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Libia: El trabajo sucio para la UE

El presente articulo fue publicado en el semanario mexicano Proceso, el día 9 de diciembre de 2007
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“La Unión Europea está firmando acuerdos de cooperación en el tema migratorio con Libia, país sobre el que hay fuertes dudas en cuanto al respeto a los derechos humanos”, denuncia Gabriele Del Grande, autor de Mamodou va a morir, libro que denuncia “la matanza de migrantes indocumentados ilegales en el Mediterráneo”.

“Desde hace años las organizaciones de la sociedad civil señalan graves irregularidades en el trato que el gobierno del coronel Kadafi reserva a los migrantes que cruzan su territorio para poder abordar los barcos que los llevarán a Europa”, explica el investigador italiano.

“La última fue la denuncia publicada por Amnistía Internacional en agosto pasado”, añade.

Sin embargo, según Del Grande, “nadie conocía la existencia de un diálogo ya tan avanzado y de esta naturaleza entre las dos partes”.

Entre el 27 de noviembre y el 6 de diciembre de 2004, la Comisión Europea encargó a una delegación del Parlamento Europeo el acercamiento al gobierno libio para una eventual cooperación en el tema migratorio. “Ha sido una experiencia horripilante”, decía Giusto Catania, integrante de dicha delegación.

Su opinión se reflejó en el informe final, publicado el 1 de mayo de 2005, que indica graves violaciones a los migrantes en el momento de la detención y en el proceso de deportación, además de denunciar la falta de cooperación entre el gobierno libio y la Agencia para los Refugiados de la ONU (ACNUR).

Con base en ese informe, el 8 de mayo de 2005, el Parlamento europeo advirtió que la cooperación con Libia tenía que establecerse pero “sin expulsiones colectivas, sin detenciones administrativas en lugares donde los derechos humanos son violados, y con el reconocimiento de los derechos de los que piden asilo político en Libia”.

A más de dos años de esa advertencia “nada ha cambiado; más bien ha empeorado todo”, indica Del Grande. “Hemos conseguido un documento reservado que reporta los resultados de la visita que la agencia europea Frontex realizó entre fines de mayo y principios de junio de este año”, revela Del Grande.

“Ese documento, además de confirmar algunos números acerca de la realidad migrante que cruza Libia, exhibe lo que nadie sabía: es decir, que la UE sigue cooperando con Libia, haciendo caso omiso a las denuncias de su propio Parlamento”, añade.

La agencia europea Frontex surgió, el 3 de octubre 2005, por iniciativa de la Comisión Europea, coordinar y gestionar los esfuerzos de la UE para frenar la inmigración ilegal a Europa. Desde entonces, la agencia, cuya sede está en Varsovia, realiza operativos policíaco-militares en las fronteras de la UE; en el Mediterráneo y en la costa africana del océano Atlántico, desplegando la flota mixta de navíos de los países adherentes; en la Europa del Este, enviando cientos de agentes especiales proporcionados por las policías de cada país.

Ante los crecientes esfuerzos para frenar la inmigración ilegal al continente, la UE ha incrementado el presupuesto de la agencia, al pasar de los 34 millones de euros este año, a 70 millones para 2008.

“Es más fácil enviar a una delegación de policías que a un grupo de diputados”, acusa el investigador. “Así, evitamos las denuncias de maltratos y nos concentramos en la cooperación”.

El documento reservado conseguido por Del Grande “omite cualquier consideración de orden político u ético y enfoca su atención en los aspectos operativos de la cooperación”.

Primero contiene copia de la carta que, el pasado 25 de mayo –antes que Frontex visitara al país norteafricano– Gil Arias, subdirector ejecutivo de la agencia, envió al gobierno libio, en la que se le invita a participar, desde 2008, en los patrullajes en el Mediterráneo.

Luego contiene lo que Libia pide a cambio de su cooperación: “12 aviones de vigilancia; 14 helicópteros; 240 jeeps; 86 camiones de carga; 80 camionetas tipo pick-up; 70 autobuses; 28 ambulancias; 12 sistemas de radar; 10 buques militares; 28 lanchas de medio alcance; 100 lanchas cortas; 400 visores nocturnos, sistemas de escaneo de huellas digitales, radios, y sistemas de navegación satelital”.

Abusos, violencia contra las mujeres, deportaciones…

Del Grande publicó, en octubre pasado, un informe titulado Reporte Libia. En él, a partir de la información oficial registrada en el documento de Frontex, figuran decenas de testimonios de migrantes acerca del trato recibido por las autoridades del coronel Kadafi y recopila los números de migrantes en tránsito por el país norteafricano.

Es un documento que fija su postura desde el subtitulo: “Todo lo que no se tiene que saber acerca del país al cual la UE confía el control de la frontera sur”.

Los testimonios relatan las condiciones a las que los migrantes son sometidos en el territorio de Libia: los largos viajes en el desierto; los abusos de los “coyotes”; los abusos y los homicidios de la policía; la violencia contra las mujeres; las deportaciones y los abandonos en la línea fronteriza sur, en medio de miles de kilómetros cuadrados de desierto.

Del documento de Frontex, “podemos ver que, en mayo de 2007, había 60 mil migrantes detenidos en Libia y, al menos, 14,500 habían sido deportados a la frontera sur entre 1998 y 2003”, señala Del Grande.

Y continúa: “Esos son números. Lo que hace falta es ver cómo se traducen en vidas reales”. Para esto, señala, una muestra está en los testimonios que publicó.

Habla Charles, del Ghana: “Crucé en Sahara desde Níger en junio de 2007. No muy lejos de la aduana de Toumou he visto 34 cuerpos, en medio de la arena, momificados”.

Continúa Fabrice, del Togo: “Desde Qatrun (Centro de Detención libio, NDR), la policía nos llevó hasta la frontera sur, cerca de Toumou. Tuvimos que caminar tres días en el desierto para llegar a Madama en Níger”.

Innumerables centros de detención están en el norte del país como, por ejemplo, Zuwarah, desde donde deportaron al etíope Yakob: “Eramos 50 en el camión. A mitad del camino, el chofer nos pidió dinero para que nos regresara. Sólo 30 de nosotros teníamos. Los otros 20 se quedaron a medio desierto. Quién sabe cuántos habrán muerto… Te quitan hasta el dinero que no tienes. Si, por ejemplo, tienes algún pariente en Europa, te prestan el teléfono satelital para que pidas una transferencia con Western Union”.

Las condiciones de los Centros de Detención son pésimas, según denuncian los entrevistados. “Cuartos sucios con demasiada gente; nada de comida, sin asistencia médica, sin que nadie nos ayude”, explica Elvis del Camerún.

Abraham de Eritrea confirma: “Estuve en Sirt dos semanas. Nos mantenían con pan y arroz. Afortunadamente tenía 400 dólares. Con ellos pagué al policía que me dejó salir”.

Además de la precariedad de las condiciones, está la violencia de la policía: “Conozco dos casos. El primero era un joven de Nigeria. Se llamaba Idewin. Fue detenido en Trípoli y murió pocos días después por las heridas de la macana durante la detención. El otro caso es el de un muchacho de Ghana: lo mataron a golpes en el cuartel de la policía, antes de que lo internaran al Centro de Detención. Era febrero de 2007”, dice Saleo del Chad.

La violencia ataca a las mujeres: “He visto a muchas mujeres violadas en el centro de Kufrah. Los policías entraban a la celda, agarraban una mujer y la violaban en grupo, frente a nosotros, sin distinguir entre mujeres casadas y solteras. Muchas quedaron embarazadas”, denuncia Fatawhit de Eritrea.

Por su parte, la etíope Hewat habla de una redada que la policía realizó en una de la casa donde, clandestinamente, se hospedaba: “Entraron y comenzaron a golpearnos a todos. Estaba embarazada y perdí a mi hijo por los golpes”.

El racismo es el otro grave problema. El gobierno libio, tras abrirse a la inmigración durante los años 90, ahora está cerrando sus fronteras y expulsando a extranjeros. “El gobierno libio buscó afirmarse en la Unión Africana cuando la UE le tenía el embargo económico-militar”, cuenta Del Grande. “Luego, cuando la UE levanto el embargo en 2004, Libia comenzó a cerrar sus fronteras”.

Añade: “La expulsión de extranjeros pasa por fomentar el racismo hacia los negros, hacia los de otra religión”.

Daniel de Eritrea cuenta lo que le sucedió: “Cuando caminaba con un amigo en Trípoli, unos jóvenes nos pararon y nos preguntaron nuestro nombre. Nos presentamos con nombres musulmanes para evitar cualquier problema. No convencidos, nos hicieron pronunciar la Fatiha del Corán. Yo lo sabía, mi amigo no. Probó defenderse, pero lo acuchillaron y le robaron todo. Me fui cuando estaba muerto, tirado en un charco de sangre a media calle”.

Y concluye: “Si quieres sobrevivir en Libia, tienes que prever cualquier cosa. Lo tienes que hacer todo con extrema atención. Nunca te puedes relajar y perder la concentración”.

Según Del Grande, el caso más grave “es él de los refugiados, porque Libia casi no concede asilo político o refugio, debido a que no reconoce la Convención de Ginebra y menos al ACNUR. De tal manera que todos los que escapan de las guerras en África, por ejemplo desde Sudán, no pueden esperar ser acogidos en Libia y menos de llegar a la UE a pedir asilo o refugio”.

Finalmente, Del Grande afirma: “No nos hagamos ilusiones: el problema no es sólo en Libia. Podemos mirar a todos los países que rodean la UE, desde el norte de África hasta la Europa oriental. La política es la de crear un área de amortiguamiento alrededor del territorio europeo, subcontratando, de hecho, el control de la inmigración, impidiendo que un sin papeles pueda tocar el suelo de la UE”.

Y advierte: “Si para eso hay que cerrar los ojos sobre lo que sucede en Libia, pero también en Argelia o en Ucrania u otros países involucrados, ese es el precio a pagar según el enfoque europeo: ‘Son crímenes cometidos por países no europeos, por lo tanto no nos atañen’, es el mensaje cínico y paradójico que transmite la UE”.

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