mismas. Condenamos y rechazamos los estereotipos y los lenguajes discriminatorios; el racismo de cualquier tipo, de especial forma el institucional, que utiliza de manera instrumental el llamado a las raíces culturales y religiosas para justificar el rechazo y la exclusión, clama el manifiesto internacional suscrito ya por miles de personas y organizaciones en todo el viejo continente. El mismo escrito señala que ver en los migrantes una masa sin forma de parásitos o una cuenca sin fin de fuerza de trabajo barata representa posiciones inmorales, irracionales y contraproducentes. Añade: “La contraposición entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, ‘autóctonos’ y ‘extranjeros’ está destinada a caer, dejando el lugar a la conciencia de que hoy estamos ‘juntos’, viejos y nuevos ciudadanos, encargados igualmente de construir el futuro”.

Y aunque el llamado a la protesta, a la huelga de los migrantes, está incomodando a más de un sindicato en Europa, el próximo primero de marzo se perfila como una gran ocasión para recomponer el movimiento migrante alrededor no sólo de los ejes temáticos del racismo, la discriminación, la exclusión, la explotación laboral; sino también –y sobre todo– alrededor del eje de la actual crisis económica. En este sentido, es importante entonces reconocer ciertas diferencias que desde ahora se están marcando con respecto al encuentro del primero de mayo de 2006 en Estados Unidos. Antes que nada, es necesario marcar la diferencia en la composición del trabajo migrante hoy, en Europa definitivamente muy diversificado. Es también evidente la falta, en la UE, de sujetos clásicos de representación social –ya sean partidos o sindicatos– capaces no sólo de llevar la voz de ese nuevo y complejo trabajo migrante, sino también de interceptarlo, entenderlo y mezclarlo, como debería ser, con el trabajo precario cual categoría incluyente de la anterior. Al propio tiempo, ese mismo trabajo resulta hoy el centro de la mayor crisis económica de décadas recientes, siendo los migrantes las primeras víctimas de eventuales despidos, recortes de personal y/o reajuste salarial. En este aspecto, el gobierno de la migración ya no se dedica a la tarea de controlar y absorber –de manera legal e ilegal, poco importa ahora– lo que era considerado algo útil, es decir la fuerza de trabajo migrante. Al contrario, hoy esa multitud de migrantes que viven en la UE son sujetos de sobra, sujetos que deben irse y quitar la molestia.

Así las cosas, el gobierno de la migración se convierte en una de las tantas maneras de controlar esta sociedad al borde de la desesperación, trazando límites, separando gente, marcando diferencias artificiales. Es por eso que hoy muchos son los europeos que bien pueden asimilarse, en condición y perspectiva, con el ciudadano migrantes. Hoy más que nunca está vigente la consigna: todos somos migrantes. Y si así fuera, la protesta del próximo primero de marzo bien puede convertirse en algo más que una movilización de ciudadanos migrantes: una protesta de éstos junto a los trabajadores precarios de toda Europa, es decir un día sin nosotros.

Absuelta la ayuda humanitaria

31 ottobre 2009 Lascia un commento
El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 31 de octubre de 2009
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El 7 de octubre pasado, tras tres años de proceso judicial, fueron absueltos los tres acusados por el “caso Cap Anamur”. Los tres ciudadanos alemanes, uno el comandante del barco Cap Anamur, otro su primer oficial y el tercero un activista de los derechos humanos, en 2004 fueron acusados de ayudar la entrada de clandestinos a territorio italiano, después de que en junio de 2004 rescataran a 37 ciudadanos migrantes cuyo precario barco con el cual trataban de cruzar a Europa desde África se estaba hundiendo. El caso se hizo famoso y fue a su vez causa de fricciones diplomáticas entre los gobiernos de Italia, Alemania y Malta. En efecto, tras el rescate de los 37 náufragos, el barco alemán tuvo que esperar tres semanas antes de que el gobierno italiano le permitiera atracar en el primer puerto seguro, es decir lo que en la jerga náutica y humanitaria se llama “place of safety”.

En esos días de verano incipiente, la polémica explotó inmediatamente tras la decisión unilateral tomada por el entonces gobierno italiano –uff, en ese entonces también comandaba Berlusconi– de rehusarse a recibir al barco y con ello los indeseados huéspedes, los migrantes sin papeles. Duró tres semanas el tira y afloja entre los gobiernos de Italia, país más cercano geográficamente para recibir al barco y otorgar la primera ayuda, el de Alemania, cuya bandera ondeaba en la popa del barco, y el de Malta, también geográficamente cercano al lugar del rescate. Cada gobierno trataba de rechazar al barco alegando que los migrantes rescatados no tenían los papeles para su legal estancia. Cada gobierno mal lograba quedar bien frente a una opinión pública cada día más sorprendida por esa absoluta falta de responsabilidad humanitaria. Y finalmente, tras tres semanas de debates y polémicas, durante las cuales los movimientos sociales no dejaron de protestar y en los cuales la tripulación del Cap Anamur resistió no sólo a la presión de los gobiernos mencionados sino también la grave crisis humanitaria que se gestaba en el barco, el gobierno italiano tuvo que dar autorización para el desembarque de los 37 indocumentados en un puerto de la isla italiana de Sicilia.

Así las cosas, los tres ciudadanos alemanes fueron inmediatamente acusados de tráfico ilegal de personas. Y los 37 migrantes, excepto dos, fueron repatriados. El caso, similar al de siete pescadores tunecinos acusados por haber rescatados a otros migrantes en 2007 –los que serán sentenciados en los próximos meses–, desató inmediatamente una intensa campaña gubernamental en seno de la Unión Europea en contra de quienes salvan a los migrantes en el mar Mediterráneo. Desde ese entonces, capitanes de barcos, pescadores o simples turistas que naveguen en esas aguas lo piensan dos veces antes de ayudar a algún náufrago. Si es de piel negra, quizás ni lo piensan: ahí lo dejan. Es el caso clamoroso ya narrado en este espacio (La Jornada, 30 de agosto de 2009) del barco dejado a la deriva durante 20 días, tras los cuales perdieron la vida al menos 73 seres humanos. Pero sin duda han de ser muchos más los casos.

Sin embargo alguna luz, de vez en cuando, se ve en el horizonte de ese mar. Una luz de esperanza y de posible rescate. Eso significa la sentencia absolutoria de los tres alemanes. Esa sentencia deja un mensaje claro: rescatar a los náufragos es legítimo, es más, es legal. No importa su procedencia, un náufrago tiene que ser rescatado. Claro, queda la sensación de estar diciendo algo obvio, natural, que no valdría la pena repetir. Y sin embargo, a la luz de la actual política migratoria europea –e italiana en particular– que se concentra en los rechazos colectivo en alta mar, violando todo tipo de normatividad internacional, la sentencia llega como lluvia fresca en el desierto. La criminalización de la ayuda humanitaria, aunque con esta sentencia no terminará, encuentra un obstáculo. La ayuda humanitaria tiene en la sentencia a un aliado, un apoyo, para que recobre valor la ayuda justa y debida entre seres humanos, sobre todo en el caso de que una parte de esta reprimida humanidad se encuentre en dificultad.

La sentencia habla claro al respecto. La negación por parte de las autoridades italianas –sólo ellas fueron señaladas, pues el proceso se llevó a cabo en Italia– respondió a decisiones políticas, afirma el tribunal. Las mismas que no otorgaron siquiera la posibilidad de pedir refugio a los 37. Los tribunales son lentos al respecto, las autoridades policiacas mucho más rápidas en expulsar a las personas, aunque después de cinco años, un juez diga que no estuvo bien. Y así, es necesario recordar al ciudadano migrante parte de los 37 que, si no hubiera sido injustamente deportado, no hubiera vuelto a intentar en 2006 el viaje de la esperanza, con otro barco, y no hubiera encontrado, esta vez sí, la muerte en las aguas del Mediterráneo.

Ahora, es evidente que la sentencia no permite bajar la guardia acerca de las violaciones constantes promovidas por las autoridades europeas en el tema de los rechazos tanto en alta mar como en los Centros de Identificación y Expulsión (CIE). Y sin duda las organizaciones de la sociedad civil dedicadas a este tema tan delicado no quitarán el dedo del renglón de esta absurda situación. Todo lo anterior, para develar, una vez más, las graves responsabilidades humanas, políticas e institucionales en la gestión del control de las fronteras europeas.

Desalojo en La Jungla

26 settembre 2009 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 26 de septiembre de 2009
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En la madrugada del 22 de septiembre pasado, 500 elementos de la policía antimotines francesa ocupaban el campo de refugiados de Calais, en el extremo norte del país, frente a las costas de Gran Bretaña. La ocupación duró horas, sin duda las necesarias para detener a 278 migrantes (lo cual habla claro de las relaciones de fuerza que el gobierno francés quiso imponer), secuestrar los bienes de éstos y arrasar con todo lo que encontraron a su paso, incluida una improvisada mezquita que los migrantes habían construido.

El operativo policiaco llega al final de largos meses en los que autoridades tanto inglesas como francesas exigían el cierre de lo que definieron un refugio para los traficantes de personas. Sin embargo, la realidad es que el desalojo es también la etapa final (?) de un largo proceso de acotamiento de los espacios de movimiento y de las posibilidades ya de por sí precarias de los miles de refugiados que buscan en Europa la protección que no encontraron en su tierra natal.

La creación del campo de refugiados en Calais, irregular e improvisado, por cientos de ciudadanos migrantes con la ayuda de la sociedad civil francesa, fue consecuencia del cierre del campo de refugiados de la Cruz Roja (este sí en mayúsculas, pues era un campo oficial) ordenado por el entonces ministro de Interiores, Nicolas Sarkozy, quien hoy es primer ministro de Francia. La línea a seguir sigue siendo la misma: desalojar, acotar espacios, quitar derechos, reprimir esperanzas, destruir presentes, borrar la existencia de estas personas.

Pero en este caso específico, los datos por revelar son muchos más. Los residentes del campo, también llamado La Jungla, eran todos de origen afgano e iraquí. Este aspecto nos permite afirmar que la violencia y la brutalidad utilizadas en esta ocasión –aspecto absolutamente usual en estos casos– pasa de ser un acto aislado y se adscribe sin duda a la guerra que los gobiernos europeos le hacen a las poblaciones civiles de esos países. Es por esta razón que la violencia dirigida a los 278 afganos e iraquíes se tiene que leer junto a los bombardeos que los europeos ayudan en llevar desde hace ya ocho años en aquellos países: Afganistán e Irak. Resulta aún más grave si pensamos que estas personas, hoy desalojadas, detenidas, golpeadas, rechazadas, deportadas, encarceladas, son personas en fuga. Seres humanos que una vez más se encontraron en lugar equivocado y en el momento equivocado. Ciudadanos que decidieron escapar de la guerra, para no entrar a ser parte de los llamados efectos colaterales, y desde ese entonces son fugitivos, porque su lugar siempre es equivocado, pues nadie los quiere.

Escaparon, la mayoría de ellos, cruzando por Irán, país que no precisamente reconoce los derechos de los refugiados, o cruzando la frontera con Turquía, cuyo gobierno no tiene miedo en encarcelar y deportar a los extranjeros no deseados. De allí a través de Grecia o Italia, para lograr cruzar clandestinamente, a la vieja Europa. Los que sobreviven al largo viaje, logran llegar a Calais, último puerto antes de subir ilegalmente a un barco rumbo al sueño inglés. Seguir en el camino, ir hacia adelante, siempre y de todas formas, no es sólo una elección. Es una obligación, pues nadie los quiere, nadie los acepta, nadie les ayuda. Y así el destino te empuja cada vez más hacía un horizonte posible –el refugio en Inglaterra o en Europa– pero absolutamente no certero.

Lo anterior ya es terrible de por sí. Sin embargo, lo peor de estos casos es el dato objetivo que muchos de estos refugiados son menores de edad. De los 278 desalojados y detenidos, 132 eran niños. Las proporciones de este caso tan específico reflejan con tremenda precisión a las proporciones de refugiados que hoy en día se escapan de Afganistán, muchos de ellos menores de edad, que rehúsan del reclutamiento forzado de los talibanes, que huyen de las bombas que los aliados de la OTAN les lanzan asegurándoles que se trata de píldoras de democracia.

Frente a los ataúdes que regresan a los cuerpos de los militares aliados a su patria, lloran las autoridades europeas y estadunidenses. Lloran, prometen venganza y rinden honores. Las vidas de estos soldados –en su mayoría voluntarios– son de primera clase. La vida de estos refugiados, al contrario, asumen los contornos de vidas no humanas para las cuales la guerra no tiene frontera alguna. Está en todas partes. Sus lágrimas, sus gritos y sus desesperaciones, retraídas puntualmente por los medios de comunicación presentes al operativo de limpieza étnica organizado por el gobierno de francés, no cuentan.

El desalojo de La Jungla, último episodio represivo hacia los refugiados, es también el último capítulo en la estrategia de la UE para destruir y vaciar el inalienable derecho al asilo y a la protección. Es por esta razón, porque son personas que tienen el derecho a la protección del estado y de la comunidad internacional, que resultan ser personas de sobra, pues no se pueden ilegalizar, es decir transformar en clandestinos fácilmente sujetos de chantaje laboral. Estos refugiados son personas que cuestan dinero a los gobiernos que les ofrece protección, por eso son poco rentables y mejor rechazarlos, desalojarlos y deportarlos.

Hipocresía europea en América Latina

12 settembre 2009 Lascia un commento

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 11 de septiembre de 2009.
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La Unión Europea (UE) tiene una actitud hipócrita en las negociaciones de los llamados Acuerdos de Asociación con los países de América Latina. Si por un lado dice promover los derechos humanos, la integración regional y la promoción del desarrollo, la realidad de los hechos demuestra lo contrario: el único interés es la liberalización de los mercados y los servicios, y el acceso a los recursos naturales.

Así lo afirma el estudio titulado La Unión Europea: ¿Promotora de la integración en América Latina?, editado por el Transnational Institute (TNI) y la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (REMALC), y realizado por los investigadores Alberto Arroyo Picard, Graciela Rodríguez y Norma Castañeda Bustamante.

La investigación detalla la historia reciente de la intervención económica y política de la UE en el continente latinoamericano. Señala, por ejemplo, que aunque las relaciones entre ambos continentes sean “ancestrales”, desde la mitad de los años 90 se instrumenta una nueva etapa que culmina con la realización de un documento estratégico de la UE en 2006: “Europa Global: competir en el mundo”.

En el estudio de la TNI destacan dos importantes razones por las que la UE instrumenta y, en los últimos años, acelera las negociaciones en América Latina: la primera, la importante penetración comercial que ha tenido Estados Unidos con la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con algunos países de la región, tras el fracaso, en 2005, de las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); la segunda, el fracaso de las negociaciones en la Cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Cancún en 2003, evento durante el cual no sólo se deshicieron los temas de “inversiones, políticas de competencia y compras gubernamentales”, sino que se hizo patente “la conformación de una coalición de países del sur” que se opone a las negociaciones de ciertos temas económicos.

A pesar de lo anterior, el documento recuerda que las negociaciones llevaron a firmar un Acuerdo con México en el 2000 y otro con Chile en 2003. A partir de 1995 comenzaron también las pláticas con el Mercosur, mientras que con otras importantes regiones, Centroamérica (CA) y Comunidad Andina de Naciones (CAN), las pláticas iniciaron formalmente en 2007.

Pese a estos “logros” en las relaciones entre los dos continentes, apunta el documento, “con el inicio del nuevo milenio se experimentan profundos cambios políticos en el Continente Americano” con la llegada de gobiernos de origen en la izquierda.

Añade: “Evidentemente estos nuevos gobiernos no tienen posturas y políticas homogéneas, pero tienen tres cosas en común: una fuerte base social popular, diversos grados de distanciamiento frente a la hegemonía estadounidense y el neoliberalismo, y un nuevo afán integracionista”.

Por esta razón, afirma la investigación, la UE está obligada “a presentarse con un nuevo discurso”, que pone “por delante su interés en los derechos humanos, la cooperación, el apoyo para la superación de la pobreza y la integración de las subregiones”. Sin embargo, denuncian los autores de la investigación, aunque “la UE trata de convencer que es diferente de Estados Unidos en la relación que busca con AL […] incluyendo a la cooperación para la integración”, en los documentos oficiales europeos “se dice explícitamente que todo ello es buscando facilitar la firma de los Acuerdos de Asociación (AdA)”.

En entrevista, Alberto Arroyo Picard, coordinador de la investigación y actualmente investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, advierte las dificultades que hay para explicar a la opinión pública acerca de los peligros de los AdA con la UE:

“Frente a Estados Unidos hay una actitud casi visceral, pues se dice: ‘en donde está metido EU no hay nada bueno’ […] Con la UE es distinto, pues aún logran convencer a la opinión pública de su buena disposición”.

Según Arroyo, los efectos de los tratados con la UE aún no se ven con claridad, “debido a que la inversión europea aún es menor que la estadounidense”. Sin embargo, en el caso mexicano, “los resultados son más evidentes: el grupo financiero BBVA en 2008 tuvo, en términos absolutos, mayores ganancias en México que en España”, lo cual “habla claro de las facilitaciones que han tenido en el país”.

Intereses estratégicos

“La UE se ha planteado como objetivo central el de la cooperación para la integración de las subregiones en América Latina”, explica el documento. Además, “esta integración está orientada a que dichas subregiones logren una unión aduanera y, a futuro, un mercado común”, con apoyo de los AdA. Sin embargo, “dadas las asimetrías entre la UE y cualquiera de la regiones de América Latina, quienes se aprovecharían de esta unión aduanera serán principalmente las grandes empresas europeas”.

En efecto, explica Arroyo, “hay que recordar que los AdA incluyen el principio de nación más favorecida, que significa que los socios del acuerdo deben ser tratados como el más privilegiado de los socios de cada parte”.

El investigador mexicano aporta un ejemplo: “Si Venezuela firmara un Acuerdo con la UE, debería de venderle el petróleo con las mismas condiciones que sus socios del ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe)”. Por esta razón, añade la investigación, la UE tiene especial interés en la integración regional, pues “el mercado interno de cada país es demasiado pequeño”. Además, al “centrar su mandato de negociar AdA de región a región y no bilaterales con cada país”, la UE “fortalecería su imagen de colaborador en la integración de cada una de las subregiones de América Latina”.

Sin embargo, el estudio La Unión Europea: ¿Promotora de la integración en América Latina?, apunta que “este mandato es violado” cuando se presenta “la resistencia de algunos países a las propuestas del tipo de integración que promueve la UE”. Ante ello, “la UE ha demostrado que si bien prefiere los AdA, está dispuesta a avanzar con ‘quienes tengan la voluntad'”. Así lo muestra, por ejemplo, “la negociación bilateral que se está planteando con Perú y Colombia”, luego que Bolivia y Ecuador se opusieron a este tipo de acuerdos.

Por lo que tiene que ver con el capítulo de “cooperación”, que estaría orientada a la integración regional, el documento explica que “ello es un instrumento para apoyar la negociación de los AdA que buscan, ante todo, una amplia liberalización del comercio e inversiones”.

Abunda: “En el caso de México, la condicionalidad de la cooperación y el diálogo político a la apertura comercial se hace explícito”. En lo específico, el artículo 60 del Acuerdo Global (entre México y la UE) “condiciona la cooperación a las concesiones en materia de liberalización, ya que se suspende la aplicación del Diálogo Político y la Cooperación hasta que se cumplan las decisiones previstas en los artículos 5 (comercio y bienes), 6 (comercio de servicios), 9 (movimiento de capital), 11 (competencia) y 12 (propiedad intelectual)”.

Arroyo Picard es tajante al respecto: “El asunto de la cooperación es parte de un chantaje, porque de ahora en adelante, si no le entras se acaba la cooperación”.

Cláusula democrática

La UE habla explícitamente de “participación de la sociedad civil en las negociaciones”. Sin embargo, Arroyo sostiene que el contenido de los AdA “se mantiene en secreto”.

Y pone como ejemplo el acuerdo firmado entre la UE y México en 2000. Apunta que “el principio de estos acuerdos es precioso: su fundamento es el respeto a los derechos humanos. Pero justo cuando las dos partes negociaban en Guadalajara, en 2004, en las calles de la ciudad se desataba la más feroz represión en contra de esa sociedad civil llamada a participar en las negociaciones”.

El investigador define la llamada “cláusula democrática” como “una farsa”. Luego abunda en la explicación: “Hay muchas contradicciones. Una de ellas: después de los hechos de Guadalajara, lo único que pudo decir la UE fue que la cláusula aplica para ‘casos graves'”.

Además, “hay una contradicción de fondo: los TLC no significan sólo la apertura de las fronteras a las mercancías, sino también la imposición de un modelo: el del libre mercado”.

Según la citada investigación, la exclusión de la intervención gubernamental en el sector de los servicios –“como los del agua, la salud y la educación, que son también derechos humanos ineludibles–, equivale a privar de sus derechos básicos a la población de un país”.

Según el investigador, “lo único que el libre mercado puede garantizar es eficiencia productiva y competitividad, seguramente no los derechos.

“La cláusula democrática no se puede aplicar, pues no están contemplados los instrumentos concretos para hacer efectiva tal cláusulas”, añade Arroyo.

La investigación es aún más clara: “Es hipócrita afirmar que los derechos son el principio y fundamento de estos acuerdos, cuando sus contenidos violan los más elementales derechos económicos y sociales”.

Un ejemplo acerca del capítulo de la propiedad intelectual: “Las patentes sobreprotegidas de medicamentos ponen las ganancias por encima del derecho a la salud”.

Cambios históricos

11 luglio 2009 Lascia un commento

El presente artículo fue publicado en el periodico mexicano La Jornada el día 11 de julio de 2009
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La operación lograda representa un cambio histórico, afirma el ministro de Política Interior de Italia, Roberto Maroni. Rechazar los barcos de migrantes en el Mediterráneo sin que éstos tocaran suelo italiano es finalmente una realidad, abundó. Hace cuatro años, en mayo de 2005, el gobierno recibió de la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea una condena por las deportaciones realizadas vía aérea hacia Libia. Eran ilegales por dos razones: porque se habían hecho inmediatamente después de la detención de los migrantes, sin averiguar su nacionalidad, procedencia, estatus, etcétera, y porque Libia, no habiendo firmado la Convención sobre Refugiados de 1951, no representaba una garantía para que los deportados tuvieran el derecho de pedir asilo y refugio. Pocas semanas después, en junio, la Corte europea impedía, vía resolución vinculante, la expulsión por el gobierno italiano de 11 ciudadanos tunecinos, por las mismas razones. Y a pesar de los dos episodios, acontecidos justamente cuando en Italia gobernaban el actual primer ministro, Silvio Berlusconi, y su gente, parecen no tener memoria.

En semanas recientes, la armada italiana logró interceptar y salvar a cerca de 500 migrantes perdidos en sus balsas en el Mediterráneo. Sin embargo, sin llevarlos a tierra firme para proveerlos de la debida ayuda alimentaria y médica, sin identificarlos y sin –sobre todo– ofrecerles la posibilidad de pedir refugio, el gobierno italiano logró un acuerdo relámpago con el gobierno del coronel Kadafi, de manera que pocos días después los barcos de la armada italiana pudieron llegar hasta el puerto de Trípoli y dejar ahí a los 500 migrantes. No obstante la lluvia de críticas a este tipo de operaciones que le ha tocado al gobierno italiano en semanas recientes por la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR), del Consejo de la Unión Europea, del Vaticano –a través de las páginas del Observador Romano–, de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), de la oposición parlamentaria y de buena parte de la sociedad civil italiana, el primer ministro reivindica: “Hicimos lo que teníamos que hacer, dentro de lo marcado por la ley nacional e internacional (sic), y –completando cuanto ha declarado su ministro– es lo que vamos seguir haciendo”.

Como se puede fácilmente observar, el cambio histórico presumido está aún lejos de ser alcanzado. Los verdaderos cambios son otros. El primero debería mirar a modificar la ya vetusta convención mencionada de 1951 (Convención de Ginebra), que, si bien reconoce el derecho al refugio y al asilo político a todo ciudadano, lo concede siempre y cuando la persona interesada pise el territorio de su destino. Esta realidad, como demuestra el gobierno italiano, es fácilmente eludible a través de la externalización de fronteras que la Unión Europea (y Estados Unidos) están aplicando desde hace muchos años. Así las cosas, cuando el gobierno italiano (y cualquier otro europeo) logra evitar que los migrantes toquen suelo itálico, bien puede declarar: La cuestión del asilo político ya no es asunto nuestro, lo tendrá que resolver Libia.

El segundo cambio tiene que ver justamente con Libia y países afines que se prestan al juego sucio de la UE, es decir, detener a los migrantes a cambio de pocas migajas de desarrollo heterodirigido. ¿Cuál el destino de esos migrantes deportados? Cárcel, tortura, deportación en medio del desierto, discriminación, violencia, asesinatos, muerte, son las palabras de los distintos reportes que justamente la UE ha realizado acerca del trato reservado por el gobierno libio a los extranjeros en su territorio.

El tercer cambio va aún más allá. Cuando el actual primer ministro italiano toma la palabra dice: La izquierda dejó la puerta abierta a todos los migrantes ilegales. Nosotros no. Ellos querían una Italia multiétnica (doble sic), nosotros no. La CEI, de la cual no se puede sospechar aspiraciones revolucionarias de signo izquierdista, comenta: El gobierno tiene que entender que Italia ya es un país multiétnico, ése es un hecho; es más, ése es un valor. Y es justamente esta última valoración la que cuenta. Más allá de la evidencia, que sólo un ciego no puede reconocer, de que Italia (y toda la UE) ya es territorio multiétnico, hoy es apremiante para las sociedades europeas meter a valor esa enorme diversidad que la caracteriza. La cerrazón identitaria, empujada por los gobiernos de todos signos hoy existentes en la UE, es uno de los peligros mayores para el futuro del continente.

Finalmente, el último utópico cambio. Como hoy los barcos precarios de los migrantes se ven obligados a cambiar de ruta y regresar allá desde donde procedían, hoy es necesario, ante el posible colapso cultural, mas también económico y político, encontrar la manera para que los gobiernos europeos cambien de ruta y vuelvan sobre sus pasos. La política migratoria ya no puede ser caracterizada por la huella represiva impuesta por las tropas diseminadas a lo ancho y largo de las fronteras de la UE. Al mismo tiempo, una sana política en la materia debe conllevar una eficaz acción cultural, educativa y social que evite ahora –que aún estamos a tiempo (?)– los brotes de racismo en los territorios de todo el continente.