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Libia e Italia, cooperación en el tema migratorio

Desde hace unos años, en Italia se ha venido gestionando, sobre todo en los medios de información, la llamada “emergencia inmigración”. Cada verano, en las pantallas de las televisiones italianas, aparecen las imágenes de los grandes y precarios barcos transportando decenas y centenares de personas; al mismo tiempo, las imágenes de los cuerpos de las decenas de personas que mueren ahogadas tras los frecuentes naufragios; en fin, las costas italianas invadidas por miles de personas que la policía fatiga a contener en los Centros de Permanencia Temporánea a propósito construidos. El mismo gobierno, en años recientes, ha hablado de “verdadera invasión” y se han permitido conectar el fenómeno con supuestos grupos terroristas de origen árabe. Sin embargo viendo las estadísticas proporcionadas por el Departamento de Policía italiano, el único en contener datos al respeto , se revela que el número de los migrantes ilegales desembarcados en las costas sur de Italia en los últimos años ha variados desde los 8,828 de 1998 a los 13,594 de 2004. Una cantidad relativamente baja, si confrontada con el único dato de referencia con respeto a la presencia de ilegales en el país, el número de personas que han aprovechado la regularización del año 2002 y que han sido poco más de 700mil personas. Un escaso 2% del total de entradas ilegales al país . Pero la emergencia cundía, en verano decenas de personas llegaban y llegan a las costas italianas y había que solucionar el problema.
Política migratoria italiana en el Mediterráneo
Siendo Italia un país que solo recientemente se ha convertido en un territorio de inmigración, la legislación italiana es relativamente joven. Ésta ha sido centrada en dos aspectos: el interno, con la reglamentación de la presencia extranjera en el territorio y la represión de las formas ilegales de estancia, y externa, a través de acuerdos bilaterales con los países norteafricanos. En este segundo aspecto, Italia ha tratado de delocalizar los controles migratorios en la costa sur del Mediterráneo. Esta política ha llevado a una larga serie de acuerdos: con Argelia (Algeri 1999 y Roma 2000), Marrueco (Rabat 1998, Roma 1999), Túnez (Roma 1998, Túnez 2003), Egipto (El Cairo 2000) y Libia (Roma 2000, Trípoli 2003). Estos acuerdos han buscado establecer la cooperación en términos de control y aceptación de las deportaciones italianas, además de la exigida adecuación legislativa de los países africanos a los estándares italiano y europeo. A cambio, los africanos reciben ayuda económica e inclusión en las llamadas Cuotas de Entrada, decreto de ley que cada año determina el numero y la procedencia de migrantes permitidos en Italia. Esto ha permitido mantener bajo estricto control las costas de Túnez y Egipto reduciendo de manera sustancial la salida de navíos desde esos países. Libia, al contrario, no ha resuelto el problema y se ha convertido en el mayor punto de salida en el Mediterráneo para los migrantes hacia las costas europeas e italianas en particular.La relación entre Italia y Libia es peculiar y resiente de al menos tres factores. Antes que todo, a diferencia de otros países africanos, Libia no es un país de emigración, sino más bien de transito e inmigración. El segundo dato es que Libia nunca ha pertenecido al área de influencia occidental en el norte africano, siendo parte histórica de los países no alineados. En fin, Libia ha sido colonia italiana desde 1911 hasta 1943. En otras palabras, siendo país de inmigración y no de emigración, Libia no sufre las presiones de las Cuotas de Entrada por un lado. Pero al mismo tiempo, Libia goza del fuerte liderazgo que Kadafi ejercita en el continente atreves de la política panafricana impulsada desde hace mucho tiempo. Misma política que ha sido reforzada durante la década de los 80, después de la fuerte fricción con Estados Unidos y Europa a raíz de actos terroristas que fueron adjudicados a grupos apoyados por Kadafi. En fin, el conflicto diplomático acerca de las reparaciones económicas que Libia exige a Italia por la ocupación de más de treinta años.El contexto es complejo y difícil para Italia que no ha podido presionar Libia y al contrario ha sufrido la presión de la ola migratoria que Kadafi deja salir en ciertos momentos. Sólo en los últimos años, Libia ha comenzado a suavizar su postura, a raíz sobre todo de los embargos determinados por EU, la ONU y la Unión Europea. El deseo de salir de esta situación de nula o casi nula relación comercial con Europa sobre todo, ha obligado Kadafi a firmar en diciembre de 2000 y luego en julio de 2003 dos acuerdos con el gobierno italiano, tras la promesa del levantamiento del embargo comercial europeo hacia Libia, que empeña los dos gobiernos a la cooperación en el tema migratorio. El primer acuerdo establecía formas de cooperación policíaca en términos de intercambio de información y entrenamiento compartido de las respectivas fuerzas del orden. Sin embargo, es el acuerdo firmado el 3 de julio de 2003 marca el verdadero cambio en la relación. El acuerdo es hasta la fecha secreto, sin embargo algunas informaciones se tienen. El 3 de julio de 2003, los respectivos jefes de policía firman un documento “acerca de las modalidades practicas de la cooperación en el tema migratorio”. Poco después Libia acepta los financiamientos para la construcción de almeno dos (fuentes periodísticas hablan de tres) Centros de Detención en tierra libia junto a un paquete de materiales para el patrullaje: 40 visores nocturnos, 150 binoculares, 6 vehículos todo terreno, 6,000 colchones, 12,000 cobijas de lana, 100 lanchas de primer auxilio y 1,000 bolsas para transporte de cadáveres. En el año a seguir, Italia ha pagado 50 vuelos de deportación desde Libia hacia diez países distintos por un total de 5,688 personas. Sin embargo sólo un año después, tras las denuncias de muertes, torturas y maltratos, una Comisión del Parlamento Europeo visita las estructuras de detención en Libia, revelando el elevado degrado de las mismas y recogiendo cientos de denuncias por violación a los derechos humanos por parte del régimen libio. Pero eso no fue suficiente, como tampoco las recomendaciones por parte de la ONU y de la misma Unión Europea hacia Italia, para que controlara la actuación de Libia: el 11 de octubre de 2003, la Union Europea (cuya presidencia estaba dirigida por el gobierno italiano) levanta el embargo comercial (que comprendia armas y tecnologia militar) en contra de Libia. En efecto, mientras la Comisión europea visitaba Libia, con gran discreción, el 26 de septiembre de 2004, Italia y Libia se ponen de acuerdo: Libia aceptará los expulsados por Italia. Esto el meollo del acuerdo bilateral: la posibilidad para Italia de expulsar migrantes ilegales a tan sólo poco cientos de kilómetros de sus costas, subcontratando de hecho a Libia la deportación y la detención de los ilegales. Cuestión esta que ha levantado más de una duda, pues no sólo el régimen libio no brilla en cuanto a respeto de los derechos humanos, sino que además Libia también ejerce el derecho de expulsión llevando y dejando cientos de migrantes a su frontera sur, en medio del desierto. Sólo entre septiembre 2004 y marzo de 2005 han muerto 106 personas, según versión oficial del gobierno de Kadafi. El actual gobierno italiano ha suspendido la expulsión hacia Libia, pero los viejos acuerdos son ejemplo a imitar para otros países, como por ejemplo Inglaterra y la isla de Malta.Las consecuencias son otras también. Laura Boldrini, el encargado para la ONU en Italia para la oficina de refugiados (UNHCR) habla de la situación que se ha generado: “Libia ha aprovechado el acuerdo, el dinero y los medios proporcionados por Italia, para empezar una caza indiscriminada hacia cualquier extranjero presente en su territorio. A nosotros no nos permiten trabajar para averiguar quienes tienen derecho a asilo y refugio. Agarran cualquier extranjero, ilegal o legal, y lo encierran en estas estructuras”. A confirmación de esta situación, habla la voz de alarma de los mismos migrantes que no han dejado de llegar a las costas italianas: “Se está volviendo terrible, especialmente para los de piel negra. Los libios se están haciendo justicia solos […]. El viernes pasado nos apedrearon”, grita un migrante de Sudan. Otro migrante de Etiopia, sin saberlo, revela lo más importante: “En la ciudad de Tripoli nos cazan. Quien puede trata de escaparse. El único lugar hacia donde ir es Italia”.

El uso de FRONTEX y la externalización de la frontera
En los últimos meses, Libia ha vuelto a presionar Italia. El instrumento que tiene es la migración. Sólo dejando zarpar los barcos de sus costas puede ser capaz de poner en crisis las precarias estructuras de control y contenimiento italianas. Por esta razón, el gobierno italiano, incapaz de enfrentar el problema, ha tenido que pedir ayuda a la Unión Europea. En una carta dirigida por el Ministro de Interiores italiano, Giuliano Amato, al subcomisionado europeo encargado migración, el también italiano Franco Frattini, Italia pide expresamente ayuda para “contener el flujo migratorio creciente proveniente de Libia y la costa africana general”.La respuesta no se hizo esperar. La Unidad especializada, creada en el 2005 en seno a la Unión Europea, FRONTEX interviene: patrullajes mixtos, satélites, disuasión. El Mar Mediterráneo hoy, en la franja entre Italia y Libia parece el escenario de una guerra, siendo más militarizado que hace veinte años, cuando ahí se confrontaban las dos flotas de los dos bloques, él de la OTAN y el soviético. En un principio Libia era contraria, pues aún reivindica aguas internacionales como fueran en su territorio. Pero en la Conferencia de Trípoli, llevada a cabo el 22 y 23 de noviembre pasados entre la Unión Europea y los países de la Unión Africana, según las indiscreciones, Kadafi habría aceptado la presencia de los patrullajes mixtos de FRONTEX en sus aguas territoriales. Cabría preguntar, ¿a cambio de qué? Preguntas sin respuestas, mientras miles son obligados a regresar en medio del Mar Mediterráneo hacia Libia en donde, se sabe, los espera el infierno.Todo lo dicho y lo hecho en estos años por la cooperación entre Italia (y UE en general) y Libia apunta hacia una sóla dirección. Alejar la frontera de la Unión Europea más allá de sus fronteras físicas. Los resultados concretos terminan siendo dos: el primero, la UE puede esperar de no volver a ver migrantes ilegales acudir a su territorio. El segundo es la cancelación del derecho de asilo y refugio. Este en particular es el aspecto más grave e inhumano, pues se impide el ejercicio de un derecho afirmado internacionalmente hace más de 50 años y ahora, en la época de guerra que vivimos, más que legítimo y justo.

Matteo Dean (2006), favor de mencionar al autor

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